| 9/1/1994 12:00:00 AM

Tinto sin fondo

Ya es hora de que el manejo del precio interno del café se desligue de condiciones políticas y de manejo macroeconómico.

Al darle posesión al doctor Samper, el presidente del Congreso afirmó que era necesario que los productores de café fueran los principales beneficiarios de la reciente recuperación del precio internacional, para lo cual solicitó que el precio interno se moviese en función del externo.

El :anterior planteamiento no está del todo alejado de las medidas que acordó el gobierno saliente con los representantes del gremio cafetero. A saber, que a partir de septiembre el precio interno se revisaría cada dos semanas, en función de la' evolución de la cotización internacional La Comisión Mixta para el Estudio del Café también se manifestó en favor de un mercado financiero menos intervenido, en el cual los exportadores privados

tuviesen un papel más activo.

Es de presumir que, implícitamente, lo que se está proponiendo es que los exportadores privados le impriman un mayor dinamismo al precio interno, de manera tal que si el externo sube ellos presionan al alza el interno para hacerse a la materia prima de exportación. Por supuesto, si los privados van a apropiarse del mercado cuando éste va al alza, no puede ser cierto que al Fondo Nacional del Café se le obligue a sostener el precio interno cuando el externo va a la baja. En tal caso, inevitablemente el precio interno también habría de seguir al externo cuando él mismo va a la baja.

Pareciera entonces que hay un amplio consenso en disminuir el papel estabilizador del FNC, acercando más el precio interno a la evolución del externo. Este cambio, que no es menor, se nos antoja muy favorable. El sistema imperante ha sido asimétrico. Parafraseando al nuevo presidente, el precio interno del café generalmente ha subido por el ascensor y bajado por la escalera. Ese lento proceso de baja, que en esencia consiste en que la inflación se encarga de drenar el valor real del precio interno, manda señales erradas a los productores, señales que han determinado que usualmente cuando hay bonanza no tenemos café, y viceversa.

Este círculo vicioso se rompe si se flexibiliza el precio interno. Que sea el productor individual el que determine si a la actual buena coyuntura de precios se debe responder aumentando la producción. En dicha decisión no debería tenerse en consideración, como en el pasado, "la sostenibilidad del precio interno", que es un hecho más político que económico, sino la "sostenibilidad del precio externo", que es, evidentemente, el resultado principalmente de las fuerzas del mercado.

El arreglo institucional resultante pondría al café a tono con la nueva forma de entender el funcionamiento de los procesos económicos. Mientras que se liberó todo -el sector financiero, el mercado laboral, la inversión extranjera, etc.-, el sector más grande de la economía continúa estando bastante intervenido.



La soberana decisión de ahorrar, individual o de manera agremiada, no tiene por qué traducirse en un arreglo institucional como el actual, en el cual el Estado -a través del FNC- es el que ahorra y desahorra a lo largo del ciclo cafetero, haciendo que el café no sólo tenga una gran tutela macroeconómica sino, peor aún, que decisiones importantes en el frente cafetero sean en gran parte producto de acuerdos políticos más que de las realidades del mercado. Hoy existe un entorno financiero muy diferente al que existía en décadas pasadas; hay un sistema financiero desarrollado, encabezado por un Banco Central que ha demostrado que no es difícil Captar el ahorro 'de los agentes excedentarios. Una reducción del supuesto papel estabilizador del FNC no debería entonces repercutir en un serio problema de estabilidad macroeconómica.

En síntesis, bienvenida una mayor vinculación del precio interno al externo, vinculación que, por supuesto, tiene que ser en ambos sentidos.
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