| 7/1/1995 12:00:00 AM

La hora del tee

En Colombia hay una gran fiebre por el golf. Hay más de treinta campos, algunos incluidos en el torneo suramericano.

Con gesto decidido, los ojos están fijos en la pelota colocada a sus pies. Sus zapatos, con refuerzos metálicos, están firmemente agarrado del pasto. Sus caderas se menean como las de una bailarina de cabaret, a medida que agarra su palo 3, agitándolo cerca a la bola como si estuviera amenazándola. Con la cabeza hacia abajo, mueve el palo en lo que él probablemente considera la posición perfecta. Mire la pelota. Sea la pelota. El palo atraviesa el aire y da un golpe fuerte... ha desviado la pelota bastante y cuando ésta se da contra uno de los muchos árboles que cubren el lado derecho en la distancia, deja salir varios comentarios airados. Esta podría ser una escena en cualquier hoyo, en cualquier campo de golf en el mundo, pero no lo es; es en Bogotá, y los lujuriosos comentarios que se escapan de sus dientes apretados son en español y se refieren a hijos de rameras y caninos.

Cuando se trata de fanatismo y popularidad del golf como deporte recreativo, Colombia es un contendor internacional. La Federación Colombiana de Golf situada en Bogotá reúne a 38 clubes de golf y está encargada de organizar torneos (cerca de 60 en 1995), realizados no sólo en Bogotá sino también en Cúcuta, Medellín, Cali y Girardot, para sólo nombrar algunos. Según el director de la Federación, Jorge Cabrera, el boom del golf se inició a finales de los años 80, lo que puede apreciarse en el aumento de los miembros afiliados a la Federación, que pasó de 8.000 a 13.000 en los últimos cinco años (la mayoría en Bogotá).

En 1994 cuatro nuevos clubes en la capital del país fueron aceptados por la Federación: Hato Grande, Los Búhos, La Cima y Serrezuela. Hace treinta años existían sólo tres campos de golf en Bogotá: en 1994 había catorce (y varios más en construcción). En los próximos tres años Cabrera espera ver en operación doce clubes más a nivel nacional, y un arquitecto de campos de golf dice que en el país actualmente hay treinta campos, bien en la etapa de planificación o ya en construcción (la mayoría en la Costa Pacífica). En este país en desarrollo parece que el auge del golf ha sido tan rápido como para dejar atrás otros aspectos del progreso del país.

Suiza la persona a quien Q más se deba este crecimiento es Fernando Gamboa, un ingeniero civil que empezó a diseñar campos de golf hace 35 años y ha construido y remodelado más de treinta en Colombia y Ecuador. De joven, Fernando era socio del Country Club cuando todavía quedaba en la calle 85 con la carrera 15, donde ahora está la Clínica del Country. En ese entonces él jugaba siete días a la semana, dos veces al día, y fue campeón nacional de Colombia dos veces antes de cumplir los 18 años (su hermano Alberto ha sido campeón nacional ocho veces). Fernando ha competido en casi toda Surámerica y en sitios de los Estados Unidos y tiene una pared del estudio de su casa dedicada a centenares de trofeos, los que ha coleccionado a través de los años.

Su carrera en diseño de campos de golf empezó cuando era socio del Club de Golf de Los Lagartos a finales del año 50. Debido a su excelencia en este deporte fue exonerado de pagar las cuotas. "Le dije al presidente del club que me sentía mal al no pagar las cuotas como todo el mundo. El presidente me respondió: `Usted pagará, pero no con dinero... con trabajo"'. El trabajo era ampliar el campo de golf de nueve a dieciocho hoyos. En ese tiempo, el campo de golf estaba tan extendido que al terminar algunos hoyos los jugadores tenían que subirse a un carro e ir hasta el próximo. Pero como si la distribución inicial del campo no tuviera suficientes problemas, había otro aún mayor: Fernando nunca había diseñado un campo de golf. "Le dije al presidente que me encantaba el golf, pero que eso no quería decir que yo sabía cómo diseñar un campo de golf. `Ese es su problema', contestó".

Para hacer bien el trabajo, Fernando viajó a los Estados Unidos para ver cómo los norteamericanos diseñaban sus campos. Compró libros y tomó varias clases y luego regresó a Colombia a diseñar los nuevos nueve hoyos de Los Lagartos. Y ha estado trabajando en eso desde entonces. Aunque recibe su ingreso principal como empleado de Distral, su hija Cristina dice que con el auge de la construcción en los últimos cinco años, Fernando (quien ahora trabaja con su hijo, Juan Fernando) podría fácilmente ganarse la vida diseñando campos de golf.

Fernando está contento con el boom del golf en Colombia, entre otros motivos por la desaparición de la actitud elitista asociada a este deporte. En los años 70 viajó a los Estados Unidos a mirar los campos de golf públicos allí. Cuando regresó, construyó El Parque de la Florida. Florida, el primero y único campo de golf público en Colombia, atrae un promedio de 70 jugadores al día, según Fernando. Están ampliando el campo de 9 a 18 hoyos este año. Además, clubes como el Bogotá Golf tienen socios de todos los niveles económicos. El Club ha tenido un crecimiento permanente durante la última década, de 60 a 220 socios. Hace poco duplicó su campo de nueve hoyos.

Jorge Cabrera está de acuerdo con que la eliminación del estigma elitista ha ayudado al deporte, pero agrega la televisión a la lista de catalizadores. ««Con el TV cable la gente mira más golf en la casa sábados y domingos, y eso crea mucho interés". Aunque el boom ha coincidido bastante con la apertura, no ve relación alguna entre el crecimiento económico y el desarrollo del golf. "Quizás, si acaso, un aumento en el turismo le ha ayudado al deporte". Y los extranjeros que juegan en Colombia quedan muy bien impresionados con los campos de golf. "No solamente son estos hermosos", anota Jorge, sino que también "el clima de Bogotá nos permite mantener los campos en las mejores condiciones y jugar durante todo el año a una temperatura siempre agradable".

CÓMO CALIFICAR UN CAMPO DE GOLF

El clima de Bogotá es ideal pero no es la única zona atractiva de Colombia para jugar (aunque para climas similares, el único campo con condiciones semejantes a las de Bogotá es Rionegro, al oriente de Medellín, con el Club La Macarena). Aunque el gusto individual juega un gran papel en la calificación de los campos, existen varias reglas fundamentales que hay que tener en cuenta cuando se prueba un césped.

Dificultad del juego. Obstáculos de arena, riesgos de agua, dificultad de los caminos, factor viento, ancho de la pista. El tiempo también es importante, Los climas calientes usan un pasto esponjoso para el césped, el cual cambia la manera de rodar y saltar la pelota. La altitud es otro factor importante. En Bogotá, por ejemplo, una pelota avanza cerca de un diez por ciento más que esa misma pelota a nivel del mar. Un campo demasiado difícil para su nivel de juego sólo lo desanimará, aun si su caddy tiene buenos ojos para recuperar las pelotas perdidas.

Estética. ¿Qué tan buen mantenimiento tiene el campo de golf? ¿Son los céspedes que rodean el hoyo realmente verdes? ¿Son reemplazados los pedazos de tierra cortada? ¿Se limpian con rastrillo los obstáculos de arena? El costo promedio mensual de mantenimiento en Colombia está entre US$200.000 y US$300.000 y los campos se consideran bien tenidos, pero todavía les falta el cuidado de un campo de golf de nivel internacional.

Fácil recuperación. El campo debe estar diseñado en forma tal que si un jugador se aparta de su pista, tenga la posibilidad de recuperación sin salirse de la competencia con los otros jugadores. Esto depende del ancho de las pistas, las condiciones de los obstáculos, la distancia de los árboles a la pista, el ángulo de cada hoyo.

Estrategias del campo. Usted debe poder jugar cada hoyo en varias maneras diferentes. En otras palabras, en el mismo hoyo, un jugador experimentado debe ser capaz de superar un obstáculo de agua y dar en el hoyo en cuatro jugadas. Y un jugador con handicap 12 debe poder jugar el hoyo en otra dirección con un impulso más suave sin el temor de caer al agua y dar en el hoyo en cinco. La primera alternativa ofrece mayor riesgo y mayor recompensa, la segunda, más seguridad para el golfista menos experimentado.

Obstáculos visibles. Cuando un arquitecto diseña un campo, no está tratando de sumir al golfista en obstáculos ocultos de arena y de agua. En un campo bien diseñado, siempre usted estará al tanto de los peligros que le esperan. Sólo un mal balance, no mala suerte, lo colocará en el obstáculo de arena.

Alcance de las jugadas. Un buen campo le dará una variedad de posibilidades de lanzamiento. Algunos hoyos pueden exigir un golpe inicial largo con un palo uno o tres, otros requieren un hierro siete con un buen arco o un hierro tres para un sólido golpe inicial de alcance mediano.
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