| 5/1/1994 12:00:00 AM

Al oído del próximo gobierno

La Dirección de Impuestos y Aduanas ha retrocedido quince años. Ahora no se consiguen formularios para declaración de renta y esculcan las maletas en el aeropuerto.

El gobierno que toma posesión en el mes de agosto tiene una prioridad que enfrentar en el tema tributario: rescatar la equidad y la credibilidad de la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales, que prácticamente ha desaparecido. Veamos algunos ejemplos de este descalabro:

En tiempos de apertura económica, el control al contrabando se convierte en un objetivo vital para evitar que nuestras empresas se vean arrasadas por la competencia desleal del contrabando.

La Administración de Aduanas, en lugar de estar volcada sobre los San Andresitos, que constituyen el mayor emporio de contrabando del país, ha decidido hacerle la vida imposible a los grandes contribuyentes, que no son otros que las empresas organizadas, las que proveen empleo y sacan la cara por este país del Sagrado Corazón.

El aforo se eliminó para todos los contribuyentes, incluidos los contrabandistas, con lo cual estos últimos ingresan sus mercancías de contrabando sin ningún problema, al paso que.

El director de Impuestos, un día antes de vencer el plazo para declarar, manifiesta que no hay que obedecerle a sus propias cartillas y formularios.

Los sectores organizados se ven sometidos a un fatigante proceso de revisión.

En el aeropuerto, los semáforos, que constituían un símbolo de la modernización de la aduana, han dejado de funcionar, para ceder el paso a una práctica que parecía olvidada: revisar desordenadamente el equipaje del pasajero, para demostrar así que estamos empeñados en controlar el contrabando.

En la Administración de Impuestos Nacionales ni se diga. El gobierno considera que tanto la contribución especial como el anticipo se tienen que liquidar sobre el impuesto bruto de renta (antes de descuentos tributarios); el Consejo de Estado suspende este exabrupto, para reiterar que la contribución especial se tiene que liquidar sobre el impuesto neto de renta (después de descuentos tributarios), situación que es igualmente aplicable al anticipo, pero el director de Impuestos sigue insistiendo en que hay que hacerle caso es a él y no al máximo tribunal administrativo.

Las cartillas de instrucciones para declarar renta dan un método para liquidar el anticipo, pero el director de Impuestos un día antes de vencer el plazo para declarar, manifiesta en un diario capitalino que no hay que obedecerle a sus propias cartillas y formularios, sino a sus comunicados de prensa.

Desde hace 15 años no se registraba en el país escasez de formularios; era un problema que parecía superado. Este año los formularios se agotaron; los grandes contribuyentes tuvieron que declarar en el formulario de las personas jurídicas y no fueron pocos los que no pudieron hacerlo por ausencia física de formularios.

La institución de los grandes contribuyentes, que había sido concebida con el propósito de reconocer que éstos son los clientes más importantes de la Administración Tributaria, a quienes se les debe prestar la mayor atención y cuya información es vital para controlar a los evasores, se convirtió en todo lo contrario: ahora los grandes contribuyentes son los grandes enemigos de la Administración, sobre ellos se ha centrado todo el peso de la fiscalización y se ha olvidado su papel fundamental en el engranaje tributario del país.

El diálogo que se consideraba una herramienta fundamental para dirimir las controversias ha sido reemplazado por el garrote y por las interpretaciones arrogantes. La consigna parece ser: pague primero y reclame después.

Este es el caos que se apoderó de la entidad que tiene a su cargo la aplicación de la política tributaria del país. Al próximo gobierno le espera una tarea ingente: controlar el contrabando y la evasión, Ir, rescatar la equidad tributaria y devolverle a los contribuyentes la credibilidad en sus instituciones.
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