| 1/23/2004 12:00:00 AM

Un juego de prioridades

La seguridad y las negociaciones comerciales han desplazado el tema ambiental de la agenda mundial. Pero, para el gobierno colombiano, la agenda internacional también tiene un tema muy complejo: la erradicación de la pobreza. ¿Cuál es el papel del ambiente allí?

"Desde 1989 se generó un gran ímpetu en la política ambiental de los países de la región, mucho mayor que en las dos décadas anteriores. Pero así como en los 90 se logró un notable avance, en los primeros años del nuevo milenio se advierte un frenazo, quizás un retroceso, sobre lo alcanzado en muchos países de la región".

Con estas palabras del ex ministro de Medio Ambiente Manuel Rodríguez, quedó planteada una polémica en el manejo de los intereses ambientales del país. Pero no es una situación aislada de Colombia, sino una constante en América Latina. Por ejemplo, mientras en Argentina, el Ministerio de Medio Ambiente lo fusionaron con el de Desarrollo Social; en Perú hay gran controversia por la aplicación del estatuto forestal.

¿Cuáles son las dudas de los críticos? El caso de Colombia -que puede llevarse a otros países- ejemplifica la actual situación del tema ambiental: el problema fiscal obligó a muchos gobiernos a fusionar ministerios y entidades; a presentar proyectos de reformas a leyes estructurales ambientales y vulnerar la autonomía de las entidades regionales, los procesos de descentralización y la participación de la sociedad civil, entre otros factores.

Pero para este mismo grupo de críticos, también se trata de las prioridades en la agenda internacional, lo que denominan 'El síndrome Bush'.

Como lo planteó Juan Mayr, ex ministro de Medio Ambiente, en el Seminario sobre la Política Ambiental en América Latina, el declive del tema ambiental en la agenda global tiene dos factores que han tenido una particular influencia en esa tendencia. Por una parte, la administración del presidente George Bush que, al igual que otros gobiernos republicanos, no ha dado prioridad a las políticas ambientales. Esta situación se hace especialmente manifiesta en la no ratificación del Protocolo de Kyoto. Por otra, los sucesos del 11 de septiembre, después de los cuales la prioridad en la seguridad y la lucha contra el terrorismo son la base de las políticas actuales, con las que ha coincidido la política de seguridad democrática del presidente Alvaro Uribe y que ha sido uno de los argumentos para explicar la coyuntura de este sector en Colombia por parte de los ambientalistas.

A estos factores se suma la globalización, que si bien puede traer unos beneficios -debido a la eliminación de industrias con tecnologías obsoletas y contaminantes por el proteccionismo existente en el pasado-, también puede generar sobreexplotación y degradación de la biodiversidad en la producción y exportación de productos de alto impacto ambiental, como petróleo, carbón, cobre u oro, entre otros. La agresividad comercial de Estados Unidos al buscar aliados y socios también ha sido una constante en la agenda actual.

A pesar de las críticas, el gobierno mantiene su estrategia ambiental. Sin embargo, uno de sus mayores retos es conciliar la agenda ambiental con una prioridad distinta a las mencionadas anteriormente en la agenda mundial: la erradicación de la pobreza. ¿Cómo lograrlo?



La estrategia del gobierno

La bomba social que se está generando en el mundo y en Colombia -más de la mitad de su población está en altos niveles de pobreza- reclama soluciones estructurales. En este sentido, ¿qué papel va a jugar el ambiente? La pobreza traducida en términos ecológicos implica la permanencia de fenómenos como los asentamientos humanos en lugares ambientalmente vulnerables y los procesos de colonización desordenada por parte de los pobres rurales, que provocan la pérdida de ecosistemas.

"Pero en la medida en que conservemos y usemos adecuadamente nuestros recursos naturales y la biodiversidad, se puede generar el suministro adecuado de recursos para un desarrollo económico sostenible", explica un vocero del gobierno. "Es decir, si para el año 2015, una de las metas mundiales es reducir a la mitad el número de personas en el mundo que hoy no tienen acceso a agua potable y saneamiento ambiental, la reforestación de las microcuencas no se va a hacer solo para recuperar su caudal ecológico, sino que se va a enfocar de acuerdo con los índices de escasez hídrica en las diferentes partes del país", agrega.

¿Cómo preservar el ambiente si las agendas tienen otras prioridades? El mayor desafío es lograr que el ambiente sea un eje común a todas las políticas estatales que irrigue las decisiones de gobierno. En este sentido, las grandes críticas son la gobernabilidad y la necesidad de conciliar la institucionalidad ambiental y la institucionalidad económica dominante.

Para el gobierno, la gobernabilidad se relaciona con la posibilidad de que el tema ambiental se vuelva vital para quienes toman las decisiones -nacionales y regionales- y tenga su verdadero valor transversal y no aislado. "Nadie ha medido cuál es el impacto en términos de reducción de pobreza y desarrollo sostenible, del uso de los recursos que tienen las 33 corporaciones autónomas regionales en el país y que ascienden a más de US$200 millones anuales", dice el vocero oficial. Pero también se trata de buscar un mayor impacto en la gobernabilidad ambiental nacional, en sitios claves como el Ministerio de Hacienda y el Departamento Nacional de Planeación (DNP).

Para lograrlo, Colombia y México son los únicos países que están haciendo un crédito de ajuste estructural de desarrollo sostenible con el Banco Mundial. ¿Esto qué significa? A cambio de que la banca multilateral entregue unos recursos para la caja del Ministerio de Hacienda -en el caso de Colombia, los créditos ascenderán a US$350 millones, de los cuales, los primeros US$100 millones llegarán en junio-, el gobierno se compromete a hacer una revisión y a mejorar la parte institucional para desarrollo sostenible. El mérito de este programa es lograr que la variable ambiental permee todas las institucionalidades de los diferentes sectores y la consideren desde el principio de los proyectos. "Siempre se habla de la transversalidad del tema ambiental, pero muy pocas veces se concreta. El ejercicio ya se viene haciendo en sectores como transporte y minas y energía y para una segunda etapa estará en agricultura y comercio. Busca llegar a que el Ministerio de Hacienda tenga un grupo de desarrollo sostenible", agrega la fuente.

En este contexto, más allá de las diferencias de criterio entre el gobierno y sus críticos en las políticas y el manejo ambiental, la ventaja de países como Colombia en el desarrollo de la biodiversidad no se debe dejar perder. Por el contrario, debe fortalecer las bases que ha creado en el pasado y que le han dado relevancia al país en el tema ambiental para que el desarrollo sostenible sea así -sostenible- desde las perspectivas social, ambiental y económica. Pero se requiere una estrategia articulada que permita al país capitalizar sus bondades y potenciarlas, como se viene haciendo en proyectos de reducción de emisiones o tímidamente en mercados verdes, y que verdaderamente el tema ambiental llegue a las instancias de decisiones y deje de ser la cenicienta para convertirse en protagonista del desarrollo del país.
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