| 5/1/1995 12:00:00 AM

Sin ánimo de lucro

Aunque las cooperativas de ahorro y crédito son mucho más pequeñas que los bancos, tienen muchos más clientes.

Existen entidades financieras que renuncian expresamente a obtener el mayor rendimiento sobre el capital aportado por los accionistas, y destinan sus excedentes a la prestación de servicios a los asociados y a la comunidad en general. En la toma de decisiones estas entidades aplican el criterio de "un asociado, un voto", de tal suerte que todos sus miembros tienen los mismos derechos y obligaciones, independientemente del valor de sus aportes.

Se trata de un conjunto heterogéneo de empresas de carácter cooperativo que participan masivamente en la intermediación financiera. Un primer grupo está conformado por tres bancos (Uconal, Bancoop y Coopdesarrollo), una fiduciaria (Fiducoop), dos aseguradoras (Seguros La Equidad y Aseguradora Solidaria) y un fondo de pensiones y cesantías (Invertir). Pero existe otro grupo aún más numeroso de establecimientos, que en los últimos años han protagonizado lo que podría llamarse una revolución silenciosa en el sector financiero. Se trata de las cooperativas de ahorro y crédito que permanecen bajo la supervisión del Departamento Administrativo Nacional de Cooperativas (Bancoop).

Aunque unas y otras empresas compartan su convicción en los principios del cooperativismo, los dos grupos de entidades encierran profundas diferencias. Al contrario cíe los establecimientos cíe crédito vigilados por la Superintendencia Bancaria, las cooperativas de ahorro y crédito no disponen de un fondo de garantías, ni de mecanismos de liquidez adecuados ni de una supervisión estatal de buena calidad. "La culpa de esta situación no la tienen por supuesto las cooperativas sino el propio Estado, que no ha sido capaz de garantizarles los apoyos adecuados para su funcionamiento", opina José Elías Melo, presidente de la Confederación de Cooperativas. "Lo más sorprendente es que a pesar del débil entorno que las rodea, las cooperativas de ahorro y crédito mantengan su dinamismo", agregó.

En efecto, estas empresas arrojaron resultados muy favorables en 1994. Según una muestra de 30 de las principales cooperativas de ahorro y crédito afiliadas a la Confederación, el activo total de estas entidades ascendió a $987,553 millones, lo que muestra un crecimiento anual de 69%. Si a esta cifra se agrega el incremento del activo de los tres bancos cooperativos, las dos aseguradoras, la sociedad fiduciaria y la administradora del fondo de pensiones y cesantías, se obtiene un incremento de 71%, esto es, casi el doble de lo que crecieron el año pasado los activos de todos los establecimientos de crédito, incluyendo los bancos, corporaciones de ahorro y vivienda, corporaciones financieras y compañías de financiamiento comercial.

Para Jorge Arturo Moreno, presidente de la Caja Popular Cooperativa, el crecimiento de estas entidades es el resultado de un proceso iniciado hace unos seis años. "Estamos cambiando de vestido gracias a la incorporación de tecnología, al desarrollo de nuevos productos y a una estrategia de mejoramiento de nuestra imagen". Para otros, el impulso inicial viene de antes. "Yo diría que fue a partir de la crisis financiera de comienzos de los ochenta", dijo Pedro Antonio Pabón, gerente de Cupocrédito.

Buena parte del éxito es atribuible a la profundización financiera alcanzada en un segmento del mercado que es desatendido por las demás entidades. En efecto el cooperativismo financiero dirige sus baterías a la población de bajos y medianos recursos, que "no son sujetos de crédito atractivos para el resto del sector. Atendemos un mercado que las otras entidades no están interesadas en quitarnos", agregó Moreno. Pero lo más sobresaliente del desempeño de las cooperativas ni siquiera son sus indicadores financieros. Para José Elías Melo, estas entidades contribuyen por su propia naturaleza a la democratización de la propiedad y de los recursos del crédito.

Por ley, las cooperativas de ahorro y crédito son empresas sin ánimo de lucro, en las cuales los trabajadores o usuarios, según el caso, son simultáneamente aportantes y gestores de las mismas. Esto implica varias cosas. De una parte, la irrepartibilidad de las reservas sociales, esto es, estas empresas no pagan dividendos. De otra, deben destinar sus excedentes (utilidades) a la prestación de servicios de carácter social, al crecimiento de sus reservas y fondos y, si fuera posible, a reintegrar a sus asociados una parte de esos excedentes en proporción al uso de los servicios o del trabajo aportado. Además, estos excedentes deben aplicarse en un 20% como mínimo para alimentar una reserva de protección de aportes sociales, otro 20% mínimo para el fondo de educación y mínimo un 10% para un fondo de solidaridad. Como contraprestación, están exentas del impuesto a la renta. "Los programas que desarrollamos con estos recursos tienen un mayor impacto en el nivel de vida de nuestros asociados y de la comunidad en general del que tendría el pago de impuesto de renta", agregó Pedro Antonio Pabón.

El cooperativismo de ahorro y crédito existe en el país desde los años 30, cuando fue promulgado el primer marco legal sobre cooperativas. Las primeras de estas organizaciones surgieron de asociaciones de empleados y su principal objetivo era permitirle a los asociados el acceso al crédito. Pero pasaron los años y las cooperativas de ahorro y crédito se mantuvieron dentro de márgenes bastante estrechos. Sólo a partir de la década del sesenta se registró una transformación de importancia, cuando un grupo de líderes propuso la creación de entidades que propiciaran la integración de las cooperativas de base o de primer grado. En ese entonces, comenzaron a aparecer los primeros organismos cooperativos denominados de segundo grado. Las primeras asociaciones surgieron alrededor de actividades comunes. Es el caso de la Unión Cooperativa Nacional (Uconal), que comenzó a agrupar a las cooperativas de ahorro y crédito. Al poco tiempo fue creada la Central Cooperativa de Crédito y Desarrollo Social (Coopdesarrollo), gracias al impulso de Uconal y la Unión de Trabajadores de Colombia (UTC). "En nuestro caso, tuvimos desde un principio una marcada vocación por la actividad financiera, puesto que el propósito de nuestros fundadores fue entregarle préstamos al sector cooperativo", dice Eduardo Yunda, gerente de Coopdesarrollo, la última entidad que se convirtió en banco.

A fines de los años sesenta el gobierno nacional creó lo que hoy es el Bancoop. Se llamaba el Instituto Nacional de Desarrollo y Financiamiento Cooperativo (Financiacoop) y sirvió como intermediario del cupo de redescuento otorgado al sector cooperativo.

El gran salto en su evolución lo dieron las cooperativas de ahorro y crédito durante los años ochenta. Fue entonces cuando estas empresas decidieron hacer uso intensivo de la facultad de recibir depósitos no sólo de sus asociados, sino también dé terceros. Hasta entonces, se había impuesto la idea de por no tener ánimo de lucro, estas entidades no debían involucrarse en prácticas puramente comerciales como la de ofrecer rendimientos atractivos sobre los depósitos. Sin embargo, se hizo evidente que era cada vez más difícil crecer sobre la base de los recursos que los asociados depositaban únicamente con el fin de obtener préstamos. Esto no significó un cambio en las fuentes de recursos de estas entidades, puesto que el primer lugar se mantuvo reservado para los ahorros, pero sí amplió de manera importante la base de captaciones.

La Ley 79 de 1988 es el marco legal que reglamenta en la actualidad la actividad cooperativa en el país. En cuanto a la intermediación financiera, "la ley dispuso que los organismos cooperativos de segundo grado de carácter financiero podrían convertirse en bancos, previo consentimiento de la Superbancaria", explicó Ismael Cabrera, presidente del Bancoop. La norma también estableció que la actividad financiera del cooperativismo sólo podrían ejercerla entidades especializadas, pero dejó abierta la posibilidad de que las cooperativas multiactivas e integrales, con una sección especializada en ahorro y crédito, recibieran una autorización del gobierno nacional para ejercer la actividad financiera. Por último, dispuso que las entidades financieras cooperativas, llámense bancos, aseguradoras u organismos de segundo grado, quedaban bajo la supervisión de la Superbancaria, mientras las demás organizaciones, incluidas las cooperativas de ahorro y crédito, permanecían bajo la inspección y vigilancia del Bancoop.

Sin embargo, fue sólo a partir de la última reforma financiera Ley 45 de 1990 que fueron creados los bancos cooperativos. Uconal y Bancoop se disputan el privilegio de haber sido la primera entidad que hizo uso de esta facultad. El surgimiento de estos establecimientos de crédito marcó una ruptura con el bajo perfil que mantuvo el cooperativismo financiero en el pasado. En cierta forma, fue su presentación en sociedad. Por la destinación que le dan a sus excedentes, el patrimonio de estos bancos puede aumentar sostenidamente sin acudir a mayores aportes, con lo cual estas entidades quedan en posición de dar fácil cumplimiento a las disposiciones vigentes en materia de adecuación patrimonial. Pero los aportes sí suben como resultado de la decisión de los ahorradores de convertirse en propietarios de cada entidad, con idénticos voz y voto que cualquier otro aportante. Estas particularidades de los bancos cooperativos hacen que les resulte muy costosa la aplicación de los ajustes integrales por inflación, cuya reglamentación establece que la cuenta de revalorización patrimonial debe trasladarse íntegramente al estado de resultados como un gasto. "De no ser por este manejo contable, nuestros excedentes serían muy superiores. Pero aun así nos ha ido bien", agrega Eduardo Yunda.

De otro lado, el panorama de las cooperativas de ahorro y crédito es bueno, pero podría ser mucho mejor. El hecho de ser la excepción a la norma en el sector financiero en materia de vigilancia, les ha dado algunas ventajas. A menudo cuando se establecen mayores` encajes o límites al crecimiento de la cartera, estas entidades pueden seguir operando con toda tranquilidad. Sin embargo, la debilidad del Bancoop, antes que una bondad es una piedra en el zapato. Por ahora, el Banco de la República no las considera sujetos del crédito redescontable y es poco probable que la situación cambie, mientras estas entidades no estén bajo la supervisión de un organismo

técnico, altamente confiable. "De lo que se trata no es de suplantar al Bancoop, sino de formular recomendaciones que doten al sector de un entorno mucho más propicio para su desarrollo", agrega José Elías Melo.

or su parte, el Bancoop está trabajando en cuatro frentes, bajo la dirección de Esperanza Anzola. El primero se relaciona con las normas legales. Es deseable, por ejemplo, establecer capitales mínimos y precisar el tratamiento que debe dárseles a los excedentes que se obtengan de la prestación de servicios a terceros, no afiliados. Pero tal vez el aspecto más importante de la revisión a fondo del marco legal en que operan las cooperativas es la creación de un fondo de garantías del sector solidario. Dado que las cooperativas de ahorro y crédito no han sido incorporadas dentro de los establecimientos de crédito, "se hace necesario buscar la promulgación de un estatuto financiero que cobije el cooperativismo de primer grado y facilite, además, el acceso del sector financiero cooperativo a un sistema de garantías como Fogafin", dice Anzola.

El segundo campo de acción se refiere a la reestructuración operativa y administrativa del organismo oficial. La idea es separar los actos de registro de las operaciones de control, inspección y vigilancia. "Otro cambio al que aspiramos tiene que ver con la profesionalización del recurso humano con el que contamos", dijo Soraya Vargas, secretaria general de la entidad. Aproximadamente el 80% de los cargos existentes no son de nivel profesional. Un aspecto crítico de la labor del Bancoop es la virtual inoperancia de los procesos de recopilación de la información del sector. Al momento de escribir este artículo, la entidad escasamente dispone de información preliminar para 1992.

En cuanto al fomento, que es la tercera área de interés del Bancoop en la actualidad, no sólo se busca crear cooperativas sino desarrollar una estrategia integral que vincule las distintas etapas de la actividad económica. Para José Elías Melo, lo ideal es que la entidad se concentrara en las actividades de inspección y vigilancia. "Mientras el Bancoop conserve sus atribuciones de fomento, va a ser muy difícil que funcione como un organismo técnico y de control".

El cuarto campo apunta al intercambio internacional de experiencias y a la asistencia técnica cooperativa. Sin embargo, antes de pensar en todas estas cosas, lo primero que tiene que hacer la actual administración del Bancoop es poner la casa en orden. Son muchas las necesidades y ya pasó la hora de pronunciar discursos. Es tiempo de empezar a trabajar.
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