| 3/6/2009 12:00:00 AM

Un traje a la medida

La reducción en los costos de constitución y la eliminación de figuras burocráticas convierten a las SAS en una alternativa para crear nuevas empresas.

Hasta diciembre de 2008, las empresas extranjeras que ingresaban al país y se constituían como sociedades anónimas debían hacer todo tipo de malabares para reunir los cinco socios que exige esta figura, ya fuera creando filiales o incorporando como accionistas a personas que en realidad no tenían esta condición. Sin embargo, la aprobación a mediados de diciembre de la ley 1258 eliminó varios de estos dispendiosos procesos al permitir la creación en el país de las Sociedades por Acciones Simplificadas, SAS.

Se trata de un tipo de sociedades que se pueden crear sin acudir a las notarías, mantienen la condición de que sus socios responden hasta por el monto de sus aportes, no están obligadas a conformar una junta directiva, se constituyen por acciones y, si son pequeñas, no requieren de la figura del revisor fiscal.

La respuesta no se ha hecho esperar. Desde mediados de diciembre hasta el 25 de febrero pasado se habían registrado 527 Sociedades por Acciones Simplificadas en 36 cámaras de comercio del país. La acogida, de acuerdo con Francisco Reyes Villamizar, su principal gestor, se debe a que la figura se adapta a las necesidades, tanto de las empresas pequeñas, en las que solo hay un socio, como de las grandes compañías.

Para las micro, pequeñas y medianas empresas se convierte en una buena opción si su interés es incorporar nuevos inversionistas y seguir creciendo. Aunque en el país opera desde hace unos años la figura de empresa unipersonal -con 80.000 firmas constituidas bajo este formato-, su propiedad es por cuotas, no por acciones, y su objeto social es limitado. La SAS va más allá y facilita el ingreso de nuevos inversionistas, ya que se forma por acciones y su objeto es tan amplio como se requiera.

A esto se suma que resultan menos burocráticas porque no exigen la conformación de juntas directivas, lo cual facilita la toma de decisiones en algunas firmas. Este hecho, sin embargo, no implica que tengan menos responsabilidades legales. Reyes Villamizar señala que las SAS son mucho más estrictas en los casos en que los administradores o dueños estén involucrados en asuntos de fraude.

Carlos Raúl Yepes, vicepresidente jurídico del Grupo Argos, no duda en calificar esta figura como "la reforma societaria más importante que ha realizado el país desde 1971, entre otras cosas porque actualiza la legislación colombiana frente a las de otros países y además facilita las transacciones tanto internas como con terceros". El entusiasmo por este nuevo tipo de sociedades es compartido por directivos de grupos económicos importantes como Corona, Argos y Bolívar, que ya han iniciado los estudios correspondientes para migrar hacia la nueva figura.

Para Reyes Villamizar, en momentos en que la recesión mundial amenaza a la economía colombiana, esta figura aparece como una alternativa adecuada para promover la creación de nuevas empresas e incluso reducir la informalidad que se presenta por las cargas burocráticas y financieras que genera la creación de ciertos tipos de sociedades.

"Es un traje a la medida para las empresas que buscan un mecanismo ágil para operar", explica este experto, que trabajó durante los últimos seis años en el diseño de la ley investigando en varios países que han adoptado figuras similares y le planteó esta propuesta el senador Germán Vargas Lleras, encargado de tramitarla en el Congreso de la República.

Andrés Gaitán Rozo, asesor de la Superintendencia de Sociedades -entidad que tiene a su cargo la vigilancia y control de empresas en el país-, explica que "la nueva normatividad está basada en el principio de libertad contractual, que permite a los socios ajustar las cláusulas del contrato a las necesidades de la empresa". La Supersociedades será la encargada de conocer sobre las diferencias que se puedan presentar al interior de estas empresas.

El vicepresidente de Argos destaca que la nueva figura permite a la sociedad tener un objeto amplio, no limitado -como en las figuras que regula el Código de Comercio-, y hasta en la convocatoria a las asambleas es más flexible, pues en las sociedades anónimas ésta debe hacerse con 15 días de anticipación y en las SAS con solo cinco días. "Nosotros vamos a transformar algunas de las sociedades anónimas actuales en SAS y las nuevas las vamos a crear bajo este formato porque nos facilita la operación y el proceso de toma de decisiones", afirma Yepes. Eso sí, recuerda que no aplica para las sociedades inscritas en bolsa, que son públicas y cuentan con un sistema de gobierno corporativo.

Las SAS han despertado tal interés entre los empresarios que muchos creen que en momentos de recesión esta se convierte en una buena noticia para la generación de nuevas sociedades y abre una esperanza al empleo en el país.

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