| 12/1/1995 12:00:00 AM

Trepando alto

Tablemac lidera un ambicioso proyecto para convertir a Colombia en potencia forestal latinoamericana y nuevo emporio maderero.

En un impactante comercial de televisión la empresa antioqueña Suramericana de Seguros da fe de su compromiso con la naturaleza. La escena muestra a un anciano sentado en la banca de un parque, que mira fijamente a la arboleda de enfrente. Como no es el paisaje natural lo que lo magnetiza -es la imagen de un óleo-, la dura realidad le arranca una solitaria lágrima. "ojalá que en el futuro éstos no sean los últimos bosques que usted pueda ver", dice el narrador, en tono dramático.

En gran parte para evitar este desenlace, Suramericana de Seguros se encuentra comprometida, desde hace varias décadas, en la defensa de los bosques naturales y en el estímulo a la reforestación en gran escala. Para la firma rectora del Sindicato Antioqueño, Colombia es un país de condiciones envidiables para la siembra de bosques protectores y bosques industriales.

Por ejemplo, comparada con Finlandia -donde la explotación maderera representa el 35% del Producto Interno Bruto-, Colombia posee el triple de la capacidad productora de su contraparte europea. Así, si en Finlandia la rata de crecimiento de los árboles ronda los cinco metros cúbicos por hectárea cada año, en Colombia el promedio sube fácilmente a quince.

"Necesitaríamos la tercera parte del área que tiene Finlandia para que el negocio nuestro fuera como el negocio de ellos", dice Luis Guillermo Velásquez Botero, presidente de Tableros y Maderas de Caldas S.A., Tablemac, empresa surgida en Manizales tras la avalancha del Nevado del Ruiz, como resultado de los estímulos tributarios a proyectos establecidos en la zona de influencia del volcán.

Prueba del interés de Suramericana y de otras empresas del Sindicato Antioqueño en los sectores forestal y maderero data de tiempo atrás, a través de sus estrechos vínculos con reforestadoras como El Guásimo, localizada en las ásperas montañas de Yarumal, norte de Antioquia, donde coníferas en retoño y ya maduras ocupan 3500 hectáreas de bosques cultivados. Esta vocación, precisamente, fue la que hizo posible el nacimiento de Tablemac, un proyecto base, de éxito arrollador, que busca insertar a Colombia en el mapa mundial de las maderas industriales. El hecho de que el punto de partida esté ubicado en Caldas no es casualidad: dicho departamento cuenta con afortunadas tierras volcánicas de vocación forestal, y extensas plantaciones de pino en cercanías de la fábrica.

Tras entrar en operación, en junio de 1991, Tablemac I (en Manizales) ha generado ingresos suficientes para avalar el montaje de Tablemac 11 (en Yarumal). La nueva planta, con una inversión de $35.000 millones, está en etapa de culminación, y se prevé que en febrero de 1996 iniciará actividades, y en abril estará rodando a todo vapor.

Con la producción combinada de Manizales y Yarumal, Tablemac llevará al mercado más de 110.000 metros cúbicos de producto aglomerado, o sea, unos 200.000 tableros al año. La elección de Yarumal es significativa por un doble argumento: de una parte, la cercanía al bosque cultivado de El Guásimo y, de otra, la voluntad del Grupo Antioqueño de crear alternativas de desarrollo en una de las comunidades más atrasadas y pobres del departamento. En la misma zona, empresas de la congregación empresarial paisa han impulsado a Setas de Colombia, otro gran proyecto industrial para la producción de champiñones de exportación, en gran escala.

E n cuatro años de labores, Tablemac ha desarrollado líneas afines, que presagian la conformación de un nuevo grupo maderero, tan sólido y fuerte como Pizano S.A., que, por mucho tiempo, reinó sin contrincantes en la producción de maderas compactadas. Aparte de las fábricas de Manizales y Yarumal, Tablemac-empresa en la que participan 3.970 accionistas, encabezados por la Compañía Suramericana de Capitalización, Compañía Nacional de Chocolates, Coltabaco y Cemento Argos- cuenta con plantas de laminación y enchapado, lo mismo que con aserrío, fábrica de puertas y closets (Mademac S.A.) y una división de muebles en gestación. Además, trabaja activamente en la promoción forestal y en programas de reforestación en Caldas y Antioquia. "La idea es tener un negocio completo y vertical", dice Velásquez.

1 consumo de maderas aglomeradas en Colombia, calculado en 4.7 metros cúbicos por cada mil habitantes, es muy bajo en comparación con el de Chile, donde el nivel promedio es de 17 metros cúbicos. Y aun así el mercado chileno está muy lejos del alemán, que asciende a 60 metros cúbicos por cada mil habitantes.

Las causas del bajo consumo en Colombia son muchas. En primer lugar existen razones culturales que no han permitido incrementos sustanciales. Por ejemplo, los usuarios dudan que los tableros aglomerados sean de madera. Otro factor es la relativa disponibilidad de especies nativas sólidas, a precios bajos.

Pero, gradualmente, el panorama ha venido cambiando. Con el aumento de la producción nacional -a través de los ensanches de Tablemac, en Yarumal, y de Pizano en Barranquilla-, el abanico del mercado se ha abierto mucho más. igualmente, la creación del Ministerio del Medio Ambiente ha conducido a la estabilización de las normas y los controles sobre extracción indiscriminada de maderas naturales y maderas sólidas, que está causando deforestación masiva en el territorio colombiano. Según predicciones de Alvaro Uribe Vélez, gobernador de Antioquia, si la tala de bosques avanza al paso actual, para el año 2015 el departamento será un gran desierto. Por tal motivo, los fabricantes de muebles se han volcado hacia los productos aglomerados.

Como tercer punto figura el gran desarrollo experimentado por almacenes de cadena como Superley, Ley, Exito y Home Center, que exhiben cada vez más artículos de tipo "ármelo usted mismo". La gama es amplia: escritorios, muebles para televisores y equipos de sonido, bibliotecas, gabinetes, muebles para baño y cocina.

Anteriormente, los muebles fabricados por Tablemac y Pizano se destinaban, exclusivamente, a constructores, pero ahora ambas firmas trabajan aceleradamente en estrategias originales para el mercado masivo. Tablemac lo hará a través de su recién creada división de muebles. Según Velásquez, las fábricas de Manizales y Yarumal diseñarán los modelos y fomentarán la producción entre artesanos y ebanistas de Antioquia, Caldas, Armenia y Cali, entre otras ciudades. Las tareas de mercadeo también serán asumidas por Tablemac, gracias a los estrechos nexos de la empresa con los almacenes de cadena más importantes del país, es decir, Cadenalco y el Exito. Mademac, la otra empresa filial puesta en marcha en octubre, se encargará de puertas, closets y otros servicios al gremio constructor.

A bastecido el mercado doméstico, Tablemac y Pizano preparan una ofensiva internacional en el Caribe, Centroamérica y el sureste de Estados Unidos. Para la embestida decidieron trabajar hombro a hombro, porque confiesan que "el enemigo está afuera". Hasta ahora, se han fijado la meta de exportar, a partir de 1996, el 30 por ciento de la producción. Lo que parece también un hecho es el ingreso de tableros ecuatorianos, gracias al empuje que vive esta industria en el país vecino.

En cuatro años, cuando el tamaño del mercado local así lo justifique, Tablemac montará una planta para la producción de aglomerados de fibra de madera o MDF (Medium Density Board). El producto, en el que Chile se ha especializado, permite la obtención de tableros con características similares a las maderas sólidas: se puede tornear, ranurar y perforar, sin riesgo de astillamiento. En este caso, la madera se desfibra (como si se tratara de algodón) y luego se compacta, con el único inconveniente de que no muestra vetas.

El MDF, versátil y atractivo como es, también cuesta más. A la fecha, Tablemac es el único comercializador en Colombia, pero Pizano y Endecolsa también proyectan entrar en la comercialización del producto.

Para el año 2000, Tablemac piensa tener en funcionamiento su propia factoría de MDF, pues en mercados cercanos como Venezuela, Centroamérica; el Caribe y el sudeste de Estados Unidos no existen plantas ni proyectos similares. Por invitación de Tablemac, expertos chilenos han visitado el país en los últimos meses y dictado charlas a artesanos, ebanistas y carpinteros sobre las bondades del nuevo tablero. Ensanches y nuevos proyectos no opacan la multitud de dificultades que aún enfrenta el sector. La parte ambiental es tan raquítica, que Tablemac considera, seriamente, la posibilidad de crear, en los próximos meses, el cargo de gerente o director de medio ambiente.

Tres categorías han sido establecidas. La primera involucra a los bosques protectores y/o puntos de nacimiento de las fuentes de agua. Por supuesto, son áreas intocables, pero colonos y campesinos ejercen allí intensas jornadas de tala, con el consecuente impacto para el medio ambiente. Después vienen los bosques protectores-productores, que, a la vez que protegen, deben ser manejados y explotados. Y, finalmente, están los bosques industriales o productores.

La creación de una nueva cultura forestal es labor lenta y compleja, especialmente si el tema del medio ambiente trasciende lo ecológico. Según los funcionarios de Tablemac, las comunidades deben estar involucradas y ser reeducadas en sus relaciones con la autoridad y en su entendimiento de las normas. En muchos lugares, la población ha tenido poca o nula presencia del Estado, y, por lo tanto, no conoce las jerarquías ni las reglamentaciones. "Generalmente, se trata de jornaleros que han vivido apartados en sus parcelas, descalzos, sin mayor contacto con el mundo exterior", dice Velásquez. "Y hay que entrar allí, sin cambiarles la identidad".

Donde más trabajo falta, sin embargo, es en los programas de reforestación. Hay inversionistas y propietarios de tierra que, no obstante ser la actividad a largo plazo (diez, quince, veinte años), se sienten tentados por el negocio. Sin embargo, los alicientes estatales y económicos son escasos. El Certificado de Incentivo Forestal, por ejemplo, contempla subsidios directos de 50% por la inversión inicial y 50% por el mantenimiento del bosque cultivado, durante algunos años.

La opinión es que los alivios se deben reajustar al 90%. "En comparación con los beneficios, el incentivo es poca cosa", dice Velásquez.

En Chile -país que hace 25 años no mostraba indicios de vocación forestal- los subsidios de todo tipo, durante diez años, sumaron US$1S0 millones. Pero solamente en 1994 las exportaciones forestales representaron ingresos por US$1.500 millones. Concluye Velásquez: "Es fácil ver el beneficio social que la reforestación produce".

En el caso del precio por tonelada, la madera cultivada puede venderse, actualmente, a $25.000. Pero la extracción le resta a esa cifra $9.000 y el transporte otros $10.000. O sea que al reforestador, después de 20 años de espera, le quedan apenas $6.000. Obviamente, es una estructura de costos que debe mejorarse.

El sector -industriales y reforestadores- están entregados a la tarea de precipitar cambios en los incentivos forestales, para que incluyan importación de equipo de extracción libre de aranceles. Sólo así podría bajarse el costo de esta parte del proceso a $4.000 por tonelada. Con progresos similares, Colombia subiría su actual nivel de extracción de 15 toneladas por día a unas sesenta.

Aunque los representantes del sector reconocen lo difícil que resulta entusiasmar a las autoridades centrales para que propicien cambios, el gobernador Uribe Vélez ha prometido que, durante su mandato, sembrará 15.000 hectáreas de nuevos bosques. Pero socios similares a nivel nacional no son frecuentes.

"Este es un buen negocio y una excelente alternativa para Colombia", dice Velásquez. "Tenemos las tierras, los climas y las especies". En verdad, se trata de pruebas suficientes para que los bosques naturales e industriales de Colombia abandonen el óleo de las posibilidades y se metan en un real paisaje económico y ambiental para el siglo XXI. ¿O será preciso que broten más lágrimas?
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