| 4/13/1998 12:00:00 AM

El despertar antioqueño

El departamento se está convirtiendo en un laboratorio para las nuevas prácticas empresariales y las nuevas tecnologías.

Hace unos años y debido al impacto del narcotráfico en su economía y en su imagen, Antioquia estaba pasando un tramo muy duro. Pero hoy el panorama es distinto y esperanzador. Los paisas se están preparando para algo grande y los incrédulos que apostaron a que el departamento no tenía futuro, se van a equivocar.



Aunque en Medellín la apertura golpeó fuerte ­al igual que a centros industriales importantes del mundo como Liverpool, Barcelona o Nueva Inglaterra que salieron adelante con educación, innovación y alianzas­, en el caso paisa la clave para dejar atrás las horas amargas será la inversión social.



En 1998 se espera que el departamento crezca 3,7% gracias a un repunte significativo en las exportaciones. En 1997 las exportaciones no tradicionales, un 65% de las cuales son del sector manufacturero, ascendieron a US$1.412 millones y gran parte de ellas fueron al mercado venezolano.



Así está Antioquia hoy: una industria tradicional que sigue marcando la pauta apoyada por la manufactura y la confección. Nuevos sectores, como la industria del software, se abren espacio en la nueva etapa antioqueña gracias al interés de los paisas por desarrollar grupos de apoyo para la iniciativa tecnológica.



Este impulso para buscar nuevas tecnologías y abrirse al mercado mundial está liderado por una naciente clase empresarial que demuestra que tiene las riendas firmes. Pero todos, viejos y jóvenes, pobres y ricos, están convencidos de que el desarrollo económico sólo se logra invirtiendo en la cultura social, aquella que vela por la equidad, la paz y la convivencia ciudadana.



En el departamento se siente un aire de renovación empresarial por la entrada en acción de una nueva camada de ejecutivos que representan la transformación gerencial de los grupos económicos antioqueños. Son jóvenes empresarios que tienen bien claras sus raíces y trabajan duro para que su tierra esté a la altura de los centros industriales más importantes del mundo.



De ellos depende el despertar de la región y, sobre todo, que el departamento continúe anticipándose a los cambios del país.



Tradición industrial



El símbolo industrial de la región es el Sindicato Antioqueño. Con más de 40 empresas, este grupo ha superado las duras y las maduras y ha dado de qué hablar en el país por sus fusiones bancarias, sus alianzas estratégicas y la apertura de mercados en el exterior.



Basta nombrar al BanColombia, que es el banco más grande del país; Cadenalco; la Nacional de Chocolates; Cementos Argos; y Noel, un digno ejemplo de cómo hacer negocios fuera del país.



Dentro del sector manufacturero no se puede dejar de nombrar a Leonisa, una empresa sólida que hoy actúa como cualquier multinacional que se respete con un portafolio de productos reconocidos en más de 20 países.



También se destaca en este mercado de prendas femeninas Antonella, que acaba de invertir US$500.000 en Chile y piensa ya en el mercado argentino como paso para llegar al Mercosur. Este año espera exportar US$6 millones.



Este repunte de las empresas antioqueñas hacia el mercado mundial se debe en parte a que han entrado a la era de la globalización con una notable renovación generacional.



Las nuevas alternativas



Pero el departamento está desarrollando nuevos e interesantes potenciales. Hoy la Cámara de Comercio de Medellín registra la creación de más de 220 empresas dedicadas a la producción y comercialización de software, para el manejo de la contabilidad, de los suministros y de todos los procesos que una empresa necesita.



Esta es la respuesta a la globalización, tal como ocurrió con Nueva Inglaterra, antiguo centro manufacturero y de confección de Estados Unidos que hoy se destaca por ser un importante centro tecnológico y farmacéutico.



Medellín decidió tomar ese rumbo y está empeñada en promover empresas con alto valor tecnológico. Así nacieron las "incubadoras de base tecnológica", proyecto que fue creado uniendo los esfuerzos de Pro Antioquia, los centros universitarios más importantes, la Cámara de Comercio y los empresarios privados.



En las incubadoras se estudian hoy 84 proyectos, 11 de los cuales ya están en incubación, es decir, listos para conseguirles socios y dirigirles capital de riesgo con el fin de hacerlos realidad.



Este apoyo constituye una pieza fundamental para el futuro antioqueño, aunque los sectores textil y manufacturero seguirán siendo vitales para el departamento. La industria textilera se ha resentido en los últimos años por la entrada de contrabando al país, pero aun así aún es atractiva para los inversionistas extranjeros.



El 40% de la inversión foránea en la región se destinó a la manufactura. El boom empresarial lo representan las empresas maquiladoras que ensamblan piezas para reconocidas firmas mundiales. Levi's Strauss, por ejemplo, ensambla sus jeans en Antioquia, porque los paisas, gracias a la renovación tecnológica de sus industrias, se ganaron la confianza frente a otras industrias del continente.



Claro que también cuentan las renovadas empresas textileras, como Fatelares, que viene repuntando fuertemente con ventas en Venezuela y Estados Unidos, dos países fundamentales para las exportaciones antioqueñas.



A los exportadores no tradicionales paisas poco les afectan los vaivenes de la banda cambiaria, pues para ellos es más importante la estabilidad de los países en donde tienen mercado. Por eso, y gracias a la estabilidad estadounidense y al repunte venezolano, los ingresos por exportaciones manufactureras en Antioquia van en alza.



La visión de los empresarios no está únicamente dirigida hacia las grandes industrias. Su propósito es impulsar a las pequeñas y medianas para que inviertan en tecnología de punta y produzcan con calidad total. Sólo con estos dos requisitos podrán llegar a los mercados mundiales.



La nueva camada de ejecutivos paisas cree firmemente que sólo con inversión social hay posibilidad de desarrollo económico y por eso trabajan arduamente en la promoción de centros de diálogo y en la generación de consensos sobre la paz, la equidad, la distribución, la educación y la convivencia ciudadana.



Cultura social



Los nuevos vientos que soplan en Antioquia no se han dejado perturbar por la inseguridad que, como en el resto del país, genera temor en la población.



Los paisas se han propuesto una nueva y dura labor que se resume en el lema de una de las campañas bandera de la Caja de Compensación Familiar de Antioquia, Comfama: "ser un buen ser humano es un buen negocio".



En la región es claro que el repunte económico de los próximos años dependerá del éxito de las campañas de paz, del incremento de la participación ciudadana y del aporte que hagan todos los sectores de la sociedad para mejorar la convivencia.



Y las campañas están en marcha, porque algo que siempre ha caracterizado a este departamento es su solidaridad y, sobre todo, la cultura de la pujanza.



En educación se han dado grandes pasos. En sólo 3 meses de 1997 se crearon 120.000 cupos para la educación primaria y bachillerato con una inversión de $60.000 millones. Este fue un trabajo conjunto con las cooperativas, los colegios privados y públicos, las organizaciones no gubernamentales y con toda la sociedad paisa.



Muchos coinciden en que la región tendrá en cinco años la paz que tanto anhela y en ese entonces la inversión social se habrá convertido en crecimiento y desarrollo económico. El despertar antioqueño está en marcha.
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