| 9/18/2009 12:00:00 AM

Alpina

En materia de calidad, las grandes transformaciones se han dado a partir de pequeñas revoluciones.

Así lo entendió en 1990 la compañía de lácteos Alpina, cuando puso en marcha un cambio en la política de compra de leche a los ganaderos, cuyo objetivo final era mejorar la calidad del producto. La empresa implementó el denominado “pago por calidad”, para premiar a los proveedores con buenas prácticas cuyo producto reportara el menor número de bacterias por mililitro.
 
La puesta en marcha de este proceso trajo consigo la instalación de tanques de enfriamiento en las fincas más grandes para garantizar unidades bajas de bacterias en el producto, llegando hoy a mediciones de apenas 15.000 bacterias por mililitro, por debajo incluso de los estándares internacionales que toleran hasta 30.000. Para los pequeños productores el sistema no fue una barrera. Antes bien, se convirtió en herramienta para apalancar la creación de asociaciones de vecinos que, con el apoyo de la compañía y de otras entidades, han logrado la construcción de torres de enfriamiento que comparten para garantizar la compra de su producto.

Pero esta no ha sido la única transformación que Alpina ha generado en el sector ganadero. Su decisión de lanzar en 1995 un programa para lograr cero antibióticos en la leche comprada a los ganaderos también ha servido para avalar los procesos de calidad y desarrollar una cultura de mejoramiento en los tratamientos veterinarios que se les sigue a los animales enfermos. Estos procesos han ido de la mano de un acompañamiento permanente de la compañía, que cuenta con un equipo de veterinarios y zootecnistas que cada año realizan 6.000 visitas a las fincas donde se compra la leche, para apoyar la labor de los ganaderos.

La compañía compra cerca de 850.000 litros diarios de leche a 1.100 proveedores en regiones como Cundinamarca, Antioquia, Cauca y Nariño, para abastecer sus seis plantas de producción y sus estándares han generado una verdadera cultura de la calidad desde los proveedores hasta el último eslabón de la cadena. Esta labor le ha merecido el reconocimiento del consumidor final y de los empresarios del país, que la tienen como una de las compañías con mayores estándares de calidad, de acuerdo con el estudio de Invamer Gallup para Dinero.

Julián Jaramillo, presidente de Alpina, explica que en su organización el compromiso con la calidad y la innovación “está presente en cada acción que emprendemos y en cada plan que diseñamos”. Por esta razón, la política es integral e involucra “tanto los procesos de producción como el cuidado del medio ambiente, la interrelación con las comunidades, el bienestar de nuestros colaboradores y las relaciones con proveedores, clientes y distribuidores”.

Aunque explica que desde el nacimiento de la compañía hace 60 años la calidad ha sido un tema preponderante, fue a partir de los años 90 cuando se avanzó en la adopción de estándares más exigentes con el reto de canalizar los esfuerzos de mejoramiento continuo bajo la óptica de sistemas de gestión.

Actualmente, todas las plantas de la compañía están certificadas con normas de gestión ambiental, gestión de calidad, buenas prácticas de manufactura, buenas prácticas de bodega y Haccp.

Para el presidente de Alpina, “la obtención de certificaciones es un mecanismo sumamente importante para el mantenimiento de los estándares de calidad y es un elemento motivador decisivo, pero creemos que lo importante no es la obtención del certificado en sí mismo, sino el esfuerzo coordinado que debe hacerse a diario para cumplir los requisitos de las normas y los principios estipulados para de este modo satisfacer a las partes interesadas y generar óptima calidad en cada uno de los procesos”.

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