| 6/1/1993 12:00:00 AM

SIDA: UNA EPIDEMIA

La epidemia se desarrolló rápidamente a comienzo de la década de los ochenta entre usuarios de drogas intravenosas y homosexuales en Estados Unidos y Europa Occidental. El rápido avance se debió sin duda a la introducción del virus en comunidades que tenían patrones de comportamiento para la propagación viral: inyecciones de drogas y frecuentes relaciones sexuales con diferentes parejas.

El caso africano es más difícil de interpretar, pero el reciente incremento en el crecimiento de la enfermedad probablemente representa el desarrollo normal de una epidemia. Asumiendo un crecimiento exponencial, con un tiempo de doblado de tres años, tomaría treinta años pasar de un milésimo de 1% de una población a un nivel detectable del 1%, pero sólo tres años para cambiar del 10 al 20%. El tiempo de doblado pudo bien haber sido menor en los primeros años. Varios factores económicos y sociales pudieron haber contribuido a acelerar su avance (y a acortar su tiempo de doblado): movimientos de población causados por conflictos, por ejemplo, y la reubicación de hombres en trabajos lejos de sus comunidades, lo cual contribuye al frecuente contacto con prostitutas.

Dos nuevos descubrimientos

han venido a acentuar recientemente el pesimismo que se vive en la comunidad científica. El AZT o Zidovudine, como lo bautizó el laboratorio que lo mercadea, ha sido durante los últimos años el único tratamiento disponible para los pacientes afectados de SIDA. Un estudio reciente demostró que esta droga no retarda la aparición de la enfermedad entre las personas infectadas con el HVI. Drogas como el AZT o el DDL trabajan inhibiendo la enzima viral y por lo tanto la capacidad de reproducirse del virus. Sin embargo, el virus no es completamente suprimido y al disminuir su número surgen mutantes resistentes a la droga en cuestión, que toman rápidamente el lugar del virus afectado y al parecer lo hacen, recuperando el tiempo perdido debido al ataque inicial de la droga.

La otra noticia desalentadora es que en realidad no existe un período de latencia entre la infección y la enfermedad declarada. El virus, desde el mismo momento en que infecta un organismo, empieza a actuar aunque en el período de la denominada `latencia no pueda ser fácilmente detectado en la sangre; gin embargo está vivito y coleando en los ganglios linfáticos yen otros órganos donde se encuentran los linfocitos en grandes cantidades. Allí se dedica a destruir a los llamados glóbulos blancos, encargados de la defensa del organismo.

El mayor problema para encontrar una droga eficaz contra el SIDA la presenta la extraordinaria capacidad que tiene el HIV para mutar y consecuentemente desarrollar resistencia. Esto lo logra mediante un mecanismo evolutivo. Debido a que el método de reproducción del HIV es tan susceptible al error (sus genes mutan un millón de veces más rápido que los nuestros), produce descendientes extremadamente variados. Cuando una droga o una respuesta inmunológica ataca con éxito a una variante, otra florece en su lugar. De hecho una teoría afirma que el sistema inmunológico humano colapsa debido a que no es capaz de hacer frente a la diversidad de ataques que le presenta el HIV.

Paradójicamente esta alarmante mutabilidad que exhibe el HIV puede convertirse en la única arma a la vista para luchar contra el SIDA. Se piensa que la combinación de tres drogas, el AZT, el DDL y la piridinona pueden hacer mutar tanto al virus que lo conviertan en no viable, es decir, que no se pueda reproducir. Sin embargo el virus puede evitar seguramente este jaque mate con un largo conjunto de movimientos alternativos (mutaciones). Ya hay datos `invitro y clínicos (observaciones no publicadas) que sugieren que este puede ser el caso.

A todas estas el ejército de los Estados Unidos, en lo que parece un triunfo de la voluntad militar sobre el sentido común, decidió seguir adelante con un ensayo de US$ 20 millones para probar una vacuna `terapéutica contra el SIDA. La vacuna, que está basada en una subunidad del virus de inmunodeficiencia humana, es promovida por una pequeña compañía llamada MicroGeneSys y recibe el nombre de VaxSyn. Sin embargo ha surgido una ola de protestas encabezadas por activistas del sida y el NIH (Instituto Nacional de Salud) debido a que existen otras candidatas a vacuna que tienen las mismas posibilidades de servir (o no servir) en el tratamiento del sida que la mencionada VaxSyn, y que se quedarían sin ensayar por falta de presupuesto. La presión ha sido tal, que es probable que el departamento de defensa ceda y decida hacer un ensayo con tres vacunas diferentes.

Ante la ausencia de drogas efectivas y vacunas, la única estrategia para combatir el SIDA es un cambio en la conducta. El uso del condón y de agujas hipodérmicas limpias, más que una profilaxis es una verdadera terapia, puesto que usados ampliamente pueden empujar el virus hacia formas menos virulentas. A partir de 1988 se empezó a observar un retraso en el tiempo entre la infección y la enfermedad declarada entre los homosexuales norteamericanos, que a partir de 1984 habían empezado a utilizar el condón en forma extensiva. Estos pueden ser los primeros signos de una disminución en la virulencia del HIV, debido al uso del condón.
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