| 10/1/1995 12:00:00 AM

Café amargo

En 1971 Alberto Duque Rodríguez empezó como mensajero de la empresa que su padre había establecido en Nueva York, la Colombian Coffee Co. Muy pronto aprovechaba sus tiempos libres para seguir atentamente los movimientos de Wall Street. Especialmente aprendió mucho de los alti

bajos bursátiles cuando se desencadenó la guerra del petróleo en 1973.

Dos años después ya era vicepresidente general de la Colombian Coffee. Por esos días su padre, Luis Duque Peña, dejó en manos de su hijo la responsabilidad de manejar los negocios extranjeros, mientras él se dedicada de lleno a edificar el ambicioso proyecto conocido hoy como Lagomar El Peñón, quizás el sitio de Colombia en donde más vale la tierra hoy por hoy.

Se consolidaba así el grupo Duque, fundado por Rubén Duque (abuelo de Alberto Duque), antioqueño de pura cepa, quien había hecho fortuna como comerciante de mercancías entre Bogotá y Girardot. Con gran visión se había convertido en importante exportador de café a Europa, durante la Primera Guerra Mundial, y en el interior cíe Colombia manejaba una importante empresa de transporte del grano que dominaba a lo largo del río Magdalena.

Los Duque eran todo un poder cafetero en Colombia y su presencia en Estados Unidos se multiplicó con el trabajo del nuevo vicepresidente. Tanto que al finalizar la década Alberto Duque viajaba en' su moderno jet privado, tenía una" lujosa mansión en Miami y a partir de 1977 se convirtió en el "barón

del café" cuando estableció su propia tostadora: la General Coffee Corporation.

" El eje de mi idea al aventurarme con una tostadora en los Estados Unidos giraba en torno al propósito inédito de llegar con café ciento por ciento colombiano has

ta la taza del consumidor norteamericano y hacerle saber, a quien se deleitaba con la suavidad adictiva de este café, que se trataba de un producto de mi país. Hasta entonces el consumidor norteamericano común bebía su café con la mecánica consuetudinaria del que se toma un remedio, sin importarle procedencia...", recordaría muchos años después.

Sus propios negocios se consolidaron con una constructora en

Bogotá e importadoras de carros en Cali, Colombia, y en Madrid, España. Pero fue mucho más allá. A los 30 años de edad ya contaba con dos jets para sus desplazamientos, un Rolls Royce, una empresa de jugo de naranja, la All Sun Juice, que compró por US$4 millones y la Chase & Sanborn, una marca de café que adquirió de Nabisco.

También era el principal accionista, 51%, del City National Bank of Miami, un tradicional establecimiento financiero de la comunidad judía que consiguió por US$40 millones con préstamos esencialmente de la banca árabe y francesa. Incluso llegó a negociar con socios texanos la adquisición de Air Panamá. Además tenía una gran hacienda de más de cien hectáreas en Carolina del Norte y una mansión en Cancún.

Un buen día se enfrentó con sus socios en el City National Bank, porque estaban haciendo cosas en las que no estaban de acuerdo para que la empresa fuera rentable. Entonces Duque les propuso comprarles su parte para limar diferencias. Así las cosas se comprometió en una loca carrera para conseguir US$52 millones que valía ahora la parte de ellos.

principios del 82 ya era el presidente del Consejo Directivo del banco y disponía de una empresa aérea con una flotilla compuesta por dos superjets, dos jets, un cherokee y un helicóptero. Había quienes consideraban su fortuna en los US$300 millones. Un año más tarde debió soportar el trago

amargo que significaron las denuncias de que las empresas del Grupo Duque que manejaba su padre en Colombia, habían recibido preferencialmente gran cantidad de préstamos del estatal Banco Popular, del cual era vicepresidente un primo de Alberto Duque.

Esas denuncias afectaron indirectamente sus negocios. Los bancos que financiaban las operaciones cafeteras de Colombia y Estados Unidos empezaron a reducir los créditos y comenzaron a correr rumores de embarques ficticios de café. En mayo de 1984 una veintena de bancos cíe nortamericanos, franceses e ingleses demandó a Duque por falsedad en los documentos de embarque.

Duque siempre se ha defendido diciendo que todo fue un montaje, pero lo cierto es que fue encausado bajo la acusación de estafa y perdió todas sus propiedades. Bancos del Sur cíe Carolina demandaron el pago de US$56 millones, mientras fue confinado durante siete años en diferentes establecimientos carcelarios de Estados Unidos.

El 19 de mayo de 1993 apareció en Colombia en medio de acusaciones de que no había terminado de pagar su condena. La verdad es que en junio siguiente iba a obtener la libertad bajo palabra, pero sus acreedores creían que no había terminado de pagar sus deudas. Comenzó entonces otra batalla jurídica que busca ahora que su padre, Luis A. Duque Peña, cancele la diferencia con sus bienes en Colombia.

escle su regreso se dedicó a los negocios de la familia, despacha en su oficina en la carrera once con calle 95 de Bogotá y sigue dedicado a la construcción. Escribió la propia versión de su colapso en la novela "Adiós, compro la libertad", que ha causado bastante escozor en ciertos círculos de la sociedad, al revelar capítulos que muchos conocían pero sobre los cuales pocos se atreven a hablar por los personajes involucrados.

Tiene tres hijos y se ha casado cinco veces, dos por lo católico y tres por lo civil: con María Luisa Bernal; la ex reina de belleza Doris Beltrán; con Alejandra Valencia Iragorri (un hijo); con Ingrid Danko (una hija); y hace dos años, con Graciela Londoño, con quien tiene un bebé de seis meses.

Se separó hace pocas semanas y regularmente asiste a las grabaciones de la telenovela "María Bonita" que se adelantan en el hotel condominio El Peñón de Girardot. Se habla mucho de su romance con la actriz mexicana Adela Noriega. Y a sus 46 años de edad, hay muchos que apuestan a que Alberto Duque puede resurgir de sus cenizas.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?