| 7/1/1993 12:00:00 AM

Infidelidad Un mal negocio

Es una afición peligrosa. Los hombres son mas dados a practicarla que las mujeres, pero estas tienden a enamorarse, lo cual es más peligroso todavía.

La mayoría de especies animales en las que el macho sirve para algo más que donar esperma, son naturalmente monógamas. Los humanos, como otras especies que construyen nidos, son monógamos, pero en forma imperfecta. Si muere el compañero, la especie humana tiene la capacidad de buscar otro. Pero si la búsqueda de otra pareja para aparearse tiene lugar en vida del primer compañero.

Lo más probable es que el vínculo inicial se destruya y se origine una gran confusión a nivel de los instintos. Esta es la tragedia de la infidelidad.

Hay varias clases de infidelidad. La primera de ellas es la accidental. Esta es la que "simplemente sucedió" cuando se presentó la oportunidad. Usted tornó más de la cuenta y se le presentó la oportunidad. Fue un accidente. Obviamente hay gente mis propensa a los accidentes que otra. Un hombre viaja con su jefe, quien se "levanta" a dos mujeres y espera que usted sea la pareja de la segunda. Por no quedar mal con su jefe. cae en la trampa; no se da cuenta de que no quedó mal con el jefe pero sí con su mujer.

Hombres y mujeres pueden caer en este tipo de infidelidad, aunque los más propensos son los que viajan, los que beben, a los que no se les pregunta mucho. los que no se sienten casados del todo, aquéllos cuyos amigos son infieles y aquéllos que tensen evitar un desafío. La mayoría son hombres.

La segunda clase de infidelidad es la romántica. Es la más destructiva e irracional. La locura temporal de "enamorarse". Esto pasa, no cuando usted encuentra a alguien maravilloso, pues la gente maravillosa no anda enredándose con casados (as), sino cuando usted está atravesando por una crisis, -la muerte de un padre, de un hijo, cuando los hijos se van, cuando hay un cambio en su trabajo, cuando debe enfrentar 1 la realidad que lo obliga a madurar, cuando no puede continuar viviendo como lo ha hecho hasta ahora, pero todavía no está listo para el suicidio.

Una aventura con alguien totalmente inapropiado -alguien mucho mayor o menor, de otra clase social, alguien dependiente o dominante, alguien con problemas aún mayores que los suyos- es tan estimulante como una droga que puede sacarle de la depresión. Por supuesto, entre los momentos de éxtasis usted se deprime más todavía, y más se aferra a la aventura. Los compañeros ideales de un romance son personas sin vida propia ni organizada, pero con incontables problemas, gente que no tiene los pies sobre la tierra y que no tiene ningún' interés en ponerlos.

¿Quiere compartir su vida con alguien así?

Las aventuras románticas llevan a muchos divorcios, suicidios, homicidios, infartos, pero no llevan a matrimonios felices. No importa cuántos sacrificios se hagan para mantener vivo el "amor", cuántos hijos, esposas y esposos se sacrifiquen por esta relación loca, finalmente se apagará, cuando no haya más sacrificios con que alimentarla. Entonces habrá que enfrentar, no solamente la destrucción de vidas y relaciones, sino también la vieja depresión de la que la aventura era una supuesta vía de escape. Mientras mejor sea su matrimonio, mientras más sensato sea su cónyuge, más alienado se sentirá usted en una aventura romántica. Estas suceden más en los buenos matrimonios que en los malos. Las mujeres se "enamoran" con mayor frecuencia que los hombres, pero también se dan más cuenta del peligro y de lo que arriesgan. Cuando los hombres se "enamoran" pierden la cabeza. Al menos por un momento. Una tercera clase de infidelidad, y muy común, es la que ocurre con los arreglos matrimoniales. Todos los matrimonios son imperfectos.

Hay matrimonios en los que los cónyuges no pueden proveer un mínimo de calor, sexo, sensatez, compañía, dinero. Hay matrimonios horribles de los que la gente no puede librarse ni arreglar del todo, divorcios que no se cristalizan, matrimonios que no mueren, pero no se recuperan. A menudo los cónyuges de tales matrimonios hacen arreglos Cada uno vive su vida, se guardan las apariencias y los niños no sufren las consecuencias de una separación.

La infidelidad puede destruir un buen matrimonio, pero puede estabilizar uno malo. Las personas involucradas en arreglos maritales no son víctimas. Muchos deciden no involucrarse en la relación matrimonial. Los hombres son muy conscientes de lo práctico del arreglo, pero las mujeres tienden a idealizar una eventual unión definitiva con su amante. Estos arreglos pueden durar toda la vida. Como un mal matrimonio. Hay una cuarta clase de infidelidad. La que practican los gallinazos y las vampiresas. Para ellos la infidelidad es un "hobby". No vale la pena extenderse en este tipo de personas. Si usted vive la desgracia de estar casa do (a) con alguien de esta raza, le decimos que no tienen remedio.

Son enfermos mentales.

Los hombres son machistas como Mr, no buscan mujeres como parejas sino para reafirmar su masculinidad.

Son incapaces de un compromiso. En realidad le temen a las mujeres porque ellas son las únicas que pueden medir su masculinidad. El sexo es compulsivo y no vale la pena desperdiciar su vida cerca a un espécimen de esta clase.

Las vampiresas son por lo general mujeres que se están vengando con el mundo de una mala experiencia pasada: un padre o un esposo que era infiel, le pegaba o abusaba de ella. A las vampiresas no les dura el matrimonio. Ello significaría hacer las paces con un hombre y soportar su parte de la carga en la relación. El matrimonio clava los pies de la gente sobre la tierra, en lugar de ser una fantasía romántica. El matrimonio es demasiado exigente en amor, compromiso, realidad y sacrificio. A las vampiresas no les gusta tanto el sexo como el ejercer poder sobre los hombres. Por lo general, las mujeres casadas no son vampiresas. Sí lo son las solteras que se enredan con hombres casados. Les gusta destruir matrimonios. Les da una sensación de poder. Después se alejan. Odian el compromiso.

Las mujeres araña son parecidas. Son románticas, pero no quieren escapar del todo de su propia vida. Más bien quieren que algún tipo destruya su vida por ellas. Son mujeres traicionadas por hombres, con las heridas todavía frescas y quieren venganza. Persiguen hombres casados. Necesitan sacrificios humanos desesperadamente. Los atraen los matrimonios felices, pero no para reemplazar a la esposa sino para destruir la relación.

Hay otro espécimen en el mercado casi tan peligroso como el gallinazo. Son los hombres retardados emocionalmente. Son hombres incapaces de enfrentar los problemas. Cuando tropiezan en la vida con alguna dificultad o algún cambio, se evaden e ignoran sus emociones. Su química cerebral se deprime, pero no saben reconocer una depresión. Sus esposas tratan de evitarles más problemas y los aislan aun más. Los retardados emocionales pasan algún tiempo sin sentir emociones, hasta que tropiezan con alguna mujer que los hace despertar con alguna locura y problemas emocionales mayores que los suyos. Con ella sale momentáneamente de la de-: t-:: presión, para hundirse aun más cuando ella no está. Se va volviendo adicto a ella, pero no lo sabe. Siente su ausencia cuando está con su esposa e hijos. Sin embargo, de nada le serviría huir con ella, porque también se volvería rutina. Estos hombres no necesitan una loca al-rededor, sino tratamiento para la depresión. Pero como los mejores remedios caseros, para la depresión son sexo, ejercicio, alegría y triunfo, la peligrosa damisela acaba proveyéndolos en grandes dosis. El retardado emocional se siente muy bien hasta que le llega la cuenta, y ve cuánto le ha costado el tratamiento a su vida conyugal y a sus seres queridos. Los matrimonios que empiezan caminando sobre los cadáveres de matrimonios anteriores destruidos no tienen un buen pronóstico.

¿Quiénes engañan? Los hombres tienden a darle muy poca importancia a las aventuras, ignorando el poder que tienen para arruinarles la vida. Las mujeres, por el contrario, le dan demasiada importancia a los "affaires", imaginándose que como los sentimientos son tan fuertes, tienen que ser reales, por lo tanto concretos, permanentes y lo suficientemente estables como para arriesgarlo todo.

Los hombres tienden a tener relaciones sexuales por fuera del matrimonio sin medir las consecuencias de sus actos. Mienten para proteger a su familia. Creen que la ofensa son las relaciones sexuales, cuando en realidad lo que más ofende a las mujeres es el engaño y la mentira. Los hombres se sorprenden con lo que consideran una sobre - reacción de las esposas ante el descubrimiento del "affaire", pero se sorprenden aún más cuando ella se muestra dispuesta a perdonarlo y a volverlo a recibir. Los hombres no se dan cuenta de los devastadores efectos de la infidelidad, la separación y el divorcio sobre los hijos.

Las mujeres tienden a enamorarse de sus amantes. Dentro de su código de ética no les parece rece grave acostarse con un hombre si lo "aman", "sin importar su estado civil (de él y de ella). Encuentran perfectamente apropiadamente a un hombre que exigen fidelidad, pero al que no se ama. Las mujeres se preocupan más por el impacto de la aventura sobre los hijos, que -sobre un marido subvaluado ante el amante.

Los hombres son más infieles que las mujeres, aunque con el SIDA la promiscuidad es suicida, y de hecho parece que sólo la practican los suicidas. Los hombres son capaces de tomar el sexo de una forma más casual que las mujeres. Al fin y al cabo acostarse con alguien equivocado es menos grave que enamorarse de la persona equivocada. Los hombres que son descubiertos confiesan más fácilmente que Has mujeres. Estas tienden a mentir sobre las relaciones sexuales, dado que les otorgan mayor importancia.

Lo más importante de todo es que tanto los hombres como las mujeres están ansiosos de perdonar al infiel. Pueden haber dicho en el pasado que nunca tolerarían la infidelidad, pero enfrentados con la realidad se aferran al matrimonio. Los matrimonios pueden sobrevivir a la infidelidad siempre que el culpable confiese, vuelva al nido y enfrente las consecuencias. La infidelidad es un deporte que acarrea tantos problemas, que como los toros, es mejor observarlo desde la barrera.
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