| 7/1/1997 12:00:00 AM

Una visión bien ensamblada

Con el lema "Una historia de servicio, una tradición de confianza", Leonidas Lara e Hijos marcó el rumbo de 50 años de industrialización en Colombia.

Hacer empresa es una actividad que ha estado asociada con hombres visionarios, con valores y creencias que trascienden su tiempo y que han marcado el rumbo del desarrollo del país.



Tal es el caso de "Leonidas Lara e Hijos", la historia de una empresa y de una familia que le apostó al trabajo como medio para hacer patria, pensando en grande, y que no encontró en el subdesarrollo de la Colombia de comienzos y mediados de siglo una disculpa para no trascender.



Su ámbito de negocios fue tan amplio como su visión. Don Leonidas, que había nacido en Yaguará (Huila) en 1856, comenzó a trabajar en labores ganaderas a los siete años en la propiedad de su tío Placencio. Cada vez que reunía dinero suficiente para estudiar dejaba el trabajo para dedicarse a ello. Pero las guerras civiles y su militancia como liberal, que le costó tres años de cárcel, le impidieron terminar sus estudios.



A los 14 años ya negociaba con ganado, posteriormente se trasladó a Pitalito donde administró una finca de José Hilario López y luego vivió en Neiva. También incursionó en negocios de añil y quina, en los que la fortuna no le sonrió, y en café, cacao y cerveza. Finalmente se estableció en Girardot donde en 1911 fundó su propia empresa "Leonidas Lara" con un capital de $757 y varios años de experiencias. Inicialmente se dedicó al comercio de sal en los departamentos del Tolima, Huila, Cundinamarca, Antioquia y el occidente del país. Al poco tiempo las dimensiones del negocio eran tan prometedoras que hubo de llamar a su hijo mayor a colaborar en la empresa.



Pero el destino puso a prueba el temple de don Leonidas. El incendio de Girardot ocurrido el 10 de febrero de 1913 se llevó todos sus haberes y lo dejó en la ruina. Trasladó a su familia a Facatativá en tanto que él se quedó en Girardot reanudando sus negocios de cero. En adelante su actividad comercial y de negocios creció de manera ininterrumpida. Otra prueba, ésta de carácter sentimental, marcó su existencia. La muerte de su esposa Mercedes Borrero en 1916, quedando a cargo de sus hijos de corta edad, Luis Antonio, Amelia, Rómulo y Oliverio. Pese al poco tiempo que los Lara estuvieron al cuidado de su madre, ésta tuvo gran influencia en su formación. Les enseñó matemáticas, gramática y otras ciencias del saber, con tal rigurosidad, que cuando llegaron al colegio en Bogotá fueron unos adelantados de la Escuela Ricaurte dirigida por monseñor Luis Gómez de Brigard, donde fueron condiscípulos, entre otros, de Alberto Lleras Camargo y Carlos Sanz de Santamaría.



Sería difícil mencionar actividad comercial propia de su época en la cual Leonidas Lara no hubiera estado presente. Exportación e importación de toda clase de mercancías, plantaciones de café, caña de azúcar y transporte fluvial, actividad en la cual formó la "Compañía Naviera de Cundinamarca" en sociedad con Eustasio Santamaría, un empresario bogotano. Compraron un barco de 50 toneladas, "El Casandra", para llevar carga desde Beltrán, cerca a Honda, hasta Girardot. Luego, vinieron el vapor "Santa María", el "Alsacia" y el "Lorena", que transportaron el progreso de la Colombia de aquel entonces entre Barranquilla y Girardot.



La empresa naviera se convirtió en pieza importante para la próspera actividad comercial y de representaciones de productos nacionales y extranjeros, entre otros los automóviles Studebaker en 1919. Ese año don Leonidas constituyó una sociedad con su hijo mayor, Luis Antonio. Así nació "Leonidas Lara e Hijo". Posteriormente, en 1924 apareció "Leonidas Lara e Hijos" cuando se integraron a la firma Rómulo y Oliverio, luego de terminar estudios de bachillerato y de realizar cursos de comercio en el Liceo Mercantil de la capital. Una vez el equipo estuvo completo, se lanzaron a "conquistar el mundo".



Luis Antonio se dedicó a la comercialización de productos, café en especial, campo en el que la firma obtuvo reconocimiento dentro y fuera del país. Oliverio, por gusto y convicción, convirtió a las actividades agropecuarias en su campo de acción, mientras Rómulo se hizo cargo de los negocios industriales de representación y comercio. Amelia, por su parte, se dedicó al manejo de los bienes personales de su padre que no hicieron parte de "Leonidas Lara e Hijos", algunas casas y fincas.



La crisis económica mundial del año 29 los golpeó fuerte. Las deudas en el exterior eran considerables frente a lo cual don Leonidas decidió enviar a Luis Antonio y a Rómulo a Estados Unidos a "ponerle la cara a los acreedores", pese a que por decreto el gobierno colombiano rebajó las deudas en un 30%. Con esa actitud de seriedad y responsabilidad, no sólo consiguieron extender los vencimientos, sino que lograron nuevos negocios de representación de todo tipo de maquinaria industrial, agrícola, de automóviles, camiones y herramientas.



Pasada la Segunda Guerra Mun- dial los almacenes y bodegas de los Lara se encontraban repletos de vehículos Pontiac y Cadillac, bicicletas Hércules, camiones y maquinaria agrícola, industrial y de construcción marca International Harvester, herramientas Black & Decker y otras. También fueron apareciendo nuevos campos de acción como el del transporte público. Aún se recuerdan en Bogotá los famosos Taxis Rojos, una flotilla de limosinas Pontiac importadas por "Leonidas Lara e Hijos" que tenían taxímetro automático y eran conducidas por choferes de guantes blancos y cachucha que se distinguían por su elegancia y amabilidad.



De manera paralela los negocios cafeteros eran tan prósperos, que pasado el bogotazo, nació en Nueva York "Leonidas Lara & Sons. Inc." para manejar los negocios del grano y conseguir nuevas líneas de representación como sucedió con los Jeep Willys producidos por American Motors. También tuvieron estaciones de gasolina, una de las más recordadas, la de la calle 32 con carrera 13 de Bogotá frente a la cual fue asesinado en 1949 Vicente Echandía, hermano de Darío, durante una protesta promovida por la Dirección Nacional Liberal luego de la elección de Laureano Gómez como presidente de la República.



En el comercio y producción agroindustrial crearon una trilladora de café en Medellín y un molino de arroz cerca a Neiva en la hacienda Trapichito que produjo el célebre Arroz Lara. En el campo social fundaron escuelas en varias ciudades; en mayo de 1954 apareció la Revista Lara que circuló mensualmente hasta 1961, una publicación de carácter cultural en la cual se incluían noticias de los campos de actividad donde la firma estaba presente.



Cuando "Leonidas Lara e Hijos" había alcanzado preeminencia en el país se decidió construir una sede en el centro de Bogotá. El lugar escogido fue la calle 13 con carrera 13, zona que en los años 50 era el centro de negocios de la ciudad. Cuando se iniciaron los trabajos del Edificio Lara, Oliverio, que tenía buen humor, se puso de acuerdo con un periodista e inventaron la historia del Tesoro de San Victorino. Hicieron correr el rumor de que según una pitonisa allí se encontraba enterrada una guaca. Cuando comenzaron las excavaciones el hecho conmocionó a la ciudad y cientos de personas acudieron diariamente al lugar. Oliverio había conseguido su cometido, generar expectativa frente al edificio, al que a comienzos de los sesenta llegó una de las primeras computadoras que ingresaron al país.



De manera paralela se consolidó el cubrimiento nacional de "Leonidas Lara e Hijos" con sucursales en 23 ciudades y agencias, concesionarios y consignatarios en otras tantas en las que trabajaron miles de personas. La importancia que se había ganado "Leonidas Lara e Hijos" le otorgó por derecho propio a sus fundadores un espacio en la sociedad, el cual los tres hermanos capitalizaron en beneficio de sus actividades.



Luis fue hombre importante en el mundo cafetero, Oliverio en el medio agropecuario, miembro de la junta directiva del Banco Ganadero, fundó la Asociación Cebú y perteneció a diversas organizaciones de la actividad agropecuaria. Rómulo hizo lo propio entre los comerciantes. Durante varios años presidió la junta de Fenalco. En el campo personal también se preocuparon por enriquecerse. Los tres hablaban varios idiomas y recorrieron mucho mundo, lo que amplió de manera importante su visión.



Fieles a la tradición



Pero los Lara, y en especial don Leonidas, continuaron con su vocación agropecuaria. Los negocios ganaderos tomaron dimensiones en 1948 con la adquisición del Hato San Pedro en el lejano e inhóspito territorio del Caquetá. Allí tuvo origen la hacienda "Larandia", que en su momento llegó a tener 28.500 hectáreas dedicadas a la cría y engorde de ganado. Por sus dimensiones la finca se dividió en 18 hatos atendidos por 1.100 trabajadores para el manejo de 38.000 cabezas de ganado, todo bajo una sola administración.



El interés agropecuario se extendió a otras zonas de Cundinamarca, Huila y Tolima e incluso a la cordillera donde adquirieron la finca Balsillas, que fue invadida por los bandoleros el 13 de junio de 1953, fecha del golpe militar de Rojas Pinilla, y que desde aquel entonces ha sido una zona de permanente conflicto entre el Ejército y la guerrilla.



A mediados de los sesenta, Oliverio advirtió la posibilidad de iniciar un negocio de exportación de ganado al Perú, una nación con condiciones naturales y climáticas poco favorables para la actividad ganadera. Para ello se construyó en "Larandia" una pista de aviación de 1.700 metros cerca a las vegas del río Orteguaza, que permitía la llegada de aviones de carga tipo C-130 para el transporte de cabezas de ganado hacia otras propiedades que los Lara tenían en los Llanos del Yarí, donde también existía una pista y de allí transportar los animales al Perú. Pero con el asesinato de Oliverio el negocio no se realizó.



Infortunadamente la actividad agropecuaria de los Lara se vio golpeada por el secuestro. El 28 de abril de 1965 Oliverio fue plagiado en Larandia y asesinado a machete al día siguiente cuando sus captores se sintieron asediados por el Ejército. El cuerpo fue enterrado y encontrado cinco años después, luego de la confesión de uno de los plagiarios, al parecer trabajador de la finca, que posteriormente fue cedida al Ejército y hoy es una guarnición militar.



El hecho marcó no sólo a la sociedad colombiana, sino que dejó cojo el trípode que habían constituido los tres hermanos luego de la muerte de don Leonidas en 1951. Oliverio era el elemento conductor de las relaciones entre los tres Lara. En adelante las relaciones entre los miembros de la familia no fueron tan fluidas. Rómulo, poco antes de la muerte de su hermano había vendido su participación en los negocios agropecuarios.



No es exagerado decir que "Leonidas Lara e Hijos" fue pionera de la industria automotriz en Colombia. No sólo representó importantes marcas de vehículos, sino llantas y accesorios, tuvo negocios de transporte, talleres de servicio y estaciones de gasolina. Esa actividad trajo una consecuencia lógica. Incursionar en el negocio de ensamblaje de vehículos, idea que tuvo forma en 1961 cuando los Lara fundaron una planta en sus bodegas de la calle 13 con carrera 32 de Bogotá en la que inicialmente se ensamblaron Jeep Willys y camiones International de 20 toneladas y en una segunda etapa vehículos Peugeot 404.



Más adelante, cuando hubo escasez de divisas, se presentó la oportunidad de ensamblar vehículos procedentes de la cortina de hierro como el Polski Fiat y el Zastava, cuyo CKD llegaba por medio de acuerdos comerciales en los que a cambio de las autopartes se colocaba café. Paralelamente surgió en el país la industria de autopartes producto de la integración de componentes nacionales que demandaban los vehículos. En 1972 entraron como socios a la ensambladora la casa Fiat de Italia y el Instituto de Fomento Industrial, IFI, que junto a "Leonidas Lara e Hijos" conformaron la Compañía Colombiana Automotriz, CCA, último gran negocio de la firma, que pocos años después se retiró.



En 1976, venció el término legal de constitución de "Leonidas Lara e Hijos", tanto los socios sobrevivientes como los demás miembros de la familia decidieron no continuar, con lo cual la firma entró en liquidación. Luis murió el 5 de septiembre de 1979 y Rómulo el 22 de noviembre de 1982.



Además de haber sido pioneros en varios campos de la actividad económica del país, el legado de los Lara fue la demostración de que Colombia es un país de oportunidades si se trabaja en procura de ellas, y que la honestidad es una herramienta para conseguir grandes logros.
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