| 6/8/2006 12:00:00 AM

Arroz

Los cultivadores nacionales tendrán que hacer más productivas sus siembras. La meta es bajar 20% los costos de producción. La competencia proviene de Venezuela, Ecuador y Perú.<br><br>

Contrario a lo que muchos creen, el arroz con rotación de cultivos, con agua bien administrada y en tierras óptimas no desaparecerá del país. En la negociación final del TLC, los arroceros colombianos mantuvieron un arancel del 80% para su producto durante 6 años y luego descenderá gradualmente hasta el año 19, cuando se completa la desgravación. Esto le dio un enorme plazo de gracia a un sector que, para algunos, recibiría un golpe mortal con las importaciones provenientes de Estados Unidos.

Una vez firmado el TLC, Estados Unidos podrá entrar al país 79.000 toneladas de arroz blanco, cerca del 3% de la producción nacional. Ese monto aumentará 4,5% cada año hasta el año 19. Si bien es un período largo, con esas cuentas, parece inevitable que desaparezcan las siembras en zonas marginales para el cultivo, fundamentalmente arroz de secano (con tierra preparada y sembrada en seco) en los Llanos Orientales, vaticina Rafael Hernández, gerente general de Fedearroz. "El rendimiento del arroz depende fundamentalmente de la luminosidad", explica. Y esa región del país tiene una baja luminosidad.

Mientras entra la competencia estadounidense, la receta para sobrevivir sin problemas es invertir. "No se trata de recibir subsidios de alguna cantidad por hectárea, sino de inversión", enfatiza Hernández. De un lado, se debe invertir en un manejo más preciso del riego —con nivelación de suelos con láser— y de otro, en mayor desarrollo e incorporación de ciencia y tecnología. La meta, señala, es bajar los costos de producción 20% en 19 años.

En parte, alcanzar ese objetivo será posible con investigación genética. "Hemos logrado un aumento de 25% en los rendimientos en los últimos 12 años", señala Hernández refiriéndose a las nuevas variedades desarrolladas por Fedearroz. Pero para que las semillas den su mejor rendimiento, necesitan un entorno óptimo para desarrollarse. Por eso se requiere la inversión en adecuación de tierras y la siembra en los lugares más adecuados.

"El arroz tiene muchas amenazas. Es un producto frágil que no va a resolverlas en un año ni dos", dice un tanto pesimista Julio Hernando Urbina, investigador del CEGA, Centro de Estudios Agrícolas y Ganaderos, piensa que para ganar competitividad, los sistemas de siembra tendrán que cambiar. Más de la mitad de la producción de Tolima y Huila se hace en tierras arrendadas. Los arrendatarios, dice, no tienen mayor interés en cuidar el suelo. En particular, no hacen una rotación de cultivos (maíz o soya, después de arroz), para devolverle nutrientes. Como ejemplo, menciona que en Casanare y el Magdalena Medio se sembró arroz hasta cuando las tierras se deterioraron irreparablemente.

Tampoco hay incentivos para manejar mejor el agua ni la infraestructura de riego y drenaje, sostiene el investigador. "En el Tolima, hay mucho uso de agua y se desperdicia", puntualiza. Por eso, propone que se diseñen incentivos financieros para mejorar en esto.



Competencia ahora

La competencia al arroz nacional no solo vendrá de Estados Unidos, el productor número 11 del mundo, sino de los vecinos, Venezuela, Ecuador y Perú.

Entre 2003 y 2005, Colombia importó en promedio 61.000 toneladas anuales de arroz procedente de Ecuador y Venezuela, en el marco de la CAN, y 32.000 toneladas del resto del mundo como parte de la cuota de la OMC. Los datos del Ministerio de Agricultura muestran que las importaciones vinieron principalmente de Tailandia, Estados Unidos y la Guyana Francesa.

Las condiciones de la producción venezolana son difíciles de predecir, pero es claro que mantendrán su ventaja de costos. La energía, los combustibles y fertilizantes reciben subsidios y la tierra es barata. "El arriendo de una hectárea por año, que en Colombia es de $600.000, en Venezuela es de $150.000", explica Hernández. Con todo esto, el costo por hectárea de producir arroz en Colombia es de $3'500.000, mientras en el país vecino es de $2'100.000. La tecnología en Venezuela es la misma colombiana. De hecho, en buena medida ha sido desarrollada por Fedearroz.

Ecuador perdió parte de su capacidad competitiva por la dolarización, de manera que las importaciones legales e ilícitas desde allí serán menores. En Perú, los rendimientos en la provincia de Camaná son unos de los mejores del mundo por efecto de la luminosidad. Mientras en la meseta de Ibagué se consiguen rendimientos de 10 a 12 toneladas por hectárea, allí se consiguen 13 toneladas y más por hectárea cada año a costos de $3'400.000 por hectárea. Por eso, de manera directa o desde Ecuador como contrabando, puede entrar más arroz peruano en el mercado local.

Para 2006, el Ministerio de Agricultura espera que las importaciones conserven su nivel actual. "Estas importaciones ingresarán con una mayor probabilidad durante el primer semestre del año, período en el cual el país es deficitario en el grano y cuando hay mayores incentivos económicos para importar", dice Camila Reyes, directora de Comercio y Financiamiento de ese despacho.



Cambio extremo

A pesar de que se emprendan acciones para hacer competitivo el sector, de todas formas se sustituirán algunos de los cultivos en las zonas arroceras del país. En algunos casos, en tierras baratas, se sembrarán especies maderables, afirma Julio Hernando Urbina. En otros casos, se cultivarán cereales que se usan en ganadería (maíz, soya o sorgo), que aunque parecerían amenazadas por la competencia de Estados Unidos, podrían ser distribuidos hacia el sur del país con ventaja de fletes frente al importado. En otros más, en especial en el Tolima se podrían producir frutas y hortalizas, que tienen la desventaja de que con áreas adicionales muy pequeñas sobreabastecen los mercados locales.

Por su parte, el gerente de Fedearroz advierte la importancia de que esta sustitución se haga pronto y con especies rentables. El censo arrocero muestra que los predios de siembra de coca lindan con extensiones de arroz. De no hacerla, se perdería terreno para actividades ilícitas.

Para definir lo que finalmente se debe hacer, el CEGA recomienda emprender análisis por región, más precisos que los estudios promedio. Eso habrá que hacerlo, mientras que, a la vez, el arroz colombiano más competitivo se sigue sembrando en los lugares más tradicionales.
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