Ambiente rentable

| 12/9/2002 12:00:00 AM

Ambiente rentable

El ambiente está generando múltiples oportunidades de negocios. Los empresarios deben romper con las ideas fijas del pasado y cambiar sus perspectivas para aprovechar este potencial.

Las oportunidades de negocios pueden estar donde nadie las espera, en cosas como el aire y la basura. En 1997, el Frigorífico Guadalupe, la mayor empresa de sacrificio de animales del país, estuvo a punto de ver cerrada su operación por no cumplir las normas de manejo de aguas residuales. Hoy, después de una transformación, los desechos que antes causaban el problema generan ingresos adicionales a la empresa por más de $3.300 millones anuales. Empresas Públicas de Medellín acaba de firmar con el Banco Mundial un acuerdo para vender por 10 años certificados de reducción de gases, lo que le traerá ingresos por US$3,2 millones. En enero próximo, 350 productores del norte del Valle exportarán 70 toneladas de café de conservación con destino a la multinacional Starbucks, con un precio que supera el del promedio de los cafés suaves en 80%. Este es el nuevo mundo de los negocios ambientales, en el cual cada día se habla menos de teorías y más de negocios que producen rendimientos en forma efectiva y en tiempo presente.



Muchos empresarios aún tienen una reacción de rechazo instintivo cuando oyen las palabras "medio ambiente". De inmediato, pueden visualizar listas eternas de requisitos y largas visitas de funcionarios que no traen nada bueno y más bien tienden a causar perjuicios al negocio. Quienes piensan así se están quedando atrás. El factor medioambiental es decisivo hoy para el desarrollo de sus negocios, bien sea porque el comprador lo exige, porque el competidor está ganando ventaja por cuenta de este diferencial o porque los entes reguladores en el exterior lo están imponiendo. Hacer a un lado el tema, como si no existiera, puede llevar a que un día no lejano la empresa encuentre que ha perdido la posibilidad de competir.



Por el contrario, las empresas que asumen su problemática ambiental de frente suelen encontrar beneficios inesperados. Por definición, la producción limpia es más eficiente. Al involucrarse en el tema, las empresas aprenden a manejar sus flujos de insumos como agua y energía en una forma más racional. Como afirma Ismael Concha, consultor medioambiental: "Cuando de una industria está saliendo ese humo negro producto de su operación, no solo está contaminando el aire, sino que también está perdiendo plata". El esfuerzo que implica dejar de imponer los desperdicios de la producción sobre el resto de la sociedad también lleva a utilizar mejor los recursos y a ser más eficientes. Y este es solo un primer beneficio. Cuando los gerentes comienzan a ver sus empresas como proyectos de desarrollo sostenible, aparecen para ellos posibilidades de actividad y negocios que no se habrían imaginado en el pasado.



Los negocios



Los negocios relacionados con el ambiente y los mercados verdes se clasifican en productos y servicios ambientales. Entre los primeros están todos los relacionados con el aprovechamiento sostenible de la biodiversidad (plantas medicinales o extractos vegetales), el biocomercio (productos orgánicos sin insumos químicos, por ejemplo) y los ecoproductos industriales (aprovechamiento de residuos sólidos y de productos menos contaminantes).



Entre los servicios ambientales están temas como el ecoturismo y el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL), como el programa de reducción de emisiones de gases por parte de los países industrializados consagrado en el Protocolo de Kyoto. Reducir una tonelada de emisiones le puede costar a una empresa en Japón más de US$500, y en Estados Unidos esa cifra puede superar los US$200. Entre tanto, comprar un certificado por una tonelada de reducción de emisiones realizada en un país en desarrollo está costando cerca de US$3,5. Por ello, los países desarrollados están interesados en comprar certificados de reducción de emisiones a los países en desarrollo. Según cálculos del Ministerio del Medio Ambiente, esta actividad podría representarle a Colombia divisas por más de US$400 millones anuales en el largo plazo, niveles similares a las exportaciones de flores o banano.



Según el Ministerio del Medio Ambiente, tan solo el mercado mundial de estos productos y servicios provenientes del aprovechamiento sostenible de la biodiversidad suma más de US$900.000 millones al año, con tasas de crecimiento del 25% anual. Es un mercado gigantesco del cual Colombia no puede estar ausente.



La gran pregunta de los empresarios es cuáles son los beneficios de adelantar proyectos medioambientales. En otras palabras, dónde está la plata. Hay muchas fuentes, desde vender certificados de reducción de emisiones de gases contaminantes hasta sacarles provecho a los desechos, reducir los costos de operación y monetizar el desperdicio.



El aprovechamiento de la biodiversidad está abriendo las puertas a muchos proyectos en el país. En mayo pasado se inició un programa conjunto entre el Instituto de Investigaciones Biológicas Alexander von Humboldt y Proexport para promover el desarrollo de estas posibilidades. Empresas como Ecoflora, que fabrica insecticidas, repelentes y aceites esenciales; Asprome, que trabaja con una comunidad de 250 indígenas del Cauca en la producción de mermeladas; Espavé, que desarrolla condimentos naturales en el Chocó con 75 madres cabezas de familia; o Alas de Colombia, una empresa del Valle del Cauca que exportará mariposas al mercado de Estados Unidos, hacen parte de este programa, cuya potencialidad es amplia, son algunos ejemplos de proyectos basados en el aprovechamiento de la biodiversidad y orientados a la exportación. A su vez, el Ministerio del Medio Ambiente tiene entre sus proyecciones lograr la exportación de pieles y mascotas desde zoocriaderos por un valor de US$20 millones en el cuatrienio. El objetivo es capturar nichos de mercado, al apalancarse en el desarrollo comunitario y en la capacidad colectiva de trabajo.



Otra posibilidad de obtener rentabilidad gracias al ambiente está en alcanzar mayor eficiencia y menores costos. La Alianza Team, que agrupa a 6 empresas del sector de grasas, logró vincular a estas empresas en ahorros de consumo de agua, energía y en el manejo de material reciclado que han sido valorados en US$20 millones en los últimos 6 años. Estos ahorros han sido empleados en un proceso de ampliación de plantas que en los últimos 3 años ha alcanzado inversiones por US$35 millones. En un mercado de márgenes muy pequeños y cada vez más competido como el de las grasas, esto representa una importante ventaja competitiva. "Team asumió el reto del desarrollo sostenible utilizando la ecoeficiencia como herramienta de competitividad, que asegura el uso eficiente de los recursos naturales y mejora nuestra rentabilidad", asegura Mauricio Campillo, presidente de la Alianza.



En este panorama se destaca la venta de certificados de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, un negocio en el cual Colombia está demostrando un enorme potencial. EEPPM, Generadora Unión y TransMilenio entendieron el potencial de este mercado y ya están cerrando transacciones (ver recuadros). Aunque el Protocolo de Kyoto aún no ha sido ratificado, sus mecanismos flexibles han tomado vida propia y han dado lugar a un mercado de carbono que ha crecido rápidamente, a pesar de las dificultades para fijar las normas que regulan la transacción de emisiones. De hecho, desde la Cumbre de Río, en 1992, se han realizado transacciones por entre 100 y 180 millones de toneladas de CO2 equivalentes. Colombia tiene un potencial de reducción de 19 millones de toneladas anuales de CO2.



Así, incluso si el Protocolo de Kyoto no es ratificado, lo más probable es que el mercado de carbono continuará evolucionando dentro de una base limitada. Por el contrario, si hay una ratificación de Kyoto y se formalizan las reglas, el mercado de reducción de emisiones deberá crecer rápidamente y avanzar hacia una maduración. De esta manera, el precio que hoy tiene, US$3,5 por tonelada, podría subir y las posibilidades de proyectos también.



Esto no significa que el camino sea fácil. Colombia no está sola y muchos competidores están detrás de ese mercado. Así como se espera que la demanda por certificados aumente, también lo hará la oferta de proyectos. Por ese motivo es importante colocarse rápidamente en los primeros lugares. "Colombia no puede darse el lujo de esperar a que se ratifique el Protocolo para empezar a diseñar proyectos, cuando otros países ya los tendrán listos en el momento de la ratificación", asegura Raúl Hernández, especialista forestal de Fedecafé.



Como lo menciona John Paul Moscarella, cofundador y vicepresidente de Desarrollo de Negocios de Econergy International Corporation, en un documento de la Corporación Andina de Fomento (CAF), "en los próximos cinco años, el mercado de carbono experimentará transformaciones importantes: la demanda será más predecible, se estandarizarán las características de los certificados de carbono y el costo de transacción se reducirá. En la curva de precios proyectada, se espera que estos aumenten durante el primer período del compromiso de Kyoto (2008-2012). Entre el mediano y el largo plazo veremos precios de entre US$6 y US$7 por tonelada".



Hoy Colombia tiene 8 proyectos de reducción de emisiones ante el Banco Mundial y en el Ministerio del Medio Ambiente hay otros 30 adicionales. Para Juan Pablo Bonilla, viceministro de esa cartera, la meta es tener en los próximos 4 años ventas superiores a los US$30 millones.



Por otra parte, los Mecanismos de Desarrollo Limpio pueden ayudar a resolver problemas de competitividad en algunas empresas. Gran parte de la industria en el país tiene equipos obsoletos, de modo que un cambio tecnológico podría generar recursos por esta vía. "Hay una oportunidad clara de aprovechar el MDL como mecanismo de financiación para mejorar el sistema energético nacional, entendiendo como sistema energético la cadena transporte, industria, comercio, sector residencial, generación de energía, es decir, toda la cadena energética", explica Ismael Concha. "Por ejemplo, se está analizando si con MDL se puede ayudar a Acerías Paz del Río. Esta planta siderúrgica tiene tecnología vieja, pero si se renueva puede reducir emisiones y podría vender esa reducción. Es un ejemplo clásico de cómo utilizar el MDL".



Los acuerdos internacionales en medio ambiente, donde Colombia ha tenido una participación particularmente dinámica, abren posibilidades adicionales. Por ejemplo, en la tercera semana de noviembre, Estados Unidos declaró elegible a Colombia para canjear intereses de deuda por conservación de bosque tropical. Esto quiere decir que nuestro país puede llegar a acuerdos para dejar de pagar una parte de los intereses sobre sus deudas con Estados Unidos y destinar estos recursos para el cuidado de estas reservas naturales. La cifra de esta reducción de intereses para Colombia se puede acercar a US$10 millones.



El camino



Todas estas posibilidades están al alcance de las empresas colombianas, pero solo si se involucran plenamente en el desarrollo sostenible. Para hacerlo, es necesario romper paradigmas e ideas preconcebidas. Es indispensable cambiar la perspectiva y cambiar la actitud, tanto hacia los reguladores como hacia otros requisitos de entrada en el negocio, como las certificaciones (ver recuadro).



El primer paso es concebir la dimensión ambiental de los proyectos. Esto genera un cambio radical en la perspectiva, que puede proyectarse en el estado de pérdidas y ganancias de la empresa. En el caso del proyecto de servicios ambientales del río Amoyá, el primer planteamiento de Generadora Unión fue manejar el proyecto desde el punto de vista de ingeniería y diseño, no desde el medio ambiente. "Fue luego que nos encontramos con unas nuevas posibilidades de obtener recursos y cuidar nuestra materia prima: el páramo de Las Hermosas", dice Gabriel Jaime Ortega, gerente de la compañía. La palanca ambiental le ha dado al proyecto una dimensión completamente nueva (ver recuadro).



Respecto al tema ambiental se está viviendo un proceso similar al que ocurrió en el mundo con los requisitos de calidad. Primero, las certificaciones de calidad fueron vistas como una iniciativa discrecional de las empresas. Hoy, son una condición de entrada a los mercados. Quienes dominen primero la problemática ambiental marcarán una diferencia y ganarán un tiempo precioso antes de que la exigencia se generalice. Como lo plantea Fabio Tobón, director ejecutivo del Instituto Colombiano de Normas Técnicas (Icontec): "Las empresas tienen que entrar rápidamente a la gestión medioambiental, primero para obtener ventajas por reducción de costos en energía y agua, pero también para usarla como ventaja competitiva antes de que sea una obligación que todos tengan que cumplir".



El camino para los empresarios no es fácil. Colombia tiene una de las reglamentaciones más duras en materia medioambiental. Adicionalmente, en los niveles regional y local esta se hace abundante, compleja y, a veces, contradictoria. Y los empresarios tienen que manejar los distintos ámbitos de influencia de las corporaciones autónomas regionales, los departamentos y los municipios.



A pesar de todas las dificultades, para aprovechar la oportunidad ambiental los empresarios deben aprender a trabajar en llave con las entidades de control y vigilancia, cuyo conocimiento puede representar la diferencia. "Por años estuvimos analizando la forma de enfrentar nuestro problema de aguas residuales; pero, a pesar de traer expertos y comprar costosos equipos, no lo solucionábamos. Solo llegamos a una solución cuando trabajamos nosotros mismos el problema. Nos encontramos con que las autoridades pueden ser una ayuda importante en el proceso si ven que las empresas hacen su trabajo en el área medioambiental", explica Joaquín Palau, gerente de Frigorífico Guadalupe.



Finalmente, los empresarios deben aprender a trabajar en conjunto para generar capacidades colectivas que son críticas en este terreno. No es suficiente trabajar de puertas para adentro de la empresa. Hace falta operar en conjunto con las comunidades, los centros de conocimiento y también con otras empresas.



En particular, Colombia tiene que aprender a superar la distancia entre el desarrollo de conocimiento y su aplicación empresarial. "Aunque muchas empresas ya han entrado en el proceso de investigación biotecnológica para hacer más eficiente su operación, es claro que muchas investigaciones y estudios se quedan en las universidades y en los centros de investigación y no trascienden esas fronteras", explica Pilar del Portillo, directora de Corpogen. La capacidad para poner a operar todas las piezas del engranaje como un conjunto puede generarle al país un adelanto sustancial en el área de la biotecnología.



Colombia tiene una posición única para aprovechar ventajas en un mundo donde la problemática ambiental se vuelve prioritaria. La riqueza en la biodiversidad de Colombia es gigantesca: tiene el 10% de los mamíferos del mundo, el 20% de las aves y el 17% de las plantas. Es el segundo país más megadiverso del mundo.



El país tiene que ser capaz de mantener ese patrimonio y al mismo tiempo convertirlo en una fuente de desarrollo. Es un reto que no solo involucra al gobierno, sino también a todos los empresarios colombianos.







Las certificaciones

El potencial de los negocios medioambientales de Colombia solo se hará realidad, si superamos el problema de las certificaciones. Antes de poder participar en los mercados de reducción de emisiones o de productos orgánicos, los empresarios colombianos deben lograr que sus procesos de producción sean certificados por entidades internacionales autorizadas.



Estas certificaciones implican procesos dispendiosos y cuestan mucho dinero. En ocasiones, el costo de la certificación es tan grande que puede eliminar la viabilidad de un proyecto. Certificar un producto orgánico requiere múltiples visitas e inspecciones que deben ser pagadas por el productor. Muchas veces, el sobreprecio que se paga en los mercados internacionales por el producto orgánico se queda en las certificaciones.



Por ejemplo, en el caso de la reducción de emisiones, los costos de formulación para proyectos pequeños son muy altos. Por ejemplo, una planta de generación de 8 megavatios al sur del país, cuyo costo de formulación es de US$200.000, recibiría ingresos por los certificados por US$150.000 al año.



Para enfrentar esta situación se trabaja en dos sentidos. Primero, se está buscando que las certificaciones se hagan en Colombia. El Centro de Investigaciones de la Federación Nacional de Cafeteros ya está trabajando en la captura de CO2 en ecosistemas de la zona andina de Colombia y actualmente busca un socio para convertirse en entidad certificadora y verificadora de estos procesos, para Colombia y los mercados vecinos. "Lograríamos que Colombia gane competitividad, porque tendríamos más agilidad a la hora de presentar certificados", dice Raúl Hernández, especialista forestal de Fedecafé. Segundo, se está desarrollando un sello ecológico que se homologue con los internacionales, de tal manera que el dinero que se paga por los certificados se quede en Colombia. El desarrollo de entidades certificadoras le permitiría a Colombia asumir un lugar clave como líder en mercados ambientales en América Latina.
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