| 8/1/1995 12:00:00 AM

Camino pesado

Aunque las ventas de vehículos se han mantenido estables, hay preocupación sobre el futuro.

Hasta julio el mercado de automotores estuvo relativamente bien. Las ventas al por mayor y las importaciones en puerto ascendieron a 53.957 unidades en los primeros siete meses del año, lo que representa un crecimiento de 1,2% frente a igual período del año anterior. Aunque éste fue un aumento ligeramente superior al registrado un año atrás (0,2% entre 1994 y 1993), el panorama para el segundo semestre no es tan prometedor como en 1994. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que en el mercado ha existido una tendencia a que las ventas del primer semestre del año sean inferiores a las del segundo, o por lo menos, tal ha sido el comportamiento en los últimos tres años, desde el inicio de la apertura total del sector.

Durante los primeros siete meses del año las ventas de automóviles (incluyendo taxis) han disminuido 5%, cifra significativa si se considera que este segmento representa al menos la mitad del mercado total. El descenso se explica por la disminución de las ventas de importados y la caída de 23% en la línea Mazda de la C.C.A. Ambos perdieron participación en el mercado total de automotores (de dos puntos el primero y más de tres puntos la ensambladora nacional), circunstancia que fue aprovechada por Sofasa y GM-Colmotores.

A pesar del descenso de Mazda, las ensambladoras nacionales ganaron dos puntos de participación en el mercado aumentando su penetración al 60%. En general, las ensambladoras han sido más agresivas en la ampliación y mejoramiento de la red de servicios al cliente. Los importadores han tenido la desventaja de que es muy difícil improvisar una red de concesionarios, repuestos y servicio pos-venta, en menos de cuatro años, mientras que las ensambladoras llevan décadas en el negocio. Los importadores así lo han entendido, y la mayoría están realizando grandes esfuerzos por mejorar la pos-venta, porque cada día el mercado es más competitivo en los diferentes segmentos, y la diferencia la pueden marcar los que tengan el mejor desarrollo de este aspecto. En las condiciones más difíciles que se avecinan sobrevivirá el que tenga servicio y respaldo.

Varias marcas se han visto afectadas por factores externos como la reevaluación del yen. Nissan, Mitsubishi y Honda, que traen parte sustancial de su stock de automóviles directamente de su país de origen, han disminuido la importación de vehículos. Nissan, por ejemplo, a pesar de que ocupó el segundo lugar, redujo sus importaciones 41% frente al año pasado. Pero no sólo los importados han sentido la reevaluación del yen. La C.C.A. también tuvo que disminuir la producción para el mercado interno.

También al interior del mercado de los importados, se han dado cambios, principalmente por el descenso en las importaciones de marcas que durante los últimos dos años tuvieron un alto dinamismo y por el surgimiento de otras. Fue así como se redujeron las importaciones de Ford y Daewoo, que fueron los dos mayores importadores durante 1994, y se presentó un elevado aumento de otras marcas como Volkswagen y Peugeot, originadas en el lanzamiento del exitoso Gol brasilero, para el primer caso, y la introducción de los modelos chilenos Peugeot 405 y 205, que antes se traían de Francia a mayor precio.

También hay que destacar el aumento de las importaciones de Chevrolet, que se ha convertido en el principal importador de vehículos del país. Dentro de estas importaciones se incluyen automóviles como el Swift 1.0 proveniente de Ecuador y las camionetas Blazer provienientes de Venezuela. GMColomotores, con sus tres plantas en los países andinos, está aprovechando al máximo el libre comercio y está desde tiempo atrás en una agresiva política de cubrir las distintas gamas del mercado colombiano utilizando las ventajas comparativas de cada país.

Además de la caída en las ventas de automóviles, el mercado ha sufrido otros importantes cambios. El menor dinamismo de las ventas de automóviles ha sido compensado por el buen desempeño de los camperos y utilitarios (pick-ups y vans), cuyas ventas aumentaron 13% y 12%, respectivamente. Por lo visto se ha registrado un cambio en los gustos y necesidades de los consumidores ante la oferta de vehículos semiurbanos, que tienen la característica de ofrecer doble servicio, de ser un vehículo fuerte y adecuado para el trabajo pesado, con las ventajas de equipamiento y comodidad de un automóvil. Dentro de estas gamas, importados como Blazer, Cherokee y la Toyota Burbuja han incrementado sus ventas considerablemente.

El segmento de los camperos fue decisivo para la C.C.A. que contrarrestó la pérdida en la línea Mazda, con la venta de Mitsubishi, los camperos nacionales de mayor crecimiento en el mercado (25% en los primeros siete meses del año). En cambio, la línea nacional de camperos Toyota sólo aumentó 1% sus ventas.

Por el lado de los taxis, el mercado ha repuntado durante lo que va corrido del año, con un crecimiento de más de 10% con respecto al mismo período de 1994 debido exclusivamente a la reposición del parque automotor, ya que la reglamentación legal exige que la entrada de unidades nuevas al mercado se haga en sustitución de taxis viejos.

Junto a la enorme competencia existente en Colombia, representada según los expertos en más de 300 modelos y 40 marcas, cada una de las compañías, tanto los ensambladores como los importadores, enfrentan tres factores preocupantes para el resto de 1995 y el próximo año, a saber: las mayores expectativas de devaluación que se han disparado a raíz de la crisis política del gobierno Samper; la desaceleración económica que traerá un menor crecimiento en el consumo de bienes durables; y el proyecto de reforma tributaria, que incrementará de 35% a 45% el impuesto al valor agregado IVA para los vehículos de más de 1.300 centímetros cúbicos de potencia.

La mayor devaluación se verá reflejada en un incremento en los precios de los vehículos en los próximos meses, no sólo de los importados sino de los nacionales, ya que buena parte de los componentes de estos últimos provienen del exterior.

Este aumento se verá reflejado en el comportamiento de la demanda si se tiene en cuenta que este es un mercado muy sensible al precio (un aumento de por ejemplo un punto porcentual en el precio de los vehículos tiende a generar una caída de mayor proporción en la demanda).

De concretarse el aumento del IVA, se afectaría enormemente al segmento medio del mercado ubicado entre los $14 y $22 millones, porque el consumidor de este rango no tiene la capacidad de responder a los incrementos de precio en la misma forma en que lo pueden hacer compradores de mayores ingresos. La medida afectará más a los importadores que a las ensambladoras, dado que la mayoría del parque automotor de los importados tiene cilindrajes superiores. En cambio, los vehículos de menor cilindraje, que son los segmentos más competidos en la actualidad, pueden ver aumentada considerablemente la demanda.

Otro factor que ha incidido sobre el dinamismo del mercado tiene que ver con la pérdida de liquidez de la economía, de lo cual es reflejo las mayores dificultades para la consecución de créditos y las altas tasas de interés. Están quedando atrás las épocas de un acceso ilimitado de los compradores al crédito y al leasing. De otra parte, también se ha afectado las ventas al por mayor al encarecerse el financiamiento de los concesionarios. Los importadores especialmente han descuidado este aspecto al no preocuparse lo suficiente por desarrollar vínculos financieros estables y sólidos.

No obstante los posibles nubarrones, para el resto 1995 se espera un mejor nivel de ventas, en especial para los últimos meses del año. Hay consenso en que se colocarán entre 125.000 y 135.000 unidades durante 1995. Aunque estas cifras representan un descenso frente a los resultados de los dos años anteriores, continúa siendo un volumen alto para Colombia.

Para los próximos dos años, las ventas podrán estabilizarse entre 100.000 y 120.000 unidades anuales. Será un mercado mucho más competido que en años anteriores. La atención al cliente, el servicio, la agresividad comercial y la calidad del producto, serán determinantes. Los importadores deberán concentrarse en los productos de mayor venta y posicionamiento, en tanto que las ensambladoras fortalecerán su liderazgo de los segmentos en los cuales han sido tradicionalmente dominantes, como la gama popular. La industria nacional deberá redoblar sus esfuerzos para consolidar la exportación de vehículos hacia el mercado andino, especialmente hacia Venezuela, estimulada por una mayor devaluación y para compensar el menor dinamismo del mercado interno.
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