Brillan en el exterior

| 9/1/2001 12:00:00 AM

Brillan en el exterior

Los emigrantes colombianos se han destacado en los negocios, las artes y las ciencias en el mundo. ¿Cómo puede el país sacarle provecho a esta red mundial de talentos?

Colombia tiene talentos de primera calidad trabajando en los cargos más exigentes del mundo, como lo demuestran los casos que identificamos en este informe especial sobre colombianos exitosos en el exterior. Hoy, cuando la emigración se ha convertido en una obsesión nacional, esta evidencia deja un sabor agridulce en la boca. Por un lado, ver a estos compatriotas que son capaces de salir adelante compitiendo con los mejores del mundo provoca un orgullo enorme. Por el otro, es inevitable preguntarse: ¿Estamos entregando nuestros mejores talentos al resto del mundo? ¿Hasta dónde podría llegar Colombia si estas personas educadas, trabajadoras y capaces se quedaran en el país?

Antes de sumergirnos en la compasión, es necesario recordar que lo mismo les está pasando a todos los países en desarrollo. Un trabajo publicado recientemente en el McKinsey Quarterly informa que el 30% de los graduados del Instituto de Tecnología de la India en 1998 y el 80% del grupo de graduados de ciencias de la computación salieron del país en busca de posgrados en Estados Unidos; cuatro quintas partes del grupo iba con intenciones de quedarse a trabajar en ese país. Casi el 90% de los extranjeros que reciben títulos de doctorado en ingeniería y ciencias en Estados Unidos expresa su deseo de quedarse en ese país, de acuerdo con las encuestas. Algunos estudios han estimado que la tercera parte de los profesionales en investigación y desarrollo en países atrasados han migrado hacia países avanzados.



Sería muy poco realista pensar que esta tendencia se podría revertir en el corto plazo. Los programas de repatriación de cerebros suelen fracasar, como los que se realizaron durante el gobierno Betancur o el de la Red Caldas. Es muy difícil dar a estas personas unas condiciones comparables a aquellas a las que tienen acceso en el exterior. Esto no ocurre solamente en Colombia, sino en todos los países que están en esta misma condición.



Sin embargo, si se acepta esta realidad, es posible desarrollar fórmulas constructivas para que el país se siga beneficiando del talento, las conexiones, el prestigio y los activos financieros de sus emigrantes. Si dejamos de ver el talento que se va como un activo perdido, para concebirlo como un canal en el exterior que puede contribuir a la circulación del bien más precioso de todos, el conocimiento, veríamos que Colombia tendría a la mano un instrumento formidable para acelerar su proceso de internacionalización.



Este potencial no es para nada despreciable. Se estima que cerca de 2 millones de colombianos viven en Estados Unidos en la actualidad. Si su ingreso promedio anual fuera de US$15.000 al año (la mitad del ingreso per cápita en ese país), este grupo estaría produciendo cerca de US$30.000 millones al año, casi la tercera parte del PIB de Colombia. Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo determinó que en 1999 los giros al país de los colombianos en el exterior llegaron a US$612 millones, cifra equivalente al 44% de la inversión extranjera en ese año. El mismo estudio estima que los giros pueden estar creciendo a tasas del 15% anual. Tales cifras no tienen nada de extraño en el contexto mundial. Se estima que el 70% de los US$50.000 millones que recibió China como inversión extranjera provino de nacionales chinos en el exterior.



Los giros de divisas serían solo una nota al margen si se les comparara con el potencial de crecimiento económico que generaría una red eficiente de colombianos en el exterior, que pusieran al servicio del país su conocimiento y sus contactos de negocios. Hay numerosas iniciativas de este tipo en el mundo, como la South African Network of Skills Abroad (SANSA), o el Reverse Brain Drain Project (RBD) de Tailandia, dedicadas a identificar a los talentos fugados y fortalecer sus vínculos con el país de origen. Ese inventario no existe en Colombia. Como lo advierte Margarita Garrido, directora de Colciencias, no contamos con un registro de los colombianos que están trabajando en centros de investigación en el extranjero; solo sabemos de los que han tenido financiación de Colciencias, la red Caldas, Colfuturo o el Banco de la República.



El gran activo que permitiría crear esa red es la nostalgia y el extraordinario vínculo afectivo que ata a los colombianos con su país natal. Basta ponerles el tema para que se desborden en ideas. Mientras para unos, como Eduardo Cárdenas o David Moreno, Colombia es el proveedor 'natural' de un mercado mundial, otros como Rosendo Naranjo o Enrique Ospina consideran que el país podría ser un importante desarrollador de software y nuevas tecnologías.



En lo que coinciden es en su deseo de aportar el incremento del valor agregado del producto colombiano en beneficio del país. Por ejemplo, Rosendo Naranjo, uno de los decanos del 'mundo' latino en la Nasa, está creando una empresa de transferencia de tecnología para poner a disposición del agro y del sector productivo los sistemas que durante 30 años desarrolló. Muchos de ellos estarían felices de poder volver a Colombia. Eso sería fabuloso, pero también deberíamos llamar con entusiasmo a los que solo pueden venir unos días al año a dictar unas conferencias, o a instruir a sus compatriotas sobre las exigencias de los mercados externos. Con un cambio de actitud, la diáspora de los últimos años podría revelarse como una bendición oculta que haría una gran contribución al bienestar de Colombia.
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