| 10/19/2010 9:00:00 AM

Alianza ganadora

El atraso de Colombia en innovación y tecnología podría reducirse gracias a la cooperación entre universidad, empresa y estado. Tenemos que aprender de las experiencias positivas y meter el acelerador. Ejemplos como Coctemar o Ecoflora muestran el camino.

Ecoflora es una empresa que desarrolla tecnologías a partir de la biodiversidad vegetal. Se especializa en productos derivados de extractos vegetales, desde sustitutos para pesticidas químicos hasta insumos para las industrias de alimentos y cosmética. Ecoflora venderá cerca de US$2 millones este año, pero aspira a multiplicar por 25 esa cifra y alcanzar ventas por US$50 millones para el año 2018.

Vale la pena detenerse y considerar con calma esta información. Colombia es un país donde las empresas de alto crecimiento son prácticamente inexistentes. Resulta difícil identificar una empresa que haya sido fundada en nuestro país después de 1990 y que hoy esté facturando más de US$50 millones. Ecoflora, creada en 1998, parece estar en la ruta para lograrlo.

Si alcanza la meta, será por cuenta de un modelo de gestión en el que la colaboración entre universidad y empresa es una buena fórmula para la competitividad. Ecoflora ha desarrollado su portafolio de productos apoyándose en las fortalezas de investigación de la Universidad de Antioquia, junto con otras siete universidades montó el centro de investigación Biointropic, se ha vinculado a los programas de aceleramiento empresarial de la facultad de Administración de la Universidad de los Andes, ha utilizado fondos provenientes de Colciencias y del Sistema Nacional de Innovación y ha vinculado entre sus accionistas a Progresa Capital, uno de los primeros fondos de inversión de capital de riesgo que existen en el país, así como a privados. Este es el modelo global de desarrollo de empresas de alto crecimiento aplicado en el país.

¿Por qué no hay en Colombia muchas más empresas como Ecoflora? ¿Por qué es tan difícil que en nuestro país salga adelante este modelo? A pesar de ser la cuarta economía de América Latina, la trayectoria de Colombia en el tema de la innovación es ínfima en comparación con la que presentan países como Brasil o Chile, para no hablar de economías que son líderes en el tema, como Israel.

En la raíz de este desempeño está la enorme distancia que históricamente ha separado a las universidades de las empresas en nuestro país. Sin embargo, esta distancia se está acortando. Si hace apenas cinco años era difícil encontrar empresas que trabajaran de cerca con universidades en el desarrollo de aplicaciones de tecnología para los negocios, hoy es posible encontrar programas bien estructurados en los que grandes empresas están llevando la colaboración con la universidad al corazón de su estrategia.

“Nos encontramos en una etapa incipiente del desarrollo de los ecosistemas de innovación”, afirma Andrés Guerrero, coordinador de proyectos de emprendimiento de la Facultad de Administración de la Universidad de los Andes, que está cerrando un estudio sobre el tema para la Secretaría de Desarrollo de Bogotá. “En los ecosistemas de innovación en el mundo, los actores tienden a especializarse y generar grandes fortalezas en temas concretos, de modo que los científicos y emprendedores encuentran soporte en el sistema; desde el momento en que tienen una idea para la tecnología, hasta que obtienen capital y pasan a un proceso de aceleración. Aquí, en cambio, tenemos actores que pretenden hacerlo todo y no comparten una visión colectiva. Hay mucha actividad en ciertas etapas, pero hay falencias críticas en otras. Es cierto que hay importantes avances, pero debemos ir más rápido”, dice Guerrero.

“Este es un ecosistema embrionario y está en el imaginario de pocos. Hay que juntar voluntades y bajar el espíritu mesiánico de algunos directivos y líderes, porque esta es una estrategia de todos. La innovación es asociativa y es vital que nos veamos como complemento”, afirma Jorge Jaramillo, director del programa de gestión tecnológica de la Universidad de Antioquia.

Para poder desarrollar ecosistemas de innovación, se necesitan universidades que cuenten con fuertes capacidades de investigación y den prioridad al desarrollo de tecnologías orientadas a los mercados. Se necesitan empresas grandes que se conviertan en catalizadores de este esfuerzo y logren generar resultados visibles en términos de negocio; emprendedores dispuestos a tomar el riesgo de crear empresas a partir de nuevas tecnologías; y fondos de inversión que estén dispuestos a apostarle a esos nuevos proyectos.

La relación universidad-empresa está en la base de esta idea. Por fortuna, el país está dando un giro fundamental en la dinámica de esta relación. Hoy existen ejemplos importantes y resultados para mostrar. La pregunta es cómo acelerar el proceso para que logre la dinámica que un país del tamaño de Colombia debería tener.

Cambio de visión

Colombia acumula un rezago que solamente puede calificarse como dramático en materia de innovación. Según el World Intellectual Property Indicators, el número de patentes de Colombia en 2008 fue de 68, mientras en Chile alcanzó 743. Brasil, entre tanto, registró 5.126 patentes en 2007. La inversión en ciencia y tecnología de Colombia, según cifras de la Unesco, alcanzó $686.070 millones en 2007, tan solo 0,16% del PIB, mientras en países como Corea del Sur dicha participación alcanzó 3,23% en 2009.

La situación está empezando a evolucionar. En Medellín, EPM ha asumido un papel de liderazgo. Esta empresa se comprometió a llevar el 0,6% de sus ingresos anuales a su sistema de investigación –cerca de US$10 millones–, para explorar escenarios de competencia que le permitan migrar hacia nuevos negocios. Conformó el Centro de Investigación e Innovación en Energía (CIIEN), en unión con cuatro universidades –Nacional, Instituto Tecnológico Metropolitano, Antioquia y Pontificia Bolivariana– cuya alianza se formalizó en 2009. “Tenemos 11 proyectos, cuya inversión asciende a $11.000 millones”, dice Sergio Montoya, subdirector de Investigación y Desarrollo de EPM.

“Hoy trabajamos en una amplia agenda de investigación con las universidades, en temas como generación de biogás a partir de tratamiento de aguas residuales; producción de energía a partir de sólidos; biocombustibles y energéticos a partir de residuos en los sectores cafetero y forestal, entre otros”, explica Montoya.

La estrategia comienza a mostrar resultados. EPM ya tiene una patente en Estados Unidos, en asocio con la Universidad de Antioquia, para el uso de jatropha para la generación de biocombustibles. De otro lado, la empresa ha generado un medidor prepago, en alianza con Exelec, una compañía antioqueña que lo fabrica. El medidor ya está en pruebas en Suráfrica y Holanda.

Otra empresa paisa líder en este campo es la cementera Argos, que trabaja en alianzas con las universidades Nacional, de Antioquia, del Norte, Eafit, Tecnológica de Bolívar y Autónoma de Occidente, entre otras. Ha invertido más de US$10 millones en estos procesos.

“Actualmente estamos trabajando en más de 15 iniciativas diferentes de investigación y desarrollo”, afirma Camilo Restrepo, gerente I&D Tecnologías y Procesos de Argos.

En Bogotá, Codensa viene desarrollando varios proyectos de largo alcance con universidades. “Para este diálogo se necesita un traductor”, dice José Antonio Vargas Lleras, presidente de Codensa. “La universidad habla un idioma y las empresas otro, las velocidades son diferentes y se necesita construir un lenguaje común”, comenta.

Codensa avanza desde 2008 en el proyecto Sílice, para el desarrollo de una red inteligente, con la Universidad de los Andes, la Nacional y la Universidad Industrial de Santander (UIS), financiados en conjunto por Codensa y Colciencias. Otros proyectos se refieren a la medición de cambios climáticos para disminuir el impacto que generan en las líneas aéreas, así como el transporte eléctrico masivo. Codensa tiene ya las patentes de tres productos del servicio de prestación de energía.

“Hemos ejecutado recursos por $5.000 millones desde 2007. Funcionamos como un fondo de capital de riesgo con el cual apoyamos proyectos viables y de impacto para nuestro futuro”, comenta Christian Herrera, gerente general de Codensa.

Acesco coopera con la Universidad del Norte desde 1996 y juntos han desarrollado mejoras en la producción de lámina galvanizada y proyectos tecnológicos ligados a las líneas de producción de la compañía. Según Carlos Zuluaga, presidente de Acesco, la relación ha sido muy exitosa. “Hemos podido mejorar procesos gracias a la investigación de nuevos productos y hemos encontrado líneas de trabajo en el tema estadístico”, dice. “Ha sido un esfuerzo triple entre Acesco, la universidad y Colciencias”.

La farmacéutica Procaps desarrolló en colaboración con la Universidad del Norte un spray, llamado Acarklean, que elimina la presencia de ácaros en el hogar. “Este es el primer producto farmacéutico que sale de un proyecto de investigación con la universidad, con financiación de Colciencias, que hoy es un éxito comercial”, comenta Javier Páez, decano de la división de ingenierías de la Universidad del Norte. Dentro de los nuevos proyectos de colaboración entre las dos entidades, además, se trabaja en el desarrollo de tecnología para la producción de cápsulas blandas.

Otro caso muy interesante en la Costa Caribe es el de Cotecmar. Esta es una corporación de ciencia y tecnología formada como una sociedad entre el Ministerio de Defensa, la Armada Nacional, la Universidad Nacional de Colombia, la Universidad del Norte y la Universidad Tecnológica de Bolívar. Cotecmar presta servicios de mantenimiento, diseño, reparación y construcción de buques. “Desde 1997 hasta hoy, la Armada Nacional no ha comprado ningún buque en el exterior, todas sus necesidades se las ha resuelto Cotecmar”, comenta Carlos Fernando Torres, vicepresidente de la corporación.

Cotecmar tiene varios productos innovadores, que involucraron aportes de las universidades en el desarrollo de sus componentes. Uno de ellos es un buque patrullero de apoyo fluvial, innovación de talla internacional en cuanto a armamento de este tipo.

La clave de estos desarrollos entre universidades y empresas está en que, por fin, se están alineando los objetivos, las rutinas y las estrategias de la academia y las empresas. Camilo Restrepo, de Argos, estima que “estamos cada vez más cerca del punto de encuentro entre los objetivos de la empresa, que son sostenibilidad, rentabilidad, diferenciación e innovación, y los objetivos de la universidad, que son desarrollo de conocimiento básico, publicaciones y avance en la capacidad instalada de sus laboratorios”.

Colaboración local

Un tema esencial en este acercamiento es el fortalecimiento de los escenarios locales de cooperación. “En estos ecosistemas, las redes fuertes se deben crear en las ciudades y las regiones”, dice Andrés Guerrero, de la Universidad de los Andes. Por su parte, Fernando Chaparro, director de gestión del Conocimiento y la Innovación de la Universidad del Rosario, en Bogotá, afirma que “en una economía del conocimiento, las regiones son los protagonistas. Casos como Boston, San Diego, Austin, Sao Paulo o Monterrey muestran esta dinámica”.
Antioquia es líder. Desde la alcaldía de Medellín y la Gobernación se han impulsado diferentes instancias para la colaboración entre universidades y empresas, alrededor de la innovación. Una de ellas es Tecnnova, ente articulador de la estrategia Universidad-Empresa-Estado en la región, que cuenta entre sus fundadores con nueve universidades y un grupo de empresas paisas.

Juan Camilo Quintero, director de Tecnnova, afirma que la entidad “asume el papel de juntar la oferta y demanda de innovación”. De un lado, ayuda a las empresas a estructurar sus estrategias de innovación. De otro, identifica los grupos de investigación que pueden generar soluciones innovadoras. Tecnnova apoya a las compañías y universidades desde la formulación de los proyectos hasta temas como la protección de la propiedad intelectual. Esto incluye servicios de vigilancia tecnológica para ayudar a las empresas a entender quiénes están trabajando en las áreas de su interés, cuáles tecnologías utilizan y cuál es su estado de avance. Tecnnova organiza anualmente una rueda de negocios –ya van seis– en la que se presentan los desarrollos de los grupos de investigación de las universidades y se conectan con las empresas.

Para Quintero, esta tarea es fundamental para cubrir la brecha que separa a las empresas de las universidades. “De cada 100 empresas que contactamos, solo entre el 3% y 4% arrancan un proceso. Las empresas no arrancan, no solo por falta de dinero, sino también por problemas en la definición de sus estrategias. No tienen priorizados sus problemas, no tienen el recurso humano para hacer la transferencia de tecnología y no han desarrollado las capacidades que se necesitan para asumir la tarea”, dice.

En la ciudad de Medellín, durante las alcaldías de Sergio Fajardo y Alonso Salazar se han desarrollado iniciativas como el Parque Explora, la Manzana de la Innovación y Ruta N, destinados a generar entornos para el desarrollo de la innovación, sumar fortalezas de científicos y empresarios y promover una cultura de investigación y desarrollo. En la Corporación Ruta N, la inversión total asciende a $240.000 millones, con recursos de la Alcaldía de Medellín, EPM y Une en programas de ciencia, tecnología e innovación en la ciudad. En la primera fase, la inversión se calcula en $70.000 millones.

Como parte de esta iniciativa se logró traer a la ciudad un proyecto grande que servirá como “ancla” para apalancar nuevo crecimiento, pues en la ciudad se construirá uno de los centros globales de servicios de Hewlett Packard (HP) que, en un principio, operará desde las instalaciones de la Universidad Eafit.

En Bogotá, el tema va más atrasado, pero ha comenzado a moverse con la alianza Universidad-Empresa-Estado. Esta es una iniciativa que viene trabajando desde 2005 y ya cuenta con la participación de 11 universidades en alianza con el Foro de Presidentes. Entre las empresas afiliadas se cuentan Syngenta, Corona, Alpina, IBM, el grupo Bolívar y el grupo Aval. La Alianza ha realizado ya una rueda de negocios innovadores, en la cual se presentaron cerca de 40 proyectos y asistieron 221 empresarios. La alianza viene llevando a cabo eventos de sensibilización en temas que van desde los básicos de la cooperación entre empresas y universidades, hasta la protección de la propiedad intelectual, luego de haber conocido las experiencias en Boston, Austin y San Diego, en Estados Unidos.

“Estamos en la etapa de dialogar, entendernos, quitarnos miedos y temores y comprender que podemos trabajar juntos”, dice el padre Joaquín Sánchez, rector de la Universidad Javeriana.

Sin embargo, para varios empresarios y académicos consultados por Dinero, el protagonismo de la administración distrital en este tema es limitado. “En Bogotá, esa intervención es débil y no ha tenido una actitud proactiva. Mientras en Medellín se alinearon para atraer a HP, en Bogotá las empresas se están yendo a los municipios vecinos”, dice el rector de una universidad.

Giro en las universidades

La nueva prioridad de la cooperación con las empresas obliga a las universidades a acelerar el proceso de cambio en el que se han involucrado desde mediados de la década anterior. Las universidades líderes en el país vienen aumentando el número de investigadores activos y de publicaciones. A pesar de ello, el número de investigadores con doctorado en Colombia apenas llegaba a 3.122 en el año 2008, de acuerdo con el Observatorio de Ciencia y Tecnología.

Ahora, aparte de la presión por acelerar la formación de doctores, aparece otra nueva para desarrollar tecnologías con el sector privado. “Nuestras universidades han comenzado en la última década a desarrollar esta tarea, lentamente y con muchas dificultades”, dice José Luis Villaveces, vicerrector de Investigaciones de la Universidad de los Andes. “Una fórmula ideal sería que las tesis doctorales surgieran de los procesos de cooperación”.

De acuerdo con Gonzalo Torres, vicedecano para el sector externo de la Facultad de Ingeniería de los Andes, el trabajo de los 22 grupos investigación, reconocidos por Colciencias de esa facultad, se orienta cada vez más a la cooperación con empresas. “Hace cinco años, apenas el 10% del presupuesto estaba representado por proyectos de investigación y consultorías que recurrían a fuentes de financiación externa”, afirma Torres. “Hoy, esos contratos representan el 25% de los ingresos y esperamos que en los próximos diez años llegue a 75%”. Por su parte, para el padre Sánchez, de la Universidad Javeriana, hoy los ingresos que recibe la universidad por los servicios que presta a las empresas alcanzan 10% del total. “Esperamos que esa cifra llegue en el corto plazo a 20%”, señala.

En Eafit, en Medellín, a comienzos de la década apenas había dos proyectos cofinanciados con las compañías de la región, si bien se trata de una universidad que fue fundada por empresarios hace 50 años. Hoy, el ritmo es otro. “Se manejan cerca de 40 proyectos cofinanciados con empresas. Eafit ha desarrollado siete patentes, tiene otras seis en proceso y más de diez iniciativas de spin off”, comenta Félix Londoño, director de investigaciones de Eafit. “Trabajamos de cerca con organizaciones como Argos, el Instituto de Investigación del Plástico y Caucho, el Metro de Medellín, EPM, Haceb y Sofasa”, agrega.

En Bogotá, la Universidad Nacional tiene un proyecto estratégico de largo alcance para el desarrollo de innovación. “Es un laboratorio abierto con equipos de la más alta calidad, servicios comunes y áreas donde se albergan proyectos y grupos. La inversión del proyecto puede alcanzar una cifra cercana a los $200.000 millones”, dice Moisés Wassermann, rector de esa universidad. Para esa financiación, buscarán el apoyo de las empresas de la red Universidad-Empresa-Estado en la capital. Existe, además, el proyecto de hacer un anillo de innovación, proyecto de renovación urbana que comienza en el centro de la ciudad y tiene como frontera norte la Universidad Nacional.

Por su parte, la Universidad Javeriana adelanta el registro de cuatro patentes en biotecnología y está en la búsqueda de un socio empresarial para desarrollar a través de ellas nuevas alianzas o licenciar ese conocimiento.

En las regiones, la figura del Comité Universidad-Empresa-Estado (CUEE) se está convirtiendo en el escenario donde se produce el avance para estas iniciativas. Según el Ministerio de Educación Nacional, en el país se han consolidado nueve CUEE en esta década. Estos comités tienen hoy una importante actividad en Valle, Caribe, Santander y, más recientemente, Cauca-Nariño, Huila-Tolima, Eje Cafetero y Llanos Orientales. Javier Botero, viceministro de Educación Superior, sostiene que “esta política es uno de los aspectos al que daremos especial énfasis en el plan de desarrollo, pues es fundamental para el mejoramiento de la calidad de la educación, de su pertinencia y de la innovación”. Sin embargo, si bien el papel del Estado es clave, “es claro que los motores tienen que ser empresa y universidad. El Estado debe dar condiciones adecuadas, pero no podemos depender de él para que funcione”, dice Hans Peter Knudsen, rector de la Universidad del Rosario.

El país se vive hoy un entorno mucho más favorable que en el pasado para la innovación a partir de la colaboración entre empresas y universidades.

“Es necesario lograr triunfos tempranos que tengan efectos potenciadores”, dice Wassermann, de la Universidad Nacional.


Una condición para pasar a la siguiente etapa es multiplicar los recursos asignados a este objetivo. El proyecto de ley de regalías abre la posibilidad de generar nuevos fondos en las regiones para proyectos de innovación. De la misma manera, es necesario que las empresas privadas revisen sus estrategias y reconsideren los montos que dedican a la innovación. El clima para la innovación ha cambiado y las relaciones entre universidades y empresas son más fluidas, pero el potencial del país solamente se hará realidad cuando se cuente con recursos financieros suficientes. Es el momento de acelerar el proceso. 

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