| 7/1/1994 12:00:00 AM

El río Bogotá y su alcalde

El saneamiento del río Bogotá es otra quimera para los bogotanos. El proyecto de saneamiento que está impulsando el alcalde actual no es una solución técnicamente adecuada.

Los habitantes de la capital fuimos sorprendidos el pasado mes de febrero con la apertura de una licitación internacional para contratar por concesión la primera fase del tratamiento del río Bogotá. Esta consiste en la construcción de una planta de tratamiento primario de las aguas residuales del río Salitre, antes de su desembocadura al río Bogotá, sobre un lote de 100 hectáreas y cuyo costo aproximado será de algo más de US$75 millones. Con esta decisión del alcalde Castro, pareciera que se estuviera poniendo fin a la larga historia de promesas que sobre el saneamiento del río han formulado varios gobernantes de Bogotá.

Sin embargo, el propósito del alcalde mayor de asegurar una mejor salud a los bogotanos y a las comunidades localizadas aguas abajo de Bogotá, que actualmente riegan con el "agua" del río, y de aquellas que padecen cada invierno con sus desbordamientos, no pasarán de ser una quimera, por cuanto las propuestas que presentaron varias firmas internacionales, se prepararon con base en una alternativa de saneamiento que constituye un error técnico sin precedentes en la historia del saneamiento ambiental del país. Además se constituirá con el tiempo en una pesada carga financiera para los bogotanos, o para el menguado presupuesto del Distrito. Como van las cosas, todo parece indicar que este proyecto se convertirá en el primer candidato a malgastar recursos de Cusiana.

El proyecto escogido por Castro proviene de una decisión apresurada. Esta no logró considerar adecuadamente otras alternativas para mejorar el uso de las aguas del río y su descontaminación. Partió de una solución preconcebida de cómo descontaminar y no de una definición clara del problema por resolver.

El proyecto no provee evidencia sobre las ventajas técnicas y financieras, ni sobre los efectos favorables en la salud y, sorprendentemente, tampoco sobre los beneficios ambientales de la alternativa elegida. No consulta las prioridades más urgentes de la ciudad, tiene un efecto marginal sobre la contaminación del río y no dice cuánto le costará al bolsillo de cada ciudadano. Veamos por qué el problema de contaminación no será resuelto:



Históricamente las alternativas técnicas para el saneamiento del río han sido dos: la primera propuesta de solución fue formulada en dos etapas; la inicial hace 20 años, consiste en la construcción de un gran tubo -interceptor- paralelo al río, el cual partiría desde el Puente del Común, en la cuenca del río Torca en la parte norte de la ciudad, hasta el sitio conocido como "Alicachín", antes del Salto de Tequendama (ver plano). En su segunda formulación, esta alternativa se

complementó en 1985, incluyendo el tratamiento de las aguas residuales mediante la construcción de tina gran planta de tratamiento de las aguas recogidas, en `Alicachín" o cerca del municipio de Tocaima. en la cuenca baja del río. En su recorrido de 90 kilómetros, el colector captaría las aguas negras producidas por la ciudad por medio de su sistema de alcantarillado y las reuniría para posterior tratamiento en uno de estos dos puntos. El costo del interceptor, sin incluir el tratamiento, se aproximaría a los US$400 millones.

Las ventajas de esta alternativa son varias: de un lado garantizaría el saneamiento completo del río desde la desembocadura del río Salitre hasta -Alicachín'', aseguraría unos beneficios casi inmediatos en salubridad para las personas que se encuentran en la zona de influencia directa del río y permitirían la concentración de las aguas negras de la ciudad en un solo punto para su posterior tratamiento.

Además, teniendo en cuenta que los niveles de contaminación del río se reducen, con posterioridad a su paso por el Salto del Tequendama. la construcción de la planta de tratamiento podría diferirse en el tiempo. Se obtendría con esta opción, casi de inmediato, la depuración total de 90 kilómetros adicionales del río.



La segunda opción que es la escogida por la administración Castro- es una solución aparentemente más flexible. Esta consiste en la construcción de un sistema de plantas de tratamiento de aguas residuales, ubicadas en las desembocaduras de las principales descargas al río - aquellas constituida., por los ríos Salitre. Fucha y Tunjuelo-. De esta manera se evitaría el interceptor y

en lugar de una gran planta, se construirían tres de tamaño menor, evitando construir el interceptor. Esta opción, según el Departamento Administrativo y Técnico del medio Ambiente del Distrito. DAMA, sería. además de flexible, mucho más barata para la ciudad y tendría como ventaja adicional permitir su realización por etapas, aminorando el imparto financiero que una obra de esta magnitud impondría a los apocados presupuestos de la ciudad y de los bogotanos. Según la Alcaldía implicaría un costo menor, aunque los estimativos del DAMA consideran que las tres plantas fácilmente se acercarían a los US$300 millones, obteniendo tratamiento secundario de las aguas y sin contemplar los costos de operación y mantenimiento de las mismas.

No obstante estas aparentes ventajas, la opción Castro para el saneamiento del río Bogotá adolece de varios problemas técnicos, económicos, financieros y ambientales. Estas surgen desde la formulación misma de los objetivos del proyecto, los cuales no han sido explicados.

La principal finalidad de descontaminar el río es favorecer la salubridad humana. El propósito del proyecto, cualquiera sea la alternativa seleccionada

para realizarlo, es evitar que la población aledaña tenga contacto directo con las aguas contaminadas, debido a las inundaciones o por el riego. Otros objetivos que se han planteado son la descontaminación del río Magdalena y la recuperación del Bogotá para fines recreacionales.

Sin embargo. si revisamos la propuesta de proyecto del alcalde éste no tiene ningún interés en resolver los problemas de salubridad, pues de construirse las tres plantas que permitan lo que los técnicos denominan "tratamiento secundario", no se obtendrá mejora en la calidad del agua traducible en salubridad. Esto se debe a que el tratamiento secundario no logra eliminar la contaminación patógena, únicamente permite la remoción de sustancias en suspensión, o la solución de las mismas por medio de procesos químicos, físicos o biológicos.

El tratamiento terciario, el último de la escala, que permitiría mejorar- realmente las condiciones del río, eliminando las carga,,; contaminantes más fuertes y facultaría el riego. la ganadería v -previo tratamiento convencional- una eventual posibilidad de uso para consumo humano, no se obtendrá con la pro- . puesta Castro.

La propuesta distrital, sobre la que licitaron ya varias firmas de reconocido prestigio internacional, contempla la instalación de tres plantas de tratamiento. Deberán los proponentes -de acuerdo con los términos del pliego- diseñar, construir y operar las plantas a niveles de tratamiento primario o máximo secundario y dejar las facilidades para que en un futuro de pronto se pueda hacer tratamiento terciario. De todas formas, según los pliegos, las obligaciones del Distrito sólo serán para una concesión por la primera fase de la primera etapa, que consiste en la construcción, operación y mantenimiento de una planta de tratamiento en el sitio de la desembocadura del río Salitre - calle 80, que permita únicamente el tratamiento primario del río.

Así las cosas y de acuerdo con los estimativos del Distrito, que indican que el costo de esta primera fase del proyecto será superior a US$75 millones, US$60 millones por la planta y US$10 millones por la compra de 100 hectáreas que requerirá la planta, US$5 millones para interventoría del diseño, la construcción y la gerencia del proyecto, a lo que habría que agregar los US$3.5 millones por la operación y mantenimiento, estaríamos gastando tal cantidad de recursos en un proyecto cuyos beneficios en descontaminación y salubridad serán totalmente nulos. Las descargas de los otros afluentes -los ríos Fucha y Tunjuelo - kilómetros más adelante, vertirán toda su descarga contaminante con

lo que el río quedará igual.

Por si fuera poco, las intenciones del proyecto se ven afectadas por un segundo

conjunto de problemas de la alternativa propuesta, surge de la dificultad de localización de las plantas, las cuales utilizarán terrenos que ya han sido invadidos por comunidades de menores ingresos. A ello. hay que agregar que el Distrito deberá asegurar que toda el agua de Bogotá llegue a los puntos donde se localizarán las plantas, cosa que no sucederá hasta que el crédito del Santafé 1 del Banco Mundial se ejecute, pero eso no es suficiente, puesto que si a las plantas llegare agua con metales pesados, no podrían funcionar, puesto que sus procesos de descontaminación son biológicos y este tipo de contaminación les impediría operar.

Pero el principal problema de la propuesta de descontaminación recae en el hecho de que no se haya planteado qué hacer con el agua una vez depurada. Por ahora sólo se piensa volverla al río, desaprovechando así el inmenso valor agregado que tendría el agua tratada para fines como el riego o la recarga de las fuentes hidrológicas subterráneas, que son vitales para los agricultores de la Sabana de Bogotá.



Como se ha hecho notar por el Banco Mundial y por especialistas internacionales, el proyecto al que se lanzó Jaime Castro no dispone de sustentación para su realización. No existe para una inversión de la magnitud de la propuesta justificación diferente a la de la imperiosa necesidad de depurar las aguas

contaminadas del río. El alcalde no quiere hacer más estudios, sustenta su decisión en la "gran cantidad de estudios que se han realizado sobre el saneamiento del río". No importa que ninguno -por ejemplo evalúe el impacto de su contaminación sobre el río Magdalena o que nadie pueda asegurar con mediciones científicas, cuál es el impacto de esa contaminación sobre el agua subterránea de la Sabana de Bogotá, o que ninguno diga cuál es la mejor opción de saneamiento del río.

La alternativa, va planteada por el alcalde Castro no dispone de un análisis serio desde el punto de vista técnico, pero más grave aún, ni siquiera desde la perspectiva ambiental, que es desde donde se pretende justificar el proyecto. No han sido resueltas las inquietudes que de tiempo atrás ha planteado el Departamento Nacional de Planeación en cuanto a la justificación técnica, económica y social de un proyecto que por su envergadura seguramente requerirá del aval de la Nación en parte de su financiamiento y comprometerá

fondos de todos los colombianos.

Han sido ignoradas también las frecuentes observaciones del Banco Mundial sobre la conveniencia de una opción como la escogida, además de las de autoridades ambientales mundiales que también lo han cuestionado.

Al igual que con el metro, parece ser que los encargados de tomar las decisiones en la ciudad, han cedido a las presiones de. los vendedores de la tecnología del

saneamiento, frustrados seguramente por el creciente deterioro del río y por la presión ciudadana por adoptar una solución concreta.

Pero con la decisión adoptada por el gobierno distrital, de paso se ha violado el convenio sobre la estrategia de saneamiento del río Bogotá, que tenía precisamente como primera etapa la realización de un Estudio de Impacto Ambiental, EIA. Este tipo de análisis proveería de un adecuado marco de alternativas para alcanzar los objetivos de saneamiento del río utilizando diferentes opciones de tecnologías así como las correspondientes medidas de mitigación; podrían visualizarse otras etapas así como localizaciones alternativas de las facilidades de tratamiento, además de las correspondientes alternativas de financiamiento. Este análisis conocido por los expertos como "Environmental Impact Assessment", hubiese previsto un mejor proceso de toma de decisiones sobre la alternativa que requiere la ciudad, por cuanto su metodología predice los efectos sobre las opciones estudiadas, así como una adecuada presentación y combinación de los resultados.

El contratista seleccionado financiará la ejecución de la obra con sus propios fondos y la amortizará con el pago de las tarifas que por concepto de depuración se establezcan en el contrato. Sin embargo, como están las cosas, la amortización de una inversión de este estilo supondrá incrementos importantes en las tarifas de alcantarillado para los "beneficiarios" por cuanto, sobre la base de US$75 millones para la primera fase de la primera etapa, US$6.25 millones anuales deberían originarse en las arcas del Distrito, las cuales como sabemos están boyantes por estos días; US$5.25 millones anuales se financiarían con tarifas de los usuarios, US$7.5 millones provendrían de las leyes de regalías que se darán cuando entre Cusiana a funcionar. Y todo para nada.

Gracias al alcalde, en el próximo futuro no sólo tendremos el lujo de montar en metro, sino que ingresaremos al club de los sofisticados países que depuran sus aguas, con recursos que le tendremos que quitar a quien se deje: a los bogotanos o a Cusiana. ¡Gracias, señor alcalde!
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