| 9/1/1997 12:00:00 AM

Don Guti

Empresario, dirigente gremial, diplomático, artífice del subsidio familiar y de clínicas y universidades, hombre querido por todos. Ese es José Gutiérrez Gómez.

Pocas personas se dan el lujo de pasar a la historia en vida. Don 'Gutigómez' es una de ellas. Nadie duda que él ha sido uno de los hombres más influyentes del país en la segunda mitad del siglo XX y el más importante paradigma viviente del empresario antioqueño con espíritu público.



Ha vivido más de 758.160 horas, pero su entusiasmo sigue intacto. Su memoria es prodigiosa y aún, como a lo largo de toda su existencia, cultiva muchas pasiones: el ánimo emprendedor, las finanzas, el deseo del bienestar social, el arte, la vida cívica, el ejercicio del poder y el descanso.



"Nunca he trabajado más de 8 horas diarias ni me ha gustado que el personal trabaje más de ese tiempo, por una filosofía de que el exceso de trabajo no es justo", dice Don Guti, que además de trabajar, juega al ajedrez, al tenis y al golf, asiste a toros en primera fila como cualquier ciudadano, se deleita leyendo historia del siglo XIX y cuenta anécdotas por miles como un abuelo bonachón y sabio.



Hoy en día asiste, y se ocupa, de al menos una junta directiva semanalmente: del Consejo Superior de Eafit donde se forman los futuros administradores antioqueños, del Teatro Metropolitano, de la Clínica Infantil Noel, de la Occidental de Empaques (Odempa), de su Fundación Más que Vencedores, que ayuda a los niños de la calle y del Consejo Superior de Proantioquia, entidad que constituye la dimensión social de la empresa paisa y de la cual es socio fundador.



En este último, que él preside, tienen asiento los empresarios antioqueños más influyentes, para quienes don Guti es un patriarca en plena actividad. Entre ellos figuran Adolfo Arango, Nicanor Restrepo, Fabio Rico, Jorge Londoño, Ricardo Angel, Alberto León Mejía, Gilberto Restrepo Vásquez, Germán Jaramillo Olano, Darío Múnera Arango, Jota Mario Aristizábal y Santiago Mejía Olarte.



El dice que lo de 'Don' se lo ganó desde que estaba al frente de la Asociación Nacional de Industriales (Andi), cuya presidencia asumió un año y medio después de ser fundada, el 11 de septiembre de 1944 en Medellín, por iniciativa del presidente de la República Alfonso López Pumarejo y el industrial Cipriano Restrepo Jaramillo, con el propósito de crear un canal unificado para la expresión y la gestión de los intereses de los industriales del país que en ese entonces comenzaban a ser numerosos, pero estaban dispersos, "lo cual generaba una profunda debilidad", cuenta Don Guti.



Misión cumplida



Precisamente el mismo año que Don Guti fue elegido como presidente de la agremiación, subió al poder el presidente Mariano Ospina Pérez, con quien hizo una gran amistad, al punto que se decía que Don Guti "desensillaba en Palacio".



Ospina Pérez los encomendó en 1949 a él, a Gonzalo Restrepo Jaramillo, Emilio Toro, Alfonso Araujo, Roberto Urdaneta Arbeláez y José Camacho, para la discusión y renegociación de un tratado comercial que había sido firmado en 1935 con Estados Unidos. Por medio de este tratado, que había sido aceptado a cambio de la exoneración de impuestos al café y al banano, se fijaban unos aranceles muy bajos para 162 productos de importación y los productos colombianos quedaban en franca desventaja frente a los de Estados Unidos. El tratado quedó sin vigencia en diciembre de ese año.



Ospina Pérez adoptó entonces el modelo de sustitución de importaciones, política que Don Guti impulsó en acuerdo con los empresarios y las comisiones económicas del Congreso y que, en su opinión, favoreció en ese momento el desarrollo de la industria nacional y que de no ser así "hubiera tardado varias décadas".



Durante los 11 años que permaneció en la Andi posicionó a esta agremiación como la más influyente del país e hizo que sus planteamientos tuvieran eco en el exterior. Fue un verdadero embajador de los intereses de los industriales del país ante el Gobierno y ante entidades crediticias internacionales, como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, a donde fue comisionado por el gobierno en cuatro oportunidades.



Esta posición la logró defendiendo por igual a patronos y a obreros. "Dediqué el mayor empeño a crear un ambiente de colaboración entre patronos y trabajadores, a eliminar los conflictos, a hacer cumplir las prestaciones sociales y a dar estabilidad al personal. Además, mis ejecutorias en la Andi se concentran en una labor permanente para evitar excesos tributarios, que es la pretensión de la mayoría de los gobiernos, y para mantener relaciones amistosas con los países vecinos y con Estados Unidos. Todo esto mediante convenciones internacionales y de intercambios informativos", explica Don Guti.



Sus 'obras'



La obra que más quiere y por la que más le gustaría que lo recordaran siempre es por haber tenido la iniciativa, en compañía de otros empresarios antioqueños, de crear el subsidio familiar en Colombia, que marcó un hito en el desarrollo de los derechos laborales en el país.



Cuarenta y cinco gerentes de industrias paisas aceptaron de entrada su propuesta de dar una contribución voluntaria para los trabajadores. Esta fue llevada por la junta directiva a la Asamblea de la entidad y así, en mayo de 1955, nació Comfama, la primera Caja de Compensación Familiar del país, que hoy cuenta con medio millón de afiliados en Antioquia.



Luego la Junta Militar de Gobierno que asumió las riendas del país después de la caída del general Gustavo Rojas Pinilla el 10 de mayo de 1957, adoptó el plan Comfama como una obligación legal para todos los industriales. Hoy existen en el país 66 cajas de compensación familiar que les ofrecen programas de salud, educación, recreación, rehabilitación y vivienda a cerca de nueve millones de trabajadores.



Para ese entonces, Don Guti conocía las necesidades de los más necesitados tanto en el campo como en la ciudad.



Cuando su diploma de abogado de la Universidad de Antioquia estaba aún fresco (se graduó en 1929), le había sido encargada la tarea de crear la Caja de Crédito Agrario en Cali, sucursal que manejó cuatro años hasta su regreso a Antioquia, donde a lomo de caballo recorrió las más recónditas poblaciones para abrir agencias que todavía siguen en actividad. "Fue muy importante lo que esa experiencia influyó en mi vida, porque me hizo conocer los problemas del campo, las grandes dificultades y riesgos que afrontan quienes se dedican a las actividades agropecuarias".



Su primera experiencia empresarial la tuvo años más tarde como gerente de Laboratorios Uribe Angel, una empresa farmacéutica que tenía fábricas en Medellín y en Barranquilla. Allí le correspondió manejar cerca de 500 empleados, en una época en la que no existía legislación laboral ni prestaciones sociales ni sindicatos y la protección para los trabajadores era escasa.



Con todo ese equipaje llegó a poner orden en la vida industrial del país, en tiempos de posguerra. Aparte del subsidio familiar, se preocupó por la educación y la salud. Fundó el Hospital de la Andi, hoy Hospital Pablo Tobón Uribe; participó en la creación, en 1948, de las becas que cada año entrega esa agremiación para estudios de posgrado en el exterior y pregrado en las universidades colombianas. Más tarde, participó en la creación del Sistema Nacional de Aprendizaje (Sena), durante el gobierno de la Junta Militar que sucedió a Rojas Pinilla.



Conspirador



Don Guti, que inicialmente había mirado con buenos ojos el ascenso del General al poder, fue uno de los grandes promotores del paro industrial, bancario y cívico que condujo a su caída y que se vivió con gran intensidad en Medellín. "Alfonso López Pumarejo vino a Medellín silenciosamente. Estaba alojado en la casa de Bernardo Cock, donde nos reuníamos por la noche para hablar de política. El nos infundió a los dirigentes de Antioquia que había que tumbar a Rojas", relata.



"Comuniqué mi retiro voluntario de la Andi en febrero de 1957, tres meses antes de la caída del general Rojas Pinilla en virtud de un movimiento empresarial del cual formé parte. El resultado fue que me nombraron alcalde de Medellín el 12 de mayo". No había cumplido cuatro meses como alcalde, cuando la Junta Militar lo nombró embajador de Colombia ante el gobierno de Estados Unidos y ante la Organización de Estados Americanos (OEA), cargos en los que lo mantuvo el presidente Alberto Lleras Camargo.

"Considero que una persona se desgasta ante la opinión pública cuando permanece un tiempo excesivo en la defensa de un gremio.



Además, once años no sólo dejan satisfacciones sino también cansancio y frustraciones.". ¿Frustraciones? "Sí, de mis campañas sociales recibí un gran apoyo por parte de la industria de Antioquia y ninguno por parte del resto del país", explica Don Guti al referirse a su retiro de la agremiación.



Vuelo internacional



En Washington logró dos cosas importantes: recuperar el prestigio democrático de Colombia y sellar el primer convenio cafetero de retención de la historia, que dos años más tarde sirvió como precedente de la firma del Pacto Mundial del Café en Londres.



La circunstancia era la siguiente: de los dos dólares a los cuales se cotizaba en los mercados internacionales la libra del café en tiempos de Rojas, el precio del grano descendió, en enero de 1958, a 52 centavos la libra. Don Guti asumió entonces el liderazgo del grupo de países latinoamericanos productores de café e impulsó un plan de retención que subió el precio a US$1,50 la libra, como años después lo hizo su sobrino Jorge Cárdenas Gutiérrez, presidente de la Federación Nacional de Cafeteros.



Allí nacieron además grandes amistades: con el ex presidente del Brasil, Juscelino Kubitschek de Oliveira, quien le otorgó la Gran Cruz del Sur (equivalente a la Gran Cruz de Boyacá) por su lealtad en las relaciones cafeteras con ese país; con John Foster Dulles, secretario de Estado durante la administración del presidente Eisenhower y uno de los artífices de la 'Guerra Fría' a quien admira profundamente, y con Nelson Rockefeller, quien se desempeñaba como representante de Estados Unidos ante los embajadores de América Latina. Eisenhower, quien solía negarse a las visitas, lo recibió tres o cuatro veces en su despacho.



Por esta época, la cercanía ayudó a que se consolidara su gran amistad con el presidente liberal y embajador ante la Asamblea de las Naciones Unidas en Nueva York, Alfonso López Pumarejo, con quien, a pesar de pertenecer a bandos políticamente opuestos, siempre coincidió en el enfoque social.



"Soy conservador doctrinario, pero no dogmático", afirma Don Guti, quien nunca aceptó un cargo público por considerar "que podía trabajar más en la cuestión social sin meterme en la política".



El olfato financiero



En 1959, Don José Gutiérrez Gómez decidió regresar a Medellín. Motivo: ya era hora de iniciar otra empresa. Entonces fue nombrado como presidente de la Corporación Financiera Nacional (CFN), fundada el 31 de marzo de ese año por un grupo de empresarios antioqueños con el fin de impulsar el desarrollo industrial del país. Allí puso a prueba su olfato en el campo que más estimula su imaginación: el financiero.



Las operaciones de la CFN se iniciaron el 2 de enero de 1960 con un capital autorizado de $25 millones, casi la mitad de ellos representados en 1'291.800 acciones por un valor de $10 cada una. Las excelentes relaciones que Don Guti había hecho con la banca multilateral en sus misiones como presidente de la Andi, sirvieron esta vez para darle un gran impulso a la CFN. Muestra de ello es que muy pronto la Corporación Financiera Internacional, una filial del Banco Mundial, se hizo su socia. También se crearon lazos del otro lado del Atlántico con el Banco de Londres y América del Sur, ahora Lloyds International.



Durante los 20 años que Don Guti estuvo al frente de la CFN, gracias a los créditos e incluso a su vinculación accionaria de Corporación, se crearon empresas de la dimensión de Enka de Colombia S.A., Compañía Colombiana de Clinker S.A. (Colclinker), Conavi, Electroquímica Colombiana S.A., Electrowest S.A., Gases Industriales de Colombia S.A. (Criogas), entre otras.



Ya para ese entonces había cinco corporaciones financieras en el país cuyas cabezas trabajaban en equipo: Benjamín Martínez, en la Corporación Financiera del Valle; Francisco Javier Gómez, en la de Caldas; Alvaro Jaramillo de Vengoechea, en la del Norte e Ignacio Copete, en la Corporación Financiera Colombiana.



Un don



La Corporación Financiera Nacional que, como dice un colaborador muy cercano a él, no era conocida por su nombre sino por el de Don José Gutiérrez Gómez, jugó años más tarde un papel clave en la recuperación de las acciones de varias empresas paisas amenazadas por las 'tomas hostiles' de los grupos Grancolombiano y Santo Domingo. Este último, con la compra del Banco Comercial Antioqueño, llegó a poseer el 30% de las acciones de la Corporación.



En ese momento, la CFN adquirió el 17% de las acciones de la Compañía Nacional de Chocolates, el 4% de Cemento Argos y de Cementos del Caribe y parte de Tejicóndor, dentro de una estrategia de propiedad cruzada que fue el comienzo de lo que hoy se conoce como el Sindicato Antioqueño.



Sin embargo, antes de que se produjera este cruce accionario, 'las vacas sagradas' -una generación de prohombres antioqueños, todos 'dones', de la cual Don Guti es el único sobreviviente- controlaban las grandes empresas de la ciudad, desde sus asientos en múltiples juntas directivas en lo que constituía ya una especie de sindicato de poder.



Don Guti no sólo se las ingenió para buscar los recursos necesarios para dar a luz nuevas industrias o para controlar las existentes, sino también para seguirle el paso al futuro en materia social. Fue así como en 1960 participó en la fundación del primer centro de educación superior en Administración y Negocios (Eafit).



De una amistad que había comenzado cuando él era embajador y el cirujano cardiovascular Alberto Villegas Hernández era estudiante en Washington, nació más tarde la Clínica Cardiovascular La María, pionera en transplantes de corazón en América Latina. Y así, muchas otras empresas que han nacido de ese otro don de Don Guti: el de gentes.



"A propósito de la creación de Enka, el Banco Mundial envió a un funcionario egipcio muy importante, especializado en la industria de fibras de poliéster. Preciso a la hora de la cita, Don José Gutiérrez Gómez recibió una llamada del Presidente de la República, lo que solía ocurrir con más frecuencia de lo que la gente se pueda imaginar. Recuerdo que el egipcio estaba a punto de perder un avión y estaba desesperado. Al fin, Don Guti colgó con el presidente y nosotros creímos que le iba a echar un madrazo, pero no. Lo tuvo en su oficina más de media hora y luego el hombre salió con una sonrisa de oreja a oreja. 'Very wise man' (un hombre muy inteligente) fue lo que salió diciendo el señor", cuenta uno de sus colaboradores que además destaca su "exquisito" sentido del humor.



'Don Guti' sabe muy bien, y además lo dice, que parte de su éxito en los negocios se lo debe a las buenas amistades. Su simpatía, según sus colaboradores, hace magia: como cuando con una llamada logró que el presidente Virgilio Barco, quien tenía una opinión desfavorable sobre las obras del Metro de Medellín, destrancara las licencias de importación y diera el aval para los créditos de la banca alemana y española. "Cuando ya estaba todo resuelto, me salí de la Junta del Metro", explica.



Una vida para los demás



Apartir de la década de los 80, Don Guti se fue despojando poco a poco de sus responsabilidades empresariales y de algunas juntas a las que perteneció casi de manera vitalicia como las de Yardley, Landers Mora y Electroquímica. El último cargo empresarial que ocupó fue el de miembro de la Junta Directiva del Banco de Bogotá en esa ciudad y en Nueva York a donde viajó 50 veces en cinco años.

Hoy, a sus 86 años, todas sus energías, que son tantas como para estar planeando una correría de un mes por Europa, están dirigidas a las empresas cívicas, sociales y culturales, a los árboles de chirimoyas con los que 'chicanea' a todo el que lo visita en su finca, y a su familia: Cecilia, fruto de su matrimonio con doña Maggie Restrepo, a sus tres nietos y un biznieto (ya casi dos).



Y si bien ya podría descansar no sólo 16 sino las 24 horas del día y dar órdenes desde su poltrona de Don, prefiere coger el teléfono y marcar él mismo, o sentarse en la silla del chofer y manejar, o acudir a una decena de juntas y a los cientos de almuerzos a los que lo invitan como aval necesario para que se mueva algo (político, económico, cultural, ¡todo!) en Antioquia y no preguntar quién es para pasar, siempre, al teléfono, porque eso sí, todos, desde presidentes y ministros hasta pensionados, buscan en Don Guti el consejo acertado de quien se mantiene en proa señalando la dirección. Sin pestañear.
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