| 6/1/2000 12:00:00 AM

El arte sí paga

Ahí, colgada de una puntilla, puede estar una inmensa fortuna.

Carlos Jacanamijoy salió del Putumayo cargado de leyendas producidas por el verde alucinante de la selva y el aliento a trementina de los chamanes. Su primera venta hace 20 años le produjo 50 centavos (sí, de peso). Hoy, cualquiera de sus obras se vende por un número con seis ceros a la: derecha.

Un fanático del riesgo le compró a Juan Carlos Delgado un zapato dibujado en carbón sobre retablo. El precio: $180.000. Tres años más tarde había que pagar millones por un Delgado. La lección: no hace falta ser millonario para invertir en arte. Dé gusto a los sentidos y junte el valor necesario para apostarle a la intuición, porque le puede significar ganancias.

¿Cómo comprar arte que tenga potencial de valorización? Quien quiere hacer este negocio en Colombia encuentra tres alternativas. Primero están los maestros reconocidos localmente: Marypaz, Hernández, Barrios, Grau, Salcedo, Granada... Casi con seguridad han alcanzado ya su máximo potencial de precio. El mercado globalizado de hoy, tiene a Christie's y Sotheby's como catedrales. Solo Botero, Obregón, Hoyos y Caballero han llegado allá.



Fortuna por descubrir



Y está el sueño del inversionista: el artista desconocido en cuyo talento pueden reposar millones de pesos a punto de ser explotados. ¿Cómo reconocer a este prospecto?

1. Debe tener Talento, con mayúscula. No es que pinte bonito. Debe mostrar una propuesta nueva, una intención, una personalidad poderosa presente en cada milímetro de su obra. Así, cuando se haga la memoria de la época, aparecerá como el tipo que rompió esquemas y abrió caminos que otros siguieron.

2. El artista debe tener un galerista detrás, la evolución de la obra en el mercado y una curva ascendente son su responsabilidad. Tres galerías están con los nuevos: El Museo Portobelo, Casa Cuadrada e Iber Arte, todas ellas en Bogotá.

3. Llegue temprano en el recorrido del artista, para capturar la mayor valorización. Recuerde: el arte está globalizado. Y si la valorización no llega, acéptelo con gracia. Se dio un gusto que nadie más podrá darse: ser dueño una obra original que solo a usted le gusta.



AL COMPRAR JOVENES

A la hora de girar el cheque, cuando se trata de arte contemporáneo joven es obligatorio que se trate de obras originales, que por lo general vienen presentadas en los siguientes técnicas: óleo sobre lienzo, madera, papel, metal, vidrio, cartón e inclusive sobre piel. Acuarelas, que siempre deben ir sobre papel, lo mismo que las témperos o gouache. Acrílicos, que son un reemplazo químico del óleo.

Si lo que le llena los sentidos es la escultura, vienen en bronce, aluminio, vidrio, resinas, piedra y hierro colado.



AL COMPRAR MAESTROS



Aunque no lo crea, con un milloncito le alcanza y hasta le sobra. Claro, olvídese del original y échele mano a lo que se denomina obra gráfica. Toda viene sobre papel y la técnica puede ser grabado, con variantes como aguafuerte, linóleo, punta seca, colofonia y xilografia, la serigrafía, que es una variante sofisticada del screen.

Y pare de contar. Estas obras tienen un número que marca el total de la edición y del ejemplar que usted adquiere. Cuando los artistas son buenos, la edición no supera las 150 copias, todas están firmadas por el artista y las PA o pruebas de artista tienen un valor especial.

Atención: la obra gráfica nunca se valoriza tanto como un original.



LAS COSAS RARAS



Después de Duchamp, un artista francés del siglo pasado que firmó un orinal, todo el cuento de la estética se estremeció y apareció el arte conceptual, con engendros como el ensamblaje, que consiste en armar algo coherente con objetos dentro de un espacio. Es decir, ahora el espacio es el medio, como antes lo era el lienzo o el papel. Ejemplos de este tipo de arte son la instalación que

interviene el espacio con un objeto u objetos, no necesariamente coherentes; el happening, en la que el espectador es parte de la obra; y el performance, donde la obra es el artista. No se asuste si su artista favorito se mete en una urna sin ropa y se rapa la cabeza, o se pinta la ingle o, en el peor de los casos, le da por cortarse las venas en público.
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