| 6/1/1995 12:00:00 AM

Verde que te quiero verde

El desarrollo turístico de la isla de Barú esta íntimamente ligado a las restricciones ambientales impuestas por el Concejo de Cartagena. Hay proyectos millonarios en camino.

Las 7.50 hectáreas que condonen la isla de Barú lean sido dañadas el último paraíso de Cartagena: pero el paraíso de un hombre puede ser la pesadilla de otro: los escépticos ven poco potencial para este salvador turístico de Cartagena No duda de dile quienes un invierten dinero en Barú tiene mucho que luchar con la burocracia con la creciente conciencia nacional e internacional por la r conservación del medio ambiente pero el éxito ha comenzado ha retornar y puede producir frutos en varios años. Si Barú se puede levantar ¿Cual es el potencial de utilidades y quien las aprovechara ?

Los que ya tienen intereses económicos en la isla están seguros de que aprovecha el primero que llegue y la mayoría de los buenos platos están servidos en la mesa. Eduardo Ruiz de la Vega con sus socios Roberto de la Vega.

Ecocoforest Jaime Visbal, Daniel Hernández Aviatur y Movicom están construyendo el que es ciertamente el proyecto mas grande y ambicioso de la isla: Barú Beach and Marine Resort. se inicio en Septiembre de 1994 y sus planes comprenden 2 Kilómetros y medio de canales de los cuales el 60% ya han sido excavados, con una plaza acuática en el centro del lugar. Ruiz de la Vega ha estado en conversaciones con las cadenas hoteleras Holiday Inn, Marriott yHíyait, y cree que una de ellas abrirá un hotel en Diciembre de 1996. ya se hizo el acueducto - del proyecto es testigo de ello - y hay energía y teléfono según Ruiz de la Vega , el proyecto se esta desarrollando de acuerdo con lo programado. Si todo sale bien habrá tres mil habitaciones, en casas que rodean el campo de golf de 18 hoyos y varios hoteles, todos funcionando para el año 2003. Pero la confianza de Ruiz en la inmensa ambición del proyecto es producto de varios puntos a su favor de los que en su concepto carecen otros proyectos que no se podrán realizar por sus falencias.

Barú Beach es el único proyecto al que se le ha adjudicado una zona franca turística en la Isla. En la que es una de las tierras mas caras de Colombia. Con precios de hasta $400 millones por hectárea la zona franca es un estimulo financiero muy necesario para garantizar la rentabilidad de este negocio.

El Ministerio de Comercio Exterior sólo ha adjudicado tres zonas francas turísticas en la costa norte: una en Santa Marta otra en Cartagena y la última en el proyecto de Barú Beach. Según Rosario Mendoza, jefe ole la oficina jurídica del Ministerio ole Comercio Exterior, hay muy pocas posibilidades ole conceder otras zonas francas turísticas antes de que las ya establecidas hayan sido analizadas en pleno funcionamiento. El proyecto de Barú no estará en esas condiciones al menos hasta dentro de diez años, lo que hace difícil para los inversionistas escoger el momento oportuno para invertir, factor necesario para obtener ganancias en la construcción, según Ruiz de la Vega. Si los proyectos no están aprobados y en construcción durante los próximos dos años. según el Acuerdo No. I 14 de] 25 de marzo de 1994 decretado por el Concejo Municipal de Cartagena, se perderán muchos de los beneficios que le dan al urbanizador acceso a construir en un mayor porcentaje de tierra por Hectárea. Un inversionista que espera una ocasional oportunidad de más zonas francas en Barú perderá la única ayuda garantizada en forma de bonificaciones.

Ruiz de la Vega también señala otras restricciones del Acuerdo 14. El acuerdo divide la tierra de sectores: la gran mayoría de éstos sólo permiten ole una a tres viviendas por hectárea. Por lo tanto, sin 60 o más hectáreas, no hay manera de llevar suficiente turismo parra compensar el alto costo de la tierra. Además, el extremo sur de la isla ha sido declarado parque nacional:

Aunque existen varias áreas estratégicas para un puerto, el área del parque nacional no permite la construcción de puertos. Un sitio de vacaciones sin puerto significa la muerte del urbanizador. Ruiz de la Vega dice que estas restricciones, sumadas a las leyes que permiten cuando mucho urbanizar un 45% del total de la tierra (el resto son

concesiones del Estado) significa sólo una cosa: no es rentable. No es rentable para quienes piensan comprar tierra ahora, pero ¿y los que ya están listos para construir como Punta Barú Beach and Marine Resort?

promovido por Bernardo Samper, actualmente con 65 socios, Punta Barú empezó como club privado. Samper sabe mucho de clubes; creó el Club Campestre de Anapoima y los clubes Metropolitan y Bogotá Tennis Club. Pero cuando inicialmente obtuvo licencia de construcción para el terreno en 1992 (fue el primero en obtener licencias ambientales y de construcción), eso era exactamente lo que él quería.

Pero a medida que fue estudiando el proyecto más a fondo, se dio cuenta de que el costo de la construcción en la isla no permitiría los pequeños ingresos que genera un club. En noviembre de 1993 decidió convertir el club en hotel. Con las 100 suites a precios que fluctúan entre $111 y $179 millones, el hotel todavía tendrá como objeto un pequeño sector del mercado turístico. En tanto que Barú Beach quiere muchos turistas, Samper todavía prefiere mantener la sensación de un ambiente de club exclusivo. En una sencillez que él denomina " la elegancia del regreso a la naturaleza", el hotel tendrá piscinas, varios restaurantes, canchas de tenis y la mayoría de las actividades marinas. Se empezará a construir el 31 de mayo, y el club debe estar listo en octubre de 1997. Punta Barú, situado en medio del parque nacional con permiso de puerto (concedido antes del Acuerdo No. 14 y en un terreno protegido por arrecifes de coral de las olas creadas por los fuertes vientos del norte, puede ser uno de los proyectos en pequeña escala más interesantes y exitosos de la isla.

El Club Náutico Punta Iguana, creado por Pablo Obregón y su sobrino Gabriel Echavarría, a diferencia del proyecto de Samper, se ha mantenido como club desde que se inició su construcción hace sólo dos años. Aunque se le concedió licencia ambiental y de construcción después de Samper, gracias a un fuerte respaldo financiero y a la perseverancia de Echavarría de sacarlo adelante, rápidamente pasó de la idea a la realidad, y el club se inauguró en Semana Santa de este año. Catorce de sus dieciocho cabañas ya están abiertas y sólo cuatro de las treinta y nueve acres de tierra se están aprovechando actualmente, lo que crea una atmósfera social algo estrecha y funcional.

El club tiene planta de tratamiento de agua y lleva agua del continente; ofrece transporte continuo de ida y regreso a Cartagena tanto por tierra como por mar y tiene un personal notablemente bien entrenado, reclutado de los tres pueblos de la isla de Barú. Aunque aún no han vendido la totalidad de las acciones, en un almuerzo inaugural el miércoles santo la asistencia fue grande y el interés bastante positivo. Aunque el club está cómodamente situado cerca a la Ciénaga de Colón, la entrada al puerto recibe fuertes vientos del norte, lo que hará difícil a veces viajar a Cartagena. Pero los constructores e inversionistas en potencia tuvieron una buena impresión de la exitosa inauguración de este club y lo ven como un buen augurio para otros proyectos.

El equipo Echavarría -Obregón, junto con Corturismo, el Grupo Santo Domingo y con la reciente adición de Cementos Caribe, asociados en una cuenta de participación, están estudiando las posibilidades de urbanizar en lo que se considera el mejor sitio de Barú: Playa Blanca. En la tierra más valiosa de la isla con las mejores playas en potencia, Inmobiliaria Selecta, en calidad de socio gestor, está estudiando actualmente la posibilidad de desarrollo turístico en las 525 hectáreas de tierra de propiedad de socios inactivos.

El estudio de 18 meses dará respuesta al tipo de desarrollo turístico requerido y la mejor vía de financiación. Con la tendencia cada vez mayor hacia el ecoturismo, el grupo también ha contratado varias compañías norteamericanas que se especializan en este tipo de turismo, para sugerir métodos que exploten toda la belleza natural del área. Si el proyecto parece rentable, en sólo dos años pueden comenzar lo que sería la primer área eco turística a gran escala en el Caribe.

El Sindicato Antioqueño, a través de Cementos Caribe, está involucrado en el proyecto de Playa Blanca y comenzó otro estudio de

sus más de mil hectáreas no utilizadas en la otra empresa. Esta tierra, localizada en la parte norte de la isla llamada Punta Gigante, está dividida por el Acuerdo No. 14 en áreas restringidas de una a tres viviendas por hectárea. De acuerdo con una fuente de la compañía, esto no va a restringir un plan potencial de desarrollo eco turístico: un proyecto de 100 hectáreas, aún en la zona con mayores restricciones, les permitiría construir 100 viviendas. Su temor, según esta fuente, es la concesión de un 55% de las tierras que deben devolver al Estado. Aunque el uso lógico de la tierra sería estrictamente su preservación, al Sindicato le preocupa que si no pueden definir claramente su uso, se podría explotar en otras formas tan divergentes como desarrollo turístico o basurero. Añade la fuente, sin embargo, que el alcalde de Cartagena, Guillermo Panizza, está muy interesado en asegurar el uso adecuado de estas concesiones. Probablemente no habrá ningún desarrollo físico de este proyecto hasta que la empresa de Playa Blanca esté más desarrollada.

Entonces, ¿qué debe esperar el turista? En veinte años el área más fuertemente desarrollada probablemente será la parte norte de la isla con Playa Blanca, la playa de Barú y el "Marine Resort" y los proyectos del Sindicato Antioqueño. Hasta ahora hay buenos indicios de que la mayor parte de esta isla va a ser desarrollada en forma muy consciente del medio ambiente, lo cual quiere decir mucho verde y áreas no tocadas. Los hoteles serán de construcción sencilla, utilizando materiales naturales, con alojamientos explayados y rodeados de flora y fauna. Todo esto depende de que las leyes estrictas vigentes continúen así, A largo plazo, si las restricciones sobre el desarrollo de Barú se relajan -lo cual ocurre frecuentemente con las leyes sobre el medio ambiente-, el área sur, con su parque natural asignado, tiene más posibilidad de permanecer natural y sin desarrollar, como le gusta a los turistas de la isla.

En cualquier caso, durante los próximos años los hoteles comenzarán a abrirse con la novedad de un lugar aún no dañado por una sobredosis de turistas, garantía del mejor momento para disfrutar de la isla.

Pablo Obregón, propietario de tierra en la isla de Barú, dice que la pobreza es el mayor enemigo de la naturaleza, y cree que unas restricciones demasiado estrictas lo único que hacen es evitar el ingreso necesario de dinero a la isla, con las consiguientes oportunidades de trabajo, que la salvarían de un daño serio ecológico. Pero el solo proyecto de la playa de Barú, según estimación del constructor Ruiz de la Vega, va a traer 3.000 empleos y mucha ayuda financiera. Si los otros proyectos comienzan, los tres pueblos de Barú se entran al club de los más ricos de Colombia. Pero el dinero significa fiebre y atrae en manadas a los desempleados y excesivamente ambiciosos. Los efectos podrían ser igual de dañinos, no sólo destruyendo el medio ambiente sino el atractivo que tiene esta isla virgen.
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