| 4/1/1995 12:00:00 AM

El primer hombre

La última novela de Albert Camus lo acompañó a la muerte guardada en su auto.

Mundo en 1960 ocurrió la muerte trágica e inmerecida de Albert Camus, la sensación generalizada que se tuvo fue que había desaparecido un gran y maravilloso escritor. Pero también se tuvo la certidumbre de que su obra era una obra inconclusa. Camus captó y expresó toda la nueva y cambiante sensibilidad de una época, de un momento oscuro y pesimista de la historia: el tiempo de la postguerra. Tiempo de disolución y desencanto con el monstruo que había engendrado el sueño de la razón occidental: la guerra.

Si el existencialismo fue la filosofía que captó y expresó el momento moral y mental de ese entonces y tuvo en Sartre su vocero más lúcido, éste fue ante todo un filósofo. Pero Camus, amigo y compañero de aventuras y polémicas con Sartre, fue por excelencia y definición un artista. El artista de esa época y de ese momento. Sus novelas, sus ensayos, su obra teatral, pusieron al alcance de la sensibilidad del mundo los problemas, los conflictos y las construcciones abstractas y teóricas que planteaba la filosofía existencialista. El le puso carne, sueño y vida a la teoría de la existencia. Sus personajes no pensaban en forma abstracta. Sus problemas los vivía cotidianamente. En novelas como La Peste o El Extranjero, en obras teatrales como Los justos o Calígula, o en ensayos como El Mito de Sísifo y El hombre rebelde, Camus transmutó en literatura aquella filosofía. Ese fue su mérito y eso le significó el prestigio y el reconocimiento universal que culminó con el otorgamiento del Premio Nobel cuando sólo tenía 47 años de edad.

Cuando recientemente se anunció la publicación de su novela inédita, El Primer Hombre, la expectativa por conocer ese texto era enorme. Esa novela, hace muy poco publicada en español por Tousquets Editores, y cuyo manuscrito curiosamente fue hallado en una bolsa dentro del automóvil donde Camus encontró la muerte es, sin embargo, una novela que puede defraudar a muchos. Es una obra que estaba aún en gestación, una novela no del todo acabada, donde Camus explora los duros, grises y a veces desolados paisajes de su infancia. Una infancia herida y estigmatizada por la pobreza, encarcelada dentro de horizontes mezquinos, donde el futuro es una amenaza antes que una esperanza. Una infancia donde circulan personajes que, como la madre, los tíos o los amigos del vecindario en Argel, viven su vida agobiados por las arduas y duras faenas de enfrentar la cotidiana batalla de sobrevivir. Un mundo donde la alegría y la risa parecen desterradas, donde lo lúdico es como un lenguaje marginal o inexistente. Son personajes que se definirían dentro de la categoría de los humillados y ofendidos de la tierra, que una vez inmortalizó Dostoievski. Un párrafo de la novela define con dramatismo esa atmósfera, donde fluye y se gesta la infancia del escritor: "Los largos días de faena acumulados de una existencia, que a fuerza de estar privada de esperanza había perdido todo resentimiento. Una vida ignorante, obstinada, resignada a todos los sufrimientos".

La novela, por supuesto, tiene un indiscutido y estremecedor valor testimonial sobre esas duras circunstancias que rodearon los primeros años de su vida. Pero en sentido estricto, es una novela sin mayores alientos o ambiciones expresivas. No es la mejor novela de un hombre que vivió condenado a una gran lucidez para comprender la historia. Los grandes temas, las grandes interrogaciones que como existencialista planteó y recreó en otras obras, temas como la gratitud de los actos humanos, la ansiedad frente a la muerte, el sentido de la vida, la angustia o la soledad, están ausentes o son una simple alusión en una frase concisa donde apenas parpadean como metáforas. En esta novela ese vasto alcance de sus preocupaciones anteriores se desdibuja. Alguna vez un crítico anotó refiriéndose a la obra de Camus que ella era "un intento elevar a la perfección de la forma clásica una sensibilidad enteramente moderna". En El Primer Hombre, algo de eso se vislumbra, pero dentro de un tono mesurado y conciso.

Por supuesto, quienes hayan participado de la fascinación intelectual que la obra de Camus ejerció en años recientes, encontrarán en su novela póstuma un eslabón esencial para explorar y penetrar el proceso vital y existencial donde maduró la obra maravillosa y esclarecedora del gran escritor nacido en Argel.

Pocos días antes de morir, Camus había declarado: "Mi obra aún no ha empezado". Seguramente, si él hubiese publicado en vida El Primer Hombre, podría haberse mantenido en esa afirmación.
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