| 10/1/1995 12:00:00 AM

Economía del proceso 8.000

Lo bueno, lo malo y lo feo de que la economía haya dejado de ser una ciencia exacta y haya sido invadida por la Fiscalía y la política.

Es claro que, aunque no se sepa muy bien cómo, lo político afecta lo económico. La crisis actual es de tal envergadura que en el futuro deberá analizarse con variable dummy en la regresión, antes y después del 8.000. Vale la pena aprovecharla oportunidad para unas cuantas cavilaciones cualitativas acerca de las consecuencias económicas de la crisis.



LO BUENO



Se salvó el sector productivo de una mayor cascada impositiva. Si con la oposición a ocho mil los alcabaleros son capaces de empujar una ambiciosa reforma tributaria, si se atreven a proponer impuestos regresivos, no es difícil imaginar las pretensiones que tendrían en circunstancias de imagen menos adversas.

Salieron a flote las inconsistencias ideológicas de los samperistas de izquierda. Cuando uno tiene pasado izquierdoso, amigos izquierdosos, vocación de izquierdoso y en el fondo sigue siendo izquierdoso, llega al poder con gobierno izquierdoso y para proteger la imagen de la clase dominante le toca a espaldas del pueblo conmocionarse interiormente, volverse autoritario, firmar decretos represivos, dejarse presionar por el imperialismo, darle más plata al aparato

de seguridad o, al lado de la tumba del mismo Mao, ante la crema del feminismo universal, armar berrinches domésticos, se le da un golpe de gracia a la credibilidad del discurso izquierdoso al que se le trabajó por tantos años. El 8.000 ha contribuido a desprestigiar la retórica izquierdista más que los cuatro años de neoliberalismo y revolcón. Como decían los marxistas, cambió la correlación de fuerzas en un sentido que, está demostrado, es bueno para la salud del PIB.

Se consolidó el "saponomics" como la escuela económica

predominante dentro de la tecnocracia gubernamental. El "saponomics", importante vertiente

d e I pensamiento económico criollo, se basa en postulados` muy sencillos: lo que pasa en la economía es lo que el jefe dice que pasa y al país le conviene lo que el jefe opina que le conviene o lo que le conviene al jefe. Después de significativos avances conceptuales autóctonos en materias como Pactos y Saltos Sociales

o Aperturas con Corazón, no es del todo descartable que empiecen a aparecer documentos oficiales acerca de "Las Financiaciones a las Espaldas (FAE)-Efectos Sobre La Cuenta Corriente" o algo en las líneas de "El Dilema del Indagado-Un Enfoque de Teoría de juegos".

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Simultáneamente comenzaron a elevarse los costos U de adoptar dicha doctrina de saponomics. Fuera de los riesgos derivados del simple hecho que el jefe se puede caer, resulta un oso que el jefe diga que X > M para que inmediatamente la realidad y Lora le recuerden que M > X.

La teoría de la actividad política como negocio recibió respaldo empírico. El cuento de los políticos benevolentes que sólo buscan servir a la patria con enormes sacrificios personales y familiares, motivados exclusivamente por su vocación social, su comprensión de la problemática nacional y el interés público, quedaron bastante revaluados ante la evidencia de que esos mismos políticos son capaces de venderle el alma al diablo con tal de ganar una elección, o de aferrarse a sus chanfas cual burócrata mediocre a punto de pensionarse.

Disminuyó la rentabilidad del negocio de la política. Rodearse de los poderosos en vísperas de elecciones se tomó riesgoso. Disminuirá el desperdicio de recursos en publicidad, cuñas, agasajos, pasacalles, papayeras y otros elementos contaminantes.

Desde el punto de vista de la inversión en capital humano también habrá secuelas. Los futuros abogados, hasta ahora convencidos de que ejercer el derecho en Colombia era jugar a Perry Mason, o a Víctor Cifuentes en L.A. Law, al ver a un Cancino hablando de estrategias procesales aguerridas, o a un Amézquita jugándole doble a su apoderado, han tenido la oportunidad de apreciar las peculiaridades y el brillo intelectual de una carrera como litigante en el país.



Lo MALO



Aumentarán los llamados "costos de agencia". Como se recordará, se habla de una relación de agencia cuando un

"principal" delega ciertos derechos y obligaciones en un "agente" para que lo represente ante terceros, mediante un contrato, formal o informal, y a cambio de algún tipo de recompensa. Si, como se desprende de esta crisis, el agente en Colombia deberá ahora no sólo tratar de representar los intereses del principal sino, además, arreglárselas por su cuenta cuando se compliquen las cosas y el principal asegure que el agente actuaba por cuenta propia y a espaldas del principal, nadie va a ser tan bobo como para querer ser agente. Así, en cualquier empresa el tesorero, el contador o cualquier ejecutivo van a dejar de cumplir órdenes o bien a exigir, para seguir en sus cargos, su designación como gerentes o presidentes de la junta. A la organización administrativa y financiera de una campaña sólo se le medirán los candidatos.

O Bajará el stock de confianza dentro de la sociedad colombiana y, por lo tanto, disminuirán las posibilidades de un futuro económico venturoso. Los analistas que desde el hemisferio norte nos viven contando porque no nos desarrollamos, tienen una nueva teoría. En las sociedades donde, a causa de gobiernos arbitrarios, fiscalistas e impredecibles, no impera un ambiente generalizado de confianza (trust), los individuos tienden a encerrarse en sus hogares y a desconfiar de cualquiera más allá de su familia. Este enclaustramiento hace que la capacidad para establecer asociaciones privadas sea muy baja y que por lo tanto la responsabilidad de producir e invertir se concentre en empresas familiares o, en el otro extremo, en entidades estatales. Ninguna de las dos, nos dicen, da un brinco en los mercados internacionales. Si hay un mensaje que con el 8.000 ha quedado claro en Colombia, es que en cuestiones de plata a duras penas se puede confiar en la mamá. En un ambiente tan cargado de grabaciones secretas, delaciones y traiciones, se mermará nuestra ya precaria capacidad para asociarnos y, así, se esfuma

tan las posibilidades de emular a los asiáticos.

Queda demostrado el des



comunal poder de la Fiscalía. Los colombianos del montón que sufrimos con las arbitrariedades de funcionarios de bajo calibre -como el agente de tráfico que no le parece suficiente el equipo de carretera, o el contratista de la energía que amenaza con cortar la luz antes del vencimiento del recibo-, reconocemos nuestra impotencia ante estos "excesos de au

toridad"; los que sabemos que este tipo de arbitrariedades oficiales en nada desvelan a la élite gubemamental -a Palacio no llegan notificaciones de la DIAN, ni los ministros se afanan por la calcomanía de sus vehículostemblamos del susto al imaginamos, indefensos, ante unos funcionarios públicos, los fiscales, con el poder y la discrecionalidad suficientes para aguar una fiesta en Hatogrande. ¿Quién en Colombia se siente inmune a que le caigan con cargos de "falsedad ideológica" o °falsedad en documento privado"? ¿Qué tal cuando a la Fiscalía se la tomen los malos? ¿Podemos esperar que Cancino también haga dumping con el ciudadano raso? Temores de este calibre repercutirán negativamente en los ya bajísimos niveles de confianza dentro de la sociedad colombiana, que se polarizará entre acusados y acusetas, mediados por fiscales moralistas sin rostro.



LO FEO



Aumentará la evasión tributaria. En las actuales circunstancias, para el contribuyente cumplido la simple mención de

una reforma dirigida a controlar la evasión parece un mal chiste. El que haya hecho correctamente los autoavalúos se siente como un bobo ante la posibilidad de que la amnistía propuesta cobije los baches entre ingresos y egresos en las campañas. Cuando en la cúpula el estilo administrativo es de francachela total, y en fundaciones ambientales y campañas presidenciales el manejo contable es tan riguroso como el de una lechonería callejera, las propagandas de la DIAN en las cuales se enjaula un conejito y cae "todo el peso de la ley" parecen sacadas de Sábados Felices.

Se hizo evidente la precariedad del sistema de indicadores económicos en Colombia. Es lamentable que las únicas señales a las que se pueda acudir en el país para mirar cómo va la economía sigan limitadas a las del mercado de capitales, que es como de Miceky Mouse, y a las del mercado cambiarlo, del cual nadie conoce a ciencia cierta ni la mitad de sus detemtinantes. Cuando para saber si un evento como el 8.000 está afectando el ciclo real toca llamar al amigo de la agencia de publicidad a ver cómo va la pauta, o a la revista DINERO, para ver qué chismes tienen y contarle los avisos, o usar "leading indicators" como el número de mesas ocupadas en el restaurante de moda, es porque los responsables de las estadísticas económicas no están haciendo bien la tarea. ¿A quién le va a importar dentro de tres años el estimativo del DNP sobre el PIB trimestral 95-III con base en las cifras provisionales del DANE, teniendo a mano y sufriendo las consecuencias del impacto económico del proceso 8.000?
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