| 9/3/2004 12:00:00 AM

Una historia de 15 años

Desde 1990, la cuenta fiscal de la DIAN no se aprueba. ¿Qué implica esto? ¿Qué se está haciendo para que por fin las cuentas estén claras?

La Contraloría General de la República publicó hace poco su más reciente auditoría a la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN) en su función recaudadora. Como ocurre año tras año desde 1990, no aprobó el cierre de cuentas fiscales de la entidad, porque los registros contables no cumplen las normas y principios de contabilidad. Por ello, la Contraloría se abstuvo de emitir una opinión acerca de la situación financiera del administrador tributario del país.

"Ni el Contralor ni el director de la DIAN pueden conocer exactamente el valor de los tributos declarados, pagados, en mora, compensados (es decir, los que resultan de cruces de cuentas) y los actos administrativos", señala Óscar Franco Charry, director de Aduanas Nacionales. En esas circunstancias, la cuenta fiscal no se fenece, como dicen en la jerga contable.

El desorden se percibe sobre todo en la cartera de la entidad, cuyo valor oficial es de $6,4 billones al 30 de junio de 2004. De ella solo el 47% es de debido cobro (cartera que la DIAN está en capacidad de cobrar) y el resto está compuesta por rubros de gran dificultad para cobrar. Particularmente, el rubro de inconsistencias se ha incrementado por problemas informáticos.

De hecho, la Contraloría señala las dificultades informáticas de la DIAN como la causa principal de su baja capacidad operativa en el cobro y la fiscalización. La administración de impuestos trabaja con más de 70 plataformas informáticas, que no fueron concebidas de manera integrada, y no permiten crear interfaces o hacer cruces de datos. El Modelo Único de Ingresos, Servicio y Control Automatizado (MUISCA) promete ser la solución a esta situación. El sistema se está desarrollando a partir de un modelo español y busca "cubrir todas las necesidades de la DIAN, para mejorar el servicio a los contribuyentes, darle rapidez a la gestión, perseguir con más efectividad el fraude y generar bases de datos que permitan usar las nuevas tecnologías como internet", explica el español Antonio Costa, consultor externo en el proyecto y funcionario de la Agencia Estatal de Administración Tributaria de España. El proyecto cuesta US$37 millones, de los cuales US$24 millones corresponden a un crédito del Banco Mundial.

Aunque el MUISCA es un paso fundamental en la solución del problema, la Contraloría advierte sobre dos puntos en los que se debe tener cuidado. En primer lugar, en el cumplimiento estricto del cronograma de implantación. La DIAN creía que el programa debería estar en operación muy pronto, pero la Contraloría sostiene que el programa ya presenta un retraso de tres a cinco meses. El DNP confirma este retraso, aunque no precisa cuál es su magnitud, mientras que la DIAN estima el retraso en apenas cinco semanas. Según el informe de la Contraloría, la tardanza obedece a trámites no previstos, complejidad en la normatividad estatal y demoras en el proceso licitatorio.

Hay indicios de que los plazos se seguirán incumpliendo. Los expertos han sido escépticos desde el principio. "La experiencia muestra que la DIAN se enloquece siempre que se mete con sus sistemas, y la implementación del sistema tomará más tiempo del que dicen", afirmaba hace 7 meses, en entrevista con Dinero, el socio de una de las oficinas de abogados tributaristas más prestigiosas del país. Esto es grave, pues como lo advierte Alejandro Gutiérrez, contralor delegado para gestión pública, "el proyecto es sistémico, y los atrasos pueden ocasionar el incumplimiento de las metas y objetivos". Hasta el momento, DIAN, DNP y Contraloría coinciden en que estos retrasos aún no comprometen irremediablemente el proyecto.

Sin embargo, sorprende la diferencia de medidas. De cinco semanas a cinco meses hay un espacio tan amplio, que indicaría problemas de fondo en la definición de metas y en la cuantificación de los avances del proyecto. "El cronograma necesita un seguimiento y control permanente", puntualizó Gutiérrez, pero todo indica que eso no se hace bien todavía.



Cuestión de organización

La Contraloría, por otra parte, advierte graves problemas de desorganización administrativa en la DIAN. En la auditoría explica que los niveles de competencia, autoridad y responsabilidad de los funcionarios no están definidos teniendo en cuenta su profesión, conocimiento y habilidades; señala que no están establecidos los canales de comunicación entre los niveles jerárquicos; y en general, que no hay una adecuada separación de funciones. Por esto, de manera coordinada con el MUISCA, la DIAN busca avanzar tanto en una nueva organización administrativa, como en una carrera administrativa para orientar la organización al servicio.

Se establecerá, por ejemplo, una nueva forma para gerenciar el recurso humano de la entidad. "Bajo la ley de carrera administrativa del sector público, al gobierno se le otorgaron facultades para que se cree una carrera específica en la DIAN", indica Mario Aranguren, director de la entidad. Esto incluye formas más rigurosas de contratación que la blinden de los intereses políticos, nuevas formas de remuneración y, en general, nuevas reglas para el ascenso de los funcionarios dentro de la organización.

El objetivo de la DIAN, dice Aranguren, es que sea fácil pagar impuestos y difícil evadirlos. Actualmente, en Colombia, hay entre 600.000 y 700.000 contribuyentes. Una vez la DIAN ponga en marcha su nueva estructura, con el MUISCA en funcionamiento, el objetivo es triplicar este número, superando los dos millones. Inclusive con las limitaciones técnicas, la administración acomodó 100.000 nuevos contribuyentes del impuesto a la renta en 2003, y 107.000 más en lo que va del presente. Gran parte de este aumento se debe a que las más recientes reformas tributarias bajaron los límites requeridos para realizar la declaración de renta. Sin embargo, dice Aranguren, los cruces de datos facilitaron este aumento.

Tanto la implantación del MUISCA, como los cambios organizacionales que requiere la DIAN -nueva organización administrativa y carrera administrativa-, deben ser objeto de una vigilancia rigurosa. De lo contrario, dentro de 15 años, podríamos saludar el trigésimo año consecutivo en que no se fenece la cuenta fiscal de la DIAN.
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