2001 La odisea empresarial

| 6/9/2000 12:00:00 AM

2001 La odisea empresarial

Convierta la volatilidad en un aliado para oportunidades de negocios. Lecciones de la crisis y señales claves para sobrevivir y hacer ganancias en medio de las dificultades.

El tiempo apremia.La economía tiene que salir pronto de la crisis y empezar a crecer cuanto antes a tasas del 6,0% anual, lo único que haría posible competir internacionalmente y pegarse al boom de riqueza que vive el mundo desarrollado. No despegar en esa dirección sería un suicidio colectivo. Condenar a Colombia al atraso y a la pobreza.

Los últimos días han sido de confusión. Después de percibir el inicio de una recuperación económica, se produjo el remezón político que opacó ese despegue y llenó los mercados de incertidumbre. Luego, el Presidente calmó los ánimos con el retiro de las partes más polémicas de la reforma política y en el ambiente quedó una calma chicha. ¿Qué está pasando realmente en el país? ¿Para dónde va la economía? ¿Para dónde vamos todos?



El gobierno dio un viraje en lo político que le dio un aire para sacar adelante algunas reformas necesarias; pero el ajuste de verdad está por hacerse, se está quedando a medio camino. El país está acostumbrándose a tener déficits fiscales del 5% del PIB, lo cual no es viable. Con los mercados internacionales cerrados, ¿cómo se va a financiar ese gasto excesivo? No puede ser con deuda interna, porque el sector empresarial se quedaría sin recursos para su crecimiento. Además, los mercados internos se están complicando cada vez más. Cada vez que el Gobierno sale a captar recursos mediante TES, el mercado le pide rendimientos más altos. En síntesis, el gobierno está siendo obligado a captar más caro que los mismos bancos comerciales, cuando el riesgo gobierno "se supone" que es menor.



La situación es compleja y la agenda por venir resulta difícil, pero no imposible. Lo importante es no perder el norte y no dejarse confundir por los vaivenes políticos de corto plazo. Hay que volver sobre lo que se ha aprendido en los últimos dos años y hay que pensar de manera estratégica. Las crisis tienen siempre el lado positivo del aprendizaje.



La odisea del 2001 es justamente cómo emprender ese largo y difícil viaje sin volver a tropezar en los mismos obstáculos. Y antes de arrancar, recoger las lecciones, interiorizarlas, entender las oportunidades y amenazas que se avecinan y tratar de superar el corto plazo para pensar en el futuro.



I. La calma chicha

¿En qué punto de esa próxima odisea está Colombia? ¿Terminaron la histeria política y la angustia cambiaria de mayo? El abandono de la propuesta de revocatoria del Presidente Pastrana representó un giro importante en sus relaciones con la clase política y un aparente alivio en las tensiones de la opinión pública. Pero... ¿alcanza este viraje político para despejar los nubarrones que las inconsistencias de la política fiscal le generan a la economía? De este impasse político, las autoridades económicas han salido maniatadas para el manejo de los instrumentos fiscales, lo cual hace muy vulnerable a la economía. Ante el panorama de una nueva fase de volatilidad para la economía en los próximos meses, ¿cómo se pueden preparar los empresarios y hombres de negocios?



Los hechos



En la sociedad colombiana, los hechos se suceden con una velocidad vertiginosa. Hace apenas un par de semanas, las arremetidas de orden público arreciaban, el conflicto político entre el gobierno y el Congreso por lograr la revocatoria recíproca estaba en una sin salida, y el nerviosismo de financistas y empresarios se expresaba con fuerza en el mercado cambiario. El discurso presidencial del 26 de mayo dio un compás de espera a la histeria revocatoria. El Presidente declinó su aspiración de revocar a los congresistas y de eliminar a los concejales, lo que había puesto a la clase política a la ofensiva y, más bien, propuso la búsqueda de consensos para defender la reactivación de la economía. La propuesta presidencial alivió sin duda las tensiones en el mundo político, pero en los mercados la reacción ha sido más lenta: se han quedado quietos. En efecto. Mientras ante el llamado presidencial, la polarización entre el gobierno, el partido Liberal y los movimientos independientes bajó de tono y los congresistas volvieron a trabajar en algunas comisiones, las transacciones financieras y cambiarias se mantuvieron a la espera, quizá agobiadas por el 2 x 1000, sin que el ambiente de incertidumbre pueda declararse finalizado. Al gobierno no le fue posible cumplir su programa de colocación de nuevos instrumentos de deuda pública, la cartera bancaria sigue constreñida, los operadores de Wall Street siguen a la espera y las transacciones en el mercado cambiario se redujeron notablemente.



¿Qué pasó?



Los hechos de las últimas dos semanas deben ser interpretados en perspectiva: así como el reemplazo de Ernesto Samper por Andrés Pastrana no cambió automáticamente la debilitada gobernabilidad del país, la nueva actitud del presidente Pastrana por buscar consensos en Colombia tampoco se traduce automáticamente en un cambio del estado de las cosas. Durante los últimos años, la economía colombiana ha sufrido un síndrome recurrente: unas finanzas públicas desequilibradas y una persistente polarización política, cuyas consecuencias se sienten en la economía empresarial y en el empleo de todos. La feroz pugnacidad política del último mes tuvo, en realidad, una consecuencia nefasta: se perdió el período crucial de sesiones en el Congreso para avanzar en el programa de reformas estructurales requeridas para estabilizar la economía. La guerra de los referendos, aunque terminó, dejó en interinidad el programa macroeconómico en medio del nerviosismo externo.



El gobierno ha tratado de tapar huecos con decisiones a medias. Ha sacado un decreto que permite subsanar parcialmente la caída del Plan de Desarrollo. Ha hecho un recorte y aplazamiento de inversión por $1,1 billones al tiempo que solicita una adición presupuestal de $3,2 billones. Ha cedido su apoyo a la iniciativa de la ley Quimbaya con el fin de darle un soporte legal al mantenimiento del impuesto del 2 x 1.000. Se ha contentado con lograr en el Congreso dos proyectos chicos (la racionalización del gasto territorial y los juegos de suerte y azar) y de poner el entusiasmo del ministro de Hacienda y del Presidente en una reforma tributaria inconveniente que, además, no ataca los problemas de fondo de la estructura tributaria, como lo ha analizado la Contraloría. El mercado financiero ya está dando claras muestras de poca credibilidad en la sostenibilidad de las finanzas públicas y se ha negado repetidamente a comprar los TES del gobierno.



II. Lo fiscal, una bomba de tiempo

A pesar de los anuncios del cumplimiento de metas con el FMI para el primer trimestre, a pesar del boom por ingresos petroleros, la situación fiscal se está haciendo cada vez más difícil. El déficit del gobierno central, medido por Planeación Nacional, en lugar de descender, ha crecido mucho en los dos últimos trimestres. Ya alcanza el equivalente al 5,6% del PIB (gráfica 1). El mayor déficit resulta de unos ingresos tributarios inelásticos ante la situación económica y un gasto que se desboca. En los últimos 12 meses aumentó en 2 puntos del PIB, con lo cual el aumento de gasto durante los dos años del gobierno de Pastrana ya es mayor que el de los dos últimos años del gobierno de Samper.



Unos déficits de 6 u 8 puntos del PIB para el gobierno central o de 4 ó 5 puntos para el gobierno consolidado para un país en recesión son altos, incluso para un país con mucho ahorro y acceso a recursos externos. Pero, con el cierre del mercado financiero internacional y el agudo descenso del ahorro nacional, su financiamiento se dificulta mucho más. En el Plan Financiero aprobado en diciembre, el gobierno preveía la necesidad de recursos por $17,3 billones para financiar el déficit fiscal y las amortizaciones de deuda; de estos, $4 billones provendrían de las privatizaciones. En el último cálculo presentado por la Dirección de Crédito Público ante la reunión de Deuda Interna en Cartagena, las necesidades habían aumentado en $3,5 billones y los ingresos por privatizaciones han disminuido $2,5 billones. Es decir, se requieren $6 billones más de lo previsto. Aunque el gobierno busca acelerar $1 billón de desembolsos de crédito externo multilateral y liquidar portafolios de la tesorería por $1,8 billones, aún le queda buscar más de $3,1 billones en el mercado financiero interno. La lentitud para cerrar la brecha fiscal está generando, entonces, un aumento de la deuda interna que ya puede considerarse explosivo.





III. Para el futuro

Aunque se evitaron por ahora los efectos del choque de trenes políticos sobre el futuro de la economía y el nuevo gabinete ministerial dará un respiro adicional al gobierno, el panorama de la economía en el corto plazo ha resultado seriamente afectado. La economía sufrió un duro choque de expectativas en el segundo trimestre que ha afectado la inversión. Las perspectivas de recuperación generalizada de la economía para el segundo semestre son ahora menos evidentes. La economía va a estar sujeta a la combinación de un choque positivo (con las exportaciones favorecidas por una mejor tasa de cambio y un crecimiento mundial en ascenso) y un choque negativo (la estrechez de financiamiento privado, tanto en dólares como en pesos, será cada vez más evidente) que va a cambiar el perfil de los ganadores y perdedores en esta nueva fase. En medio de estos choques, con la calma chicha del virtual acuerdo político, y mientras las autoridades no logren poner en marcha un programa razonable de largo plazo, se cierne una amenaza enorme de un nuevo debilitamiento de la economía. Amainada la tormenta, el "verdadero problema" ahora se ve para el año 2001. Una estrategia empresarial diferente a la del 98 cambiará el curso de los acontecimientos.



La agenda pública



Tras haber perdido el primer semestre del año para la agenda pública, las autoridades económicas deberán retomar con realismo el propósito de enfrentar las raíces de la crisis. En esta tarea, deberán combinar decisiones macroeconómicas de corto plazo con decisiones de mayor fondo en otros campos.



En el corto plazo, el mayor riesgo proviene de la vulnerabilidad financiera y cambiaria resultante de unas finanzas públicas en grave desequilibrio. La flexibilidad del régimen cambiario ha funcionado hasta ahora como un buen amortiguador, al neutralizar los efectos de las presiones de la tasa de cambio sobre los mercados financiero y de bienes. Pero hacia adelante, el crecimiento de la deuda pública interna deberá conducir a mayores presiones sobre la inflación y/o las tasas de interés. El Banco de la República estará de nuevo ante una difícil disyuntiva: si deja subir 3 ó 4 puntos la tasa de interés, la recuperación de la economía se debilitará. Pero si no lo hace y facilita el financiamiento público, la inflación, que ya alcanzó en mayo el 10% anual y se encamina al 12% al finalizar el año, podría acelerarse. La mejor salida de este dilema sería recortar verdaderamente el gasto público. Para el segundo semestre, un recorte de apropiaciones y caja por al menos $1 billón. Y para el nuevo año, presentar al Congreso en julio un proyecto de presupuesto con cero aumento de gastos corrientes. Todo este esfuerzo en medio de una verdadera reestructuración de las entidades del Estado, para que el reordenamiento sea eficaz y sostenible.



Está bien que a estas decisiones fiscales, todas en manos hoy del ministro de Hacienda, se superponga una agenda fiscal de mediano plazo. Insistimos en que poner la prioridad en una reforma tributaria que no afronta seriamente los problemas estructurales es volver a cometer el mismo error del 98. El gobierno podría más bien apurar la ley de responsabilidad fiscal anunciada repetidamente por el presidente Pastrana para generar ajustes automáticos de gastos e ingresos ante los desequilibrios fiscales, presentar por fin la iniciativa de reforma de la seguridad social (que aún hoy no ha sido presentada al Congreso) y perfeccionar la propuesta de reforma de las transferencias a los entes territoriales para defender a los niños y a los enfermos de los perversos incentivos para el mal funcionamiento de escuelas y hospitales. El gobierno debería citar a sesiones extraordinarias al Congreso de la República con el exclusivo fin de estudiar las propuestas de responsabilidad fiscal y seguridad social.



Pero sería un error creer que el problema fiscal es el único obstáculo en la agenda pública de mediano plazo. El ajuste fiscal no sería recesivo solo si las exportaciones o la inversión privada compensan el impacto negativo del menor gasto. Si el país ha de recuperar la senda del crecimiento sostenible de la economía y del empleo es porque logra activarse el dinamismo de las exportaciones y la inversión privada.



En materia de exportaciones, es preciso, sobre todo, darle continuidad a la agenda que exitosamente emprendió la ministra Martha Lucía Ramírez. Más y mejores acuerdos comerciales, menos tinta roja en las regulaciones del Estado, y más y mejores condiciones de infraestructura y capacitación se combinarán con una tasa de cambio estimulante para multiplicar las exportaciones.



La tarea más crítica, sin embargo, está en habilitar las condiciones para el restablecimiento de la inversión privada, hoy detenida ante la triple amenaza del orden público, la falta de rentabilidad del capital y la inestabilidad jurídica. Sin duda, el avance hacia la paz combinado con un mayor esfuerzo contra el secuestro y por la seguridad ciudadana harían mucho bien, y ello parece estar claro en la agenda del Presidente. Para atraer la inversión, será preciso pagar un costo fiscal de corto plazo. La reducción de la tarifa del impuesto de renta al 30% debe hacerse más pronto de lo propuesto por el gobierno y en la línea de lo propuesto por los ponentes de la Cámara. Pero lo más importante es generar un enorme estímulo a la inversión, que consistiría en generar un crédito fiscal para todas aquellas ganancias que se reinviertan por parte de las empresas, en capitalización o en nuevos emprendimientos. De particular importancia resultarían estímulos tributarios para el desarrollo del mercado de capitales de riesgo en períodos largos.



Por último, con el fin de activar la inversión privada en vivienda, sin duda, el componente que más ha contribuido a deprimir el empleo, el gobierno debe emprender una segunda fase de desarrollo de políticas para la construcción. Aún no es claro si el pronunciamiento de la Corte Constitucional hará el mayor énfasis en generalizar subsidios a los deudores hipotecarios (con mayor costo fiscal) o en imponer mayores controles a la actividad financiera hipotecaria (controlando tasas de interés, o margen, o imponiendo mayores inversiones forzosas). Pero lo que sí resulta claro es que las condiciones del mercado financiero aún no están dadas. Con tasas reales del 15% nunca habrá demanda efectiva sostenible por vivienda, y hay que crear las condiciones para que recursos de largo plazo permitan colocar dinero a tasas por debajo del 10%.



El futuro empresarial del país en los próximos meses no es blanco ni negro. Aunque el entorno macro no está fácil, las autoridades tienen todos los elementos para moverse rápidamente en la dirección deseable. La situación dista bastante de aquella por la que pasó el país en 1998 cuando la crisis internacional y la fragilidad financiera de las empresas y los bancos se mezcló de manera explosiva. En un ambiente internacional más favorable y con un avance en el saneamiento financiero de las empresas, las oportunidades de negocios ahora son más alcanzables.



El viraje empresarial será complejo, pero muy interesante. Los países que han sorteado crisis como las que Colombia ha vivido ­y lo han logrado en el 95% de los casos­ se encuentran con períodos de expansión que compensan las pérdidas anteriores. La crisis es un verdadero acelerador de transformaciones. Y las fuerzas transformadoras de la economía, en la tecnología, en los mercados y en las alianzas, ahora son más evidentes que nunca. Con un gobierno económico menos libre que antes, por las fuerzas que lo circundan o por sus propios temores de arriesgar, a los empresarios les corresponde jugar el papel esencial para evitar que el 2001 sea como 1999. Afortunadamente, con visión y con entusiasmo, es posible.





La coyuntura



* El Presidente calmó los ánimos al retirar lo más polémico de la propuesta del referendo. No obstante, el ajuste estructural aún está pendiente.



* Si no se toman decisiones rápidas, el país seguirá patinando sin arrancar la verdadera recuperación.



* Los cambios en el rumbo de la economía son urgentes. Colombia necesita un nuevo escenario en el que pueda crecer a una tasa del 6% anual. Solo así podrá competir en mercados internacionales.



Las lecciones



* Lo bueno de las crisis

es el aprendizaje que dejan. Pero las lecciones hay que interiorizarlas y aprender de ellas para no caer de nuevo en el futuro.



* Las empresas tienen que olvidar lo macro y aprovechar las oportunidades, reducir el exceso de deuda, mejorar la productividad, cuidar el flujo de caja, no descuidar el marketing, aprovechar la crisis para crecer...



Las señales



* Los próximos 12 meses seguirán cargados de volatilidad e incertidumbre. Hay que cubrirse de los riesgos y aprovechar las oportunidades que se avecinan. La diferencia con el 99 provendrá especialmente de unos empresarios más agresivos para arriesgar y ponerle norte a la economía.
Publicidad

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.