| 1/16/2006 12:00:00 AM

Al ritmo de la fed

Nunca se había sentido tanto la presión de los movimientos de capital sobre los mercados cambiarios. Al invertir, hay que estar al tanto de estos movimientos.

Si algo caracteriza esta era de globalización es la magnitud que han adquirido los flujos de capital entre países y la velocidad con que se mueven. Cualquier noticia que ponga nervioso al mercado respecto a un país es suficiente para desatar una salida masiva de capitales en cuestión de segundos. Y al contrario, las noticias percibidas como buenas para la economía se convierten en imanes que pueden atraer grandes sumas de dinero rápidamente.

Estos flujos de capital traen numerosas consecuencias positivas para los países que los reciben, pues refuerzan la confianza en las economías y alimentan los sistemas financieros. Sin embargo, también pueden generar cambios súbitos en las tendencias de precios de las monedas, que afectan el valor de los activos y la rentabilidad de las inversiones, y ante los cuales las autoridades monetarias tienen poca capacidad de respuesta.

Un ejemplo es la situación que han vivido los mercados emergentes en el último año. Ante las bajas tasas de interés en los países desarrollados (en especial, en Estados Unidos), los emergentes han recibido una avalancha de capital en busca de rendimientos más atractivos.

De acuerdo con información de Emerging Portafolio Fund Research, una entidad dedicada a hacer seguimiento a los flujos de capital, en 2005 los fondos de acciones invirtieron más de US$20.300 millones en los mercados emergentes (de los cuales más de US$3.900 millones llegaron a Latinoamérica), volumen que fue cinco veces superior al del año anterior. Los retornos fueron excelentes para los inversionistas. Mientras que el índice MSCI de mercados emergentes rentó 34,8% en el año, el índice inglés FTSE rentó 12,4%.

El ingreso de capitales a estos mercados generó una fuerte revaluación de los tipos de cambio. En Colombia, por ejemplo, el tipo de cambio se ha revaluado 4,42% en los últimos 12 meses, a pesar de las intervenciones masivas del Banco de la República en el mercado cambiario y de las demás medidas que ha tomado para frenar esta tendencia.

El impacto de los flujos de capital sobre los mercados cambiarios es una variable crítica al momento de invertir. No basta calcular las posibles rentabilidades de los diferentes activos. A los rendimientos esperados, hay que sumarles -o restarles- el impacto de los movimientos cambiarios que afectan la moneda del país donde se hace la inversión.

Qué esperar del dólar El dólar comenzó 2006 en terreno negativo. Esta moneda empezó a perder valor frente al euro y el yen desde diciembre del año pasado, cuando la Reserva Federal de Estados Unidos dejó entrever que en 2006 no seguiría con la política de aumentos de la tasa de interés de corto plazo, al menos a partir del segundo semestre (ver artículo central, página 22).

La valorización del dólar en 2005, que fue muy superior a lo que esperaban los mercados, se debió en primer lugar al aumento de los intereses en Estados Unidos y a la decisión de otros bancos centrales de no subir los intereses. A lo anterior se sumaron dos eventos en Estados Unidos que motivaron el ingreso de dólares a este país: el Homeland Investment Act, que premió la repatriación de utilidades de las empresas estadounidenses en el exterior; y la reinversión de los petrodólares, que se vieron atraídos por las mayores tasas de interés.

Por lo pronto, se espera que el dólar se mantenga en los niveles actuales frente al euro y el yen, o que incluso se valorice en algunos puntos en el primer semestre, período en el cual se espera que la Fed aumente los intereses. Posteriormente, si el escenario previsto por algunos analistas se da, en el sentido de que esta entidad reduciría los intereses y el año terminaría con tasas de interés inferiores, lo más probable es que el dólar continúe perdiendo valor.

Este análisis corresponde al corto plazo. En un horizonte más largo, la discusión respecto a si el déficit de cuenta corriente de Estados Unidos, que supera el 6% del PIB, es sostenible o no, adquiere relevancia. Para muchos, no lo es, lo que llevaría al desplome del dólar y a un aumento abrupto y extraordinario de los intereses en ese país.

Otros observadores, sin embargo, consideran que la posibilidad de que el mundo pierda la confianza en el dólar es muy remota, ya que Estados Unidos sigue siendo la primera potencia tanto económica como política, muy por encima de la Unión Europea, Japón y China. Los capitales del mundo sencillamente no tienen una mejor opción en materia de seguridad y esto pone límite a las posibilidades de caída del dólar.

Podría darse también un escenario intermedio, en el cual Estados Unidos tuviera que mantener elevados intereses con el fin de estimular el apetito de los inversionistas por activos en dólares, para mantener el valor del dólar. Este escenario tendría consecuencias significativas para la economía mundial, si se tiene en cuenta que, de acuerdo con los estimativos del Citibank, el financiamiento de Estados Unidos se lleva el 20% del ahorro externo del resto del mundo.

Por otra parte, en la medida en que el dólar se mantenga débil en los mercados internacionales, la tendencia de los inversionistas continuará siendo la búsqueda de rentabilidades en otros mercados. En este marco, los países emergentes representan una gran oportunidad y esto es lo que ha venido ocurriendo. De hecho, la prima de riesgo que los capitales exigen para invertir su dinero en estos mercados está en niveles históricamente bajos.

Ante esta gama de posibilidades, lo más probable es que 2006 sea nuevamente un año de revaluación, o al menos de poca devaluación del peso colombiano.

En un mundo donde los capitales se mueven velozmente respondiendo a las circunstancias, se requiere tener un portafolio suficientemente equilibrado, que permita cubrirse de estos movimientos y sus efectos. Esto significa que no se debe tener todo en dólares ni en euros ni en pesos, sino que se debe hacer una mezcla de monedas que permita neutralizar los riesgos. Nadie puede predecir el futuro con absoluta certeza y por ese motivo es indispensable mantener un criterio de diversificación en las inversiones.
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