| 12/1/1995 12:00:00 AM

NAPOLEÓN DEOTRAPARTE

¿CLASE DIRIGENTE? EL PAIS NECESITA UN HIJO DE INMIGRANTES CON LOS PANTALONES BIEN AMARRADOS COMO RUDI HOMMES.

Cada cierto tiempo ocurren en las naciones crisis estructurales que desquician el orden establecido y las precipitan por caminos desconocidos, casi siempre violentos. Unas veces la sociedad logra capitalizar ese desorden para emerger revitalizada y purificada y otras permanece por décadas en un caos profundo. Parecía que Colombia había logrado ir manejando sus problemas y al final del último gobierno teníamos la ilusión de que algún día nos convertiríamos en un país "de verdad". Pero la procesión iba por dentro y con un par de calamidades se reveló un panorama desolador.

La guerrilla superará en 1996 los 20.000 hombres armados y hoy, para todos los efectos prácticos, tiene el control de una tercera parte del territorio nacional. Por municipios relativamente grandes y no tan aislados, se pasean armados y con uniforme, como Pedro por su casa, actuando como la autoridad del lugar. Las Fuerzas Armadas, con más hombres pero diluidos por todo el país, no pueden controlarla. No se ve ninguna luz, pues las conversaciones de paz son una entelequia, el Ejército tiene mil trabas que le sirven de disculpa para no actuar y al gobierno le falta decisión.

La seguridad de los ciudadanos es inexistente, a cada uno de nosotros nos protege el azar, porque las autoridades son incapaces.

No importa si uno es Álvaro Gómez o un campesino cualquiera, lo pueden matar sin consecuencia alguna. El narcotráfico, salvo el encarcelamiento de unos pocos jefes notorios, sigue más próspero que nunca. Se dice que hay cerca de doscientos capos, cada uno con US$100 millones de capital y aunque algo se ha ido a Venezuela y a México, Colombia sigue siendo el centro del negocio, con sus secuelas de violencia y descomposición de la sociedad.

Nuestras relaciones exteriores andan muy mal. Con los Estados Unidos podemos acercamos a un bloqueo comercial, como el de Cuba, porque el proceso 8.000 y las declaraciones torpes del gobierno, mezclados con el año electoral de los gringos, los están llevando a convertirnos en el nuevo Sadam Hussein. Con Venezuela también, porque una de nuestras pocas defensas contra su expansionismo es el tatequieto de los Estados Unidos, que hoy no existe. Lo de los No Alineados fue una farsa tropical que no tiene ninguna consecuencia real en nuestra crítica situación. Una buena parte de la clase política es corrupta y ha creado una burocracia inútil y voraz que hace que los cuantiosos recursos de impuestos se despilfarren. La economía, que hace unos pocos meses se veía próspera, se ha empezado a estancar y los problemas estructurales de pobreza, educación, salud y, en general, de calidad de vida, continúan muy por debajo de lo tolerable.

Y, como si fuera poco, nos enfrentamos a este negro panorama con un gobierno débil, cuestionado moralmente, sin capacidad de maniobra y, sobre todo, sin haber dado muestras de tener un líder a la cabeza. No se ve por ningún lado la claridad de propósito y la decisión de acción que salva a los países en situaciones similares.

Todos contemplamos impávidos la crisis actual, que atribuimos a la corrupción, al narcotráfico, a la narcoguerrilla y a la ineptitud de los gobernantes, pero que tiene unas raíces más profundas y es verdaderamente una crisis de la clase dirigente que dejó de serlo. Porque si no es así, ¿cómo explicar que los buenos ciudadanos dizque miembros de esa clase dirigente, profesionales, académicos, empresarios, se limiten a llorar en los cócteles, a criticar todo y no hacer nada, y los menos honestos a sacar tajada a su favor, ofreciendo respaldo al gobierno a cambio de prebendas como créditos, aranceles, precios, nichos monopólicos y demás manipulaciones de la libre competencia?

Es difícil imaginarse un panorama más desolador. Pero si otros han podido salir de situaciones peores, ¿por qué no podemos nosotros? En Perú, después de décadas de gobiernos populistas e ineptos, desde los militares de Velasco Alvarado hasta Alan García, que casi acaban

con ese país dejándolo en una pobreza terrible, con inflaciones enormes, ciudades en deterioro, narcotráfico creciente y un Sendero Luminoso peor que nuestras guerrillas, encontraron un ingeniero, hijo de inmigrantes japoneses, sin muchos visos de estadista brillante, pero sin compromisos con nadie que sacó al país del "hueco negro" en muy poco tiempo. ¿Cómo? por el único medio posible que es el liderazgo real: fijó metas claras y alcanzables en poco tiempo y, contra viento y marea, contra políticos y cortes, contra congresistas ineptos, contra fariseos que defendían unas instituciones obsoletas y corruptas y contra un concierto de voces internacionales que se rasgaban las vestiduras porque el "chinito" no acataba las reglas que le querían imponer los demócratas de escritorio, acabó con la guerrilla, con la inflación, con la desesperanza y puso al Perú en el camino del progreso. Hoy los peruanos nos dan "sopa y seco" en los ámbitos internacionales y seguramente estarán en Nafta o en MERCOSUR mucho antes, que nosotros.

Aquí necesitamos un líder de verdad. Pero, como los peruanos, no lo vamos a encontrar entre los políticos, entre los empresarios que se retratan en las revistas ni entre los recomendados por el club de ex presidentes. Seguramente hay muchos colombianos capaces de ponerse al frente de un movimiento de renovación, con el apoyo de los ciudadanos honrados y exasperados con lo que tenemos ahora. Hay alguien que cumple parte de la receta. Como Fujimori, hijo de inmigrante, ingeniero-economista, con credenciales académicas, y que ha demostrado tener los pantalones bien amarrados. Es capaz de ponerse metas concretas y alcanzarlas contra viento y marea y, según vimos en el reciente foro de DINERO, tiene bastante claridad sobre lo que necesita este país: Rudolf Holmmes. A diferencia de Fujimori, es bonachón, gordito, tiene sentido del humor, un cerebro privilegiado y no es proclive a usar medidas arbitrarias. Tiene la ventaja de que Serpa cree que está en contra de los pobres, lo que es garantía de que se ocupará de ellos, la desventaja -relativa- de que lo asocian con Gaviria, y tiene columna en El Tiempo, lo que, aunque esté tambaleando el "establishment", sigue siendo una gran ventaja. Pero ojalá no le dé por aliarse con Mockus pues Antanas resultó, como dicen ahora, mucho tilín-tilín y pocas paletas, y no quisiera imaginarme a Holmmes bajándose los calzones.

¿Por qué no actuar como si todavía fuéramos clase dirigente y lo proponemos seriamente? Rudi es un peso pesado frente a Noemí -por eso ella le gana sólo en "look"-, a Andrés se le pasó su cuarto de hora, Juan Manuel puede esperar otro rato y el cura Hoyos, ni hablar. Yo supongo que la Universidad de los Andes nos lo prestaría por unos añicos mientras arregla este caos, porque, al fin y al cabo, si se acaba de desbaratar el país, poco oficio le quedará a la universidad.
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