| 5/25/2011 12:00:00 AM

Bonanza negra

Aunque las petroleras están disparadas en Colombia, todavía no hay un gran hallazgo que blinde al país del desabastecimiento. Hay preocupación por esta situación.

La actividad petrolera fue una de las de mejores resultados el año pasado: la rentabilidad llegó casi al 20%, los ritmos de producción aumentaron hasta sus máximos históricos, la inversión está llegando por billones y los precios siguen en niveles muy favorables en los mercados internacionales, lo que ha significado un aumento sin precedentes en las ventas.

Ese buen panorama se notó en los balances de las compañías y en todas las cifras del sector. Las firmas petroleras más grandes del país obtuvieron ingresos el año pasado por $68 billones y las exportaciones de crudo y sus derivados fueron de US$16.485 millones, 41% de las ventas externas totales del país. La utilidad alcanzó los $12 billones.

En ese resultado positivo tiene que ver, en primera instancia, el aumento sostenido en los precios internacionales del crudo. Durante 2010, el petróleo colombiano registró un precio promedio de US$79,69 el barril, 25% más alto que en 2009. En lo que va corrido de 2011 el crecimiento va en 28%, pues el precio promedio subió a US$102,39. Esto estuvo acompañado de un aumento en la producción: 765.000 barriles de crudo por día. Hay más cifras que muestran el lado amable del sector: la inversión fue de US$4.000 millones y la actividad exploratoria ya se desarrolla en 50 millones de hectáreas en todo el país. Actualmente, hay 337 contratos vigentes, el más alto volumen en la historia de la industria y el año pasado fueron adjudicados 68 contratos en la nueva frontera petrolera del país, en departamentos como Vichada, Meta, Putumayo y en regiones como el Caguán y los océanos Pacífico y Atlántico.

Obviamente, el optimismo está a flor de piel entre los empresarios petroleros: se espera que este año la producción alcance el millón de barriles por día y que los precios se mantengan por encima de los US$100 el barril. Esto dispararía nuevamente las utilidades. Las cifras muestran que la economía colombiana se ha vuelto "petróleo-dependiente".

Pero todo ese panorama es el lado rosa del balance. Ya hay quienes dudan de que este cuento de hadas tenga un final feliz. La bonanza de crudo tiene una alta dosis de incertidumbre: hasta el momento no se ha concretado un nuevo hallazgo que sume a las reservas petroleras y la infraestructura de transporte sigue siendo deficitaria. La pregunta que está quedando en el ambiente es si el país podrá superar esos retos.

En lo que se refiere al nuevo Cusiana, ese gran hallazgo que convertiría a Colombia en una potencia petrolera regional, los expertos han empezado a mirar con preocupación que en el país no haya noticias satisfactorias; si la producción sigue aumentando, las reservas se van a terminar más rápidamente.

De acuerdo con el consultor en temas petroleros, Julián Pertuz, quien fue contralor delegado para asuntos mineros y energéticos, "la preocupación es que hay más expectativas que realidades. Estamos aumentando la producción sobre reservas que ya han sido probadas y no se trata de grandes descubrimientos", explicó. Para él, el principal riesgo es que el plazo para la autosuficiencia petrolera se reduzca por la mayor producción. "Si se aumenta la producción, las reservas probadas empezarán a declinar más rápido. En los próximos años se necesitarán más de 320.000 barriles diarios para cargar las refinerías, y esto es solo para nuestro consumo interno", señaló.

Las esperanzas del país están cifradas en los 78 bloques adjudicados el año pasado, que constituyen realmente la nueva frontera colombiana. Pero los resultados de esos pozos se verán mínimo en cinco o seis años, pues la actividad exploratoria exige largos plazos.

El presidente de la Asociación Colombiana de Petróleos (ACP), Alejandro Martínez, cree que el sector petrolero colombiano está en crecimiento, pero recalca que no se han dado grandes descubrimientos. "El incremento en la producción se ha dado en campos viejos", explicó.

El director de la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), Armando Zamora, se mostró optimista y dijo que, si bien los resultados en exploración petrolera se demoran, el país tiene unas zonas muy prometedoras. Pidió paciencia, porque según él, "los resultados en áreas más grandes necesitan más tiempo. La actividad exploratoria se va a mantener y los resultados se van a ver en un par de años".

El otro riesgo implícito en la actividad petrolera es que el país le está apostando a los crudos pesados, que solo son rentables con precios internacionales por encima de los US$55 por barril, pues su extracción es mucho más costosa. En un escenario de precios bajos, el país podría quedarse con buena parte de su producción enterrada, pues no resultaría rentable extraerlos.

Colombia tiene otra debilidad: el transporte. Al finalizar 2010 se estaban quedando almacenados en los pozos unos 80.000 barriles diarios porque los oleoductos estaban trabajando a su máxima capacidad. Por eso, Ecopetrol y otras empresas están impulsando grandes inversiones en la ampliación del sistema de tubos que llevan el crudo a los puertos de exportación. Además, se está construyendo el Oleoducto Bicentenario, que demanda unos US$4.200 millones.

La industria petrolera es una de las más importantes del país. Los resultados del año pasado así lo confirman. Sin embargo, los riesgos siguen latentes, pues hasta el momento el país no ha logrado concretar toda la inversión y actividad de exploración de los últimos años en un gran hallazgo. Esto es preocupante, si se tiene en cuenta que todos los días los colombianos están gastando cada vez más rápido el crudo de sus reservas. Hay que acelerar la exploración para que los resultados se empiecen a dar. De lo contrario, el panorama podría ser muy crudo en los próximos años.

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