| 11/1/1995 12:00:00 AM

Espuma de oro

Bavaria ha sido desde su fundación una de las principales industrias del país.

Más de medio siglo después de su muerte, don Leo S. Kopp sigue ayudando a la gente. De eso dan fe las decenas (le personas que se acercan a su lápida del Cementerio Central de Bogotá, y susurran al oído de la estatua que la adorna, sus peticiones. Que la escultura represente al pensador de Roda no es problema. El fundador de Bavaria de todas maneras se entera de los secretos y le hace "el rnilagrito" a sus seguidores.

Cómo se originó la fama de su "santidad" es un misterio que nadie conoce. Pero lo más probable es que la generosidad que lo caracterizó el] vida haya creado el mito de que aún después de muerto seguiría ayudando a amigos y empleados. En una época en que no existían las primas navideñas, clon Leo siempre obsequiaba por esas fechas con algún regalo a sus trabajadores. Además, les hizo entrega de unos lotes cercanos a la fábrica de Bavaria, donde se levantó el barrio de La Perseverancia que todavía existe. Detalles como éstos, y el hecho de ser una persona alegre y fiestera, le valieron el afecto de los bogotanos.

Pero Leo S. Kopp no sólo se distinguió por su generosidad, sino por su gran visión empresarial. A los 18 años llegó a Colombia en compañía de su hermano Emil, dispuesto a hacer fortuna. Como muchos alemanes, se radicó inicialmente en Socorro (Santander), donde hacia 1876 empezó a trabajar en el almacén de Carlos Arturo Castello González. Tres años después crearon en Bogotá la sociedad Kopp y Castello, a la cual se integró en 1880 Santiago, un hermano de Carlos. Si bien el aporte de don Leo a la firma fue bajo con respecto al realizado por los hermanos Castello ($6.000 Ley frente a $22.000), tenía la garantía de un crédito abierto en Europa no inferior a $50.000. Estos recursos eran indispensables para una compañía que tenía como objeto realizar operaciones de importación y exportación, según reseña el libro "Presencia alemana en Colombia".

La sociedad con los Castello fue el inicio de la brillante carrera que Kopp desarrolló en los negocios, y se terminó de sellar cuando se casó en 1882 con la hermana de sus socios. El matrimonio con Mary se realizó por lo civil, lo que no era muy común en esa época. Sin embargo, don Leo no era un personaje corriente. Nació judío, fue masón grado 30, está enterrado en un cementerio católico y es objeto de veneración por sus seguidores. En Offenbach (Alemania), su ciudad natal, obtuvo una medalla de oro por sus interpretaciones al piano, pero en Colombia no volvió a tocar aunque era muy aficionado a la música.

La firma Kopp Castello fue eminentemente comercial en sus inicios. Los almacenes de Bogotá, Chiquinquirá, Vélez, La Mesa y Socorro vendían y exportaban toda clase de mercaderías nacionales e importadas, desde vestidos hasta galletas, conservas, oro, esmeraldas, quina y café.

Curiosamente el primero de los Kopp en incursionar en la industria de la cerveza fue Emil, quien fundó una pequeña fábrica en Socorro, cuando se encontraba administrando uno de los almacenes de su hermano. En 1889 la vendió a Manuel Escallón y viajó a Bogotá a ayudarle a Leo a montar Bavaria.

a que es hoy una de las más importantes industrias cíe Colombia se construyó gracias a los préstamos del suegro y el abuelo de Leo, que aportaron cada uno 94.721 marcos para la construcción de la fábrica. Los terrenos fueron comprados por la sociedad Kopp Castello a Joaquin Páramo, quien tenía un lote en las afueras de Bogotá en un sitio llamado Sargento Prieto junto al Camellón (le la Alameda, lo que es hoy la carrera 13 entre calles 28 y 31, donde funcionó Bavaria por mucho tiempo. Aunque la decisión de instalar la industria en un sitio tan apartado fue muy criticada por sus contemporáneos, Kopp no se dejó persuadir y el tiempo le dio la razón. Muy pronto el perímetro urbano se amplió hasta llegar a absorber el sector.

Con el fin de zanjar algunas deudas, en 1890 se disolvió la sociedad Kopp Castello y en su reemplazo se crecí la Kopp's Deutsche Bravrei Bavaria. Dos años después de fundada, el 1o. de junio de 1891, se inauguró la fábrica y los invitados pudieron celebrar el evento con cerveza oscura Salvator y blanca Lager, sacadas directamente de las bodegas de Bavaria.

Los primeros caños de la compañía no fueron fáciles, porque no había una cultura cervecera en el país, a pesar de que ya se habían montado algunas fábricas como la de los hermanos Restrepo en Medellín (1876), la cervecería Águila en Robledo, Antioquia (1875 1875), y la de los hermanos Ángel y Rufino losé Cuervo en Bogotá (1979). Bavaria vendía en un año poco más de lo que estaba en capacidad de producir en un mes (50.000 docenas frente a 40.000).

Aun así, el negocio era promisorio y don Leo logró convencer a un grupo de inversionistas alemanes para que apoyaran la empresa. De esta manera se firmó en Hamburgo en 1897 la constitución de la Deutscl1 Colurnbianische Bravrei, una firma conformada por 2 ímpersonalidades y casas alemanas. la mayoría relacionada con los Kopp o pertenecientes a la colonia judía. que reemplazó a la compañía existente. Don Leo consiguió de esta manera recursos suficientes para ensanchar la fábrica y fundar la vidriera Fenicia y la cervecería Tívoli, sin perder poder en la compañía, pues su familia mantuvo el 50% de la sociedad.

Cabe destacar que desde su fundación Bavaria estuvo muy preocupada por asegurar el suministro de elementos necesarios para la actividad cervecera. Además de la vidriera, se creo la fábrica de material refracciono Sajonia, se adquirió una mina de carbón en Zipacón (1903) y se fomentó la producción de cebada.

Don Leo fue siempre muy activo y aunque dirigió personalmente Bavaria, se reservó el derecho de realizar otras actividades siempre y cuando no interfirieran con la compañía. Por ejemplo, fue cónsul de Suecia en Bogotá. Cuando estaba ejerciendo este cargo, entre 1919 y 1920, viajó a Hamburgo en compañía de su esposa Mary y su hijo Guillermo en busca de recursos para ampliar la fábrica. Este viaje dio origen a una nueva sociedad, la Handel en Industrie Maatschapij I Bogotá, que compró en diciembre de 1922 los negocios y propiedades que manejaba la Deutsch Colombianische Braueri. La sociedad, que adquirió las fábricas de Bavaria, Fenicia y las minas de Zipacón, tenía la sede en Holanda.

Mientras don Leo estuvo en Europa, su hijo mayor, Leopoldo se hizo cargo de la compañía. Sin embargo, se retiró al poco tiempo debido a problemas de salud, según cuenta su familia. Entonces, Guillermo asumió la presidencia.

Aunque clon Leo había patrocinado algunos intentos de asociación con otras cervecerías, no vivió para verlos hechos realidad. Murió el 4 de septiembre de 1927 en La Esperanza (Cundinarnarca). Tres años después, el 4 de noviembre cíe 1930, se constituyó en la notaría segunda de Bogotá el Consorcio de Cervecerías Bavaria, como resultado de la fusión de la Handel en industrie Maatschapij I Bogotá y Cervecería Continental de Medellín. La primera aportó $10.050.000 representados en las fábricas cíe Bavaria, Fenicia y Sajonia, las minas de Zipacón y demás propiedades. Cervecería Continental, por su parte, suscribió 340.000 acciones por valor nominal de $3.400.000, suma que correspondía a la cervecería de Bogotá (cuyo terreno había comprado a la compañía de Gaseosas Posada y Tobón en 1927), así corno a las fábrica de Pereira, Barranquilla y Medellín.

La presidencia de la nueva compañía fue asumida por Guillermo Kopp, quien tuvo que afrontar momentos difíciles por la crisis que provocó en la economía colombiana la Gran Depresión de los 30, y sortear el sonado affaire de la Han-del. Resulta que a raíz de la ocupación del territorio holandés por parte de las tropas alemanas se presentó un problema jurídico sobre cómo manejar los dividendos que por derecho se le debían entregar a la Handel, y si le correspondían a la

dirección que tenía en Ámsterdam o en Curazao. El caso llegó a oídos de la Superintendencia de Sociedades, que dispuso que hasta tanto no hubiera una sentencia de un juez colombiano sobre el asunto, no se podrían pagar dichos dividendos.

Teniendo en cuenta estos pronunciamientos, la compañía decidió consignar esos recursos en el Banco de la República, los cuales llegaron a ser $2.1 millones a fines de 1940 y que fueran adicionados en $1.5 millones en 1941, según registra el libro "Historia económica de Bavaria", escrito por Roberto Junguito en 1980. Posteriormente, el gobierno dispuso que estos dineros fueran trasladados al Banco Agrícola Hipotecario para que los administrara, y en 1943 se creó un fondo de estabilización especial destinado a la nacionalización de los bienes extranjeros con fideicomiso. Ese mismo año, el Decreto 736 de la Ley 7 revistió al presidente de facultades extraordinarias para nacionalizar empresas y para adquirir bienes de fideicomiso de guerra.

El proceso terminó siendo favorable para la situación financiera de Bavaria, que logró duplicar su capital en cinco años. Esto fue posible porque en vez cíe congelar las utilidades en el fideicomiso creado por el gobierno, la junta directiva decidió entregar acciones a cambio de dividendos, y de esta manera obtuvo el capital de trabajo que le permitiría asumir la construcción y ampliación de cervecerías y malterías durante la década (le los cuarenta.

Sin embargo, quienes salieron visiblemente perjudicados fueron los

Kopp, quienes vieron reducida significativamente su participación en la empresa, después de haberla fundado y manejado por años. Inclusive Guillermo decidió no sólo retirarse de la presidencia, sino vender las acciones que tenía en la compañía, según relata su familia. Otro de los principales momentos en la historia de Bavaria se presentó a finales de los años 60, no sólo por el ingreso del Grupo Santo Domingo a la compañía, sino por la crisis administrativa y financiera que tuvo que afrontar, y que llevó al presidente Carlos Lleras Restrepo a intervenir y a apoyar que la Asamblea General de Accionistas reunida el 31 de marzo de 1969, nombrara una comisión para analizar la situación de la empresa. ¿Qué fue lo que pasó? A juicio de la comisión, se realizó un programa de diversificación demasiado acelerado y cobijando gran cantidad cíe frentes, en el que se concentraron las inversiones en un portafolio de bajo rendimiento. Bavaria llegó a tener unos 80 empresas, que no arrojaban los mejores resultados. En el período analizado por la comisión, por ejemplo, había liquidación empresas por valor de $21.6 millones, de los cuales sólo recuperó $14.9 millones. Adicionalmente, se generó una situación de iliquidez, que fue sabiamente aprovechada por los Santo Domingo para hacerse al control de la empresa.

El origen del ingreso cíe Santo Domingo se remonta a las peleas entre Bavaria y Cervecerías Barranquilla y Bolívar S.A. por incursionar en el territorio del otro. Después de una larga pelea por conquistar los mercados de la costa y el interior, respectivamente, se firmaron el 10 de febrero y el 22 de marzo de 1967 dos contratos de producción entre las compañías. En el primero, las plantas de Santo Domingo se comprometían a envasar y producir las marcas de Bavaria, y en el segundo, Bavaria se comprometía a lo mismo con cerveza Águila.

Después de esta transacción, vino una labor de convencimiento en la que Mario Santo Domingo y su hijo julio Mario le hicieron creer al presidente de Bavaria, Alberto Samper, que era un excelente negocio para la empresa bogotana adquirir Cervecería El Águila. Aprovechando que Samper pasaba por un momento cle iliquidez en la compañía, se mostraron dispuestos a recibir acciones de Bavaria en lugar de

efectivo. Después de evaluar la propuesta, Samper consideró que era buen negocio adquirir una cervecería que aunque pequeña, funcionaba a las mil maravillas. Lo que no calculó, es que con la transacción los Santo Domingo quedaban con el 22% de Bavaria, y por ende con el control de la compañía, ya que ningún otro accionista tenía de manera individual más del 10% de las acciones.

Pero los Santo Domingo no quedaron contentos con ser los mayores accionistas individuales. Resolvieron apoyar aumentos de capital con el fin de mejorar su participación en la empresa. De hecho, y tal como lo habían previsto, los accionistas independientes no hicieron uso de su derecho de preferencia, por lo que las acciones no adquiridas pasaron a manos de la junta directiva. La cervecería incrementó de 204 millones a 307 millones el número de acciones, diferencia que le fue ofrecida casi que por completo a Santo Domingo, quien con esta fórmula se hizo al 51% cíe Bavaria.

Santo Domingo llevó a Bavaria de ser una de las principales industrias del país, a figurar dentro de los cinco principales grupos cerveceros del mundo. Este salto no se dio de la noche a la mañana, pero sí correspondió a la visión internacional con que Julio Mario maneja sus negocios. En 1983 adquirió la Compañía de Cervezas Nacionales de Guayaquil y Cervecería Andina de Quito, ambas en Ecuador. Ocho años después, en 1991, Bavaria logró aparecer por primera vez al lado de gigantes cerveceros como Anheuser Bush y Miller de Estados Unidos, Heineken de Holanda y Kirin del Japón. Adquirió la Cervecería Central de Cervezas S.A., Centralcer, de Portugal. Esta nueva planta, unida a las de Colombia y Ecuador, le permitía producir 23 millones de hectolitros al año. Y posteriormente, en 1993, compró la Compañía Andaluza de Cervezas, en España, que tiene una capacidad de producción cíe un millón de hectolitros.
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