| 4/9/1999 12:00:00 AM

Guerrero para la paz

Para hacer la paz en Colombia se necesita plata. Rodrigo Guerrero, el encargado de conseguirla por medio de los bonos de paz, habla en exclusiva para Dinero.

El objetivo es empezar a ganarle terreno a la guerra en las zonas rurales del país, mediante la intervención en cinco áreas: proyectos productivos, infraestructura para la paz, capital humano y atención humanitaria, desarrollo institucional y sostenibilidad ambiental.



Rodrigo Guerrero, director del Plan Colombia, tiene una ardua tarea en sus manos pues, además de lograr la credibilidad de los diferentes grupos implicados, debe 'venderles' a los empresarios la idea de que suscribir los bonos de paz es la manera más efectiva de contribuir a la paz.



Los bonos, a los que les han caído rayos y centellas por el alto costo que representan para un sector productivo golpeado por la crisis, son el pilar financiero del Plan ya que aportarán $2 billones durante los próximos 4 años.



Sin embargo, el Plan busca otras alternativas para conseguir recursos. En julio se realizará un grupo consultivo para presentar los proyectos productivos del país en el exterior y recaudar recursos mediante donaciones, préstamos preferenciales y otros mecanismos de apoyo económico.



El médico y experto en epidemiología Rodrigo Guerrero no es nuevo en las lides por la paz. Como alcalde de Cali, hace 8 años, promovió la creación del fondo Desepaz, que aún funciona y mediante el cual se adjudicaron terrenos a familias de escasos recursos económicos y se estructuró un plan de recuperación social que dio como resultado la Ciudadela Desepaz.



Los bonos son el pilar financiero del plan, pues aportarán $2 billones en los próximos 4 años.





Luego aplicó esa intensa experiencia en la Fundación Carvajal, reconocida internacionalmente por su efectiva actividad en zonas urbanas subnormales de Cali, como el distrito de Aguablanca, para educar y generar proyectos productivos sostenibles.



Además, Guerrero involucró al BID en temas de violencia y desarrollo económico y podría definirse como un violentólogo de segundo tiempo que trasciende la teoría para aplicarse con ahínco a la práctica.



Usted siempre ha creído que la paz es un buen negocio. ¿Qué experiencia le dejó la creación del fondo Desepaz en Cali?



Fue muy importante, pero muy distinto a mi labor actual, porque Desepaz fue promovido por la Alcaldía y orientado al medio urbano. El Plan Colombia, en cambio, desarrolla toda su actividad en el área rural. Sin embargo, hay experiencias que me han servido, como la convicción de que en todo proceso de paz se deben promover los procesos productivos. No se puede trabajar sólo sobre un elemento para combatir la violencia, se debe tener una visión integral y multicausal de ella.



A los campesinos se les debe garantizar la propiedad de la tierra y promover su productividad para -alrededor de eso- desarrollar el municipio, la infraestructura y aquello que los economistas llaman el capital humano y el capital social.



Pero, ¿cómo hacer para que el Estado no se torne paternalista o asistencialista en este tipo de programas?



Eso es otra cosa que aprendí en el largo tiempo que estuve con Carvajal. Los pobres, en este caso los campesinos, no necesitan que uno les regale nada.



Lo que necesitan es que les den la oportunidad de salir adelante con su propio esfuerzo, pero sin ahogarlos ni ponerles condiciones exageradas como tasas de interés absolutamente confiscatorias.



Hay que invertir en la educación y capacitación de las personas, porque si uno le da un crédito a un campesino sin hacerlo consciente de que es un empresario que debe vivir de su finca, ese esfuerzo se pierde, como ha pasado con los microempresarios urbanos.



El regalo destruye, el regalo ofende y crea una relación de dependencia que no es conveniente. En el Plan estamos pidiendo que el sector privado se asocie con los campesinos. No que regale ni que dé por caridad, porque cuando hay una sociedad todos pueden salir ganando.



Pedimos que el uno no se aproveche del otro y para ello hay cadenas productivas. Ya tenemos un ejemplo de eso en frutas. Los campesinos las cultivan y las llevan a la planta pasteurizadora donde el comercializador, en este caso el sector privado, se encarga de continuar la cadena.





¿Qué proyectos se están adelantando?


El plan como tal no ha empezado a financiar ningún programa. Pero teníamos recursos del BID que estaban en el DRI, con los cuales hemos empezado a impulsar varios proyectos. Uno de ellos es el de producción de pulpa de fruta en San Vicente de Chucurí que produce pulpa de mora y mango para venderlos a Postobón.



El Plan Colombia ejecutará inversiones para la paz en proyectos productivos, infraestructura, atención humanitaria, desarrollo institucional y sostenibilidad ambiental.



Otro proyecto que estamos impulsando es el de campesinos en el Cauca que procesan mora y otros productos orgánicos que tienen el reconocimiento de Alemania para exportar semanalmente un contenedor a ese país y a Estados Unidos. Y así hay otros proyectos de palma de cera, de palmito y tagua en Nariño.





¿Cómo interviene el Plan Colombia en el desarrollo del entorno?



Cuando se identifica el proyecto, el equipo se encarga de gestionar ante la entidad respectiva el desarrollo de la infraestructura, como vías, electrificación y alcantarillado.



Sin embargo, uno de los criterios fundamentales para que todo funcione es contar con el apoyo local, porque es garantía de supervivencia. Cuando los campesinos ponen dinero y la Alcaldía también, es más seguro que no se invertirá en 'elefantes blancos'.



¿A qué zonas del país llegará el Plan Colombia?



Hemos hecho intentos de focalización por NBI (necesidades básicas insatisfechas), cultivos ilícitos, zonas de violencia y depredación del medio ambiente. Y cuando cruzamos esa información, encontramos que no hay un rincón del país que no necesite el Plan Colombia.



Sin embargo, hemos decidido trabajar en 3 áreas: Magdalena medio, Macizo Colombiano y área comprendida entre el Piedemonte de la Cordillera Oriental y los límites con Venezuela y Brasil. Esas zonas estratégicas tienen los cuatro factores.



Hay otras como la Serranía del Perijá, la Sierra Nevada de Santa Marta, Urabá y el Chocó que son menos extensas pero tienen posibilidades de desarrollo estratégico con antiguos proyectos que encontramos de la reforma agraria.



¿Cómo enfrenta su equipo de trabajo a la guerrilla y a los paramilitares cuando se desplazan a los municipios donde la violencia es crítica?





"El pasivo pensional estallará justo cuando Ecopetrol deje de exportar petróleo".

Contamos con que ellos saben que Plan Colombia es un supuesto básico de los diálogos de paz y, por ello nos respetan.

Yo mismo he presentado el plan a varios comandantes de frentes guerrilleros. He encontrado que su actitud primordial es la desconfianza, porque se preguntan si después de tantos años de proyectos frustrados este Plan sí va a funcionar. Pero la diferencia está en que, esta vez, el compromiso es de la sociedad entera -que suscribirá los bonos de paz en un esfuerzo enorme en medio de la crisis económica- y del Gobierno. Además, siempre hemos estado abiertos a que los grupos guerrilleros intervengan, pregunten y opinen sobre los proyectos.



¿Los campesinos qué opinan?



La incredulidad es en todos los niveles. Yo lo tomo positivamente porque si estuviera en su lugar pensaría que es un cuento más. Por eso les digo que no discutamos sobre teoría, sino sobre proyectos concretos.



A todos nos interesa que la plata no se la roben y por eso les pedimos que nos ayuden. Además, nos esmeramos por dejar bien claro que los bonos de paz son un esfuerzo por corregir las inequidades sociales.



¿Y los empresarios?



También son muy escépticos pero estarán representados en la junta directiva del Plan. Van a suscribir los bonos de paz y se darán cuenta de que el dinero se usa bien.



¿Cómo será la consecución de recursos este año?



En bonos, este año se recaudarán $600.000 millones. Pero los recursos previstos se quedarán cortos porque todos los municipios tienen planes y las necesidades son muy grandes. Yo espero que después del grupo consultivo, aparezcan US$1.500 millones para los 4 años de Gobierno y creo que en el 2000 lograremos que el recaudo por los bonos de paz sea igual a éste.



¿Qué es lo más difícil de montarse en un proyecto que tiene la responsabilidad de responder con plata a las balas?



Hacer macroproyectos es muy fácil, pero identificar necesidades y ayudar a solucionarlas con actividades concretas es lo más complicado. Nosotros somos el músculo de las negociaciones de paz. En la medida en que mostremos resultados, el proceso se va a facilitar muchísimo.



¿Y cómo va a intervenir en las fases de los diálogos de paz?



Nosotros estamos preparados para intervenir durante y después de los diálogos para responder a las necesidades de acción que se planteen en esa mesa. Eso evitará que nos quedemos sin recursos para cumplir los compromisos futuros.



¿Y su profesión de médico quedó guardada?



Pues no, porque yo también estudié salud pública y administración. Esa formación profesional me ha dado una actitud preventiva a diferencia de otras especialidades de la medicina que son curativas. Por eso nos esmeramos en evitar los accidentes, en vez de prepararnos para atender a los heridos.
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