| 7/1/1994 12:00:00 AM

A pesar de las menores barreras

Como parte de la cooperación internacional en la lucha contra el narcotráfico, Europa y Estados Unidos están concediendo al país ciertas ventajas en comercio internacional. Los resultados del ATPA y del PEC dejan mucho que desear.

Hasta hace unos años, la batalla entre protección y libre comercio, enmarañada de "dependes" "a veces" había alcanzado una mínima claridad. En favor de la protección, estaban los países en desarrollo y en favor del libre comercio los desarrollados. Eso, al nivel de discusión. Más cerquita de la tierra, la verdad era que todos recurrían, de una u otra forma, a la protección de sus mercados con aranceles, cuotas y otras salvaguardias, lo que hacía que si alguien quería juntar los dos niveles, el de la discusión y el de la realidad, indefectiblemente se ganara, como mínimo, un dolor de cabeza de tres días. Pero por lo menos a nivel de discusión las cosas estaban claras. Hasta hace unos años.

Porque desde que los países en desarrollo decidieron volverse también aperturistas el desorden es total. Intente usted, si no lo cree, mezclar integración regional, apertura y competitividad, que son todas cosas que están de moda. Añada una pizca de agricultura, tres cucharadas de desempleo en el norte y dos góticas de "lobbying" de sindicatos en Estados Unidos y Europa. No hace falta, pero si le gustan los platos bien condimentados agregue una o dos cucharaditas de reunificación europea con su buen número de migrantes golpeando a las puertas de mercados laborales ya en crisis sin necesidad de ayuda. No requiere horno. Se sirve inmediatamente. Pero si su comensal es un país en desarrollo, procure añadir valium. Porque la mezcla no sólo es indigesta. Es estresante.

El GATT se creó para defender el libre comercio de prácticas proteccionistas y desleales. Muy bien. Moribundo y en coma entró en la Ronda de Uruguay para salir más o menos reencauchado pero con la cabeza bajita. Porque recién culminada la ronda lo que domina la discusión es si entre la competencia desleal no se deben incluir también divergencias en las legislaciones sobre el medio ambiente, los derechos y las patentes, el grado de sindicalización, la,, protección al trabajador, los derechos humanos... Ventajas comparativas, se les decía antes.

Y está bien que estén ahora en la palestra. Lo que no está bien es que a la felicidad le hayan salido defensores tan comprometidos con garantizar flujos comerciales, pero sólo de para un lado.

Y eso complica enormemente las negociaciones internacionales. Las de Colombia con Estados Unidos son un típico caso de comunicación fallida. Desde hace varios años, Colombia viene presionando a los Estados Unidos para que su política comercial se una a las voces de simpatía que en distintas ocasiones ha despertado la lucha contra el narcotráfico. Y los Estados Unidos respondieron, en 1992, eligiendo a Colombia como beneficiario del ATPA. Buena noticia, porque se trata de la propuesta más seria para un nuevo marco comercial con Estados Unidos. Pero mala noticia porque lo que le concede el ATPA no es lo que Colombia necesita. Mejor acceso, sí. Pero el ATPA concede básicamente menos aranceles y las barreras arancelarias no son las principales barreras de entrada al país del libre comercio. Peor. La mayoría de los productos cobijados por el ATPA no hacen parte de las exportaciones colombianas.

No importa, contestan los Estados Unidos. El ATPA, precisamente, debe incidir sobre el abanico exportador colombiano, permitiendo que una mayor variedad de productos entren al mercado norteamericano merced a la rebaja arancelaria. Puede. Pero hasta hoy no se ha visto nada.

Empecemos por lo de los aranceles y las barreras. Según cifras de Proexpo, en 1989 el 87% de las exportaciones no petroleras entraba a Estados Unidos con arancel nulo. Por fuera de este porcentaje se encontraban las flores, los textiles, las confecciones y el calzado. Este era, pues, el universo sobre el que el ATPA podía incidir. Pero el ATPA es más modesto y los productos de sectores considerados "sensibles" en Estados Unidos están excluidos de las preferencias: textiles, calzado y la mayoría de las confecciones.

En cifras, la cosa es así. La lista de beneficiarios del ATPA consiste en algo más de 6.000 productos. Si a ello se restan aquellas exportaciones que ya estaban entrando en franquicia bajo el Sistema Generalizado de Preferencias (SGP) de Estados Unidos la lista inicial se reduce a 2.003 productos. Según un estudio realizado recientemente para Bancoldex, de estos últimos, Colombia exportó, en 1991, solamente 132. Y, finalmente, de estos 132, solamente 36 superaron ese año los 100 mil dolares. Desde el punto de vista de las exportaciones menores el país éstos representaron, en 1991, el 20%, incluyendo las flores o el 3% sin incluirlas.

Quedamos entonces en que los beneficios del ATPA se reducen, básicamente, a las flores. No está mal porque las exportaciones de flores son un rubro bien importante en Colombia. Pero así como para bombo y platillo...

En cuanto a la diversificación, el estudio de Bancoldex muestra un panorama poco halagador, por lo menos por el momento.

Analizados producto por producto, en 1993 Colombia exportó a Estados Unidos exactamente lo mismo que en 1991. Ni una puntilla de diferencia. Al preguntarse si la rebaja arancelaria basta para producir cambio técnico, generar comercializadoras, adaptar productos, en fin, crear comercio allí en donde antes no había nada, la respuesta es negativa.

La frustración que ha experimentado el país con los resultados del ATPA puede radicar en ello. Es posible que haya fallas en la promoción, ignorancia de los exportadores sobre las nuevas ventajas, etc. Pero puede ser que el programa simplemente esté mal diseñado y que se estén haciendo curaciones y poniendo ungüentos justo allí donde no duele.

Mas interesante parece ser el Programa Especial de Cooperación (PEC), que es la versión europea de cooperación comercial para apoyar la lucha contra las drogas, en los países andinos. El PEC entré en vigor en 1990 y debería durar

hasta 1994.

A diferencia del ATPA, el PEC cubre a la mayoría de las exportaciones menores colombianas aunque, nada es perfecto, deja por fuera banano, limones y fresas.

Adicionalmente, a la rebaja arancelaria se suma la eliminación de restricciones cuantitativas con lo que realmente se estaría dando en el centro de los problemas que enfrentan muchos de nuestros productos.

El problema del PEC es qué empezó a operar con un horizonte de tiempo muy corto. Y ahí fue en donde el PEC borró con el codo lo que había hecho con la mano. El caso de las confecciones es ilustrativo. El estudio de Bancoldex

señala cómo, entre 1989 y 1990, las exportaciones de confecciones a la CEE se incrementaron, en términos reales, en un 249% (el incremento de las ventas a Estados Unidos en el mismo período fue del 176%). Parte de este incremento puede asociarse con el PEC y esto pese a que tanto textiles como confecciones ya estaban entrando en franquicia á la CEE antes de 1990. Según un trabajo realizado para el Ministerio de Comercio Exterior, los exportadores del sector destacan el efecto psicológico que tuvo sobre los importadores europeos la eliminación de las cuotas en sus compras de productos colombianos. Y este efecto habría podido ser muy superior si el límite de 4 años no hiciera muy riesgoso un incremento más sustancial de los negocios.

Corticos, pues, se han quedado el PEC y el ATPA como instrumentos de cooperación para el fomento de las exportaciones colombianas. Pero por razones muy distintas. El uno porque resuelve problemas que o son menores o ni siquiera existen. Y el otro, porque aunque se ocupa de lo que toca, no le da tiempo al remedio de hacer efecto. Una prolongación del PEC por un período más sustancial de tiempo, como se ha estado discutiendo, sería bien interesante para el país.

Y esto nos lleva a pensar en cuáles serían los tipos de negociación internacional en los que se debería concentrar Colombia en los años por venir. En el mundo que se nos viene encima, que todos seamos aperturistas parece ser una de esas verdades de economista que ya no le quita el sueño a nadie. Todos somos aperturistas, pero nadie es completamente aperturista.

Traducido a buen romance, por si hace falta, lo anterior significa, simplemente, que la protección arancelaria está de capa caída, tan pasada de moda como el trueque. Y que lo que nos está dificultando las cosas, y tenderá a hacerlas cada vez más difíciles, son otras formas, más coloridas, de protección: la verde, la humanista, la sindicalista... Esas barreras, y no las arancelarias, son las que habrá que remover para penetrar mercados. Por eso los acuerdos tipo PEC serán. más interesantes que los acuerdos tipo ATPA. Pero dándole tiempo al tiempo porque el comercio internacional no es una infección viral y para que una mercancía pase de un país a otro se necesita más impulso que el de un estornudo.
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