| 3/30/1998 12:00:00 AM

¿Y de la paz qué, Presidente?

Los candidatos responden las preguntas de Dinero sobre los temas que preocupan a los empresarios.

En la encuesta presentada en la pasada edición de Dinero, los empresarios colombianos manifestaron que el principal obstáculo para sus empresas era la inseguridad. Y su preocupación es tan genuina que están dispuestos a meterse la mano al bolsillo para financiar al gobierno en lo que necesite y poder trabajar en paz.



Todos los candidatos han puesto la paz y la convivencia como una de las prioridades de sus planes de gobierno. Pero, a decir verdad, nos parece que al examinarlas con cuidado estas propuestas no suenan muy distintas a las que han tratado de llevar adelante los dos o tres últimos gobiernos. Por ello, queremos preguntarles:



En concreto, ¿cuáles son las principales estrategias y acciones que usted como candidato presidencial propone para el logro de la seguridad, la paz y la convivencia de los colombianos?



Harold Bedoya



Mi programa tiene como objetivos la seguridad y el orden.



La delincuencia común en campos y ciudades, así como el narcoterrorismo subversivo y el mal llamado paramilitarismo serán combatidos frontalmente. Por esto, se modernizarán y reorganizarán a fondo las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional.



Se debe reformar el ordenamiento jurídico actual para que la justicia sea más expedita, con penas acordes con los delitos cometidos, que éstas se cumplan cabalmente y que el proceso de resocialización cumpla su objetivo. Dadas las condiciones de guerra e inseguridad que atraviesa el país, esto es una necesidad.



Conseguir la seguridad requiere implementar políticas que permitan desactivar los orígenes de la violencia, mayores partidas para educación y salud, un desarrollo a gran escala del sector agrícola, el derecho de la sociedad civil a su propia defensa, el estímulo a la reincorporación a la vida civil y al desarrollo del guerillero raso que engañado, u obligado, tomó las armas contra la autoridad legítimamente constituida.



La experiencia de otros países con problemas de subversión ha demostrado que cuando el Estado se compromete con la sociedad civil en un propósito nacional de pacificación, las soluciones se convierten en realidad sin necesidad de socavar las instituciones, sin despejes ni entregas parciales del territorio.



Con una política definida y coherente, el orden y la seguridad serán connaturales a todos los actos de nuestra sociedad.



Antanas Mockus



La estrategia consiste en un tratamiento simultáneo de tres grandes fuentes de violencia en Colombia: conflicto armado, delincuencia organizada e intolerancia ciudadana.



Conflicto armado: buscar por el camino más corto la unificación de los tres ejércitos hoy en día existentes ­la guerrilla, los paramilitares y la Fuerza Pública­. Incluye un esfuerzo radical por entender a cada uno de los actores del conflicto y por incorporar en la solución su intención moral última.



Solución negociada del conflicto, pero esa solución debe estar orientada hacia la construcción de una alta capacidad del Estado con el fin de mantener el monopolio del uso de la fuerza. Implica que todos comprendan que el Estado es el único que puede usar la fuerza, dentro de ciertos límites, con el fin de que nadie más la use.



Delincuencia organizada: se trata de impedir que algunos colombianos mantengan formas de economía cuya alta retribución premie el alto riesgo para la vida. Con el narcotráfico, aplicaré la pedagogía según la cual la vida humana no es un bien económico transable. Con ello, buscaré satisfacer la necesidad de que cada colombiano, y muy en especial el Estado, considere valiosa la vida de cada colombiano y la proteja aun contra su voluntad. Cada vida colombiana es patrimonio colectivo. Podría desarrollar otros tres argumentos: debilidad institucional inducida por presiones, riesgos de adicción de propios y ajenos, y relaciones internacionales.



Intolerancia ciudadana: desarme, control de exceso de alcohol, lucha por un buen trato a los niños en todas las familias y pedagogía del acuerdo.



Me propongo la reconstrucción del tabú en torno a la vida humana, una invitación a todos los colombianos a lamentar por igual y a expresar de manera culturalmente compartida nuestro dolor por la desaparición de cada colombiano.



Andrés Pastrana



En Colombia, después de 40 años de lucha y de 16 en los que el gobierno ha explorado activamente caminos de paz, resulta claro que las posibles propuestas de paz están todas sobre la mesa y que lo que falta es una real voluntad de alcanzarla.



Como presidente, estaré dispuesto a liderar personalmente este proceso, con la convicción de que superada la guerra podremos afrontar con mayor éxito los más graves problemas públicos, y en especial aquellos que dependen precisamente de la confrontación armada, como el narcotráfico, la violación constante de los derechos humanos y la destrucción de los frágiles ecosistemas nacionales.



Estoy seguro de que, por medio de la asamblea permanente de la sociedad civil que están convocando la Iglesia y la Comisión de Conciliación Nacional, podrán unificarse las diferentes propuestas de paz. Lo que quedaría faltando es la voluntad de paz. Yo la tengo y espero que los líderes de la subversión colombiana también la tengan como respuesta al clamor ciudadano que la exige.



Tengo la certeza de que el nuevo gobierno podrá comenzar, con los consensos que se están formando, un proceso serio de negociación para encontrarle una salida política a este enfrentamiento fratricida. Quiero asegurarle a la Nación que no voy a utilizar la paz como herramienta de mi campaña política, sectorizando o aprovechándome de ella. Porque la paz es de todos; porque la paz no puede ser liberal ni conservadora; porque la paz no puede ser del gobierno de turno, sino el producto de un gran consenso nacional.



Noemí Sanín



Para el logro de la seguridad, la paz y la convivencia primero tiene que definirse una política de seguridad nacional de largo plazo que incluya una salida negociada al conflicto armado con sus distintos actores. Las acciones que se deben tomar en esta política son las siguientes:



1. Centralizar la política de paz en el presidente de la República sobre la base del apoyo de todos los sectores organizados de la sociedad civil y las autoridades locales.



2. Reconocer el carácter político de los actores del conflicto armado.



3. Sujetar a todas las partes al Derecho Internacional Humanitario.



4. Reformar las Fuerzas Militares para profesionalizar el Ejército, precisar su papel dentro de la política de seguridad nacional, aplicar la reingeniería para la consecución de metas y resultados en el campo militar, sin que ello vaya en detrimento de la actividad política del gobierno en el marco de las negociaciones de paz. Para la reforma de las Fuerzas Militares se designará una comisión de expertos de carácter similar a la que se conformó para la Policía.



5. Establecer con anticipación reglas de juego claras para las negociaciones de paz, así como los mecanismos para desarrollarlas.



6. Aceptar y buscar mecanismos de mediación internacional para la realización de los diálogos y procesos de paz.



De otra parte, el desarrollo del conflicto afecta de manera particular al campo. Puesto que la importancia estratégica de éste va más allá de su participación en la generación del producto económico, el logro de la paz no es posible sin tener una estrategia de seguridad y reactivación económica para el campo.



Horacio Serpa



La violencia es el problema colombiano de hoy. La convivencia es la solución.



Mis premisas:



1. El conflicto armado interno no es el único generador de violencia; pero es su eje porque estimula otras formas de violencia y desperdicia grandes recursos públicos y privados.



2. Es mejor una opción negociada de la paz, que una opción militar. La paz sin negociación es un gesto ingenuo y peligroso.



3. Para negociar, es indispensable el logro de un balance de poder militar que les ponga piso firme a las negociaciones.



Prometo encabezar personalmente las negociaciones. Acepto un despeje militar para que la sociedad civil, el Estado y la guerrilla se encuentren. Acepto la posible convocatoria a una Asamblea Constituyente que resulte de este encuentro. Acepto conversar también y separadamente con los paramilitares.



El proceso de paz es necesario pero no suficiente para asentar la convivencia y aumentar la seguridad.



Mi programa pondrá a Colombia sobre los rieles de una sociedad más apacible y menos injusta. Esta iniciativa incluye: avanzar hacia un Estado más democrático y menos clientelizado; un Estado fuerte para lograr mercados fuertes; mejorar totalmente la administración de justicia y aumentar el pie de fuerza policial; terminar con la violación a los derechos humanos; atacar la corrupción a fondo; tener una política exterior de cooperación en la agenda global sobre derechos fundamentales: democracia, ética pública, medio ambiente, apertura comercial; profundizar y racionalizar la descentralización; estimular el crecimiento económico con estabilidad, sobre las bases de una economía de mercado moderna; poner al frente de la acción pública la política social para luchar contra la pobreza y la inequidad.
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