| 5/27/2009 12:00:00 AM

¿A prueba de crisis?

A pesar de la caída en las ventas, el sector empresarial ha mantenido sus márgenes y rentabilidad. El contraste con la crisis de 1999 es positivo y revelador. Sin embargo, hay que estar alerta.

Pocas veces los resultados financieros anuales de las empresas habían sido esperados con tanta ansiedad y examinados tan minuciosamente como ahora. En medio de una crisis internacional cuya profundidad ha sido inesperada y cuya evolución futura es impredecible, la información que permite entender el verdadero estado de las empresas colombianas resulta fundamental para visualizar su verdadero margen de maniobra en esta coyuntura.

La información de las 5.000 empresas más grandes del país es, por fortuna, alentadora. El crecimiento del PIB se redujo de 7,5% en 2007, a 2,5% en 2008, pero el conjunto de las 5.000 empresas logró mantener sus utilidades en términos nominales, e incluso incrementó levemente sus márgenes y rentabilidad. La situación contrasta con lo ocurrido en la crisis de 1999, cuando, ante el frenazo de la demanda, las utilidades y la rentabilidad del sector empresarial colombiano se desplomaron drásticamente en un año. Nuestras empresas están hoy mucho mejor preparadas y tienen una situación financiera mucho más sólida que en esa época.

La pregunta crítica, por supuesto, es cómo cerrarán las empresas en 2009, teniendo en cuenta que el crecimiento del PIB podría estar cercano a cero este año. No es posible predecirlo, pero las grandes tendencias que se perciben en los resultados de 2008 permiten albergar un grado importante de optimismo. En términos generales, las empresas muestran perfiles relativamente sólidos y no es evidente que existan grandes frentes de vulnerabilidad por temas como endeudamiento o flujo de caja, lo cual brinda al sector productivo un colchón de seguridad.

Sin embargo, todo dependerá de la profundidad y duración de la crisis a nivel internacional. Las empresas colombianas están hoy más preparadas para sobrellevar situaciones adversas de lo que estaban a finales de los 90, pero está capacidad es limitada. En 2009, cuando se sienta en todo su rigor el efecto de la caída en la demanda interna y externa, se pondrá a prueba la capacidad de recuperación de los empresarios del país.

Hoy existen señales que muestran una economía colombiana que podría pasar la crisis internacional en una situación ventajosa frente a muchas otras. La pregunta es, ¿qué tipo de tareas debemos llevar adelante para aprovechar al máximo el momento de salida de la crisis global? El análisis de los resultados recientes permite llegar a unas pautas claras en este sentido.

2008: la mayoría crece
Las 5.000 empresas más grandes del país obtuvieron ganancias netas en 2008 por $42 billones, superiores en 31% nominal a las obtenidas el año inmediatamente anterior. Sin embargo, el 43% de estas se originó en el sector petrolero y el 4% en el minero, a pesar de que tan solo hay 200 empresas en los dos sectores.

Sin considerar hidrocarburos ni minería, las empresas vendieron $370 billones, 8,8% más que en 2007, mientras que venían creciendo a un ritmo anual del 15% en los años anteriores. Las utilidades crecieron 1%, que si bien representa una caída real de 6,1% en 2008, se trata de un buen resultado, considerando el contexto. Además, dado que las empresas venían creciendo bien en los años anteriores, aún no puede hablarse de una situación de debilidad.

Alrededor de una cuarta parte de las 5.000 empresas presentaron reducciones en sus ventas. En general, el frenazo en los ingresos en términos reales, se concentró en sectores relacionados con las cadenas productivas de bienes durables, como los autos y la vivienda. Las ventas de las ensambladoras, los concesionarios y las empresas de autopartes cayeron, ante la disminución en la demanda en el mercado doméstico y el cierre del mercado venezolano. Entre tanto, sectores relacionados con la construcción, como vidrio, madera, hierro y acero, pinturas y barnices, entre otros, también tuvieron un fuerte bajonazo durante los últimos meses del año, ante la caída en la demanda de vivienda. Otros sectores con un crecimiento muy leve fueron bebidas y tabaco, medios, textil y confecciones, cuero y calzado, cosméticos y aseo y la industria de maquinaria y equipo, en su mayoría altamente dependientes de la demanda general.

El mayor crecimiento en ventas se registró en energía eléctrica, servicios públicos, ingeniería civil, combustibles, industria y comercio al por menor de alimentos, farmacéuticos y educación, es decir, sectores proveedores de bienes y servicios esenciales y menos dependientes de la dinámica de la demanda.

"Los sectores que más han sufrido con la caída de la demanda son los de bienes durables y consumo discrecional, que incluso venían desacelerándose antes de que se desatará la crisis", afirma Mauricio López, director de segmentos en la vicepresidencia de banca empresarial de Bancolombia.

Esto es muy distinto a lo sucedido en la crisis de 1998-1999, cuando la mayoría de sectores y empresas del país empezó a mostrar números rojos y eran más los que perdían que los que generaban utilidades (ver gráfica 2). En esa época, las utilidades operativas y finales del sector empresarial se desplomaron en términos reales, drenando súbitamente el capital de las empresas. Los ingresos operativos no alcanzaban siquiera para cubrir los gastos financieros ante el alto endeudamiento, lo que desató la peor crisis empresarial y financiera que ha vivido el país. El grueso de las empresas dejó de ser rentable y, por el contrario, llegó a tener en riesgo su propia viabilidad. Cientos de empresas tuvieron que entrar a concordato o liquidación.

En 2008, entre tanto, cerca de un 44% de las empresas disminuyeron sus utilidades. Los sectores más golpeados fueron los que tuvieron las mayores caídas en sus ventas (ver gráfico 1). Sin embargo, tan solo 788 empresas del total analizado presentan saldo en rojo y están distribuidas en prácticamente todos los sectores, si bien hay varias de textiles y confecciones, concesionarios, hospitales y clínicas, telecomunicaciones, servicios públicos y flores, entre muchos otros. La mayoría de empresas del país (alrededor del 84%) obtuvo utilidades tanto operativas como netas. Además, dado que el costo de capital es hoy más bajo, el sector empresarial colombiano destruyó un valor similar al destruido en 2007 (ver artículo EVA, pág. 52).

Fortaleza acumulada


"El sector empresarial de hoy es muy diferente al de hace una década", afirma Luis Andrade, socio consultor de McKinsey. El conjunto de empresas tiene hoy una situación financiera más sólida. En general, son empresas más grandes, con mayor capital y menos deuda (y ella está pactada en mejores condiciones de tasa y plazo) y son más productivas y flexibles, entre otros factores. Muchas de las grandes compañías están desarrollando agresivos planes de largo plazo hacia la internacionalización, diversificado sus mercados y consolidándose como importantes actores regionales.

La empresa "promedio" de las 5.000 empresas (excluyendo hidrocarburos y minería) vende hoy alrededor de $80.000 millones, tres veces más en términos reales de lo que facturaba en 1998. Además, ha multiplicado por cuatro su patrimonio, lo cual demuestra que el sector empresarial aprovechó las utilidades, cuando se presentaron, para capitalizarse y fortalecerse patrimonialmente. Por otra parte, los incentivos tributarios y la revaluación de la tasa de cambio han posibilitado una gran dinámica de la inversión en maquinaria y tecnología en muchos sectores.

Los buenos resultados y la revaluación de mediados de la década también sirvieron para que las empresas disminuyeran sus niveles de deuda. Las obligaciones financieras del conjunto de las empresas alcanzan en la actualidad alrededor de $68,8 billones, lo cual representa más o menos el 14% del activo. En 1999, está relación era del 19%.

Además de la situación de las compañías, el entorno financiero es más favorable: las tasas de interés son más bajas y estables, existe un mercado de capitales más profundo y líquido, los bancos no enfrentan mayores riesgos y tienen los fondos suficientes para apoyar al sector productivo.

Hay disponibles más recursos para financiar las empresas y en mejores condiciones. De hecho, la cartera comercial sigue creciendo al 18,8% anual y las emisiones de bonos de deuda por parte del sector real alcanzan los $5 billones en los últimos seis meses. En 1999, en contraste, no solo la situación de los mercados financieros y de valores era muy distinta, sino que el país aún vacilaba en ajustar su política cambiaria a la requerida en un modelo de economía abierta. La política de defensa de la banda cambiaria disparó los intereses, lo cual fue un golpe definitivo para el sector empresarial, que estaba altamente endeudado.

"Hoy las empresas tienen problemas de mercado porque el consumo es menor, pero hay cierta tranquilidad financiera. No están tan endeudadas ni tienen compromisos a costos altos ni plazos cortos. Hoy los empresarios se preocupan por su mercado, por conseguir consumidores, pero no por pagar una deuda a tasas altísimas. Hay más capacidad para aguantar", afirma Gustavo Ramírez, vicepresidente de inversiones de Corficolombiana.

Las cifras muestran también otro factor que marca una diferencia importante en el momento actual: los costos variables han venido ganando peso dentro de la estructura de costos de las entidades. El conjunto de empresas tiene $3,84 de costos variables por cada peso de costos fijos, mientras que esa relación era de $1,84 hace una década. Esto muestra que las compañías han trabajado para controlar sus costos de ventas y su eficiencia administrativa.

Adicionalmente, la cifra podría ser evidencia de la importancia que han adquirido las actividades de outsourcing. Hacia adelante, será vital que las grandes empresas alcancen mayores capacidades para trabajar con estas redes expandidas de proveedores que se han desarrollado por la vía del outsourcing. La capacidad para incrementar productividad y calidad en el trabajo con estas redes, y al tiempo aprovechar la flexibilidad que ellas brindan, será uno de los factores críticos que diferenciarán a las grandes empresas exitosas en los próximos años.

De hecho, el sector de la construcción, si bien ha pasado por un periodo difícil en los tiempos recientes, cuenta hoy con una gran ventaja en la flexibilidad y la capacidad de adaptación que ganó durante la crisis del año 99, debido al cambio de su modelo de negocio que ocurrió con la aplicación masiva de las prácticas de la preventa y la fiducia. Hoy, el sector autorregula su oferta de inmuebles e inventarios y tiene unas empresas con bajo apalancamiento, con capacidad para expandirse o retraerse de acuerdo a las condiciones del mercado. Son empresas muy livianas que subcontratan muchos de sus procesos. Es por esto que, a pesar de la menor demanda de vivienda, no se ve una caída generalizada en los precios de los inmuebles ni en el desempeño de las compañías.

Por el contrario, los sectores que más están sufriendo o sufrirán son aquellos que se sobredimensionaron y realizaron inversiones en capacidad instalada poco flexible, con estructuras con costos fijos muy altos como, por ejemplo, el sector siderúrgico.

Todos estos factores explican por qué, mientras en 1999 los márgenes de rentabilidad se tornaron negativos y la operación fue prácticamente absorbida por los costos financieros, en 2008 la caída de las ventas afectó solo ligeramente la rentabilidad y no tocó la viabilidad de nuestras empresas (ver cuadros página 43).

La rentabilidad sobre patrimonio de las 5.000 empresas se mantuvo en 7,5% el año pasado, frente al -3,62% que alcanzó durante la crisis del 99. Por su parte, el Ebitda, que mide los ingresos operacionales de caja, sigue creciendo y hoy es más de siete veces los gastos financieros, mientras que esa relación se tornó negativa en la crisis anterior. En general, las empresas no deberían tener problemas para atender sus obligaciones financieras y operativas. Todo dependerá, por supuesto, de la evolución de la crisis internacional, pero en esta primera etapa se puede decir que, definitivamente, las empresas colombianas tienen cómo resistir.

El año 2009 arrancó con el coletazo de la crisis internacional en Colombia: ventas estancadas en términos reales, con un crecimiento del 1,1% y una leve caída del 2,5% en las utilidades del sector empresarial, según cifras de los emisores de valores reportadas ante la Superintendencia Financiera, donde están las empresas más grandes del país.

Las empresas han reaccionado con precaución, cuidando su flujo de caja y priorizando inversiones. Sin embargo, los proyectos que iban en marcha no se han detenido (aunque el ritmo de inversiones sí se ha frenado), lo cual hace que los niveles de inversión del sector empresarial aún sean importantes (vea las principales inversiones por sectores en nuestros artículos sectoriales, página 64 y siguientes).

Habrá que estar alerta al comportamiento no solo de las ventas sino de las cuentas por cobrar, afirma Luis Eduardo Otero, socio consultor de Meritum. "Una empresa vive de los ingresos que recibe y de los que le deben. Un monitoreo de estas variables permitirá determinar si el estado del mercado y de sus clientes podría afectar el flujo de caja de la compañía. Además, hay que monitorear la creación de valor y la rentabilidad de cada cliente y unidad de negocio. En épocas de auge se puede ganar participación de mercado a costa de rentabilidad, pero en épocas de crisis un cliente que no esté creando valor no debería ser atendido", agrega Otero. Por su parte, Jorge Piñeiro, socio director de Assurance de Ernst & Young, recuerda que hay que ser cautos en los costos. "Hay que entender qué costos son prescindibles, dónde reducir parte de la estructura de gastos y hacer partícipe a los empleados del control de los gastos superfluos", señala.

Aún falta
Incluso si Colombia sale bien librada de la crisis en términos relativos, falta un largo camino por recorrer. Una situación como la actual, en la que buena parte del mundo se paraliza, pero nosotros seguimos avanzando, podría ser la oportunidad dorada para recuperar terreno perdido en competitividad. Para que esto sea posible, se necesita de una labor conjunta entre el gobierno y el sector privado. El primero no solo debe promover un ambiente macroeconómico y un marco regulatorio estable, sino pasar de los anuncios a la acción en temas como el desarrollo de obras de infraestructura que son indispensables para reducir los costos logísticos de las empresas. Por su parte, el sector privado debe mejorar sus estándares de contabilidad y transparencia, si quiere tener un mayor acceso a los mercados de crédito y de capitales o si busca alianzas con jugadores mundiales. La innovación y el fortalecimiento del capital humano, son hoy la mayor fuente de productividad y competitividad de las empresas, y por eso no pueden descuidarse en momentos de crisis.

Otra tarea prioritaria es acelerar el fortalecimiento y profundidad del mercado de capitales en el país. El Gobierno debe despejar el camino para que los fondos de pensiones puedan financiar proyectos de infraestructura y el crecimiento de las empresas, con cambios como la adopción del sistema de multifondos, entre otras reformas que se requieren. Es claro que nuestras empresas solo podrán crecer, invertir y competir globalmente si tienen acceso a los recursos del mercado de capitales, como ocurrió en el caso chileno.

También hay que disminuir la alta concentración de la industria manufacturera en sus ventas a mercados tan inestables como el venezolano y reducir la dependencia del sector de hidrocarburos que el país tiene en el frente fiscal, exportador y hasta empresarial.

En general, es necesario buscar una mayor diversificación y fortalecimiento de nuestros mercados de exportación. En esta tarea vale la pena destacar la labor del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo en la identificación de ocho sectores de talla mundial que permitirían recomponer la oferta exportadora por productos de mayor valor agregado y absorber la mano de obra que la estructura productiva actual no está pudiendo incorporar. De acuerdo con las proyecciones del Ministerio, el ingreso de estos sectores podría duplicarse en la próxima década al pasar de US$21.600 millones en 2007 a cerca de US$40.000 millones en 2019. Ante la importancia de estos sectores, Dinero empezará a partir de este año a hacerles el seguimiento y por eso incorporamos en nuestro análisis sectorial a los sectores de: tercerización de servicios a distancia (BPO&O, por sus siglas en inglés), software y servicios de tecnologías de información, cosméticos y productos de aseo personal, turismo de salud, comunicación gráfica, energía eléctrica, bienes y servicios conexos; cadena textil, confección, diseño y moda, y autopartes.

La crisis pasada le dejó grandes lecciones al sector empresarial: la necesidad de capitalizarse, el manejo adecuado de la deuda y de las coberturas, y la necesidad de internacionalizarse, entre otras. Quienes aprendieron estas lecciones son los que han crecido durante los últimos años y quienes mejor lo están haciendo frente a la actual coyuntura. La crisis actual debería llevar a las empresas colombianas a avanzar en las ligas internacionales de la competitividad. No podemos bajar la guardia, debemos concentrar los esfuerzos para que la salida de la crisis mundial se convierta en el mejor escenario de crecimiento para las empresas colombianas. Y en esto le cabe responsabilidad tanto al sector privado como al gobierno. Lo mejor sería no solamente sobrellevar la crisis, sino aprovecharla.

 

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