| 10/1/1997 12:00:00 AM

Centralismo sin garras

La elección popular de alcaldes debilitó los poderes presidenciales, de gobernadores y caciques regionales, entre otros logros.

Por quinta vez, desde 1988, la población colombiana tiene en este mes de octubre la oportunidad de elegir a sus autoridades locales, entre las cuales sobresale sin duda el alcalde. Sin desconocer en lo mínimo las severas limitaciones que, en cerca de una quinta parte de los municipios del país, la guerrilla está imponiendo a las próximas elecciones municipales, quiero hoy contribuir con una nota positiva.



Porque, en realidad, la elección popular de alcaldes (EPA) está produciendo unos cambios de enorme trascendencia en el país.



Veamos algunos de ellos. Recordemos la situación anterior a 1988. De acuerdo con sus intereses políticos el presidente nombraba, o despedía, gobernadores, y estos, así mismo según sus propios cálculos políticos, nombraban, o despedían, alcaldes. Se acumulaban así unas enormes facultades de nombramiento y remoción en el presidente, favoreciendo con ello el centralismo y subordinando la defensa de los intereses locales a los del presidente y sus gobernadores.



Primer resultado

Debilitamiento de los poderes presidenciales y del centralismo. En la medida en que no le debe su nombramiento al gobernador, o por intermedio de éste al presidente, el alcalde elegido puede criticar libremente las políticas nacionales y departamentales, y aun asociarse con otros alcaldes para impulsar medidas de nivel nacional contrarias a las preferidas por el presidente.



Segundo resultado

Un considerable debilitamiento de los caciques regionales. Anteriormente los caciques que habían conformado una alianza con el presidente y lo respaldaban, eran quienes casi siempre imponían los alcaldes municipales. Por supuesto, debían trabajar en favor de los intereses políticos de sus mecenas, nombrando los recomendados por éstos, contratando con sus amigos, y dando la prelación a las obras que esos caciques consideraban prioritarias. Desde 1988 los caciques regionales se quedaron sin ese valioso y plurifacético recurso. No extraña, entonces, que cuando se analiza la votación de los grandes jefes políticos de las regiones, se constate que, en los últimos años, aquélla casi sin excepción ha descendido.



Tercer resultado

Alcaldes duraderos. Cuando los alcaldes eran nombrados a discreción del gobernador, su permanencia en el cargo era completamente incierta. Así como bien podían durar un año también a la semana siguiente de haber sido nombrados les podían pedir la renuncia, o simplemente destituirlos. Para bien o para mal del municipio o distrito, hoy el alcalde tiene asegurados tres años de permanencia en el cargo. Lo cual le permite planificar a mediano plazo y comprometerse con obras de mayor envergadura.



Cuarto resultado

Alcaldes independientes frente a sus respectivos Concejos Municipales o Distritales. Cuando el alcalde era nombrado, se enfrentaba con apoyo 'prestado' a un Concejo, elegido en votación popular, el cual podía estar controlado por amigos o por enemigos suyos.



En el primer caso, obviamente no había problemas; pero si se trataba de estos últimos, ellos hacían todo lo posible por tumbarlo. Y el alcalde podía resistir únicamente en la medida en que el gobernador y el cacique que lo patrocinaban se solidarizaran con él. Carecía, por completo, de una base propia, producto de un mandato popular, para resistir al Concejo. No así ahora. El Concejo no puede tumbar al alcalde. Más aún, el alcalde, en la casi totalidad de los casos, es quien en la localidad demuestra el mayor respaldo político, medido en votos. Eso le proporciona al alcalde una base muy importante para soportar las presiones de los concejales y de los grupos de interés locales y regionales.



Quinto resultado

Mayor espacio para la renovación de la dirigencia política. En las épocas anteriores a 1988, para llegar a ocupar una alcaldía o subir a cargos de mayor importancia, se requería, en la gran mayoría de los casos, un poderoso padrino político. Hoy no es así. Lo hemos visto en el caso de Mockus en Bogotá, de los curas elegidos como alcaldes en varias ciudades capitales y en el de un buen número de candidatos cívicos que han alcanzado el principal cargo municipal "a brazo partido", por sus propios méritos y esfuerzos. Eso implica que se ha abierto el espacio para que tenga lugar una mayor renovación en la clase política, renovación que quizás no se nota mucho en el plano nacional, pero que, al menos en algunas ciudades y poblaciones, es palpable y se notará en el grupo de alcaldes elegidos el próximo 26 de octubre.



Sexto resultado

Las elecciones municipales y departamentales se van a celebrar con sustancial autonomía frente a la pugna entre candidatos presidenciales y frente a la polarización surgida en torno al gobierno Samper. En realidad, este resultado no depende directamente de la EPA, sino de haber separado la Constituyente de 1991 la celebración de los comicios locales y regionales, de la de los nacionales. La gran ventaja de esta situación es que los problemas municipales y distritales son discutidos por parte de los candidatos y por la ciudadanía interesada, sin la interferencia de intereses políticos nacionales, muchas veces ocultos.



Séptimo resultado

Mayores incentivos a la veeduría ciudadana y al control político local. En la medida en que los alcaldes son elegidos, hay un mayor número de personas interesadas en llegar a ocupar este cargo y, por ello, mayores incentivos para que ellas y sus simpatizantes vigilen la actividad del alcalde de turno, a fin de ganar méritos con la denuncia de las equivocaciones de éste, sus despilfarros y aún sus delitos.



Son siete, pues, los resultados positivos aquí destacados, los cuales, así la EPA exhiba fallas por otros conceptos, abonan ampliamente este cambio. En contraposición a lo que reinaba antes de 1988, con la EPA hemos visto debilitarse los poderes presidenciales y las garras del centralismo, así como los poderes de gobernadores y caciques regionales. Tenemos alcaldes inamovibles por tres años e independientes frente a sus respectivos concejos. Las elecciones municipales y distritales se celebran con visible autonomía frente a los intereses y conflictos políticos nacionales, y se ha abierto mayor espacio tanto para la renovación de la dirigencia política, como para la veeduría ciudadana y el control político de nivel local.



* Director Maestría en Estudios Políticos, Universidad Javeriana.
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