| 8/13/1999 12:00:00 AM

Una agenda para el segundo año

La administración Pastrana deberá avanzar para enfrentar simultáneamente las dos grandes consecuencias de la crisis: la reestructuración empresarial y la protección social.

Al cabo del primer año de gobierno, el balance económico no es satisfactorio. En los primeros doce meses había que dejar unos cimientos sólidos para lo que vendría en los siguientes tres años, cuando el gobierno concentraría su atención en los grandes temas de largo plazo. Lo fundamental, entonces, era lograr el ajuste macroeconómico y consolidar las reglas de juego para la actividad privada.



Pero eso no se logró. En consecuencia, en su segundo año, el gobierno tendrá que manejar una agenda particularmente compleja. Tendrá que hacer dos años en uno solo. Por un lado, deberá poner en marcha un ajuste fiscal serio y continuar con el manejo de la crisis financiera. Pero, además, no puede darse el lujo de seguir dejando los temas estructurales para después. El gobierno deberá tener muy claro su mapa de ruta: cerrar y consolidar lo que ha iniciado, abrir la discusión de las grandes reformas que son indispensables y no desgastarse en asuntos menores. La agenda pública deberá avanzar para enfrentar simultáneamente las dos grandes consecuencias de la crisis: la reestructuración empresarial y la protección social.



Por encima de todo, el gobierno debe ser mucho más certero en la ejecución de su agenda y no permitir que el manejo de temas críticos se le evapore entre las manos, como ocurrió en el primer año. Con los compromisos ante el FMI comenzará una verdadera fase de ajuste de los desequilibrios fiscal, financiero y externo. Más que puntual, el ajuste será de tipo estructural, pues tendrá que modificar las reglas básicas del juego de las finanzas públicas y su relación con el sector privado. Es decir, las tareas que quedaron incompletas durante el primer año.



Es cierto que el equipo económico recibió una economía en mal estado, en medio de una delicada situación internacional, pero también lo es que el manejo no tuvo el alcance, la decisión y la velocidad que se necesitaban. La crisis económica y empresarial adquirieron pronto una dimensión y una dinámica que sobrepasaron con creces los esfuerzos de las autoridades económicas para enfrentarla. El propósito de eliminar los desequilibrios fiscal, externo y financiero se instrumentó con decisiones macroeconómicas de un alcance menor al necesario y a una velocidad inferior a la requerida por la dinámica de los acontecimientos. El propósito de reorientar las reglas de juego del modelo de desarrollo económico y social -fuente de las verdaderas dificultades- se instrumentó con un Plan de Desarrollo que no transmite una visión alternativa del país, cuyas prioridades de acción pública son ambiguas y mal financiadas. La concentración del Presidente en el diálogo internacional y con la guerrilla, así como la de los ministros de Hacienda y del director de Planeación en el Congreso, debilitaron la coordinación de la acción de un equipo de gobierno que no tuvo buenos resultados en su conjunto.



Dinero, con base en encuestas a todos los ministros, así como consultas a empresarios, analistas y miembros del Congreso, ha tratado de hacer una construcción de la agenda pública para los próximos 12 meses, independientemente de los nombres de las personas que ocupen los cargos.



La agenda macro



El ajuste fiscal dominará la agenda pública en los próximos doce meses. Más que posponer la reducción del gasto y de la nómina estatal y aumentar la carga tributaria, como hizo durante su primer año, el gobierno se verá obligado a reducir sustancialmente el gasto nacional y territorial y, probablemente, a reducir las tarifas del impuesto de la renta sobre las empresas y personas. En medio de las negociaciones con el FMI, el gobierno seguramente se verá obligado a adoptar metas de reducción del déficit fiscal mucho más ambiciosas que las presentadas hasta ahora, de forma tal que a finales del gobierno se logre un equilibrio en las cuentas públicas.



La gran discusión sobre la estrategia macroeconómica será, sin duda, la de cómo hacer posible que el ajuste fiscal sea compatible con la reactivación de la economía. Dado el nerviosismo de los empresarios con sus posibilidades de inversión, el deterioro de los mercados de vivienda y el freno de los mercados de crédito, el ajuste expansivo dependerá de acelerar la superación de la crisis del sistema financiero -sobre la cual se dieron en los últimos tres meses valerosos y acertados pasos-, de la puesta en marcha efectiva de programas realistas de reestructuración de las finanzas empresariales y de la adopción de metas de provisión de liquidez y de tasa de cambio mucho más ambiciosas que las anunciadas recientemente por el Banco de la República.



La agenda empresarial



El gobierno deberá generar una verdadera revolución en los instrumentos de financiación para estimular la producción de vivienda, dada la postración en que se encuentra y la presión adicional que la liquidación de los bienes dados en pago pondrá sobre el mercado. La iniciativa de aprovechar las facultades dadas por la ley de reforma financiera, que debe lanzarse en cuestión de semanas, deberá integrar los esfuerzos hasta ahora dispersos del DNP, del Ministerio de Desarrollo, de la Supervalores y de Fogafin. Tras el éxito de la cumbre de Cartagena, el gobierno abrazará crecientemente la búsqueda de la competitividad del aparato productivo como el aglomerador más importante de su política empresarial de largo plazo, que le permita tomar en serio su meta de duplicar las exportaciones. Además de la estabilidad y probable mejora de tasas de cambio reales, los estímulos a la competitividad provendrán principalmente de las mejoras de infraestructura, de las conquistas comerciales y, crecientemente, de activas políticas sectoriales conducentes a mejorar la productividad de los sectores productivos de bienes transables.



En materia de infraestructura, el reto principal será consolidar la inversión privada para la provisión competitiva de energía, transporte y comunicaciones. Una vez alineados los estímulos para la exploración de petróleo, como lo dice el ministro Valenzuela, "lo único que va a sacar petróleo es sacar petróleo"; en otras palabras, los inversionistas van a pasar a la acción cuando vean que alguien está obteniendo resultados. La prioridad es abandonar los discursos, entrar en los detalles y finiquitar los tres grandes proyectos hoy en marcha: Miscote, Samoré y Guaduas. En carbón, vender Carbocol. En materia de gas, ya expedida la autorización a las exportaciones de gas, la prioridad será regular las condiciones de su transporte y su precio en boca de pozo para hacer atractivo el negocio. En materia eléctrica, vender las 14 electrificadoras y llevar adelante la venta de Isa e Isagen, ponderando finamente los equilibrios regionales y de mercado. En transporte, los retos serán consolidar la ejecución de los programas de concesiones que se han explorado, diseñado, aprobado o contratado en el primer año de gobierno, así como revolucionar con la nueva comisión de regulación las reglas de juego de las empresas de transporte. En comunicaciones, dos serán las prioridades: un nuevo estatuto general de comunicaciones que unifique y simplifique la legislación actual para hacerla más competitiva y protectora del usuario, y el diseño de una verdadera política de tecnología de la información para que el país pueda apropiarse adecuadamente de internet para fines productivos, comerciales y educativos.



La competitividad se reforzará con la concreción de reglas de integración comercial que permitan arreglar los líos andinos y del Cono Sur, pero sobre todo acelerando los beneficios de los mercados estadounidense y europeo.



El componente final de la competitividad será el fortalecimiento de las políticas sectoriales que estimulen las cadenas productivas hacia el mercado exportador y la defensa del consumidor. Sería de esperar la generación de políticas coherentes al menos en los diez sectores más promisorios, incluyendo la minería (con un nuevo código minero), sectores agroindustriales, del vestido y de la petroquímica, que vayan acompañados de un verdadero esfuerzo de promoción de exportaciones. La coordinación de las tareas de los ministerios de Comercio Exterior, Agricultura y Desarrollo durante el segundo año de gobierno tendrá que ser mucho más estrecha.



La agenda social



Con un desempleo que seguramente llegará al 22%, el mejoramiento de las condiciones para la empleabilidad de la población y la creación de empleo dominarán la agenda social en el segundo año de gobierno. El Ministerio de Trabajo y el gobierno en su conjunto emplearán sus energías en sacar del Congreso en el segundo semestre una reforma hacia la modernización laboral, que incluya mayor flexibilidad en la contratación pero también mayor protección social. En medio de la crisis económica, cuyos efectos sobre los hogares se harán más evidentes sin duda en los próximos 12 meses, la prioridad será amortiguar las crisis de financiamiento de los sistemas públicos y privados de provisión de servicios de salud y educación, al tiempo que se acelera la consolidación de las reformas en marcha. Particular atención concentrarán las autoridades en la solución estructural a las crisis de las entidades públicas de salud (como el ISS, Caprecom y los hospitales) y de las universidades públicas, hoy al borde del colapso.



Dos en uno



En fin, la agenda pública durante el segundo año luce, sin dudas, más compleja que la desarrollada por el gobierno para su primer año. Hay que hacer lo que no se hizo el año anterior, pero eso no justificaría dilatar más la toma de decisiones sobre los problemas más profundos.



Después de nuestras encuestas, nos da la impresión de que los ministros tienen planes de gasto mayores que los que permite el proyecto de presupuesto, así éste no incorpore aún plenamente las restricciones financieras para operar. Hay demasiados proyectos de ley, casi el doble del promedio anual de los últimos 8 años. La lección del primer año debe ser plenamente incorporada: mientras más rápido y contundente sea el ajuste macro, más rápida, estable y fuerte será la recuperación. Precisamente, cuando falta plata es cuando se necesita más imaginación y capacidad para sacar adelante los objetivos que la sociedad está reclamando. Una agenda eficaz para el segundo año requiere, por otra parte y sin duda, mucha más coordinación del equipo económico y social, que sólo pueden brindarla los ministros de Hacienda y Planeación, o la mayor atención del propio Presidente de la República. Este año más que nunca, el gobierno deberá combinar perfectamente lo macro y lo micro, el corto con el largo plazo, lo económico con lo social y, por tanto, el protagonismo e importancia de los ministros empresariales y sociales debe aumentar. Para que, en medio del ajuste, el país pueda construir mejores perspectivas y comenzar a ver luces verdaderas de reactivación.
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