| 3/18/2005 12:00:00 AM

Artistas<br>Silencio y protagonismo de escritoras y artistas

En artes y letras, la mujer inició su labor en la Conquista, fue reconocida en el siglo XX y hoy se destaca internacionalmente.

La mujer fue pionera en el arte del bodegón y del desnudo e introdujo al país estos dos grandes géneros pictóricos en el siglo XIX, a pesar de haber sido marginada, en especial en la Conquista y la Colonia. En estos períodos, España le dio a la mujer la misión de unificar lengua y religión, como centro de la familia. Solo en los conventos, pudo desarrollarse intelectualmente, como lo ejemplifica la madre Josefa del Castillo, reconocida escritora de su tiempo. La mujer también fue testigo de la construcción de una república dominada por hombres de poder, aunque una élite ilustrada de ellas accedía a la educación que le permitía expresarse en diversos géneros literarios y en pintura, hechos que fueron la antesala para un gran silencio que empezó a desvanecerse con la creación de revistas femeninas en el siglo XIX y con la participación femenina en la exposición del Centenario (1910). Pero las críticas compasivas y los estereotipos relacionados con su género la reprimieron hasta mediados del siglo XX, cuando pudo votar. Ahora, conquista espacios y es reconocida internacionalmente.

La historia empezó en la Conquista, cuando Francisca de Tolosa escribía cuentos y poemas, talvez relacionados con sus vivencias de finales del siglo XVI, y Jerónima Velasco (s. XVII), llamada Safi, por Lope de Vega, se dedicaba a la poesía. Ellas son consideradas las primeras escritoras nacidas en el país, aunque debió haber muchas más, pues de la producción de este período poco se sabe. En el siglo XIX, cuando José María Vergara y Vergara se refería a la madre Josefa del Castillo como "el mejor escritor que poseemos", se puso atención a esta religiosa cuya obra surgió en la Colonia y dentro del convento de las Clarisas, cuando las monjas escribían sus tentaciones y vivencias a petición del confesor.

Mientras las religiosas buscaban la perfección, Feliciana Vásquez, hija de Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos, tomaba el pincel para ser hoy calificada la primera pintora colombiana. Según el crítico Eduardo Serrano, "no solo se ignora cuáles son sus obras, sino que, en actitud que hace manifiestos los prejuicios contra el arte femenino, críticos e historiadores le adjudican con frecuencia aquellas del taller de su padre, cuya calidad deja qué desear", pues no se firmaban los trabajos ni se veía a las señoritas en la primera escuela de arte, fundada por José Celestino Mutis (s. XVIII).

Con el Grito de Independencia, cuando los líderes criollos se dedicaban a escribir, María Martínez de Nisser (s. XIX) relataba su actividad en las luchas republicanas, mientras que otras, pertenecientes a familias destacadas como Josefa Acevedo Gómez (1803-1861), hija de José Acevedo y Gómez, publicaba poesía, cuentos, ensayos y biografías. Vino medio siglo de silencio hasta la creación de revistas femeninas, cinco de ellas dirigidas por la novelista Soledad Acosta de Samper, la más prolífica de su tiempo con la poeta Silveria Espinosa de los Monteros de León.

En las artes, las mujeres participaron en exposiciones como la de La Moral y de la Industria (1841), donde se vieron bordados de María Josefa Ramos y pinturas de Silveria Espinosa de Camacho. Y en 1846 aparecieron el bodegón y el desnudo en Colombia, "Margarita Merizalde es la autora de la primera naturaleza muerta sin figura humana", anota Eduardo Serrano en Historia de la mujer en Colombia. Y, al abordar la muestra de 1848, dice "entre las obras que más llamaron la atención figuraron los desnudos presentados por Blandina, Petra y Olga González, dando inicio a este género pictórico". Sin embargo, se desconoce casi en su totalidad la pintura femenina del XIX, cuando muchas de las artistas eran parientes de reconocidos pintores.



ARTE PARA EL MUNDO

El acceso a la universidad, al voto y al trabajo y el control natal cambiaron la perspectiva de la mujer en el siglo XX, aunque siguió siendo discriminada en las letras donde ha recorrido su propio camino sin hacer parte ni del Piedracielismo, ni de Los Nuevos ni del Nadaísmo. Su situación llevó a algunas a reivindicar su género con escritos y antologías e introduciéndose en diversos temas y tendencias o saliéndose de los cánones de la llamada "literatura femenina", como lo hizo María Mercedes Carranza (1945-2003), que además de ser poetisa y periodista, fundó la Casa Silva. Y Fanny Buitrago (1946), quien supo observar los fenómenos humanos y analizar la posición de la mujer, algo que habían intuido Fabiola Uribe de Jaramillo (1919) y Elisa Mújica en Catalina (Premio Esso, 1963). Otras han buscado autonomía narrativa como Albalucía Ángel, Piedad Bonet (1951) y Laura Restrepo (1950), de quien Gabriel García Márquez ha dicho "da vida a la singular amalgama entre investigación periodística y creación literaria".

En la plástica, ya en la Exposición del Centenario, (1910), Margarita Holguín y Caro fue galardonada por sus pinturas. En la escultura, en los años 30 surgieron Hena Rodríguez y Josefina Albarracín, discípulas de Ramón Barba. La primera fue miembro del grupo Bachué, la segunda introdujo en sus obras la profundidad psicológica. Diez años después, Débora Arango (1908) fue el centro de escándalos por pintar desnudos en el I Salón Nacional. Y, con la llegada de Marta Traba en 1954, la posición de la mujer evolucionó con sus críticas y su lucha por permitir la entrada del arte moderno; luego con el apoyo de las graduadas en Artes y dedicadas a la crítica, investigación, educación, las galerías y la edición de revistas como María Teresa Guerrero, Lilia Gallo, Beatriz González, Carmen María Jaramillo, Ivonne Pini, Aseneth Velásquez, Ethel Klenner, Celia de Birbragher, así como las críticas Ana María Escallón, Carolina Ponce, Piedad Casas o las directoras de museos (Gloria Zea, Elvira Cuervo, Maritza Uribe y Pilar Velilla), las mujeres se expresaron con libertad. Cecilia Porras, por ejemplo, combinó abstraccionismo y realismo. Feliza Bursztyn (1933-1982) hizo la primera exposición de obras realizadas con chatarra (1961). Surgieron otras formas de abordar la pintura como la de Beatriz González (1939), que convirtió el imaginario popular en su lenguaje. Olga de Amaral (1942) transformó los textiles, Beatriz Daza usó el lenguaje moderno en cerámica. María Teresa Hincapié con sus performances se introdujo en lo ritual, Maripaz Jaramillo en el pop, mientras que algunas tomaron el tema de la violencia como Delcy Morelos, la identidad como Ana Patricia Palacios o Ana Mercedes Hoyos. Y algunas, como Doris Salcedo, reconocida internacionalmente, han creado a partir del arte conceptual. Así mismo, María Fernanda Cardoso ha usado elementos no convencionales y ha representado al país en la Bienal de Venecia. En medio de luchas y logros, la mujer ha ocupado un espacio en las artes y las letras, ha contado otras historias y ha reflexionado sobre su situación.
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