| 10/1/1994 12:00:00 AM

Cómo reconocer la "voluntad de paz"

Durante muchos años el país ha sido engañado por la guerrilla. En esta ocasión hay que buscar su desmovilización y desarme.

Uno de los problemas más difíciles que enfrenta hoy el gobierno y la clase dirigente del país es el de cómo reconocer si esta vez la guerrilla quiere de verdad encontrar una salida pacífica y razonable al conflicto armado. Porque varias razones cuestionan seriamente la credibilidad de los mensajes de la guerrilla en son de diálogo. Destaco dos.

Primera: a través de los años los diversos grupos guerrilleros, cada uno en su momento, han engañado más de una vez al país.

Segundo: a algunos guerrilleros (¿pocos?, ¿muchos?) no les resulta atractivo someterse al régimen legal vigente, porque están acostumbrados a un estilo de vida y de ejercicio del poder en sus áreas de influencia que la alternativa de vivir desarmados y honradamente de su trabajo les debe parecer despreciable. ¿Por qué habrían de negociar ahora con sinceridad?

Para establecer si entre ellos existe o no voluntad de paz creo conveniente partir de un documento interno del ELN, denominado poder popular y nuevo gobierno, aprobado en el II Congreso de la UC-ELN, según parece a finales de 1989. Aun cuando el documento tiene ya más de cuatro años, enseña muy bien lo que puede estar pretendiendo hoy, no sólo el ELN, sino las FARC y el EPL, línea Caraballo.

El documento consagra un anexo a lo que denomina "Posición frente a la negociación", y lo primero que entra a tratar es para qué sirve ésta. Su respuesta es así: La negociación bien utilizada favorece el proceso revolucionario, mal utilizada lo perjudica. Bien utilizada sirve para conquistar legitimidad nacional e internacional, es decir, una mayor aceptación de la población y un mayor reconocimiento de los movimientos y de los gobiernos de otros países. Bien utilizada ayuda a obtener conquistas parciales tanto para el pueblo como para las organizaciones revolucionarias. La negociación, la diplomacia, es una parte de la guerra, es una continuación de la guerra (pp. 173-174; la negrilla es mía).

Luego el documento recuerda que el accionar de la guerrilla se orienta por dos tipos de objetivos: unos globales y otros parciales, los cuales por supuesto se buscan en función de aquellos. Como objetivos globales el documento menciona cuatro:

1 Conformar un nuevo gobierno de participación democrática, popular y revolucionario.

2 Disolver el actual ejército oficial y formar un nuevo ejército popular...

3 Poner en práctica un programa que busque la democracia, la soberanía, la vida y el mayor bienestar de las mayorías nacionales.

4 Adoptar una política internacional que desate los lazos de dependencia que en la actualidad se mantiene con los EE.UU. (p. 176).

Como objetivos parciales, que pueden alcanzarse mediante la negociación, figuran sólo dos (presumo que son aquellos para cuyo logro la negociación es particularmente apropiada).

- Buscar la negociación de un convenio por la vida cuyo núcleo fundamental es la humanización de la guerra.

- Buscar acuerdos que nos vayan conduciendo a la nacionalización de los recursos naturales, especialmente el petróleo (p. 177).

Humanización de la guerra es una frase de mucho veneno: a la luz de otros apartes del mismo documento aquí bajo examen y de documentos más recientes de los grupos guerrilleros, significa debilitar lo más posible las Fuerzas Armadas mediante un incremento sustancial del control sobre su accionar, en especial a través de los organismos de derechos humanos; un retiro de las Fuerzas Militares de ciertas áreas; la apropiación del Protocolo II al Convenio de Ginebra con el cual la guerrilla -sin que ella se comprometa a nada- presumiblemente logra la protección del derecho internacional humanitario y, por otro lado, las Fuerzas Militares quedan más inhibidas de emprender acciones efectivas contra la guerrilla, so pena de ser acusadas de violadoras de los derechos humanos y por último, un recorte al gasto militar. Eso es lo que, en términos concretos, significa para la guerrilla humanizar la guerra.

Por último, véase esta perla de recomendación: Para conquistar estas reivindicaciones nosotros podemos hacer concesiones que no afecten de modo importante nuestra estrategia, pero que limitan nuestra actividad parcialmente.

Por ejemplo, nosotros podemos hacer ceses temporales de los ataques a ciertos objetivos específicos, podemos hacer ceses generales en tiempos cortos. Podemos proponer o aceptar la limitación mutua en la utilización de determinadas armas. En ningún caso se debe dejar establecer la premisa de desmovilización y desarme. Tampoco debemos dejarnos imponer treguas unilaterales como condición para iniciar negociaciones (p. 177; la negrilla es mía).

Con este tipo de consignas e instrucciones, cómo saber si esta vez la guerrilla sí tiene verdadera voluntad de paz. El cese temporal de actos violentos no es indicio confiable, según lo acabamos de ver. Menos lo será el envío de cartas mostrando disposición al diálogo. Tampoco lo sería la propuesta formulada por la guerrilla de que se invite a unos mediadores internacionales o nacionales; eso bien puede ser parte de la estrategia de promoción internacional de la causa guerrillera atrás mencionada.

Según lo visto arriba, creo que la única garantía confiable de que esta vez la guerrilla sí tiene voluntad de paz es que acepte una desmovilización progresiva pero inmediata, y un eventual desarme. Cualquier otra supuesta evidencia de voluntad de paz, a la luz de los textos recién citados, bien puede constituir un nuevo engaño.
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