| 9/1/1994 12:00:00 AM

CONTRA REFORMA

Para frenar la reevaluación hay que inducir un aumento en la demanda de divisas, no frenar la oferta de las mismas artificialmente.

Soplan y se sienten disonantes vientos de contrarreforma por parte del equipo económico del actual gobierno. Por una parte, el ex ministro y actual jefe de Planeación Nacional, José Antonio Ocampo, insiste en la bondad de los subsidios, y por otra parte, el ministro de Hacienda, Guillermo Perry, ha expresado con toda claridad que la tasa de cambio no puede dejarse a las fuerzas del mercado, como ha sido la política de la junta directiva del emisor.

Los peligrosos vientos que corren parecen indicar que los puntos claves de la política cambiaría que nos regirá en el cuatrienio que comienza pueden ser un regreso a las ingratas prácticas del pasado; intervencionismo, inflación, subsidios, control monetario etc., etc.

Pero aquellas políticas intervencionistas de antaño no son tan sencillas de aplicar como en el pasado, a la luz de la Constitución de 1991. El ministro de Hacienda no puede simplemente decretar la tasa de cambio. Puede únicamente proponer que se adopten ciertas medidas que conlleven a una mayor devaluación, siempre y cuando tenga la anuencia de la mayoría de los miembros de la junta del Banco de la República.



Concretamente, el señor ministro de Hacienda propone acelerar la devaluación restringiendo en forma drástica el endeudamiento en divisas e imponiendo nuevos y más drásticos controles cambiarios al flujo de capitales extranjeros. Quien escribe esta nota considera que ambas medidas no sólo son nocivas, sino ineficaces y contraproducentes. El restringir el crédito externo es un premio inmerecido al sistema financiero nacional, que librado de la competencia extranjera, puede nuevamente ejercer su oligopolio sobre el sector productivo del país, imponiendo a su total discreción las tasas de intermediación que considere. Sólo la abierta competencia de fuentes de financiación internacional estaban forzando el sistema financiero colombiano a ser más eficiente y a buscar nuevos y más ágiles vehículos de intermediación. Con las medidas tomadas ya no existirá presión alguna para ser competitivo y eficiente y nuevamente el sector productivo y comercial quedará a su merced.

Por otra parte, un número no despreciable de empresas en el sector industrial, comercial, de servicios, y de la construcción contemplaban nuevos proyectos basados en la posibilidad de obtener créditos en divisas a tasas sustancialmente más bajas que las que ofrece la banca en Colombia en pesos. Muchos de estos proyectos serán descartados y consecuentemente será menor la creación de nuevos empleos. Bajará el crecimiento de la economía ya que los altísimos costos de interés en Colombia sólo permiten que sean viables proyectos de muy alta rentabilidad pero de igual alto riesgo. Es obvio que estas consecuencias están diametralmente encontradas con las metas de crecimiento económico de la actual administración.

Igualmente, el restringir el flujo a los capitales extranjeros puede ser totalmente contraproducente a una política de crecimiento económico. Las empresas verán

restringido su acceso a los mercados de capital nacional e internacional y los proyectos que dependen del capital de riesgo extranjero tendrán que ser archivados. No se puede negar que una parte de los flujos que están entrando al país son del narcotráfico. Pero también es una realidad que buena parte de

las entradas corresponden a los ahorros de colombianos que hoy en día consideran seguro y rentable invertir en Colombia. El frenar el retorno de estos capitales es un error.

Por poco que le guste al equipo económico actual, la tasa de cambio tiene que ser un reflejo de la demanda y oferta de divisas. Al inducir una devaluación que no corresponda a la realidad del mercado de divisas nos vamos a encontrar con una brecha desproporcionada entre el cambio oficial y el paralelo, cuya consecuencia inmediata será un crecimiento desmedido en la sobrefacturación de las exportaciones y la subfacturación de las importaciones. Para evitar este fenómeno natural se impondrán nuevos y más estrictos controles de cambios que poco efecto surtirán fuera de aumentar la burocracia estatal, y necesariamente tendremos que regresar a los esquemas de control monetario policivo propio de una economía cerrada.

Finalmente, la anterior administración Gaviria, a pesar del injustificado desbordamiento del gasto público, logró bajar el nivel de inflación en buena parte debido a la reevaluación relativa de la moneda en el marco de una economía abierta. El pretender que con una devaluación inducida que no refleje las realidades del mercado no se corre el riesgo de que se dispare nuevamente la inflación, no deja de ser una quimera.

Lo que sí propone el actual equipo económico, que es enteramente razonable con las metas de crecimiento y con menores niveles de inflación, es el no monetizar el producto de la bonanza cafetera y petrolera.

Quien escribe esta nota considera que el gobierno del Dr. Ernesto Samper tiene a su alcance una serie de medidas complementarias para acelerar la devaluación y que no conllevan las consecuencias negativas de restringir el crédito externo y la entrada de capitales foráneos; una de ellas es eliminar toda restricción a la salida de capitales por parte de nacionales y extranjeros residentes en el país. En forma concreta se le debe permitir a las personas naturales y jurídicas el acceso irrestricto a divisas tanto para inversión en activos financieros o reales en el extranjero como la tenencia de divisas de toda índole tanto en Colombia como en el exterior. Por otra parte, se deben estudiar mecanismos para financiar a largo plazo la compra de divisas por parte de nacionales para llevar a cabo inversiones en el exterior que redunden en ventajas competitivas en el sector, como puede ser, por ejemplo, el de invertir en plantaciones de árboles en Canadá o Argentina, por parte de las empresas transformadoras de papel.

De esta forma se aumentaría la demanda por divisas logrando una mayor devaluación ya que la actual reevaluación es exclusivamente el resultado de una mayor oferta de dólares sin que existan los mecanismos para fomentar un aumento en la correspondiente demanda. El anterior esquema es compatible con el libre funcionamiento del mercado de divisas sin la necesidad de tomar las medidas nocivas anteriormente discutidas ni entrar en los sistemas intervencionistas del pasado.
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