| 7/1/1995 12:00:00 AM

"El hombre de sus sueños"

Premio de Literatura Erótica "La Sonrisa Vertical",Barcelona, 1993, otorgado a Dante Bertini

En la literatura colombiana el erotismo es una planta exótica. Un tema marginal y clandestino, una mención nebulosa y casi avergonzada. Y dentro de esa casi ausencia total del tema erótico entre nosotros, su evocación y su elaboración literaria parecen pertenecer mucho más a una especie de visión morbo-depresiva que a una verdadera recreación y profundización de lo que significa y encarna lo erótico como elemento esencial en la arquitectura del ser y de la vida. Cualquiera que lea a nuestros poetas o a nuestros novelistas podría imaginar que pertenecen a un universo donde el cuerpo es sólo el vehículo del vestido pero donde nunca es el vehículo del deseo o del placer. En parte eso señala una de las características que definen nuestro quehacer literario: el parroquialismo y, consecuentemente y como oposición a lo mismo, señala la ausencia de una perspectiva universalista en los enfoques de nuestra visión literaria.

Algún día será necesario explorar los condicionantes que permiten que ni el cuerpo, ni el deseo, ni el erotismo con sus complejas y sutiles formas rituales y hasta de religiosidad a ellos asociados, aparezcan como objeto y como elemento de configuración de nuestras representaciones y creaciones literarias. No acontece lo mismo en otras latitudes. En España, por ejemplo, y bueno es recordarlo que de la España conventual, católica y "eudocastradora" que dilata sus dominios hasta la época del franquismo, nos vienen los códigos morales que estigmatizaron el cuerpo. Pero ahora la situación es diferente. Y no se trata de recurrir al estereotipo conceptual del "destape" para señalar esa como avidez de buscar en el erotismo nuevas formas y nuevos territorios donde la creatividad del espíritu humano intenta nuevas indagaciones.

En Barcelona concretamente existe un prestigioso premio auspiciado por la Editorial Tusquets que estimula y fomenta lo que con cierta ambigüedad se puede denominar la literatura erótica. Ese premio se convoca bajo el nombre de "La Sonrisa Vertical". Quisiera comentar hoy la novela del escritor argentino Dante Bertini, llamada "El hombre de sus sueños" y que obtuvo el primer premio en ese concurso en el año de 1993.

En "El hombre de sus sueños", sin dudas, sin vacilaciones y sin ambigüedades, el tema gira de una manera casi "redonda" y contundente sobre la sexualidad, sobre las relaciones de sexo entre un hombre y una mujer. Si la novela se propusiese la simple descripción de esas relaciones, no pasaría de ser una simple banalidad, una frívola y quizá hasta excitante descripción de sucesos que por cotidianos, rutinarios y repetitivos acaban por volverse como inexistentes o al menos como poco significativos.

Pero precisamente, y esa es una función inherente al talento literario, la novela de Bertini crea una hermosa atmósfera de insinuaciones y posibilidades sicológicas donde la sexualidad, el sexo, los minuciosos y deleitosos coitos obran como instrumentos y como ventanas de desciframiento de los motivos emocionales, sicológicos y existenciales que hacen de la relación sexual un tema y un punto por medio del cual el ser humano accede a momentos definitivos y esclarecedores de todo el proceso de su existencia y de su propia identidad. La magia, el preciso y precioso tratamiento del lenguaje, salvaguardan la novela de cualquier hundimiento en lo grotesco, hasta el punto de que a veces resulta válido preguntarse si el erotismo no es una forma de existencia o de realidad fundada por las palabras que lo nombran y lo hacen visible y casi táctil a la imaginación. El erotismo, sus lenguajes, sus enigmas y hasta sus estigmas son, han sido y serán siempre elementos fundamentales en las gramáticas gestuales con las cuales se ofician las más hermosas ceremonias del oficio de estar vivos.

Por supuesto que recomiendo sin vacilación este bello y laureado libro de Dante Bertini, con la convicción plena de que se trata de una breve novela donde la tensión erótica es una tensión tan bella y poéticamente lograda que por momentos se nos convierte en una textura, en una táctil metáfora tan palpable y real como la piel y el mundo de una mujer que se desea.
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