Biotecnología ... Apuesta del milenio

| 6/8/2001 12:00:00 AM

Biotecnología ... Apuesta del milenio

La nueva revolución industrial que recorre el mundo podría ser una oportunidad dorada para Colombia, o una trampa mortal. La decisión está en nuestras manos.

La orquídea es la flor nacional de Colombia. En unos cuantos años, sin embargo, es posible que el gran exportador de orquídeas del mundo sea Japón. Científicos de ese país están desarrollando variedades que crecen rápidamente en ambientes controlados y soportan bien el desplazamiento hasta el consumidor final. Cuando eso ocurra, si Colombia quiere exportar orquídeas, lo más probable es que deba comprarles a los japoneses el derecho a utilizar sus patentes. Contar con 3.500 variedades de la flor no impediría que Colombia se viera obligada a pagar regalías. En un mundo crecientemente dominado por la biotecnología, la biodiversidad es solo una ventaja relativa. Lo importante es saber utilizarla.

La biotecnología ya se ha convertido en el corazón de la competitividad en el sector agrícola. El trabajo de secuenciamiento de genomas está abriendo la puerta a nuevas variedades de cultivos que son resistentes a plagas y sequías, cuentan con más nutrientes y se reproducen más rápido, entre otras cualidades. También ha generado una rápida carrera hacia el desarrollo de drogas milagrosas que prometen remedio para enfermedades hasta ahora incurables, como el cáncer y el mal de Parkinson.



Pero el arrollador impacto de la biotecnología sobre los sistemas productivos de la economía moderna va mucho más allá. En estas dos décadas, afectará a toda la manufactura, al transformar radicalmente las técnicas de producción en un vasto número de actividades. Nuevas técnicas permitirán desarrollar materiales desconocidos hasta ahora, bajar costos, reducir escalas mínimas de planta, diversificar las especificaciones de productos, controlar desperdicios y mejorar la protección del ambiente, entre muchas otras ventajas.



Quienes dominen estas nuevas técnicas productivas habrán adquirido enormes ventajas sobre sus competidores. Se trata, en realidad, de una transformación tecnológica apenas comparable a la que ocurrió en el mundo con la introducción de la electricidad.



Para Colombia, la biotecnología es al mismo tiempo un peligro dramático y una oportunidad excepcional. Si el país no da un giro decisivo en este campo, la pérdida de competitividad será dramática. Por el contrario, si logra fortalecer un sistema de investigación y generación de negocios alrededor de la biotecnología puede revertir siglos de subdesarrollo. "La verdadera ventaja competitiva de Colombia en las tecnologías del futuro no está tanto en el software y la informática como en biotecnología", dice Clemente Forero, ex director de Colciencias y economista experto en el tema de la transferencia y desarrollo de tecnologías. Hay señales de vigorosa actividad en este campo. Estamos en un punto de inflexión, pues si bien hay muchos competidores en el ámbito internacional, aún se trata de una fase germinal en esta nueva etapa del capitalismo. Todavía podríamos llegar a ser jugadores.



Genes de la fortuna



La biotecnología es la aplicación de técnicas que utilizan organismos vivos o sus partes para obtener o mejorar productos, modificar plantas o animales o desarrollar microorganismos con usos específicos. Bajo esta definición, la biotecnología no es ninguna novedad, pues ha sido practicada al menos desde que los sumerios crearon un método de fermentación para producir cerveza, cerca del año 1750 antes de Cristo. En las dos últimas décadas, sin embargo, una serie de descubrimientos científicos y sus desarrollos industriales han creado esta nueva revolución industrial, que afectará en forma transversal a todos los sectores de la economía.



El avance de la genética ha sido el disparador de esta nueva etapa. La capacidad para identificar la función de secuencias genéticas específicas en diferentes tipos de organismos, sumada a la posibilidad de tomar información genética de un organismo y trasplantarla a otro, ha otorgado a la humanidad un enorme poder para generar nuevas variedades vegetales, razas animales y materiales nunca antes vistos. El impacto económico potencial es gigantesco. La humanidad utiliza solo 5.000 especies de plantas de las 250.000 que existen, y el 80% de las calorías que consume provienen de 15 cultivos. En toda su historia, la medicina ha concentrado su atención en tratamientos para cerca de 500 enfermedades. La investigación genética abre un universo de posibilidades.



Grandes capitales se están movilizando para aprovechar las nuevas oportunidades. En agroindustria, farmacéutica y química, los avances de la biotecnología han desatado una serie de fusiones de compañías que buscan posicionarse en la intersección de estos tres sectores, con el fin de aprovechar al máximo el poder del conocimiento que generan. Hoy, estas 3 áreas son casi un solo negocio, el de las "ciencias de la vida". Un puñado de compañías manejan el negocio como operadores integrados y abarcan desde la investigación hasta la aprobación regulatoria de los productos, su escalamiento industrial y el mercadeo.



Al mismo tiempo, en la carrera por ampliar la frontera del conocimiento han surgido centenares de nuevas empresas de base tecnológica que apuestan a descubrir y patentar genes y métodos que resulten en productos de gran éxito en el mercado. La velocidad es frenética. Para poner un ejemplo, Paradigm Genetics, una empresa que opera en el frente de la nutrición humana, fue fundada en 1997 y ya ha presentado solicitudes para obtener 17.000 patentes. Tanto el número de patentes como el de nuevos productos aprobados para la venta al público por parte de las autoridades de Estados Unidos se ha multiplicado en los campos de la agroindustria y la salud humana. En los primeros 6 meses del año 2000, la Food & Drug Administration de Estados Unidos aprobó un número de drogas para su entrada al mercado equivalente al 75% de las aprobaciones del año anterior, y había 283 drogas en fases críticas de prueba. En química, los expertos pronostican que para el año 2015 el impacto de la biotecnología será tan profundo sobre la producción manufacturera como lo es hoy sobre la salud.



El fenómeno se observa en el mundo entero. En Gran Bretaña, hay empresas buscando la cura para el Alzheimer, en Francia se está trabajando en un medicamento que controlaría la obesidad, en India podría aparecer la solución para la diabetes, una firma brasileña tendría la clave del cáncer de seno y los israelíes tienen descubrimientos de punta en el área agroindustrial.



El gran campo para el desarrollo futuro está en la investigación genómica, es decir, el descubrimiento, mapeo y secuenciamiento de genes. Esta es la gran fuerza que está impulsando la integración de empresas de agroindustria, salud y química. Las técnicas de la genómica, que permiten conocer la información de los genes y entender su función, pueden ser utilizadas en numerosas especies. El conocimiento ganado con el esfuerzo internacional que permitió completar el genoma humano, por ejemplo, ha servido para acelerar la investigación sobre genomas animales y vegetales.



¿Dónde encaja Colombia?



Las grandes empresas de ciencias de la vida están sujetas a una enorme presión por lograr nuevos descubrimientos y su preocupación obsesiva es el acceso a recursos biológicos. Aquellos países que sepan trabajar las características únicas de su riqueza biológica pueden construir ventajas decisivas. Por ejemplo, India es un excelente campo de estudio para las enfermedades hereditarias, pues el sistema de castas y la existencia de numerosas tribus aisladas hacen que allí sea posible establecer con facilidad el árbol genealógico de grandes núcleos de la población por largos períodos. Países como Colombia o Brasil pueden aprovechar su megabiodiversidad para desarrollar un cuerpo de conocimiento que los líderes mundiales estarían obligados a buscar.



Hay un amplio número de enfermedades cuya cura no está entre las prioridades de las grandes multinacionales. Por un lado, están las enfermedades que afectan a números relativamente reducidos de personas en todo el mundo. Por otro, están las llamadas "enfermedades de los pobres", males del trópico que afectan principalmente a grupos de población que no tienen la capacidad de compra que buscan las multinacionales, como la malaria. Estas oportunidades serán explotadas a medida que las técnicas de la biotecnología se hacen más precisas y más baratas, y se reducen los costos y los tiempos de desarrollo.



Finalmente, las técnicas de diagnóstico se están convirtiendo en un gran negocio. El diagnóstico basado en técnicas genéticas permite niveles de precisión nunca antes vistos, reduciendo drásticamente el margen de error en el tratamiento de una enfermedad.



¿Cómo está Colombia en cuanto a capacidades de investigación? El Programa Nacional de Biotecnología identifica 8 programas de doctorado en universidades colombianas en áreas relacionadas con la biotecnología. El mismo documento encontró 90 investigadores con doctorado y 138 con título de maestría (el 42% de ellos están especializados en el área vegetal y agrícola, el 31% en salud humana y los demás se reparten en las áreas ambiental, animal e industrial). El país tiene una trayectoria en la investigación que podría calificarse de intermedia en términos internacionales, pues si bien está rezagado frente a los líderes del mundo en desarrollo, como Brasil o India, ya cuenta con una base respetable de investigadores y entidades especializadas en el desarrollo de conocimiento. Un inventario de proyectos financiados por Colciencias entre 1991 y 1998 identificó 92 iniciativas en campos relacionados con la biotecnología.



Varias de las universidades y centros de investigación colombianos tienen ya prestigio internacional y están avanzando en estos campos. Cenicafé ha sido identificado como el mejor centro de investigación sobre café en el mundo. Cenicaña participa en una red internacional, con la Universidad de Cornell y otros centros académicos de primer orden en el mundo, que está mapeando el genoma de la caña de azúcar. El Centro de Investigaciones Biológicas trabaja en biopesticidas a base de bacterias, hongos que atacan insectos y biofiltros para eliminar residuos tóxicos. Corpoica trabaja en control de plagas y aceleración de maduración de productos a través de ingeniería genética. El CIAT está desarrollando una variedad de arroz modificado genéticamente, resistente al virus de la hoja blanca. El Centro Internacional de Física de la Universidad Nacional ha patentado un gen que tiene numerosas aplicaciones industriales. El Instituto de Genética Humana, de la Universidad Javeriana, tiene ya más de 20 PhD vinculados laboralmente. Manuel Elkin Patarroyo, ahora sí, está a punto de sacar vacunas sintéticas basadas en manipulaciones genéticas. En la la Universidad de Antioquia se están desarrollando en laboratorio biomateriales que permitirían reemplazar tejido óseo y de la piel. CorpoGen, una empresa privada, realiza pruebas de compatibilidad genética previas al trasplante de órganos. Estos son solo algunos ejemplos de la dinámica que está tomando la biotecnología de avanzada en Colombia. Falta un buen trecho por andar, pero ya se ha alcanzado una masa crítica de investigadores y centros de estudios que aportaría la base para una gran iniciativa nacional.



Las tareas urgentes



Colombia tiene que acelerar su tránsito hacia el trabajo en las técnicas avanzadas de la genómica. Es indispensable progresar rápida y simultáneamente en varias áreas.



Plata y gente. Es indispensable que el país entienda que el desarrollo de la biotecnología es vital para su desarrollo. La biotecnología afectará en forma transversal la competitividad en todos los grandes frentes de exportación del país. La dramática reducción del presupuesto de Colciencias tendrá efectos incalculables para el desarrollo de la ciencia y el desarrollo de empresas de base tecnológica en el país. La formación de recursos humanos es la mayor prioridad y los recortes presupuestales se atraviesan ante los esfuerzos que se vienen realizando desde hace más de una década.



Conciencia en el sector productivo. La investigación en biotecnología no es una actividad tangencial al sector productivo, sino que debería estar en el centro de su sistema de competitividad. Los casos de Cenicafé y Cenicaña, dos de los principales centros de investigación de Colombia, muestran dos modelos diferentes de impacto de la ciencia sobre sectores de la producción. En la caña de azúcar, el desarrollo tecnológico impulsado por Cenicaña ha estado en el corazón de los esfuerzos por sacar adelante este sector. De hecho, si los ingenios del Valle han sobrevivido tiempos difíciles ha sido por el impacto de nuevas variedades de producción. Cenicafé, en contraste, ha sido una actividad marginal del sector cafetero después del desarrollo de la variedad Colombia y no se aprovechó su conocimiento para elevar la productividad.



Vinculación a redes de investigación. El conocimiento se genera a pasos agigantados en el mundo, y a costos enormes. Ningún país puede hacerlo solo. Todos los actores (centros de investigación, universidades, empresas y demás) deben volverse diestros en la realización de alianzas internacionales para desarrollar el conocimiento y participar de sus beneficios. Las redes nacionales de conocimiento son también esenciales. Innovar, la incubadora de empresas de base tecnológica de Bogotá, ha desarrollado una fortaleza en biotecnología apoyándose en una red de expertos que están listos para ser consultados cuando se necesita desbloquear una investigación en cualquiera de las empresas.



Políticas de acceso a recursos biológicos. La gran fortaleza de Colombia en la era de la biotecnología es su biodiversidad, pues el acceso al recurso biológico en su estado natural es algo que, sencillamente, no se puede reemplazar. Sin embargo, menos de la mitad de las especies de plantas (para no hablar de hongos y microorganismos) han sido identificadas científicamente. La experiencia mundial deja varias lecciones. Lo primero es separar los temas de acceso a la riqueza biológica y explotación de los beneficios. En cuanto a acceso, los investigadores deben contar con mecanismos expeditos para reclamar propiedad intelectual y desarrollar productos protegidos por patentes.



Respecto a la explotación de los beneficios, lo mejor es buscar una ampliación de la variedad de instrumentos. Los pagos de regalías deben negociarse caso por caso, dados los largos períodos de desarrollo (que pueden ser de 20 años o más) y los elevados niveles de riesgo. Sin embargo, hay beneficios de corto plazo que se pueden explotar. El parque Yellowstone, en Estados Unidos, negoció con una compañía el acceso a sus recursos en un acuerdo que le garantizó al parque US$475.000 en beneficios directos en los primeros 5 años, incluyendo dinero, capacitación y apoyo científico. Esto ha permitido fortalecer la base de conocimiento y los sistemas de información sobre la riqueza biológica del parque, lo cual impulsa el desarrollo de proyectos de investigación adicionales.



En cuanto a los beneficios de largo plazo, los países en desarrollo tienen que aceptar que se mueven en un entorno mundial en el cual las compañías internacionales necesitan asegurar retornos a sus inversiones. Sin embargo, es posible llegar a acuerdos especiales. El uso de patentes para el país puede obtenerse a precios reducidos frente a los internacionales, en la medida en que los mercados locales sean claramente segmentables, desde el punto de vista de las compañías.



Desarrollo de capacidades de negociación. Para poder acceder a los recursos de conocimiento, capital y tecnología del exterior, es necesario desarrollar fortalezas que conviertan a los colombianos en socios atractivos. Pero, además, hay que saber cuál es el verdadero valor de estos activos en una negociación internacional. Es indispensable adelantar programas de formación de expertos y difusión rápida de estos conocimientos a lo largo de estas redes de investigación.



Desarrollo de empresas de base tecnológica. Nuestra capacidad para convertir proyectos de investigación científica en empresas exitosas en el mercado es muy incipiente. Aparte de la negociación de la tecnología, los dos grandes cuellos de botella son el escalamiento industrial de los descubrimientos y el desarrollo de un mercadeo sofisticado. Muchas veces, los productos funcionan en el laboratorio, pero encuentran muchísimos problemas al llevarlos a la escala industrial. Luego, es indispensable darles los atributos que el consumidor necesita en términos de características de las unidades despachadas, frecuencia de suministros, variedad en el portafolio de productos en las empresas y demás aspectos del mercadeo. La gerencia de empresas de base tecnológica tiene exigencias diferentes a las de las empresas tradicionales y contamos en Colombia con muy pocos expertos capaces de adelantar esta tarea.



Bioinformática. El trabajo de mapeo y secuenciamiento de genes ha generado un flujo masivo de información. Esto convierte a la bioinformática en una herramienta esencial que ha dado nacimiento a numerosas compañías, pues si bien la información es de libre acceso, existe la posibilidad de generar valor aplicando la experticia de los investigadores a la solución de problemas específicos.



Conciencia pública. Los rápidos avances en genómica han generado un fuerte rechazo político en muchos países. Un público debidamente informado es una condición esencial para que el avance de la biotecnología no se vea frenado intempestivamente por causa de un rechazo político. Este es un factor que todos los actores internacionales (inversionistas y técnicos) tienen en cuenta antes de ingresar a un país.



Capital de riesgo. Es una condición obvia. Si se quiere que este sea el motor de la competitividad, es necesario invertir, entendiendo que se trata de proyectos de larga maduración y alto riesgo. Esto exige el desarrollo de un mercado de capital adaptado a las necesidades del sector. Los científicos también tienen que lanzarse al agua, utilizando mecanismos financieros innovadores como la titularización de sus patentes en los mercados financieros.



Los empresarios colombianos deben despertar a esta nueva oleada de innovación que transformará sus industrias. Empresas biotecnológicas del mundo entero, que probablemente aún no existen, estarán amenazando en pocos años la supervivencia de nuestra estructura industrial. La empresa privada colombiana ha tardado demasiado en reaccionar con iniciativas ambiciosas ante los retos de este nuevo modelo económico; basta comparar la audacia de las inversiones de la empresa venezolana Polar en biotecnología con la indiferencia frente al tema que muestra Bavaria. Y los gremios también deben hacer de este un tema central de su gestión estratégica, pues este avance tecnológico es la esencia de su crecimiento económico futuro.



La revolución de la biotecnología en el nivel de la genómica es la puerta del desarrollo en este milenio. Colombia cuenta con una abundante biodiversidad y una base científica intermedia para asumir este reto. Si se quiere que esta promesa se haga realidad, es necesario generar un gran propósito nacional, una iniciativa colectiva que capture la imaginación y canalice las energías de científicos, empresarios, el gobierno y la comunidad en general. Es una apuesta enorme, pero vale la pena que Colombia se meta de lleno en ella.
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