| 1/1/1995 12:00:00 AM

1995: macroeconomía turbulenta

Las contradicciones macroeconómicas del nuevo gobierno podrían poner en peligro la bonanza económica de los dos últimos años.

Después de que la economía creciera en los últimos dos años a tasas cercanas al 5%, existen indicios de una desaceleración al finalizar 1994. En los meses finales de este año, el nuevo gobierno, conjuntamente con la Junta Directiva del Banco de la República, ha optado por una política monetaria más restrictiva que la del primer semestre. ¿La razón? Frenar el desmedido crecimiento del gasto público y privado, que ha impedido que la inflación baje por debajo del 20% y se cumpla con la meta fijada por las autoridades monetarias. El resultado ha sido un aumento importante de las tasas de interés, que tendrá un efecto negativo sobre el crédito de consumo y, eventualmente, sobre el crédito para financiar la edificación urbana, uno de los sectores que más ha impulsado a la economía en los últimos años.

Hay todavía incertidumbre sobre hacia dónde va el nuevo gobierno en materia de política económica. Las primeras medidas que ha tomado son en la dirección contraria a la apertura: controles al crédito externo y a la inversión extranjera, licencias previas y mayores aranceles sobre las importaciones agropecuarias,

cuotas de absorción de cosechas nacionales. pactos sociales para validar inflaciones altas, expectativas de interferencias cambiarias para manipular la tasa de cambio hacia una mayor devaluación y anuncios de programas infinitos de gasto público y de nuevos impuestos,

Este es un gobierno que está empeñado en frenar al sector privado para abrirle campo al gasto público, Las metas al respecto esbozadas en un documento preliminar sobre el plan de desarrollo indican, a las claras, que el objetivo central de la política económica es el de aumentar el tamaño del sector público, en desmedro de la iniciativa y la inversión privada, Se anuncian desde ya más y nuevos impuestos para financiar unos inmensos desequilibrio n fiscales a nivel del gobierno nacional, así como > colocaciones masivas de títulos de la tesorería, que congestionarían aún más el estrecho mercado de capitales colombiano,

El interrogante de fondo es hasta dónde el gobierno podrá detener el gran impulso que trae el sector privado. El sector externo de la economía estará boyante en 1995, la tendencia hacia la reevaluación consolidará el ingreso de capitales privados para inversiones en finca raíz y la buena situación del café estimulará el consumo privado. Lo más ,seguro, entonces, es que la economía vaya por un lado, mientras el gobierno tratará de ir por otro. Como los gobiernos son lentos e ineficientes, y el actual nos parece la excepción, k; más seguro es que, al menos durante 1995, las fuerzas del sector privado primen sobre las intenciones oficiales.



FORTALEZA

DEL SECTOR EXTERNO




Después de la aceleración del proceso de apertura comercial a comienzos de 1992, las importaciones reaccionaron a partir del segundo semestre de ese año y durante 1993. El índice de apertura comercial, medido como la proporción entre importaciones y producto interno bruto (PIB), pasó de 10,4% en 1990 a 12,7% en 1992 y a 17.8% en 1993, Esta última cifra podría ser .superior en este año>

y, en los próximos, en la medida que se mantenga el rumbo de la política comercial trazado por la administración anterior, La economía colombiana ha sido tradicionalmente una de las lilas cerradas y protegidas de América Latina. Mantener índices de apertura superiores al 1 8% en una economía que se ha distinguido por índices promedios del 11% traería consigo cambios de fondo en la estructura de su sector productivo,

Con la apertura, la cuenta comercial de la balanza de pagos paso de ser positiva en 1992 a deficitaria durante 1993 y 199 1. Se presentó, en estos años, un elevado aumento de las importaciones. bajos precios externos (¡el petróleo un deprimido) precio externo) del café (hasta junio) de 1994), y un lento crecimiento de las exportaciones no tradicionales.

En el caso de la cuenta corriente de la balanza de pagos también se pasó de un superávit en 1992 a un déficit durante 1993 y 1994. Estos déficit en cuenta corriente fueron compensados con flujos positivos de capital externo. básicamente originados en la inversión directa en el sector de hidrocarburos, en crédito externo para el sector privado y. el] repatriación de capitales (el sector público), por su parte. prepagó deuda externa. Las reservas internacionales aumentaron apenas US$ 192 millones en 1993 y lo podrían hacer en una cifra similar al finalizar este año,

Un hecho para destacar es que el crecimiento de las importaciones ya comenzó a estabilizarse, pues su aumento ha sido últimamente cercano al 10% anual. Si el nuevo gobierno restringiera las importaciones con medidas administrativas. tal como ya lo comenzó hacer con las de origen agropecuario. el aumento en las reservas internacionales serían aún mayor y las presiones inflacionarias se acentuarían.

Lo interesante del caso es que durante 1995 el sector externo será aún más expansivo, lo cual puede traer problemas monetarios si las importaciones no desempeñan el estratégico papel regulador de los últimos años. En efecto. los ingresos por exportaciones de café superarían los US$2,000 millones Y los de hidrocarburos la barrera de los US$2,000 millones (por lo menos US$500 millones mas dile durante 1994). Con estos mayores ingresos no son macroeconómicamente viables las políticas dirigidas a restringir importaciones y a estimular las exportaciones no tradicionales con una mayor devaluación nominal. Si ello se hiciera, la inflación se dispararía a niveles nunca antes alcanzados y más que compensaría las posibles ganancias que a corto plazo lograrían los exportadores con una mayor devaluación nominal.



EL DILEMA

DE LOS CAPITALES EXTERNOS




Durante buena parte de la década de los años ochenta el país exporto capitales. En los noventa. con una economía más sólida y con una mayor libertad o ausencia de controles arbitrarios por parte del gobierno, la confianza gradualmente retorné. no solamente por parte de inversionistas nacionales sino también de extranjeros. La expectativa de que el peso no iba a desvalorizarse como sucedió en un pasando no muy lejano, era una garantía acerca de la rentabilidad de las inversiones en el país, no solamente en finca, raíz sino también en servicios y en otras actividades productivas. La eventual llegada de Cusiana reafirmaba unas excelentes perspectivas de la economía colombiana. a lo cual habría que añadir ir la helada en las zonas productoras de café del Brasil y la consiguiente recuperación del precio internacional del grano. Así las cosas, Colombia se ha convertido en recipiente natural de capitales externos, ya sea de propiedad de extranjeros o de colombianos. Sin embargo, el nuevo equipo económico está empeñado en impedir el ingreso de capital externo al país, con el fin de evitar presiones reevaluacioncitas y abrirle campo al gasto público. Quiere controlar y desestimular por todas las vías el ingreso de ese capital. Pero la realidad económica va por otro lado.

Si bien la deuda privada externa ha experimentado un impotente aumento durante 1993-1994, ello ha sido ante todo el resultado de las mayores importaciones y de un acelerado proceso de inversión en maquinaria y equipo por parte del sector privado. Por otro lado, los niveles de la deuda privada externa eran mínimos en Colombia en comparación con la de otros países de América Latina (3/4 partes de la deuda externa total estaba en cabeza del sector público). Dadas las buenas perspectivas económicas, es apenas normal que los agentes económicos busquen prestar en el exterior para expandir sus negocios en Colombia y que los extranjeros consideren un buen riesgo prestarle a los colombianos, e incluso invertir directamente.

Las proyecciones sobre la posible evolución de la deuda externa confirma que Colombia es un buen riesgo, Con las mayores exportaciones de café e hidrocarburos, los niveles de endeudamiento experimentaran una pronunciada reducción. Tanto la proporción entre el pago de servicio de la deuda externa y las exportaciones de bienes y servicios como la relación entre deuda total y PIB alcanzarán, muy posiblemente, niveles del 27% en 1995, coeficientes que no se veían desde la década de los años setenta, Lejos quedaron los días de la llamada crisis de la deuda externa.

Existe, entonces, el margen para un mayor endeudamiento tanto público como privado, En el caso del sector público tampoco hay claridad por parte del gobierno, La deuda del sector público está en niveles que pueden considerarse como manejables, por primera vez desde hace varios años. Lo único que ha manifestado el nuevo equipo económico es que acudirá a los costosos y dispendiosos préstamos del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo. Aunque se justifica la contratación de estos préstamos en el caso de algunos proyectos de larga maduración, es claro que el país cuenta actualmente con un poder de negociación suficiente como para disponer de una amplia gama de posibilidades en el mercado internacional de capitales. Por lo visto el actual equipo económico considera que la Colombia actual es uno de esos países de muy escasos recursos que solamente deben acceder a fuentes multilaterales de crédito.



LA INEVITABLE REVALUACIÓN





Dentro del esquema de libertad cambiaria que impuso la anterior administración, el gobierno solamente puede intervenir de manera indirecta sobre la tasa cíe cambio, tal como sucede en la gran mayoría de los países del planeta. El Banco de la República puede comprar o vender divisas, pero de manera limitada: teniendo en cuenta sus metas monetarias y sus propias limitaciones presupuéstales. Es claro, por ejemplo, que si el gobierno nacional lleva a cabo una política fiscal austera y genera amplios superávit en sus cuentas, al banco le quedaría un mayor margen para intervenir en el mercado cambiario, comprando divisas y sosteniendo un nivel más alto de la tasa nominal de cambio, sin violentar el logro de sus metas monetarias y de inflación.

Ahora bien, Colombia aumentó durante 1990-1992 en US$3.846 millones sus reservas internacionales.. Este significativo incremento fue, sin lugar a dudas, producto de una tasa de cambio sobre devaluada. Como resultado, el Banco de la República tuvo que compensar la monetización de esas reservas con operaciones de mercado abierto (colocación de títulos) y "congelando- pesos a través de la creación de un certificado de cambio a plazos. Con todo, la inflación se mantuvo alta, en niveles muy superiores a la devaluación,

Se produjo un ajuste cambiario representado en una "revaluación" (una inflación nominal muy superior a la devaluación nominal). El tamaño de esa revaluación es motivo de controversia, pero no es lejos de la realidad decir que fue alrededor del 14% entre finales de 1990 y finales de 1993. No fue mayor porque con la apertura comercial, con la política de mares y cielos abiertos, con la disminución de tasas de interés y con el acceso a crédito externo barato, cayeron los costos de producción. Los exportadores pudieron defenderse parcialmente gracias a esta reducción en costos y, en algunos casos, con aumentos de productividad.

De hecho, el índice de precios al productor, utilizado en las mediciones de la devaluación real, pasó de niveles superiores al 30% anual en 1990 a niveles cercanos al 11% Yo en 1993. La apertura comercial tuvo indudablemente un impacto favorable sobre este índice, especialmente por el abaratamiento de los insumos y materias primas importadas Sin embargo, ese impacto ya no se está dando: la inflación al productor empezó a acelerarse desde el segundo semestre de 1993 y actualmente se sitúa alrededor del 20% anual, Con esta aceleración de la inflación al productor la revaluación de 1994 se proyecta en un 12% adicional.

El gobierno tiene ahora un menor campo de maniobra que cuando inició la apertura, puesto que en ese momento, de un plumazo, bajando aranceles y liberando el comercio exterior, pudo reducir el costo de los insumos y de las materias primas. Como si fuera poco, el nivel real de la tasa de cambio, que parecía finalmente uno de relativo equilibrio por cuanto las reservas internacionales habían dejado de aumentar, enfrentará presiones revaluacionistas adicionales por los aumentos en las exportaciones de café y de hidrocarburos.



LA IMPORTANCIA

DE LA POLÍTICA FISCAL




¿Cómo se podrían atenuar estas presiones revaluacionistas? Quizá la respuesta se encuentre en el éxito que se tenga en reducir la inflación. Y sobre este particular tanto el país como el gobierno no han tomado conciencia de la importancia de asestarle un golpe definitivo a la inercia inflacionaria actual. Para ello se requeriría de dos ingredientes que están lejos de ser considerados por el equipo económico, Por un lado, romper con aumentos salariales basados en la inflación anterior, fijándolos, en cambio, teniendo en cuenta unas metas ambiciosas de inflación futura. Nada más lejos de la mentalidad populista del actual gobierno que esta propuesta.

El otro aspecto que ayudaría a atenuar las presiones revaluacionistas está relacionado con la política monetaria y el manejo de las tasas de interés. El objetivo sería el de reducir la brecha entre las tasas de interés

externas y las internas. Mientras esta brecha no se reduzca es ingenuo pensar que se va a detener el flujo de capitales hacia el país. No importa cuántos controles imponga el gobierno al endeudamiento externo, mientras esta brecha persista, los inversionistas se las arreglarán para ingresar su capital al país (vía sobrefacturación de exportaciones, por ejemplo). Esto no es muy difícil en una economía especializada en "lavar" dólares, como es la colombiana, por ejemplo con el contrabando.

Para cerrar la brecha entre las tasas internas y externas de interés es fundamental generar, al menos inicialmente, un superávit fiscal suficiente que permita reducir los encajes del sistema financiero, por un lado, y que le proporcione el margen a las autoridades monetarias para emprender una política activa de intervención en el mercado cambiario dirigida a sostener un mayor ritmo de devaluación. Y ello, además, dentro de unas metas de control monetario más ambiciosas que las actuales. Todo esto va en contravía de los anuncios del nuevo gobierno de aumentar el gasto público en lo divino y lo humano.

Se proyecta, entonces, por ahora, un divorcio entre la retórica y los hechos en lo que respecta a lo que viene anunciando el nuevo gobierno sobre la revaluación. Este divorcio es aún mayor si se tiene en cuenta que el gobierno anterior dejó una situación fiscal menos sólida de lo que se pensaba. La información disponible que se tiene muestra que si bien aumentaron los recaudos tributarios,

el gasto público lo hizo en una proporción superior, A grosso modo, entre 1991 y 1994 los ingresos tributarios se incrementaron en cerca de 2% del PIB, en tanto que los gastos lo hicieron en más de 4% del PIB. La brecha se cubrió con los ingresos extraordinarios por concepto de las privatizaciones de bancos y las concesiones de telefonía celular.

Si en 1995 no hay ingresos significativos por concepto de nuevas privatizaciones, se registrará un déficit en el consolidado de las finanzas públicas superior a un punto porcentual del PIB y con tendencia a aumentar de ahí en adelante (de hecho el déficit no es mayor gracias al superávit que tendrá el Fondo Nacional del Café). Lo más grave son las expectativas que crea el nuevo plan de desarrollo, cuyas bases fueron dadas a conocer a la opinión pública recientemente (ver recuadro). Esta situación fiscal está muy lejos de ser la que se necesita para compatibilizar un sector externo boyante con una mayor devaluación.



CRÉDITO CARO



La independiente Junta Directiva del Banco de la República tiene por mandato constitucional la meta prioritaria de bajar la inflación. Para 1995 estableció una meta del 18%. Sin embargo, hasta tanto no se vea que hay seriedad por parte del nuevo gobierno en el cumplimiento de sus compromisos fiscales y mientras no cesen las amenazas de mayores protecciones al sector agrícola, no se puede pronosticar una reducción en la inflación como la establecida en esa meta. Por ahora, un pronóstico del 22% para el año entrante parece razonable.

En los últimos dos años el peso del control de la inflación ha recaído sobre la tasa de cambio. El Banco de la República ha cumplido sus metas de control monetario no comprando divisas (no interviniendo en el mercado cambiario), lo cual ha presionado hacia la revaluación, El Banco ha adoptado esta política debido a que en el frente fiscal no se han hecho los esfuerzos contraccionistas necesarios. Esa revaluación del peso no solamente ha traído como consecuencia una menor inflación en los artículos transables, sino que ha permitido aligerar la carga del servicio de la deuda externa de las empresas de servicios públicos, y ha sido un factor fundamental en el logro de un sector externo monetariamente menos expansivo que en el pasado. Este equilibrio externo le permitió al Banco de la República llevar a cabo una política pasiva de intervención en el mercado de capitales y a mantener relativamente bajas las tasas de interés.

De hecho, la principal fuente de expansión monetaria durante los últimos doce meses, cuando las reservas internacionales prácticamente dejaron de crecer debido al elevado incremento de las importaciones, fue la redención de títulos del Banco de la República. Por un lado, se han redimido en términos netos $486.000 millones de títulos de participación, acumulados especialmente durante 1990-1992 cuando las reservas internacionales tuvieron un importante aumento, También se han redimido 5288.000 millones de certificados de cambio a plazos que se emitieron en esos años de incremento de las reservas internacionales.

Hacia 1995, si el nuevo gobierno empieza a restringir importaciones y debido al impacto inmediato de los mayores ingresos de divisas por concepto de exportaciones de café, el sector externo nuevamente será una fuente de expansión monetaria, Además, existe el peligro que el frente fiscal sea también expansionista, especialmente si se cumplen las promesas populistas del presidente y del nuevo plan de desarrollo.

La única forma de cerrar el círculo de mayor gasto público, aumento de las reservas internacionales (por café y petróleo), mayor devaluación y al mismo tiempo menor inflación sería, entonces. con un -frenazo" en el crecimiento de la actividad privada. La tasa de interés, en lugar de la tasa de cambio, sería el instrumento de política utilizado para lograr las metas de inflación. El Banco de la República y la Tesorería de la Nación se verían forzadas a colocar nuevamente un gran volumen de títulos y se presentaría una gran presión para aumentar encajes, restablecer inversiones forzosas y encarecer en forma significativa el crédito de consumo y para vivienda.

La pregunta que queda flotando en el ambiente es hasta dónde el gobierno se ha dado cuenta de que esta es la única salida a su esquema de manejo económico, o si finalmente se enrede en la aplicación de ese esquema y, forzado por las circunstancias, eche marcha atrás en favor de una política económica más ortodoxa y descomplicada.



DESACELERACIÓN ECONÓMICA CON PROSPERIDAD



En este año la economía está creciendo a tasas ligeramente superiores al 5%. impulsada por el buen comportamiento del sector manufacturero (diferente a trilla de café), la recuperación de la producción agropecuaria y el dinamismo de la construcción, de los servicios (incluyendo el sector financiero) y del comercio. Hasta hace poco, la política monetaria fue expansiva (los medios de pago crecieron a tasas anuales que oscilaron entre 33% y 40%) y hubo una amplia disponibilidad de crédito para consumo y vivienda, Tanto el gasto público como el privado aumentaron aceleradamente. Esos días de abundancia serían cosa del pasado si el gobierno y la Junta Directiva del Banco de la República cumplen con sus anuncios en materia de metas de inflación y de gasto público, Por un lado, la Junta hará todo lo posible por bajar el crecimiento de los medios de pago para meterlos en un exigente corredor monetario consistente con la meta del 18% (crecimiento de 24.5% al finalizar el año). Pero, por otro lado, el gobierno estará en la tónica de aumentar el gasto público a como dé lugar, financiándose con ahorro del sector privado,

El aumento resultante en las tasas de interés, las restricciones al crédito externo y la creciente revaluación terminarían por golpear al sector real de la economía. Se presentaría una desaceleración de la construcción privada, del comercio y de la industria (distinta de la trilla de café), la cual sería parcialmente compensada por el crecimiento del sector de hidrocarburos y del cafetero. Desde el punto de vista de la demanda, tanto el gasto público como las exportaciones de café y de petróleo serían los renglones más dinámicos, En el balance final, se proyecta que el PIB aumentará 4.6% en 1995 y que la tasa de desempleo abierto oscilará entre 8% y 9%.
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