| 8/1/1997 12:00:00 AM

En busca del verde

Se afianza la cultura del club en Colombia.

El país ha cambiado y la oferta de clubes sociales es muestra de ello. Las nuevas generaciones de profesionales buscan posibilidades de recreación, estatus, seguridad y calidad de vida cerca a las ciudades.



Atrás quedaron las épocas en que pertenecer a este tipo de instituciones era privilegio de literatos y políticos prominentes que se reunían a discutir el acontecer nacional y a comentar el último "chisme". Así nacieron algunos como el Jockey y el Gun en Bogotá a finales del siglo pasado, el Club Unión en Medellín y el Colombia en Cali.



Con el tiempo, y a medida que al país llegaban nuevos aires de Europa y Estados Unidos, fueron apareciendo clubes que se desarrollaron alrededor del golf, que se incorporó como actividad predilecta de personajes de la política y la industria. Ello dio origen a los clubes campestres como el Country Club y Los Lagartos en la capital, El Campestre en Medellín, Cali y Barranquilla conformados por un grupo de amigos unidos por su afición al deporte.



Pasados algunos años, fueron más quienes se quisieron sumar a la reducida élite de golfistas, y por no encontrar posibilidades de llegar a los pocos clubes que existían formaron otros. De esta manera surgieron El Rincón, el San Andrés, Los Arrayanes, El Carmel, El Rancho, El Rodeo y La Macarena en Medellín, Farallones en Cali, Lagos de Caujaral en Barranquilla, y algunos en ciudades intermedias.



Con el tiempo, las instalaciones de estos lugares fueron absorbidas por las ciudades, las familias de los fundadores crecieron y la infraestructura, concebida para un número reducido de amigos y allegados, se hizo insuficiente.



A mediados de los 80 se comen-zó a observar el surgimiento de nuevas posibilidades para dar cabida a hijos de socios de los clubes tradicionales, que por motivos de capacidad de las instalaciones y edad se vieron en la necesidad de buscar alternativas. A ellos se sumaron profesionales jóvenes que por costos y falta de alternativas no habían podido ingresar a la cultura del club. También buscaban seguridad, estatus y posibilidades de recreación, frente al deterioro en la calidad de vida de las ciudades. "En la actualidad, el concepto de calidad de vida para algunos niveles de la población está dirigido a tener cierto nivel de tranquilidad y esparcimiento, más allá del confort que pueda ofrecer un espacio urbano", manifestó Carlos Alberto Serna, de Arias Serna y Saravia.



También se advirtió un fenómeno. Las nuevas generaciones buscan el verde en clubes campestres, en lugar de fincas de recreo, por las condiciones de orden público, la variedad de posibilidades de recreación, servicios que ofrecen estas instituciones y porque el carácter cosmopolita de las ciudades "hace necesario", para ciertos niveles, conseguir estatus a través de un club.



Producto de estos factores surgieron el Guaymaral, Bogotá Tenis Club, Serrezuela, Hato Grande, La Sabana, La Cima, Los Búhos, Bogotá Golf Club, Militar de Golf, Club de Profesionales, Rincón Grande, Payandé, Los Andes Golf Club en Cali y Ruitoque en Bucaramanga, entre otros, que tienen costos del orden de $40 y $50 millones la acción, algunos con posibilidades de financiación.



Antes de comprar una acción, hay que tener en cuenta que se trata de una inversión en calidad de vida, más que de rentabilidad, aunque existe la posibilidad de obtener una plusvalía. Incluso, los estatutos de las instituciones así lo prevén. La mayoría tienen un derecho de traspaso para desestimular la ganancia ocasional, que por lo general se establece en un 60 o 70% del valor que paga una persona al comprar una acción, y que le queda al club.



Teniendo clara esta situación, la reflexión que se debería hacer una persona frente a esta posibilidad es: cuánto cuesta hoy, frente a cuánto le costaría en el futuro. Situación diferente se presenta cuando hay inversión en finca raíz, sobre la cual no hay derecho de traspaso.



Hay para todos



En los últimos años se ha visto cómo nacen clubes en los cuatro puntos cardinales de las grandes ciudades. Se trata de megaproyectos que requieren inversiones que van desde los $30.000 millones hasta $50.000 millones y terrenos entre 1.000 y 1.300 fanegadas, en los que se combinan el interés comercial con el sentido de exclusividad.



El golf, que se convirtió en elemento que determina la categoría, es uno de los costos más altos. Un campo de buenas especificaciones requiere entre 45 y 55 hectáreas y la construcción puede estar alrededor de los $12.000 millones, si el diseño lo realiza una firma mundialmente reconocida como la Golden Bear del famoso Jack Nicklaus, Robert Trent Jones o Arnold Palmer. Además, el número de practicantes ha crecido. "Colombia es el segundo país de Suramérica en número de jugadores federados, cerca de 14.000 y en campos, alrededor de 50. Argentina tiene 150 campos y 40.000 jugadores", manifestó Alvaro Umaña, director de la Federación Colombiana de Golf.



Las dimensiones de este tipo de proyectos, en los cuales el margen de error es reducido, exige de los promotores estudiar con detenimiento las tendencias de las ciudades en cuanto a polos de crecimiento, desarrollos viales, tiempos y distancias a los lugares de residencia, trabajo y estudio, así como tener en cuenta las expectativas de la gente.



Por lo general, busca más alternativas que las que ofrecen los clubes tradicionales, pues se trata de personas jóvenes, además de seguridad y cierto grado de selección de quienes conformen la comunidad, situación que sería difícil de manejar en otro tipo de desarrollos.



Estas características hacen que la comercialización tenga un campo de acción reducido, al no ser productos masivos. Por lo general, se utiliza el sistema de preventas, a través de referencia persona a persona y de grupos cerrados de profesionales jóvenes, a quienes se les hace una presentación y se los invita a conocer el proyecto, con lo cual se garantiza cierto nivel de exclusividad. Con el sistema de preventas también se busca reducir los niveles de endeudamiento.



Frente al número deproyectos que se ofrecen en el país, que algunos consideran un boom, hay quienes sostienen que es consecuencia de una necesidad represada. Los clubes tradicionales estaban saturados, algunos ya tienen tres y cuatro generaciones de una misma familia. Además, una ciudad como Bogotá con 6.5 millones de habitantes tiene aproximadamente 12.000 socios de clubes. Si las condiciones económicas del país fueran mejores, la demanda podría ser mayor, si se considera que apenas se ha llegado a un 10% del mercado potencial.



Y para ampliar la oferta se están desarrollando proyectos como Pueblo Viejo, Aposentos y La Pradera, cerca a Bogotá, este último con la posibilidad de propiedad raíz para construir vivienda, un paso más hacia el concepto de condominio. Aunque algunos desarrollos no están terminados, el valor de la acción está entre $30 y $40 millones, y en el caso de La Pradera $247 millones con lote.



Otra categoría, rela-cionada con este último concepto, es la de los condominios de fin de semana con características de clima y naturaleza diferentes a las de las grandes capitales.



En esta gama la oferta también es amplia: El Peñón y Puerto Peñalisa, en Girardot, donde también se construye La Mansión del Peñón y cerca, en El Carmen de Apicalá, se esta llevando a cabo otro desarrollo. En Anapoima están El Club Campestre y Altos de Chicalá y se encuentra en construcción Mesa de Yeguas. Los costos oscilan entre $40 millones, el derecho al club, y $250 millones con terreno para construir.



Este tipo de proyectos también responde a un cambio en las costumbres en cuanto al tiempo que la gente le dedica a las vacaciones. Anteriormente se destinaba un período al año de unos 20 días, ahora se prefieren varios períodos cortos.



Es claro que la cul-tura del club se está afianzando en ciertos niveles de la población atraída por una serie de valores agregados: estatus, seguridad, calidad de vida y posibilidades de recreación que no ofrecen las ciudades. También es producto de un país joven, cada vez más urbano, que quiere nuevas posibilidades.
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