| 11/1/1995 12:00:00 AM

Eternamente mamola

"Si vas para Chile... ¿por qué compras pasaje para Venezuela?"

El presidente Samper, en su reciente gira por Alemania, le expresó al canciller Kohl y al diario El País" de Madrid que la economía colombiana era tan sólida como la chilena. Fue una observación inteligente, pero sólo una verdad a medias, ya que las dos economías van hoy por hoy con evidentes rumbos divergentes. La economía chilena sigue un proceso dinámico e irreversible de apertura, mientras que la economía colombiana durante el último trimestre ha iniciado un franco proceso de cerramiento y inclaustración. Chile es el país que mejor ha adoptado su estructura política, económica y social al irreversible proceso de internacionalización y globalización de la economía mundial, a través de la modernización del Estado y de la apertura amplia y dinámica de todos sus mercados, única fórmula para salir de la aterradora pobreza que caracteriza a las economías cerradas de América Latina.

Por contra, nuestros vecinos venezolanos, máximos exponentes del intervencionismo desaforado, se hunden cada día más y más en el enclaustramiento y oscurantismo, con serias amenazas de que ocurra en las próximas semanas una devaluación masiva con su consecuente hiperinflación descontrolada.

Sin embargo, existe en el país un buen número de gobiernistas -escépticos de la actual crisis- que consideran que nuestra economía va paralela a la de Chile y no en camino a la de Venezuela. La triste realidad es diferente y para la muestra seis botones:

- El discurso del presidente en el acto de celebración de los 25 años de Fedesarrollo, donde formalmente anunció el nuevo programa de gobierno "Bienvenidos al Regreso" y en el cual expresó textualmente: "Regresaremos al crecimiento selectivo; regresaremos al gradualismo; regresaremos al pasado".

- El conejo tributario que le está haciendo el gobierno, en el proyecto de ley de reforma tributaria, a las sociedades de economía mixta. Las reglas de juego estables son un factor fundamental para generar confianza a los inversionistas nacionales y extranjeros. Cambiarlas intempestivamente implica el rechazar ocupar un lugar principal en el panorama económico internacional como lo está haciendo Chile, y echar reverso hacia el pasado como es el camino adoptado por Venezuela. De ser aprobada tan absurda propuesta, el propio gobierno está poniendo en riesgo gran parte del Plan de Desarrollo o Salto Social, que incluye varios proyectos bajo la modalidad de empresa mixta o inversión extranjera directa. Con la mano izquierda está borrando los objetivos de la mano derecha.

- El regreso a las trabas a las importaciones, como lo ha señalado en reciente entrevista William Houlzet, gerente general de Colgate Palmolive. Para el sector productivo son cada día más evidentes las nuevas barreras que se están imponiendo en el libre comercio internacional. Hay que entender que los empresarios colombianos ya de hecho tienen enormes desventajas de competitividad a causa de la infraestructura, para que se les agreguen obstáculos e impedimentos en sus importaciones.

- El cambio dramático que se está gestando en el Instituto de Fomento Industrial, IFI. De la sana filosofía de ser una entidad estatal promotora de empresas y proyectos industriales que difícilmente podrían salir a la luz con el apoyo exclusivo del sector privado, se le está dando un giro de ciento ochenta grados, para convertir el IFI en un "Holding" del Estado, frenando las privatizaciones de las empresas que ya son viables, y apoyando a sectores financieros como el caso del antiguo Banco de Caldas y a un grupo de accionistas del Banco de Colombia. Pocas veces el país ha visto tal falta de sindéresis.

- Un vuelco radical en el sector agropecuario con políticas de subsidios a sectores donde claramente no somos competitivos. Los chilenos han proyectado exportaciones de productos forestales renovables en 1995 por encima de los US$2.2.50 millones, sector donde han establecido indiscutibles ventajas competitivas. Por el contrario, en Colombia

en lugar de donde se reentáblemente vamos dedicar a subsidiar productos de pancoger.

-Las internacionalización de la economía mundial necesariamente implica el libre comercio no solo de bienes y servicios, sino de personas. En lugar de flexibilizar la inmigración, el actual gobierno ha adoptado nuevas restricciones a los extranjeros que vienen a trabajar al país. Colombia no puede adoptar una política miope de inmigración, cuando lo que no falta son extranjeros altamente calificados con la frívola excusa de que se nos han colocado un puñado de hampones.

El marco anteriormente señalado inexorablemente nos llevará a parecemos a nuestros vecinos venezolanos, en aras de convertir al modelo económico colombiano en una economía social de mercado. El argumento que esgriman los proponentes de este despropósito es que el país debe combinar las ventajas del sistema socialista -si es que las hay- con aquéllas del mercado. Es un poco como las personas que abogan por el ejercicio recatado y púdico de la prostitución, con la finalidad de que aquellas mujeres puedan seguir prestando un servicio a la sociedad, pero bajo un manto cristiano ¿Si lo anterior no es una entelequia, qué es?

Pero lo más preocupante, sin la menor duda, es el regreso al "gradualismo". La intervención estatal en el manejo de la economía, fundamentalmente a través de controles y subsidios, en el cual el único objetivo que logran los gobiernos es distorsionar la asignación eficiente de los recursos de producción, tiene que ser eliminada en forma tajante, lo que estaba haciendo el país en los últimos cinco años. Es de alguna forma como el alcohólico que tiene que ser frenado en seco. El proponer regresar al "gradualismo" es de alguna forma decir que el ex alcohólico no lo está pasando bien y por lo tanto se le pueden dar un par de ginebras al día. Cualquier persona aceptaría que esta fórmula es un disparate, ya que se convertiría al pobre diablo nuevamente en un alcohólico. Con la economía ocurre lo mismo. A medida que regresemos a los controles y los subsidios en aras del "gradualismo", volveremos a ser una economía cerrada, enclaustrada y oscurantista, con un papel marginal en el contexto de la economía mundial.

Cuando nos pregunten en menos de un año y medio cómo está la economía colombiana, podremos responder que está tan fuerte y sólida como la economía venezolana.

Y si nos llegan a reclamar que hace escasos meses afirmábamos que éramos tan fuertes como la economía chilena, podremos con orgullo responder como el genial Pepón, que somos un país de novela, somos el país de "Eternamente Mamola".
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