| 4/13/2011 12:00:00 AM

Trancón legislativo

En dos meses, el Congreso tendrá que aprobar un paquete de al menos diez grandes reformas. La pregunta es si habrá camino para tanto proyecto y si le alcanzará el combustible político al gobierno Santos.

El ministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverry, es un curtido técnico en materia legislativa. Le ha tocado lidiar con reformas clave como la que creó el Sistema General de Participaciones en 2001, que fue un hueso durísimo de roer pues le puso tope a la plata que le llegaba a municipios y departamentos. El proyecto fue aprobado en el Congreso y es una de las hazañas que muestra con orgullo el hoy Ministro de Hacienda.

Echeverry sabe cómo es la marea en el Congreso y por eso puede afirmar, como lo hizo en su primera declaración como Ministro de Hacienda, que "un gobierno tiene tres tiros. Una administración puede pasar tres grandes reformas al inicio de su periodo, no muchas más".

Pero el presidente Santos parece que no lo ha entendido así. Al fin y al cabo, tiene en discusión no tres tiros sino una verdadera ráfaga de proyectos legislativos. El actual Congreso estudia al menos diez grandes temas, todos igual de ambiciosos, costosos y polémicos.

Allí están la ley de víctimas (que, según los cálculos más conservadores, le valdrá al país por lo menos $4 billones al año a partir de la próxima vigencia), la venta de acciones de Ecopetrol ($16 billones) y la ley de regalías (para redistribuir los $9 billones anuales que generarán las bonanzas minera y petrolera). Solo esos tres proyectos harán de esta una de las legislaturas más costosas en la historia del país.

También están los que tienen una alta carga de profundidad. Por ejemplo, el Plan de Desarrollo, al que le han querido colgar de todo y ahora parece el salvavidas de muchas de las medidas de emergencia que se cayeron en la Corte Constitucional. Igualmente, el estatuto anticorrupción, del que todo el país está pendiente por cuenta de los escándalos en la administración pública. Y otros como la eliminación de la Comisión Nacional de Televisión, la ley de sostenibilidad fiscal, y la reforma a la ley de las Universidades que armó una verdadera pelotera en el país.

Todo esto, sin contar con las reformas pensional y tributaria, que el Gobierno pondrá a consideración del Legislativo en los próximos meses.

En pocas manos
Esta parece ser una legislatura que no distingue entre lo urgente y lo importante. La extraña mezcla de proyectos de ajuste fiscal y financiero, con normas de altísimo contenido social, como la ley de víctimas, dan para pensar que todo lo que se está discutiendo es inaplazable.

El presidente del Congreso, Armando Benedetti, se muestra tranquilo y asegura que le está haciendo monitoreo permanente a las sesiones, para saber en qué momento llegan los debates a plenarias. Así, el orden del día responderá a las verdaderas necesidades de la agenda legislativa central.

Uno de los temas clave es que pocas comisiones se están quedando con el debate de estas grandes reformas. Allí están las comisiones Primeras (encargadas de los asuntos constitucionales) y las Terceras y Cuartas (temas económicos), que tienen la mayor carga en los debates iniciales de las normas y las pone como las grandes protagonistas del debate legislativo.

El senador José David Name cree que es necesario que el Gobierno priorice sus proyectos, pues actualmente hay congestión en la comisión Primera, que está abordando la mayor parte de los temas fuertes, como ley de víctimas y la reforma de sostenibilidad fiscal.

Pero el menor de los asuntos es la mecánica de aprobación de los proyectos. Lo que está en juego es una carga de profundidad que toca muchos frentes. Por ejemplo, la reforma constitucional sobre la sostenibilidad fiscal, que va a tener muchos opositores y que ahora empieza su segunda vuelta. Algunos expertos han señalado que la ley es un paso atrás en materia de derechos fundamentales, especialmente los relacionados con la salud.

Pero las aguas tormentosas también empezaron a agitar el proyecto que autoriza a Santos a vender hasta 10% de las acciones de Ecopetrol. Se trata de un negocio de $16 billones, vital para financiar la reconstrucción de las zonas afectadas por el invierno y construir nuevas obras de infraestructura. El proyecto tiene mensaje de urgencia. Sin embargo, el ambiente político se caldeó cuando el presidente del Congreso, Armando Benedetti, decidió trastear el tema de la comisión Quinta a la Cuarta. El argumento que dio es de tipo jurídico, porque la ley establece que allí es donde debe ser discutido (ver Dinero 370).

En las comisiones quedó la sensación de que se trata solo de una movida para facilitarle el camino al Gobierno. Benedetti se defiende señalando que está cumpliendo la ley. Sea como sea, la decisión enrareció el ambiente del proyecto, que ahora ni siquiera tiene ponentes nombrados, a pesar del mensaje de urgencia. Varios señalan que ya quedó viciado, con lo que el Gobierno tendría que volverlo a presentar.

Esto demuestra que el camino no está del todo despejado para las reformas, son muchos los temas en discusión. La reforma a las regalías o el estatuto anticorrupción van a ser verdaderas papas calientes para el Gobierno y el Congreso.

A la cuenta hay que sumarle la reforma tributaria, que va a ser discutida el próximo semestre. Cabe recordar que el sector empresarial colombiano tiene una enorme expectativa con el ajuste estructural para los impuestos. El presidente de la Andi, Luis Carlos Villegas, ha señalado que la reforma será vital para quitarle cargas al sector privado. Así que ese proyecto va a servir para medir la cantidad de capital político que tendrá el Gobierno luego de este megapaquete legislativo.

Si el presidente Santos logra sacar todas estas leyes adelante, habrá promovido una verdadera revolución legislativa y el panorama para el país estará despejado de grandes temas para los próximos años. Sin embargo, el debate legislativo es impredecible. Al interior del Gobierno la meta es que para el 16 de junio próximo la mayor parte de estas leyes quede aprobada. Pero de aquí a allá quedan apenas dos meses, y vale la pena preguntarse si es el tiempo suficiente para que sean abordados los temas de hondo calado que están en manos de los congresistas.

Los compromisos con las víctimas, los topes al gasto público y los millonarios recursos para infraestructura dejarán despejado el camino futuro del país. Sin embargo, para que este ambicioso plan de reformas llegue a feliz puerto, todavía falta camino por recorrer; un camino muy retrechero.

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