| 4/1/1994 12:00:00 AM

¿Necesitamos un Mockus?

La solución para los problemas de Bogotá es elegir un Antanas Mockus, que nos mostró el Mockus, o un Antonio Galán, que salió en hombros del sindicato de la ETB.

El desarrollo de Bogotá ha sido caótico, en parte porque la oficina de Planeación, que en tiempos remotos estableció pautas sensatas para el crecimiento y propició el desarrollo armonioso de algunos barrios, se dedicó a controlar bobadas, a negociar con licencias y a mantener una burocracia inoperante y obstructiva, y se olvidó de que su misión es planear el futuro de la ciudad.

Pero no sólo eso. Hace ya más de 20 años se adoptó un plan vial más o menos sensato, donde se reservaron amplias franjas de la futura ciudad para avenidas que nunca se construyeron, y el Estado, con indolencia culposa, permitió que fueran invadidas y urbanizadas, a veces con la aquiescencia de las autoridades. No solamente es su responsabilidad planear nuevas vías, sino proteger las franjas de reserva. Yo creo que se debe responsabilizar penalmente a los funcionarios de las últimas administraciones por haber cerrado los ojos ante semejante calamidad, que nos impide construir hoy las vías que se requieren. Y a veces la indolencia raya en la imbecilidad:

hoy mismo, sobre la franja reservada para la futura avenida El Tintal, abajo de Corabastos, la Secretaría de Educación está construyendo la escuela distrital Rodrigo de Triana. Es como para Ripley.

Y hablando de El Tintal, se lee en la prensa que el honorable concejal Mariano Porras anuncia sus viviendas con permisos al día, en una zona que, hasta donde sabemos, está por fuera del perímetro de servicios. ¿Quién le dio los permisos y cómo? Y es que aquí se repite lo, que ha originado todos los barrios irregulares: que el Distrito no adecua tierras para vivienda de pobres y tolera (¿patrocina?) que los piratas lo hagan, con las funestas consecuencias que todos conocemos.

La situación de Ciudad Bolívar no puede ser peor. Empezó mal, porque el alcalde de turno escogió, con la ayuda del BID y otros "expertos", el sitio menos adecuado para localizar vivienda y de ahí en adelante se han invertido ingentes recursos con un resultado vergonzoso. Contemos algunos casos:

Como no hay pavimento ni alcantarillado de aguas lluvias, las calles son ríos de barro. Una señora,

con gran sentido empresarial, decidió establecer en su casa, que queda a la vera de la ruta de buses, un parqueadero de zapatos. Ofrece un servicio indispensable para los que viven cerro arriba, pues los clientes, al bajar de sus casas para coger el bus, se quitan las botas de caucho - cuando no vienen descalzos- y se ponen sus zapatos; al regreso se cambian otra vez y nuestra empresaria de marras les guarda su calzado por una pequeña suma. En los corredores de su casa se ven filas de alpargatas, zapatos, botas y tenis, como en cualquier casa japonesa o en cualquier mezquita de Estambul.

En los barrios altos de Ciudad Bolívar no hay acueducto y el abastecimiento de agua potable es por cuenta de empresarios privados, que en jeep con canecas suben a esos riscos y venden agua a los pobres habitantes al módico precio de $20 por galón. Más de 15 veces la tarifa de acueducto para los ricos del estrato 6. Y la empresa de acueducto no acepta soluciones sencillas propuestas por las comunidades, diciendo que así se sentaría un mal precedente.

Hablemos de transporte: Sería risible mencionar rutas de buses, pues por calles sin pavimentar con pendientes de cerca del 40%, no sube bus alguno. La mayoría de la ' gente sube y baja a pie, otros agarrado como racimos a un jeep, a razón de $300 el viaje, y todos gastan entre 2 y 3 horas para llegar a su trabajo, pues luego tienen que tomar otro bus, por lo general una chiva destartalada del "Expreso Imperial", que les cobra otros $250.

Y así podemos seguir con todos los temas: ¿Escuelas?: Sí, pero sin maestros. ¿Atención médica?: La que ofrecen brujos y curanderos. ¿Seguridad?: Solamente para los miembros de una pandilla o de una célula del ELN. ¿Recreación?: ¡Bazuco, maestro!. ¿Y vivienda digna, pues dizque para eso se creó Ciudad Bolívar?: Tugurios de cartón y lata en terrenos inestables que se pueden venir abajo en cualquier invierno. Me pregunto cuántas veces ha salido a mirar eso el alcalde.

Algunos plantean la paradoja de que, como los problemas de la ciudad se deben en parte a su desmedido crecimiento por la inmigración de otras partes del país en busca de mejores condiciones de vida, si no cambiamos las administraciones incompetentes y sigue avanzando el deterioro, final. ', mente Bogotá o terminará por volverse tan invivible que nadie querrá venirse, lo que sería el principio de la solución de sus problemas.

Pero el alcalde que quiera resolverlos necesita decisión, independencia política, imaginación y, sobre todo, haber estudiado una ciudad que será cada día más grande. El actual carece de todo esto y por eso Bogotá está cada vez peor. Y aquí surge la inefable imbecilidad de los bogotanos, pues para reemplazar al doctor Castro, académico y constitucionalista, cuya contribución anterior a nuestra capital fue cambiarle el nombre, proponemos de candidato a otro académico, filósofo y matemático en vez de abogado, a quien postulamos por haberse quitado los calzones, cuando lo que necesitamos es un alcalde que los tenga bien amarrados. Y no es que tenga nada contra don Antanas, pero tampoco se me ocurriría sugerir para alcalde a Patarroyo o a Gabo.

No hay esperanza de tener una ciudad sensata y vivible mientras los electores sigamos seleccionando nuestros alcaldes de manera tan torpe, no por su conocimiento de la ciudad y capacidad administrativa, sino por su experiencia como juristas, diplomáticos, políticos clientelistas y ahora, rectores. Y tal vez la causa de nuestra triste historia de malos alcaldes, es que, al fin de cuentas, a la mayoría de los bogotanos la ciudad nos importa un... Mockus.
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