Alvaro Uribe Velez, Presidente.

| 11/15/2002 12:00:00 AM

A la esperaespera

La popularidad de Alvaro Uribe no para de crecer. Sin embargo, aún no llegan los resultados que permitirían el retorno de la confianza y la inversión.

Al cumplirse los primeros 100 días del gobierno de Alvaro Uribe, Colombia vive una situación extraordinaria: hay optimismo, pero no hay confianza. Las encuestas muestran que el Presidente cuenta con un apoyo sin antecedentes, el cual, además, no para de crecer, tres meses después de la posesión. Los colombianos tienen fe en que él hará todo lo que esté en su mano para sacar adelante al país. Sin embargo, falta algo. La gente no invierte, el consumo no despega y mientras eso sea sí, el desempleo y la pobreza seguirán avanzando. Eso significa que los factores centrales de incertidumbre siguen presentes. La distancia que va del extraordinario apoyo que la gente le ha entregado al Presidente Uribe, a la dura realidad que vive el país, aún no da señales de reducirse. No habrá confianza mientras no haya resultados.



La economía es el principio y el fin de este esfuerzo. La consistencia macroeconómica es lo primero que hay que arreglar y el crecimiento es el objetivo que se quiere conquistar. Hoy nos hemos quedado sin margen de manejo, pues el tamaño del déficit fiscal lleva a que la única política posible sea ajustar. Sin embargo, si un gobierno quiere dejar una obra en el tiempo que le ha sido asignado, necesita mucho más que eso. A los gobiernos no los eligen para que paguen nóminas y facturas viejas; los eligen para que inviertan y construyan futuro. En los primeros 100 días de su gobierno, el presidente Uribe ha dejado claro cómo piensa resolver este nudo gordiano. Si la economía no marcha porque no hay confianza, y no hay confianza porque no hay seguridad ni ajuste fiscal, la respuesta es apostarle todo el capital político a recuperar la seguridad y ajustar el déficit.



Hoy, las variables que determinan el futuro de la economía colombiana están en la seguridad, en las relaciones internacionales y en los consensos políticos para definir las instituciones. Para examinar lo que ha ocurrido en este comienzo del gobierno del presidente Alvaro Uribe, Dinero realizó una alianza con Analitika, una nueva entidad especializada en el análisis del entorno en Colombia en sus múltiples facetas. Analitika es un centro de pensamiento multidisciplinario que reúne a algunos de los principales especialistas en áreas críticas del funcionamiento del país. Allí colaboran el profesor Fernando Cepeda Ulloa, en el análisis del entorno internacional; Juan Carlos Echeverry, decano de Economía de la Universidad de los Andes, en el análisis económico; Jorge Londoño de la Cuesta, presidente de Invamer Gallup, en el análisis de las tendencias de la opinión pública; el analista político Juan Manuel López Caballero observa las tendencias en este aspecto del entorno; y el general de la Policía (r) Ismael Trujillo se ocupa del tema de la seguridad. Dinero y Analitika realizaron una sesión de trabajo para analizar estos temas, en la cual participaron también cerca de 15 presidentes de algunas de las más importantes empresas colombianas. Este artículo sintetiza los resultados de esa sesión.



Los límites de la economía



El Gobierno está planteando un ajuste en múltiples frentes. Por una parte, está el ajuste fiscal, que no solo depende de recortes del gasto, sino de unas decisiones de economía política que afectan el largo plazo. Las más importantes de ellas son las reformas tributaria, pensional, laboral y la reforma del Estado; y también es fundamental que las transferencias y los intereses de la deuda moderen su crecimiento. Por otra, el crecimiento económico exige la recuperación de la seguridad. De acuerdo con estudios de Planeación Nacional, la intensificación del conflicto interno es responsable por el 45% de la caída del PIB per cápita en la década pasada.



El comienzo no fue bueno. Como dice Juan Carlos Echeverry, "uno de los primeros ingredientes para esta estrategia es unificar el mensaje y mostrar que los números cuadran. Pero el gobierno se tomó demasiado tiempo para hacerlo, y esto fue castigado por los mercados". Primero hubo desorden, con demasiadas cabezas que aparentemente estaban al mando. Ese problema está aparentemente resuelto, pero el cuadre de las cifras ha seguido abierto a cambios durante demasiado tiempo. "Los estimativos de recaudos tributarios y recortes de gasto cambian permanentemente y el periódico trae una cifra nueva todos los días. Eso genera un problema autoinfligido para el gobierno", dice Echeverry.



Con el respaldo de las entidades multilaterales, el gobierno se anotó un gran logro. Pero en los próximos meses, debe cumplir condiciones en todos los campos. "El FMI estima que Colombia no puede salir a los mercados financieros internacionales a buscar más de US$1.000 millones en el año 2003. Cuando el Presidente volvió de Washington, la cifra que el equipo económico tenía en la cabeza era US$1.800 millones. Eso explica que se sigan haciendo cambios permanentemente en los planes de recaudo y de recorte del gasto. En las próximas semanas, es esencial finalizar el acuerdo con el FMI, pasar las reformas básicas y mantener en el texto del referendo la congelación del gasto, dado que cambia directamente la Constitución, que es un elemento clave para la estabilidad fiscal".



Hacia el año 2003, Echeverry cree que hay espacio para ser moderadamente optimistas. "La confianza de los consumidores (el consumo representa 75% del PIB) debe permitir una base mínima para el 2003. Si se consolida la estrategia gubernamental, se puede dar el necesario choque positivo de confianza", afirma. "Sin embargo, el efecto de la reforma tributaria, el eventual recrudecimiento del conflicto y la incertidumbre sobre economías claves (Estados Unidos, Venezuela, Ecuador y Brasil) hacen que el 2003 sea un año de difícil pronóstico".



Burbuja de confianza



Juan Manuel López Caballero define la actual situación como una burbuja de confianza. Hay optimismo, pero al mismo tiempo hay demasiada confusión e improvisación en las medidas. "Se toman medidas orientadas a resolver problemas de largo plazo con instrumentos jurídicos diseñados para el corto plazo, como la conmoción interior", dice. "El gobierno logra un apoyo que en apariencia es muy importante, como esa especie de Frente Nacional sobre el tema económico que se conformó antes del viaje a Washington, o el que se logró en torno a la conmoción interior, pero son cosas que se aprueban sin debate y sin consenso. En particular, la conmoción interior deja una sensación de interinidad. Hay confusión en las medidas. Unas van por conmoción interior, otras por referendo, otras por reforma legal. Y hay demasiada improvisación en el gobierno. Se nota una obsesión por cumplir una lista de promesas de campaña, antes que por llevar a cabo un programa integral".



¿Qué esperar hacia adelante? "El gobierno va a insistir en su programa", afirma López Caballero. "La expectativa es optimista, pero la confianza depende de los resultados. La promesa de más reformas refuerza la incertidumbre. El punto crítico es que el gobierno se jugó todo su capital político. Si los resultados no son los mejores, va a ser difícil maniobrar".



La opinión a favor



La fragilidad de la economía y la incertidumbre en torno a los arreglos políticos contrasta con la solidez del apoyo que ha logrado Uribe en la opinión. La opinión favorable a Alvaro Uribe, que después de crecer durante el primer semestre se había estabilizado, vuelve a aumentar después de la posesión y en noviembre se ubica en 74%. En contraste, la aprobación de los dos presidentes anteriores comenzó a descender casi desde el mismo momento en que llegaron a la Casa de Nariño.



No solamente se fortalece Uribe. "Las encuestas señalan que se ha presentado una ganancia significativa en la confianza de los colombianos en sus instituciones. Desde el punto de vista de la opinión pública, Colombia institucionalmente parece estar saliendo de la crisis", afirma Jorge Londoño, de Invamer Gallup. Prácticamente, todas las instituciones ganan, con un notable incremento del Congreso, que pasó de 23% de favorabilidad en abril a 40% en noviembre. Al mismo tiempo, la popularidad de la guerrilla y los paramilitares cae fuertemente. La popularidad de las autodefensas, que había llegado a ser de 16% en agosto del año 2000, se ha reducido hasta el 5%.



La popularidad de Uribe y la expectativa de éxito militar crecen juntas. Mientras que a finales del año 2000 casi la mitad de la gente creía que no era posible derrotar militarmente a la guerrilla, hoy el 65% de la gente cree que sí es posible derrotarla. "Este cambio en la opinión tiene implicaciones. La gente se aleja de la posibilidad de diálogo, pero además aumenta la exigencia sobre el gobierno, pues por un lado se eleva la expectativa de resultados y, por otro, el avance militar dejará al descubierto la magnitud de los problemas sociales en las zonas que se recuperan, como ocurrió en la Comuna 13 de Medellín", afirma Londoño de la Cuesta.



La guerrilla no está debilitada



La reducción de las tomas de poblaciones por parte de la guerrilla y la realización exitosa de caravanas turísticas en las principales carreteras les han devuelto a los colombianos una percepción sobre su propia seguridad que hace tiempo no tenían. Sin embargo, hay que tener cuidado. "La guerrilla ha reducido los ataques a poblaciones y ha incrementado el terrorismo urbano", afirma el general (r) Ismael Trujillo. "Es un cambio de táctica, no una señal de debilidad".



En el campo de la acción militar, hay tres elementos que deben ser tenidos en cuenta para entender la situación. Primero, los recursos aún no alcanzan. Dos terceras partes del recaudo del impuesto al patrimonio deberán ser utilizados en pagos ya comprometidos, y solo una tercera parte irá a atender los crecimientos prometidos en el pie de fuerza. Los ciudadanos tienen que entender que no basta con hacer el esfuerzo, sino que este debe ser permanente.



Segundo, la retoma de las zonas más afectadas es un proceso largo. Hay grandes expectativas respecto a las zonas de rehabilitación, pero la situación todavía es crítica en sitios como Arauca y Sucre. "Algunos alcaldes amenazados han retornado poco a poco a las zonas donde hay Ejército en forma permanente. Sin embargo, la amenaza sigue, como lo demuestran los asesinatos de los alcaldes de Saravena y Campoalegre", afirma el general Trujillo. "Todavía es demasiado temprano para evaluar los resultados en las zonas de rehabilitación. Hay que darle tiempo a la Fuerza Pública, antes de empezar a medirla".



Por último, el avance del Ejército no significa nada si no hay un avance paralelo del Estado en las zonas que se recuperan. Por una parte, el respeto a los derechos humanos es fundamental. En las zonas de rehabilitación, el Ejército no se apropia de la autoridad (como ocurría bajo una figura anterior, la de los teatros de operaciones), sino que las acciones se ejecutan con la aprobación del Alcalde o el Gobernador. En los pueblos, las acciones las realizan juntos el Fiscal, la Policía Judicial y la Fuerza Pública.



Pero, además, es necesario que el Estado entre en estas zonas con mayor inversión social. Sería un error gigantesco que la Fuerza Pública actuara como una fuerza de ocupación y se limitara a entrar y salir. Estas regiones deben ser recuperadas para el Estado. Esto refuerza la necesidad de contar con recursos sostenibles en el tiempo para esta tarea.



El problema internacional



Hay un cambio de enormes implicaciones en la ubicación de nuestro país en el concierto internacional. Colombia está hoy oficialmente identificada por el gobierno de Estados Unidos como una amenaza para la seguridad de ese país. Esto, sencillamente, no tiene antecedentes. "La relación con Estados Unidos es objeto de un replanteamiento", afirma Fernando Cepeda Ulloa. La prioridad absoluta de Estados Unidos es la seguridad nacional y, desde ese punto de vista, Colombia tiene una importancia explícita dentro del hemisferio. "La presencia de ese país en Colombia es más significativa y nuestro país es más vulnerable".



El mensaje de Colombia es que su democracia está en peligro y la forma de salvarla es fortalecer las instituciones, la seguridad interna, mejorar las relaciones con los vecinos, con más inversión extranjera directa y el pago de la deuda social. Estados Unidos se convierte en el principal apoyo para resolver el problema. Inevitablemente, hay una mayor injerencia de ese país. Así quedó demostrado cuando Colombia debió retroceder desde la posición que había adoptado sobre aranceles agrícolas en el marco de la Comunidad Andina, una vez que el gobierno de Estados Unidos expresó que ella le costaría el acceso preferencial para los productos colombianos al mercado estadounidense por medio del Atpa. Son las nuevas condiciones; se supone que un país beneficiario del Atpa colabora con las posiciones de Estados Unidos.



Esto implica cambios importantes en nuestra diplomacia internacional. "El contenido de la política exterior es más económico y más político", dice Cepeda. "Este es un paquete bien diferente del que se conocía con el nombre de 'democracia para la paz'". Y el cambio en la percepción externa también es importante. "A Pastrana le iba bien afuera como persona, pero a Colombia no le iba bien. A Uribe, en cambio, le va bien como persona, pero también le va bien como Colombia", concluye.



Las perspectivas



En medio de este panorama extraordinariamente complejo, es muy difícil predecir qué ocurrirá hacia el futuro. Es posible, sin embargo, sintetizar en dos escenarios opuestos la gama de situaciones que podrían presentarse en el 2003.



En el escenario negativo, una combinación de pobres resultados y circunstancias adversas impiden que los 100 días de Uribe marquen un cambio de rumbo para el país. En la economía, al tiempo que se aprueban unas reformas insuficientes en el Congreso, los impactos provenientes del exterior empujan a Colombia hacia una situación difícil. Al mismo tiempo que Brasil entra en cesación de pagos de deuda, la economía de Estados Unidos se mantiene estancada y una guerra que se alarga con Iraq extiende una sombra sobre las expectativas. En las relaciones internacionales, se produce un embate contra Colombia por los temas de derechos humanos, al tiempo que las tensiones con los vecinos se agravan. En el frente del orden público, la guerrilla identifica la coyuntura de debilidad y concentra sus energías en una serie de golpes terroristas de gran alcance en las ciudades, para desmoralizar a la población. Ante la carencia de resultados, particularmente en el área económica, la opinión pública le quita su respaldo al Presidente. Y los políticos en el Congreso, al ver debilitado a Uribe, se lanzan a una oposición voraz y desordenada que reduce al mínimo el margen de gobernabilidad.



Sin embargo, también hay un escenario positivo. En él, se hace evidente que el respaldo de la opinión pública a Uribe no incluye únicamente a la figura del Presidente, sino que la opinión está lista para extender su apoyo a todas las instituciones e individuos que demuestren su deseo de trabajar por el país. El rápido aumento de favorabilidad del Congreso, que se explica por este motivo, se consolidaría, y esta institución se convierte en el centro de los debates en la vida pública del país, como no lo ha sido en décadas. La ola de opinión refuerza los comportamientos positivos y le daría un cimiento a la opción de persistir en la ruta hasta lograr los resultados. En el frente internacional, las amenazas más graves no se materializan y la guerra contra Iraq es breve. El gobierno logra dar a la guerrilla unos golpes contundentes, que refuerzan la confianza y la obligan a replegarse hasta buscar una salida negociada. Colombia explota bien su condición de aliado de Estados Unidos en la región y logra que, poco a poco, comience a retornar la inversión extranjera al país.



Colombia necesita fortaleza para pasar al otro lado. No habrá confianza mientras no haya resultados. Lo importante es que los colombianos tengan la paciencia, la madurez y la fuerza necesarias para seguir el curso y no desfallecer antes de que los resultados del esfuerzo aparezcan. Si el presidente Uribe logra transformar el espíritu del país hasta llevarlo a ese punto, habrá cumplido el compromiso que adquirió con los colombianos el día de su posesión.
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