| 11/1/1993 12:00:00 AM

Economía desbordada

La demanda agregada está creciendo desaforadamente. Las tasas de interés son muy bajas, el déficit fiscal aumenta. Hay .quienes creen que el remedio es manejar la tasa de cambio, pero ello es una falacia.

Un aspecto que recurrentemente se discute en Colombia tiene que ver con el nivel del margen de intermediación. Sin pretender demeritar su importancia, en las actuales circunstancias creemos que resulta más importante abordar el tema del nivel general de las tasas de interés. Al fin y al cabo, puesto que hay virtual consenso en torno a que los altos márgenes se originan en las elevadas cargas cuasifiscales (encajes) y en los altos costos operativos que caracterizan a un sistema no muy competido, al reducirse las cargas cuasifiscales y/o al aumentar la competencia se debe producir una caída del margen. Puesto que en ambos frentes se están haciendo avances, es razonable pensar que en un futuro cercano observaremos márgenes más reducidos.

Para nadie es un misterio que si la tasa activa fuese 80% y la pasiva 59%, no habría nada que decir en torno al margen, a pesar de que el nivel de las tasas sería inaceptablemente elevado. Es factible que hoy día se esté configurando ese problema, en el sentido contrario: los márgenes están cayendo, lo cual es bueno, pero el nivel absoluto de las tasas es bajo, lo cual preocupa.

Al finalizar septiembre, la tasa de captación a través de CDTs a 90 días era del orden de 24% efectiva anual. El Banco de la República colocaba Títulos de Participación a igual plazo a 23.75% e.a. Los TES entre 3 y 6 meses rendían 24.8% e.a. Todo ello en momentos en que la inflación es del orden de 22%. Sin lugar a dudas, las tasas pasivas son bajas. Para el rentista resulta más atractivo adquirir bienes de consumo durable (i.e. vehículos) o presionar el mercado de finca raíz que ahorrar en activos financieros.

También al finalizar septiembre, los resultados en términos de inflación sugieren que la tendencia descendente de la misma podría estar revirtiéndose. Excepción hecha de un crecimiento muy bajo en el precio de los alimentos, el resto de rubros del IPC crece a tasas elevadas. Por otra parte, si bien la economía está creciendo a una tasa razonable de entre 4 y 5% anual, la demanda agregada (que se satisface con el PIB y las importaciones) está creciendo por encima del 11% anual. Finalmente, proyecciones (muy conservadoras) de Fedesarrollo sugieren un déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos de 2.3% del PIB en 1993 y de 3.5% en 1994.

No debe sorprender que si la demanda agregada está disparada se generen problemas en inflación, en balanza de pagos o en ambos. Si la economía estuviese cerrada, el exceso de demanda se traduciría en inflación. Estando abierta, se puede traducir en un aumento en importaciones. Este último ha sido notorio, en montos que si bien no justifican pensar en una crisis cambiaria dado el actual nivel de reservas internacionales, sí señalan que el panorama externo está cambiando en forma importante.

¿Cuál es el origen del aumento en la demanda? Hay varios. Un gasto público bastante elevado; una redistribución del ingreso de sectores (rurales) que gastaban poco a sectores (urbanos) que gastan mucho; una política monetaria claramente expansionista. La combinación de un gasto público elevado y una política monetaria expansionista es peligrosa; atenta contra el control de la inflación y la eventual solidez de la balanza de pagos.

¿Qué hacer para comprimir el crecimiento del gasto? Hay dos alternativas evidentes: el aumento en las cotizaciones a la seguridad social y una mayor disciplina fiscal. Sobre lo primero todavía no hay claridad; sobre lo segundo, es mejor no hacerse demasiadas esperanzas. Siendo ello así, ¿qué política monetaria se debe seguir? Se puede alegar que en una economía abierta, es poco efectivo hacer control monetario. Si el BR sube las tasas de interés para contraer la oferta monetaria, habrá una entrada de capitales que no sólo. anula el esfuerzo de contracción, sino que además genera presiones revaluacionistas. Países como Chile acudieron a normas que encarecieron el endeudamiento externo. No lo entorpecieron con confusa legislación; simplemente lo desincentivaron con un ergs. A la luz de la reciente Resolución 21, que se destaca por su sencillez y re presenta un claro avance sobre la 57 de la Junta Monetaria, se podría pensar en algo similar: encarecer el endeudamiento externo de manera tal que el Banco Central pueda elevar sus tasas de interés, sin hacer la del bobo. En ausencia de mayor disciplina fiscal, se hace imperativo adoptar medidas conducentes a recuperar el rol de la política monetaria, aunque algunas vayan en contra del sano espíritu liberacionista que ha imperado en los últimos años. En estos momentos hay demasiada incertidumbre macroeconómica como para exagerar la importancia de reducir los márgenes de intermediación.

En Colombia se ha vuelto costumbre achacarle la culpa de todo a la tasa de cambio. Ya se escuchan voces que sugieren que si las importaciones son elevadas, es porque la tasa de cambio está sobrevaluada. Claro, uno puede tratar de contrarrestar el desatino en la política fiscal o monetaria devaluando más rápidamente, en efecto validando la famosa espiral inflación devaluación, la cual nunca ha llevado a nadie a ninguna parte. Lo que nunca puede hacer es pretender corregir con la política cambiaria los desatinos de la política fiscal o monetaria. Es como cuando uno se engorda: debe usar camisas más grandes, lo cual no quiere decir que al usarlas se vaya a adelgazar. Y si no cambia de camisa y se siente incómodo, la culpa no es de la camisa sino de la gordura.
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