| 6/1/1995 12:00:00 AM

"Un señor muy respetable"

La novela de Naguib Mahfuz trata el tema del burócrata que escala posiciones con una óptica innovadora: "el estado es un soplo del espíritu de Dios encarnado en la tierra".

Quizá antes de 1988, cuando se le otorga el Premio Nóbel, la figura y la extensa obra de Naguib Mahfuz sólo pertenecían a dominio y al conocimiento de los especialistas.

Pero ese premio tiene la virtud de dar a conocer a los lectores del mundo occidental una obra que es capital para penetrar en los complejos e intensos problemas que caracterizan al mundo árabe contemporáneo y, de manera muy especial, para acceder a los problemas del Egipto de nuestros días.

A Naguib Mahfuz se le reconoce hoy en forma unánime como el verdadero fundador y padre de la prosa árabe contemporánea.

Es autor de más de treinta libros, muchos de una profusa divulgación en el mundo de los árabes. Para nosotros en lengua española, la versión de su obra "El callejón de los milagros" nos puso en contacto con ese desconocido universo que se configura y se esconde en las calles de El Cairo, en la época en que se inicia el

proceso de acelerada occidentalización de ese mundo, que en buena parte sólo existía para nosotros como el empobrecido y ultrajado heredero de un remoto y soberbio esplendor pretérito.

Naguib Mahfuz es por excelencia el cronista y el descifrador de la abigarrada realidad que existe y palpita en ese Cairo donde él nació en el año de 1911. En ese Cairo que, más que una referencia de sucesos o un punto geográfico, es como una pasión visceral que impregna y alimenta su obra, tanto que alguna vez escribió: "He nacido en los viejos barrios de El Cairo y los amo. Pienso que en la base de la escritura hay una especie de amor por un lugar, por una gente, por un ideal. Estos barrios viejos lo son todo para mí, como una esposa única".

Ahora, la editorial Plaza & Janés acaba de publicar en nuestro idioma una nueva, breve y excelente novela de Naguib Mahfuz llamada "Un señor muy respetable". Una novela que personalmente me suscita y me provoca mucha más fascinación literaria que su ya mencionado "Callejón de los milagros". Escrita desde una perspectiva menos ambiciosa que la anterior, sin embargo, tiene el mérito y el deslumbramiento de la exquisitez literaria. Leyéndola, sin duda, uno acaba corroborando que el gran escritor de El Cairo es uno de los más grandes y deparados maestros en el manejo de los instrumentos que posibilitan la creación literaria.

La novela está centrada sobre un relato lineal de estructura muy simple. Levita sobre un eje biográfico-existencial que narra los diversos episodios de un hombre que vive su vida alienado en la conquista de un solo propósito: lograr alcanzar la cúspide dentro de un sucesivo proceso de ascensos en el escalafón burocrático.

Ese tema, tratado infinidad de veces por la vieja y actual novelística occidental, adquiere sin embargo dentro de la prosa y el tratamiento de Mahfuz unas resonancias perfectamente diferenciadas y atípicas a las que estábamos habituados en el tratamiento de la novela occidental, pues Uzmán Bayyumi, el personaje, confunde, enmascara, esconde o disfraza ese proceso de realización y logro burocrático con un propósito religioso.

Su "arribismo" está hecho de sustancias y motivaciones que no son esencialmente afines o comunes a las que alimentan por lo general ese mismo proceso en la novelística europea.

Hay momentos en que uno oscila entre la comprensión y la compasión por ese hombre devorado por silencios y por buenas intenciones, que por tener claro un solo propósito convierte su vida en una perpetua vacilación entre la soledad y la insignificancia.

Hay momentos en los que uno no sabe si lo que lo mueve es una fe, una fe sacralizada, que en algún momento lo hace exclamar: "El funcionario es un ladrillo en el edificio del Estado y el Estado es un soplo del espíritu de Dios encarnado en la tierra". Pero también ese mismo personaje suscribe esta sentencia: "La mejor definición de la vida es la que no es nada". Sin vacilación se puede afirmar que esta breve novela es una preciosa joya, una joya lírica e íntima que no pretende mayores indagaciones sobre los contextos sociales o culturales donde se mueve el personaje, pero que se abre a sugestivas y sugerentes cavilaciones de la conciencia humana, que son las que precisamente le conceden su profundidad, su belleza y su universalidad.
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