Un mundo con baja inflación

| 5/17/2002 12:00:00 AM

Un mundo con baja inflación

Colombia enfrenta un nuevo entorno dominado por una baja inflación que implica cambios en los hábitos empresariales. El caso japonés subraya los riesgos de que la inflación se reduzca demasiado.

En el 2002, la inflación mundial será la más baja en 4 décadas, producto de la menor fortaleza productiva global: 1,3% en los países industriales y 5,8% en los países en desarrollo. Japón es la excepción mundial a esta tendencia, pues atraviesa una dolorosa deflación o caída en el nivel de precios a un ritmo de 1% anual desde hace 4 años.



Colombia no es ajena a esta tendencia mundial de desinflación o reducción del ritmo de inflación, pues las cifras a abril señalan una desaceleración del incremento en los precios al consumidor no vista desde 1965. De continuar este desempeño, la inflación nacional estará incluso por debajo de la meta oficial de 6% este año. Para el largo plazo, el Banco de la República ha anunciado una inflación objetivo de 3%, lo cual probablemente se materializará al considerar la independencia del Emisor y su credibilidad creciente. Por tanto, todo parece indicar que en Colombia la baja inflación llegó para quedarse, lo cual plantea una nueva realidad para los colombianos y sus empresarios.



Un nuevo entorno



Los colombianos aprendimos a convivir con una tasa de inflación moderada por muchos años. En efecto, entre 1972 y 1992 la tasa de inflación se ubicó entre 22 y 23%. La vida cotidiana giraba, entonces, alrededor de la indexación de los salarios, impuestos, hipotecas y activos financieros al ritmo con que aumentaban los precios.



Ahora, luego de varios años de confusión e incumplimiento de la meta de inflación que anunciaban las autoridades en los años 90, los colombianos creen en ella. Y lo más importante, la meta se cumple. Varios trabajos señalan que el actual nivel de un dígito no sería posible sin un mejor entendimiento acerca de que el objetivo de la política monetaria es garantizar la estabilidad de precios. Por supuesto, la existencia de una tasa de cambio flexible, un banco central independiente y un reporte trimestral sobre la inflación, donde se explica la política monetaria, contribuye al logro hasta ahora alcanzado por la política denominada "inflación objetivo".



Para los colombianos, el impacto de esta reducción en el ritmo de inflación y la perspectiva de contar con estabilidad de los precios en los años venideros es enorme y variado. Los más pobres ganan más que cualquier otro grupo social con la eliminación de la inflación, ya que este fenómeno es considerado como el impuesto más regresivo de todos.



En relación con los negocios, los empresarios ahora pueden tener mayor certeza sobre la rentabilidad de sus proyectos de inversión, reducir los costos de los contratos laborales al poder hacerlos con un horizonte de tiempo más largo y llevar su contabilidad con mayor transparencia.



Sin embargo, los empresarios enfrentan retos magníficos producto de este nuevo entorno. En la medida en que la nueva norma son los precios bajos, tanto en el mercado doméstico como en el internacional, deben adelantar una profunda reorganización estratégica para obtener mejores márgenes de ganancia. Esto mediante reducción en los costos y mayor eficiencia en la producción y diferenciación de productos, entre otros factores.



Varios sectores en el país han sufrido una verdadera revolución en este sentido. Por ejemplo, las telefónicas locales han tenido que ser más eficientes para competir con menores precios. Algo similar ocurre con los hipermercados que ofrecen bienes de consumo masivo. Así mismo, las empresas proveedoras de servicios están tendiendo a reestructurarse para incrementar su eficiencia, incluso haciendo outsourcing de la atención al cliente.



Pero quizás el sector más golpeado con la reducción de la inflación es el financiero, que recibe tres impactos. Primero, cuando había una inflación más alta, la plata que captaban en cuentas corrientes, sin intereses, representaba ingresos mucho mayores que ahora (impuesto inflacionario). En segundo lugar, los ingresos por los créditos también se reducen pues la tasa de interés cae con la inflación. Por último, las entidades financieras tienen unos costos laborales que representan un gran porcentaje de la operación, y cuyos incrementos están pactados hoy muy por encima de la inflación. En este resultado influye la presencia de poderosos sindicatos que, al tiempo que reclaman menores tasas de interés para los usuarios de créditos, piden mayores salarios.



Llega la recuperación



Cuando la economía global entre en plena recuperación, probablemente en el último trimestre del año, y se agote el gran exceso mundial de capacidad instalada, las presiones inflacionarias seguramente aumentarán, en particular en los países industriales. Por tanto, el Fondo Monetario Internacional espera que los bancos centrales sigan proporcionando una política monetaria laxa hasta que la inflación aumente por encima del nivel de inflación objetivo, probablemente en el último trimestre del año. En ese momento, los bancos centrales reducirán la liquidez y comenzarán a aumentar las tasas de interés de referencia para la política monetaria.



En Colombia, la persistencia del pobre desempeño económico y los buenos resultados en el frente de la inflación hacen prever que el Emisor mantendrá una política monetaria expansiva y continuará recortando las tasas de interés de intermediación. Por supuesto, este escenario podría cambiar en el transcurso del año si la economía presenta un fuerte rebote producto de un significativo y positivo choque de confianza.



Lecciones de Oriente



Por último, es importante destacar que un mundo de baja inflación no está exento de riesgos, como lo demuestra el caso japonés. Si la inflación llega a ser demasiado baja, los bancos centrales pueden perder su capacidad de proporcionar tasas de interés reales negativas, mediante recortes en las tasas nominales, para alentar el ritmo de actividad económica. En efecto, si la variación en los precios llega a niveles muy bajos, como en Japón, se pueden generar expectativas que refuercen este comportamiento y la economía podría entrar en una dolorosa situación deflacionaria. ¿Qué tan alta debe ser la inflación para evitar el peligro de una deflación sostenida?



El FMI en un reciente y oportuno trabajo sobre el tema señala que las economías corren un mayor peligro de experimentar una deflación si la inflación objetivo es menor a 2%. Sin embargo, para aquellos países con mercados muy flexibles, como Estados Unidos, la inflación objetivo podría ser inferior a 2%. En el caso colombiano, el Banco de la República ha estimado, como se mencionó antes, que una inflación objetivo de 3% es el nivel adecuado para el largo plazo.



Como se concluye de la siguiente sección, el fenómeno deflacionario japonés es aleccionador en este sentido: una amenaza deflacionaria requiere decisiones similares a las que se han tomado contra la inflación. Los bancos centrales deben estar dispuestos a implementar políticas que aceleren el ritmo inflacionario una vez los precios al consumidor se ubiquen en un umbral lo suficientemente bajo que pueda llevar a la economía a padecer una espiral deflacionaria. Japón parece estar lejos de lograrlo.
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